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CONTENIDOS

Editorial
Correo del ERI:

 

Correo de la Súper-Región:
Formación Permanente:
Colaboraciones:

 

En la casa del padre:

            


Navidad 2000

 

E1 que Dios se haya hecho hombre, rompe todos nuestros esquemas. Es un misterio de tales dimensiones que somos incapaces de com­prenderlo, entre otras cosas porque nos falta capacidad para entender

tanto Amor.

Cristo, como siempre, nos da la respuesta: «Si queréis participar de la Revelación tenéis que haceros sencillos como niños.»

 

Porque no se trata tanto de entender como de contemplar y amar. Amar a Dios y a nuestro prójimo.

 

Y así nos tenemos que acercar al misterio de la Navidad. Con espíritu de niño; después de estirar la piel y dejar el alma sin arrugas.

 

La Navidad es una LUZ en la noche que no se extingue nunca. Pero la luz la ve el que mira con un corazón puro, porque Dios se manifiesta a los limpios de corazón (Is. 45, 8).

 

Dice san Pablo: ¡Alegraos! Y nos da el motivo fundamental para ha­cerlo: El Señor está cerca.

 

Dentro de pocos días habrá llegado la Navidad, nuestra fiesta, y que también es la fiesta de la humanidad entera que, sin saberlo, está buscando a Cristo.

 

Llegará la Navidad y Dios nos espera alegres: como los pastores, como los Magos, como José y María.

 

Unidos en la familia.

 Reconciliados con nuestros hermanos.

 Poniendo Paz en nuestro entorno.

Descargados de los afanes diarios, sin caer de nuevo en el error de paganizar nuestra celebración más entrañable.

 

Dejemos que Cristo nazca en nuestros corazones.

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CARTA DEL PADRE CRISTÓBAL SARRIAS, S.J.

   

Después de Santiago  

 

El Enuentro de Santiago reunió a un gran porcentaje de miem­bros de los ENS de todos los países de los cinco continentes. La reunión ha sido la ocasión de una renova­ción profunda del Movimiento y la toma de conciencia de nuestra uni­versalidad. Un conjunto de casi ocho mil personas, venidas de todos los rincones del mundo, ayuda a com­prender los bienes que los EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA han apor­tado a las parejas desde hace más de cincuenta años.

 

La reunión ha sido la ocasión de una renovación profunda del Movimiento y la toma de conciencia de nuestra universalidad.

 

Reunidos alrededor de la Euca­ristía, y teniendo como horizonte de todas nuestras reflexiones la concien­cia de la pareja como imagen de Dios Trinidad, intentamos profundizar so­bre lo que será nuestra prioridad los próximos años: ser pareja cristiana misionera en la Iglesia y en el mun­do. Las conferencias, los intercambios en las reuniones mixtas, las informa­ciones, los contactos con gente de tantos países, nos han hecho compren­der hasta qué punto tenemos una se­ria responsabilidad como parejas cristianas, comprometidas en un Mo­vimiento de espiritualidad conyugal. Debemos ser testigos de una fe pro­funda y de una esperanza activa en el sacramento del matrimonio, fuente de vida humana y sobrenatural..

 

Ser pareja hoy a imagen de Dios Trinidad supone colaborar conscien­temente con el Padre creador, con el Hijo redentor, y con el Espíritu vivi­ficador. La pareja cristiana com­prometida en nuestro Movimiento debe ser un foco de transforma­ción del mundo. Y lo hemos senti­do íntimamente durante las jornadas vividas en Santiago.

 

Este lugar de conversión don­de nos hemos reunido en nombre de Jesús, nos ha invitado a una re­novada vitalidad. Después de San­tiago no podemos ser más presa de la rutina y de la falta de fidelidad a nues­tro caminar en el cuadro y la pedago­gía de los EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA. El gozo ha henchido nues­tros corazones cuando hemos podido vivir instantes de entusiasmo frater­nal, alabando a Dios con nuestros cantos, que salían de las gargantas de casi ocho mil personas que tenían los mismos ideales, los mismos proyec­tos, e idéntica esperanza.

