¿Qué es un Equipo de Nuestra Señora?
Los ENS son un movimiento de espiritualidad conyugal y ayuda mutua
Los
Equipos de Nuestra Señora son un movimiento de espiritualidad conyugal.
Proponen a sus miembros una vida de equipo y medios concretos para ayudarles a
progresar en familia en el amor de Dios y del prójimo. Así les preparan para
el testimonio, cuya forma será escogida por cada hogar. De modo que si los
Equipos no son un movimiento de acción, quieren ser, sin embargo, un movimiento
de gente activa.
¿Quieres saber un poco más?
«Ven y sígueme»:
esta llamada de Jesucristo se dirige también hoy a cada uno de nosotros, a
todos y cada uno de nuestros hogares, invitándonos a abrirnos cada vez más a
su amor para poder ser testigos del mismo allí donde nos encontremos.
Aquellos matrimonios que deseen responder a esa llamada del Señor, pero son conscientes de su propia debilidad, confiando en la gracia del sacramento del matrimonio y convencidos de la eficacia de una ayuda fraternal y de la promesa de Jesucristo: «Donde estén dos o más reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos» (Mt. 18, 20), se deciden a formar equipo y piden ayuda a un Movimiento: tal es el proyecto común a los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora.
Un Equipo de
Nuestra Señora es una comunidad cristiana de matrimonios,
De 5 a 7
matrimonios que libremente deciden agruparse asistidos por un sacerdote
constituyen un Equipo. Nadie entra coaccionado a un Equipo ni está obligado a
permanecer en él. Todos se mantienen en él activos y en fidelidad al espíritu.
Sus miembros se
comprometen, para llevar fielmente a término el proyecto común a participar
con lealtad en el juego de la vida comunitaria.
Esta tiene sus
leyes y sus exigencias propias, que se encarnan en la elección de un cierto número
de objetivos comunes y de medios concretos para progresar hacia esos objetivos
(cf. 3ª parte); cada uno hace suyas las opciones de la comunidad, al
mismo tiempo que participa en sus actividades.
Cada Equipo es a
su vez miembro de una comunidad más amplia, el Movimiento supranacional de los
Equipos de Nuestra Señora.
Un Equipo de
Nuestra Señora no es una simple comunidad humana; «se reúnen en nombre de
Cristo» y quieren ayudar a sus miembros a progresar en el amor de Dios y en el
amor al prójimo, para mejor responder a la llamada de Cristo.
El quiso que el
amor que nos comunicó fuera acogido y se pusiera en marcha dentro de una
comunidad visible que El fundó, a la que prometió su presencia, comunicó su
Espíritu y confió la misión de irradiar a todo el mundo la Buena Nueva. Esa
comunidad es la Iglesia, cuerpo de Cristo, puesta al servicio de la comunidad
humana.
Esa gran comunidad
está compuesta de pequeñas comunidades de características muy diversas, y
que, si no tienen la estructura de aquélla, no por eso dejan de participar en
su vida (como cada célula de las del cuerpo entero), a esta vida que es el amor
mismo de Cristo por el Padre y por todos los hombres.
Un Equipo de
Nuestra Señora es una de esas pequeñas comunidades que aspira a vivir al mismo
tiempo injertada en el Padre, en comunión estrecha con la Iglesia y
totalmente abierta al mundo.
Su vida tendrá
que organizarse en consecuencia, y el sacerdote que «hace a Cristo presente
como cabeza de la comunidad» (Sínodo de los Obispos, 1971) la ayudará a no
perder de vista su verdadera razón de ser.
Un matrimonio
cristiano es ya en sí una «comunidad cristiana», pero de una originalidad
verdaderamente especial.
Por una parte,
esta comunidad reposa, en efecto, sobre una realidad humana; la entrega libre,
definitiva y fecunda en el amor, entrega que se hacen un hombre y una mujer en
el matrimonio. Por otra parte, esta realidad humana se convierte en sacramento
en virtud de Cristo, es decir, en un signo que manifiesta el amor de Dios por la
Humanidad, del amor de Cristo por la Iglesia y del cual participan los esposos.
Cristo está,
pues, presente en la comunidad conyugal de manera privilegiada: su amor por el
Padre y por los hombres transfigura desde su interior el amor humano. Es por lo
que este amor humano vivido cristianamente constituye por él mismo un
testimonio de Dios, y es de su plenitud de donde brota la acción apostólica
del matrimonio.
La ayuda en el
seno de un Equipo adopta una forma especial: los matrimonios van a ayudarse
unos a otros a «construirse» en Cristo -la construcción de un hogar no
termina nunca- y a poner su amor al servicio del Reino de Dios.
Los Equipos de Nuestra Señora se ponen bajo la protección de la Virgen María. De esta forma manifiesta su convencimiento de que no hay mejor guía para ir hacia Dios que «la que ocupa el primer lugar entre los humildes y pobres de Dios que esperan y reciben su salvación con entera confianza» (Lumen Gentium, S5).
Para
un cristiano no hay más camino que Jesucristo, Palabra de Dios hecha hombre: «Dichosos
los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc. 11, 22).
Los Equipos de
Nuestra Señora no imponen a sus miembros ningún tipo determinado de
espiritualidad: lo único que pretenden es ayudarse a comprometerse en familia
en el camino trazado por Jesucristo. Para ello les proponen:
- orientaciones
de vida;
- puntos
concretos de esfuerzo;
- una vida
de equipo.