 

El «después de Santiago» debe ser, para las parejas de los Equipos y para sus consejeros espirituales, una ocasión única de vivir en la ciudad y en la Iglesia como hombres y mujeres que han comprendido el valor del compromiso de seguir a Cristo, fun­damento de nuestra vida de discípu­los. En Santiago hemos podido ex­perimentar la fuerza de la oración, la eficacia del diálogo, la verdad de la ayuda fraterna, y el valor del sacrifi­cio vivido con gozo.

 

El servicio que han aceptado los responsables, y la renovada fidelidad de los equipiers de base, son desde ahora indispensables para responder a las gracias recibidas tan copiosa­mente durante los días del Encuentro.

 

Como en las antiguas peregrina­ciones, queremos seguir en la tierra el camino que nos ha sido indicado por las estrellas, conduciéndonos hacia el Señor. Cristo nos ha acom­pañado hacia este Emaús del Finis­terre, y nos ha abierto los ojos con amor de hermano mayor. Y hemos comprendido que también ha resuci­tado para nuestro Movimiento y para nuestras parejas, para que llevemos la Buena Noticia a todos nuestros hermanos del mundo.

 

Cristóbal Sarrias

 

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Despedida de Santiago

de Compostela

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora venidos de

todos los continentes:

 

Ya hemos llegado al final de este noveno Encuentro Internacional de los Equipos de Nuestra Señora, al alba del nuevo milenio de la era cristiana, y queremos dirigiros algunas palabras, a todos los que habéis venido de todo el mundo para participar en este tiem­po privilegiado de escucha al Señor.

El Señor nos ha hablado mucho durante estos días.

 

Nos ha hablado, primero, duran­te las celebraciones eucarísticas, en las que hemos participado con ale­gría y con nuestras oraciones.

 

Nos ha hablado, también, a lo más profundo de nuestros corazones, durante las conferencias, el deber de sentarse, las reuniones de equipos mixtos, el tiempo de marcha por el camino de Santiago e, incluso, du­rante el tiempo de descanso.

 

Nos ha llamado a comunicarnos entre nosotros, a intercambiar ideas y a compartir experiencias de vida con nuestros hermanos de los equi­pos de los demás horizontes de la tierra. Y, sobre todo, nos ha llamado a rezar juntos.

 

Aquí, todos nosotros estamos unidos por la misma fe y el mismo bautismo, en el mismo Espíritu, y tenemos el mismo ideal. Por lo tan­to, estamos muy próximos unos de otros y, así, la comprensión se hace más fácil.

 

Ciertamente, a veces, el diálogo con los otros es algo difícil, pero so­mos conscientes de nuestra filiación divina y, por consiguiente, siempre habrá alguien que, entre todos los hermanos y hermanas, esté dispues­to a abrir su corazón y sus mentes a los demás, incluso a aquellos que no comparten con nosotros ni la misma fe ni el mismo ideal.

 

Hasta ahora el Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora ha pro­puesto para los años siguientes a un Encuentro Internacional llevar una «orientación de vida».

 

El documento «¿Qué son los Equipos de Nuestra Señora?», así como los documentos que siguieron

a los Encuentros Internacionales, crearon ciertas confusiones con las orientaciones de vida personal. Es por lo que el ERI ha decidido llamar a estas orientaciones «prioridades del Movimiento».

 

Después de haber rezado y re­flexionado con todos los miembros del Colegio de los Equipos de Nues­tra Señora, la prioridad escogida para los próximos años será: «SER MA­TRIMONIO CRISTIANO HOY EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO».

 

Cuando nos casamos, intercam­biamos nuestros consentimientos: «Te recibo como esposo, como es­posa, y me entrego a ti para amarte fielmente en la felicidad y en las pruebas, y para sostenemos mutua­mente durante toda nuestra vida.»

 

El sacerdote, a continuación, dijo: «Que el Señor confirme este consen­timiento que acabáis de expresar en presencia de la Iglesia y que Él os llene con sus bendiciones.»

 

Pero las circunstancias de la vida, el trabajo de los cónyuges fuera de casa, las preocupaciones que traen los hijos consigo con su formación humana y cristiana, las dificultades económicas... Los compromisos con la Iglesia, una verdadera colabora­ción en su misión y, sobre todo, la falta de apertura de nuestro proyecto de vida al proyecto de Dios, pueden plantearnos problemas y crearnos dificultades.

 

Enfrentado a estas realidades, nuestro Movimiento nos invita a la reflexión:

 

Nosotros, seres humanos, nece­sitamos conocernos, conocer nuestra verdad interior.

 

Necesitamos amarnos para poder amar a los demás. Nuestro mutuo y verdadero amor implica un respeto y un desarrollo de nuestras capacida­des, así como la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos.

 

También, necesitamos ser felices. Si sentimos la impresión de que nun­ca seremos felices, entramos en un proceso de muerte y nos sumimos en la tristeza.

 

Uno de los grandes símbolos de la felicidad, buscada por todos los seres humanos, se encuentra en el símbolo de la boda. La humanidad está siempre a la búsqueda del amor.

 

No somos seres perfectos. Tene­mos nuestras debilidades que nos molestan y que plantean problemas en nuestra relación con los demás y, especialmente, con nuestro cónyuge.

 

Pero estamos seguros de que po­demos caminar hacia la perfección cristiana día tras días. Es ésta la ver­dadera responsabilidad que tenemos ante nuestro cónyuge y ante Dios: marchar cada día hacia la perfección cristiana.

 

¿Qué quiere Dios de nosotros en tanto que matrimonios?

 

Dios nos ha creado hombre y mujer.

 

Dios ha querido que los dos sólo fueran uno.

 

El hombre y la mujer son com­plementarios tanto por su cuerpo como por su psiquis. Se definen, en su principio, por su referencia a Dios: el uno y el otro están hechos a ima­gen de Dios.

 

Sin embargo, los dos juntos, en su unión y su unidad de amor, son también imagen de Dios: el uno exis­te para el otro y el uno se define en relación con el otro.

 

El libro del Génesis nos muestra cómo cuando el hombre y la mujer se alejan de Dios, cuando Dios ya no está presente en la unión de los dos, pierden la inocencia primitiva, conocen la angustia y son conscien­tes del pudor. El hombre acusa a la mujer e intenta dominarla. La uni­dad de los dos se rompe. Ya no son una sola carne.

 

El hombre, y también la mujer, corre el riesgo de encerrarse en su pequeño universo. Por el contrario, abrirse al otro, establecer relaciones con las personas, penetrar en el mun­do del amor, de la comunión, de la donación, de compartir y de la aco­gida son actos necesarios para la fe­licidad del ser humano. Pero sólo podrá vivir todo esto con ayuda de la gracia de Dios.

 

Dios nos ha creado hombre y mujer para amarnos, para ayudarnos mutuamente a crecer y a caminar ha­cia la santidad.

 

Todos nosotros, seres humanos y cristianos, estamos llamados al amor mutuo.

 

Dios nos llama a nosotros, hom­bres y mujeres, parejas unidas por el sacramento, a realizar juntos nuestro matrimonio, como una relación ba­sada en el amor humano, fiel, total, exclusivo y fecundo.

 

Dios nos llama, también, para ser signo de su amor allí donde falte el amor. Estamos seguros de que esto es lo que necesita el mundo y lo que el mundo espera: «signos de amor».

 

Estamos inmersos en una socie­dad en profunda mutación. Es por lo que, en este comienzo del nuevo milenio, es urgente que podamos lle­var a cabo una reflexión adulta, es decir, consciente, concreta, coheren­te y honrada sobre nuestra misión y sobre los compromisos actuales, es­pecíficos de las parejas cristianas de hoy

Hace algún tiempo, el Papa Juan Pablo II apremiaba a los movimien­tos de laicos y a las comunidades para que dieran al mundo «frutos maduros de comunión y de compro­miso».