La orientación
fundamental es la del amor que Jesucristo vino a traernos «Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus
fuerzas... y al prójimo como a ti mismo» (Mc. 12,
30-31).
Crecer en este
amor es tarea de toda la vida: los Equipos de Nuestra Señora proponen a sus
miembros ayudarles en este sentido y les piden:
- para
ayudarse a progresar en el amor de Dios:
·
que den a la oración un lugar muy importante en su vida;
·
que manejen asiduamente la Palabra de Dios y que se esfuercen por ponerla
en obra más perfectamente cada día;
·
que profundicen constantemente en el conocimiento de su fe;
·
que frecuenten los sacramentos, en especial el de la Eucaristía;
·
que se preocupen por conocer y practicar mejor cada día la ascesis
cristiana.
- para
progresar en el amor al prójimo:
·
que practiquen una verdadera ayuda conyugal (escucha, diálogo, participación)
en todos los terrenos, en particular en el terreno espiritual;
·
que se preocupen constantemente de la educación humana y cristiana de
sus hijos;
·
que practiquen ampliamente la acogida y la hospitalidad en su hogar;
·
que testimonien
concretamente el amor de Jesucristo, en especial por uno o varios compromisos
eclesiales o cívicos.
La experiencia
demuestra que, sin ciertos puntos concretos de aplicación, las orientaciones
de vida corren el riesgo de quedarse en letra muerta. Por eso los Equipos
proponen a sus miembros:
1. «Escuchar»
asiduamente la Palabra de Dios;
2. Reservar todos los días
algún tiempo para un verdadero «encuentro con el Señor» (oración);
3.
Encontrarse cada día juntos marido y mujer en una oración conyugal (y
si fuera posible, en una oración familiar);
4.
Dedicar cada mes el tiempo que sea preciso para un verdadero diálogo
conyugal bajo la mirada de Dios (deber de sentarse);
5. Fijarse una «regla
de vida» y revisarla todos los meses;
6.
Ponerse cada año ante el Señor -en matrimonio, si es posible- durante
un retiro de 48 horas como mínimo, para reflexionar y planificar la vida en su
presencia.
El Equipo no es un
fin en sí mismo, es un medio al servicio de los miembros, que les permitirá:
vivir tiempos fuertes de oración
comunitaria y de participación;
ayudarse eficazmente a caminar hacia el Señor y a testimoniar de El.
Como en la vida de
toda comunidad cristiana, podríamos distinguir esquemáticamente tres aspectos,
tres grandes momentos de la vida del Equipo:
cuando, en Jesucristo, el Equipo
se vuelve hacia el Padre para acoger su amor;
cuando, en Jesucristo, el Equipo
vive ese amor: «no tenían más que un corazón y una sola alma» (Ac. 4,
32);
cuando, impulsado por el Espíritu de Jesucristo, el Equipo envía a sus miembros al mundo para revelarle ese amor.
Estos tres
aspectos son los que se viven fundamentalmente a lo largo de la reunión
mensual, que suele consistir en:
una comida, que constituye,
sobre todo, el tiempo de la amistad;
una oración en común, como
centro y cumbre de la reunión (y que puede consistir a veces en la
celebración de la Eucaristía);
una «participación» y una «puesta
en común», que son los momentos fuertes de la ayuda mutua y, sobre todo,
de la ayuda espiritual y apostólica;
un intercambio sobre el tema de reflexión de cada mes, que es propiamente el tiempo de reflexión en la fe.
Con todo, la vida del Equipo no se reduce a la reunión mensual. Durante todo el mes, los miembros del Equipo prosiguen orando por los miembros de su Equipo y por sus intenciones, y ayudándose en las formas precisas que cada Equipo se fije.
Además los
miembros del Equipo realizan cada mes una reunión de amistad, donde disfrutan
en alegría de la compañía unos de otros y de sus familias.
Los componentes de
un Equipo escogen cada año a uno de los matrimonios como «responsable» del
mismo, y es el que se compromete a que todos participen de hecho en la vida
comunitaria del Equipo, de suerte que la ayuda mutua resulte eficaz y que todos
los que componen el Equipo se sientan aceptados, queridos y tomados a cargo de
la comunidad.
El matrimonio
responsable es el que se ocupa de que todos los miembros
de su Equipo demuestren que pertenecen a los Equipos de Nuestra Señora, invitándoles:
a nivel de Equipo:
§
a la reunión mensual;
§
a que la preparen con oración y reflexión;
§
a que lleven a ella por escrito el fruto de sus reflexiones sobre el tema
de cada mes;
a nivel de Movimiento:
§
a que sigan al día la vida del mismo por la Carta del Movimiento, y
sobre todo por la lectura de su Editorial;
§
a que procuren vivir las orientaciones que el Movimiento da para todos y
que colaboren en sus iniciativas;
§
a que tomen parte en las reuniones que se organicen a distintos niveles.
§
a que participen en la vida del Movimiento y en su misión apostólica:
aceptando responsabilidades;
con una participación anual
calculada lealmente en base a los ingresos de un día;
incorporando a su oración
las intenciones de cada uno de los miembros del Movimiento.