 

La prioridad que nuestro Movi­miento propone para los próximos años, «SER MATRIMONIO CRIS­TIANO, HOY, EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO», quiere ser uno de esos frutos.

 

Esta prioridad propone presentar a todos los miembros de los equipos del mundo entero un itinerario de in­terrogación y de reflexión, que nos lleve a una conversión del corazón para poder responder a las necesida­des de la Iglesia y de nuestro mundo actual.

 

Las etapas para la reflexión serán:

 

-    Primer año: Reflexión sobre la persona humana.

 

-    Segundo año: Reflexión so­bre el matrimonio hoy.

 

-    Tercer año: Reflexión sobre nuestra misión en la Iglesia y en el mundo.

 

Muchos responsables de la Igle­sia reconocen, hoy, que los Equipos de Nuestra Señora han sido un don para la Iglesia y para nuestro tiem­po. Nos ha llegado el momento de compartir este don de forma mucho

más concreta de como hasta ahora lo hemos hecho. Tenemos que darnos cuenta de que somos cristianos privi­legiados en un final de siglo muy di­fícil. Ahora bien, todo lo que hemos recibido no es para guardarlo para no­sotros, sino para darlo a los demás. Pues se nos invita, constantemente, a estar preparados para dar cuenta de la esperanza que reside en nosotros a todos los que nos lo pidan.

 

Para ayudarnos en esta misión, se nos indica que reflexionemos so­bre esta prioridad, propuesta por el Movimiento, partiendo del tema pre­parado.

 

Vamos a volver a nuestros paí­ses, a nuestros hogares, a nuestras familias, a nuestros equipos, con los corazones llenos de alegría y de agra­decimiento por las gracias que hemos recibido del Padre y de su Hijo en el Espíritu.

 

La Trinidad Santa nos ha permi­tido poder vivir, aquí, en este lugar bendito de Santiago de Compostela, una profunda experiencia de fe, de oración y de compartir.

 

Hemos podido experimentar la alegría de la conversión y la de la unidad de los hijos de Dios, vividas más allá de nuestras diferencias. To­dos hemos progresado en la vida de esposos, de miembros de los equipos y de cristianos, volviéndonos más permeables al amor de Dios que nos permite vivir el ideal de la fraterni­dad y de la solidaridad con toda la familia humana.

 

Cidinha e Igar Fehr

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CARTA DE DUARTE Y TERESA DA CUNHA

 

 

El Encuentro Internacional

de Santiago

 

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora del todo el mundo

 

Via, Ventas, Vita:

Christus - Amén - Aleluya

 

¡Impresionante! ¡Emocionante!... Son las palabras que nos vienen a la mente para intentar comunicaros las sensaciones que hemos recibido duran­te la ceremonia de apertura del En­cuentro Internacional de Santiago 2000. Intentad, queridos amigos, ima­ginaros en un pabellón multiusos (Pabellón Polideportivo) completamente lleno con más de 7.000 personas que cantaban este cántico, dirigidos por un coro de más de 100 personas y, qui­zás, podáis comprender la emoción que sentimos, el sentimiento de amor a Jesús y de unidad con todos los matri­monios y consiliarios.

 

Es a través de estas emociones, aún muy vivas en nuestro espíritu, que queríamos deciros lo que este Encuentro ha sido para nosotros, y para ello em­plearemos las palabras del canto.

VIA

 

Y esto sólo fue el principio; todo el Encuentro nos ha hecho recordar que Jesús es la vía que nos conduce al amor: todas las demás celebraciones que se sucedieron, las bellas conferen­cias, el placer de encontrar a muchos amigos de países y continentes dife­rentes que ya habíamos conocido en el curso de encuentros precedentes, las reuniones de equipos mixtos, la mar­cha de la última etapa del Camino de Santiago, que culminó con la misa de la Catedral y con la ceremonia, tan típica, del Botafumeiro. Todo esto nos llenó de entusiasmo para continuar si­guiendo el camino de Cristo.

 

VERITAS

 

¡Qué riqueza doctrinal contienen las tres conferencias que hemos leído! Nos ha extrañado la simplicidad con la que se nos han expuesto conceptos y consejos prácticos, que serán enor­memente útiles para comprendernos mejor en pareja.

 

Las reuniones de equipos mixtos nos han permitido intercambiar, con gran riqueza, los puntos de vista sobre la manera como vivimos el método del Movimiento y nos han permitido com­prender mejor la verdadera razón de ser de los puntos concretos de esfuerzo.

 

VITA

 

Ahora tenemos que llevar a la vida práctica todo lo que hemos vivido.

 

Os exhortamos, queridos amigos de los Equipos de todo el mundo, hayáis o no estado presentes, a que leáis los documentos del Encuentro. Podéis fotocopiar los textos de los que han ido a Santiago. Vuestros responsables, ciertamente, van a editar estos textos y se podrán encontrar en Internet. ¡Leedlos! ¡Encontraréis una gran ri­queza! ¡No la dejéis escapar!

 

Las prioridades del Movimiento para los próximos años se basan en «Ser pareja cristiana hoy en la Iglesia y en el mundo». Tendremos que estu­diar, reflexionar, comunicar y poner en práctica una visión íntegra de la per­sona y de la pareja a la luz del Evan­gelio y discernir, así mismo, nuestra misión en el seno de la Iglesia y en el mundo.

 

Como consecuencia del Encuen­tro de Santiago y de todas las reflexio­nes que se han hecho, el Movimiento va a profundizar en estas prioridades.

 

Estad atentos, el primer tema os llegará en el transcurso de este año 2000l200~. No será sólo un tema de estudio como los demás; implicará a toda la reunión de equipo y pedirá, a cada uno y a cada una, una actitud de observación de búsqueda, de profe­tismo y de compromiso.

 

Queremos terminar esta carta con un enorme AMÉN-ALELUYA, pues hemos experimentado que el Movi­miento se estremecía lleno de vida y de entusiasmo.

 

Con cariño,

 

Teresa y Duarte da Cunha

Equipo Responsable Internacional

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Mensaje de Gérard 

y Marie-Christine

de Roberty  

 

SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

 

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora:

 

En este momento del Encuentro, deseamos dar gracias al Señor por to­das las cosas buenas que nos concede.

 

1.    Nuestras oraciones acompa­ñan, de manera muy especial a Igar y Cidinha FEHR que, desde hace seis años, condu­cen nuestro Movimiento por el camino de la Santidad.

 

2.  En este momento en el que ellos nos confían la responsa­bilidad del servicio, querríamos hacerles llegar, otra vez, todo nuestro afecto y darles las gra­cias más encarecidas por todo el trabajo realizado a lo largo de estos años al servicio de las parejas y del matrimonio.

 

En fin, querríamos, en pocas pala­bras, deciros qué Equipos y qué Mo­vimiento deseamos construir juntos, cada día más al servicio de aquellos que quieren vivir, en el estado del ma­trimonio, todas las exigencias de la vida cristiana.

1.    Estemos convencidos de que conocer los Equipos de Nuestra Señora es una gracia que hay que saber acoger

 

No es por accidente ni por casua­lidad por lo que pertenecemos a los Equipos de Nuestra Señora. Es un don que Dios nos hace, un signo que él nos da, una oportunidad que tenemos que acoger con alegría.

 

Muchos caminos llevan a Dios. Para los matrimonios cristianos, los Equipos de Nuestra Señora son uno de estos caminos por el que Jesús nos invita a seguirle. Si un camino está muy pisoteado es porque ha habido muchos caminantes y, por tanto, el camino estará bien señalizado y será más seguro. Aquí, en Santiago de Compostela, lugar final de un camino de conversión, estamos llamados a seguir a aquellos matrimonios que, antes que nosotros, han recorrido el camino de la Santidad propuesto por los Equipos de Nuestra Señora. ¡No tengamos miedo de emprender este camino! Y llevemos a otros matrimo­nios con nosotros. Seamos misioneros del Evangelio, de la pareja y del ma­trimonio.

 

2.    No nos equivoquemos de objetivo

 

Sean cuales sean los motivos que nos han hecho entrar en los Equipos de Nuestra Señora, sepamos bien que es a Cristo al que queremos encontrar en ellos. Que la amistad que reina en nuestro equipo, en nuestros equipos, no llegue a ser más importante que nuestro amor a Cristo. Cristo se en­carna en cada una de nuestras vidas y en cada una de nuestras participacio­nes en el equipo, que estas participa­ciones estén, cada vez más, llenas de verdad, profundidad y amor.

 

Que los puntos concretos de es­fuerzo no sean una ley rígida sino el objeto de una adhesión libre. Los pun­tos concretos de esfuerzo son ayudas que tenemos en nuestro camino para ir hacia Dios.

 

El mismo P. Caffarel nos decía en Troussures: «Sed exigentes, nunca de­cepcionaréis.»

 

3. Demostremos la fe y la alegría que viven en no­sotros

 

Nuestro mundo necesita testigos de la Esperanza. Somos portadores de la Esperanza a través de nuestra vida, de nuestras acciones y también de nues­tras palabras. No temamos anunciar el

color, ni decir de dónde nos viene nuestro dinamismo espiritual y nues­tro entusiasmo humano. El mundo tie­ne frío y hambre en el plano humano y en el plano espiritual, y nosotros tenemos que compartir con nuestro entorno lo que nos anima. Nuestro combate espiritual está al servicio del amor y tenemos que combatir con las armas del amor. El amor de nuestros matrimonios, de nuestras comunidades, de nuestra Iglesia. Este amor que nos da Dios en Cristo.

 

4.    Amemos a la Iglesia

 

«Cristo y la Iglesia es todo uno», decía santa Juana de Arco. Que nues­tros Equipos sean lugares en los que se honra a la Iglesia, se la respeta y se la ama en todos sus componentes. Necesitamos a la Iglesia y la Iglesia nos necesita, pues nosotros somos Igle­sia, nosotros que vivimos esta peque­ña iglesia en nuestro matrimonio y en nuestra familia.

 

La Iglesia tiene la ternura de una madre y la sabiduría de un maestro. Juzguemos favorablemente lo que dice, lo que hace y lo que enseña. No ten­gamos miedo de participar en su re­flexión y en la elaboración de sus de­cisiones.

 

En nuestro Movimiento, que es de iniciación y de perfección cristiana, tenemos que ser acogida para todos los que están a las puertas de la Igle­sia, ayudándoles a alcanzar, progresi­vamente, una vida espiritual conyugal fuerte y auténtica.

5.      No dudemos en pedir las gracias de los sacramentos

 

Nuestro Movimiento, aun poseyen­do su propia mística y su propia peda­gogía, no podría proponerlos si los matrimonios que lo componen no vi­vieran profundamente de las gracias sacramentales que son el fundamento de toda nuestra fe. Pidamos a Dios que nos dé, cada día, las gracias propias de nuestro sacramento del matrimonio; compartamos el pan y el vino, no sólo el domingo, sino con la mayor frecuen­cia posible. Es el Señor el que se con­vierte en alimento y nos da la fuerza y el valor para recorrer la vida en busca del amor, de la felicidad y de la san­tidad.

 

Perdonemos y seamos perdonados, pues sin el perdón no puede haber verdadero amor. Es en la gracia de la reconciliación donde encontraremos la fuerza para amar, esperar y creer.

 

Cuando nuestra vida vacila, cuan­do el sufrimiento se hace demasiado presente, cuando estamos enfermos o nos llegan las pruebas, cuando nues­tro matrimonio sufre o está herido en su carne o en su corazón, pidamos la gracia del Sacramento de los enfermos.

 

6. Descubramos el ministe­rio conyugal y familiar

 

Como nos recuerda el Concilio Vaticano II, cualquier ministerio es esencialmente servicio, a ejemplo del

de Cristo, quien «siendo de condición divina, se anuló a sí mismo para to­mar la condición de Servidor» (Fili­penses 2, 6).

 

Hoy, la experiencia de la vida nos hace comprender que todo fiel ejerce un ministerio en la Iglesia a fin de que se realice la misión de Cristo que ora así a su Padre: «Que seamos uno, a fin de que el mundo crea que Tú me has enviado. Como el Padre me ha enviado, así, a mi vez, yo os envío» (Juan 20,21).

 

Busquemos lo que en nuestra vida de matrimonio nos pone al servicio reciproco, uno de otro, lo que nos hace enviados del Señor, para anunciar la buena nueva a los que tenemos cerca.

 

En el alba del siglo xxi, los matri­monios son los primeros testigos del anuncio del Evangelio y los primeros artífices de la construcción de la civi­lización del amor a la que Dios nos llama.

 

Nuestro sacramento del matrimo­nio nos confía un ministerio especial que nos invita de forma acuciante y urgente a ponernos al servicio de nues­tra pareja y de la familia.

 

7.    Seamos testigos de la fidelidad

 

Nuestro mundo de lo efímero, del «zaping», del «web» y de la satisfac­ción inmediata de nuestros deseos, tie­ne una necesidad urgente de fidelidad. Por nuestro compromiso en el matri­monio, somos testigos privilegiados de esta fidelidad.

 

-    Testigos de la fidelidad de Cristo a los hombres.

 

-    Testigos de nuestra fidelidad a Cristo y al Evangelio.

 

-    Testigos de la fidelidad, que es posible, de los hombres a los valores que son fundamento de la humanidad.

 

-    Testigos de la fidelidad al sa­cramento que nos une esposo, esposa.

 

Nuestro mundo necesita de nues­tra fidelidad. Descubrámosla, descu­brámosla cada día.

 

CONCLUSIÓN

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora, siempre es delica­do interrogar la voluntad de Dios: nos arriesgamos a hacerle decir lo que deseamos oír. Sin embargo, es algototalmente necesario. La voluntad de Dios sobre nuestro Movimiento no la hemos conocido por revelaciones, sino que intentamos descubrirla todos jun­tos y poco a poco, descifraría en los acontecimientos diarios, como los pa­dres intentan discernir la vocación de un niño observando su evolución, con un amor atento.

 

Nuestro Movimiento evoluciona sin cesar por todo el mundo, escrute­mos y busquemos todos cuál es la voluntad de Dios. Compartamos estos descubrimientos y recemos, así, rece­mos sin cesar unos por otros y todos juntos por la humanidad. Entonces seremos como pide Cristo: «la sal de la tierra».O

 

 

Gérard y Marie-Christine de Roberty

Nuevo                matrimonio Responsable del Equipo Internacional

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El soporte humano del Encuentro  

 

 

Queridos amigos: Durante el pasado curso hemos estado insistiendo mucho, casi con machaconería, sobre el Encuen­tro Internacional de Santiago de Compostela. Unas veces animando para que asistiera el mayor número posible de gente, otras para que la solidaridad fuera una realidad plausi­ble y eficaz, y en general para que se orase por el buen desarrollo de este Encuentro y que tanto nos preocupa­ba a la mayoría de los equipiers.

 

Al fin éste transcurrió, como es­taba previsto, y podemos afirmar que tanto por la organización como por la participación de todos, el desarro­llo del mismo fue magnífico. Siem­pre en una concentración de tanta gente, se producen situaciones incó­modas para algunos, pero con buena fe y espíritu de colaboración se sue­len resolver sin grandes dificultades, como así sucedió en Santiago.

 

Pero ¿cómo vivieron el Encuen­tro todas aquellos miembros de equi­pos, casi 500 personas, que aunque asistieron al mismo, no pudieron dis­frutarlo por tener que estar ocupán­dose de tareas al servicio de los de­más?

 

Queremos hacer un repaso breve de esas actividades que han supues­to una actitud de servicio y despren­dimiento, fruto del carisma que tie­nen los ENS.

 

Hubo muchos responsables de casa que se encontraron con equipiers extranjeros y el idioma parecía, al principio, una barrera infranqueable, otros tuvieron que hacer frente a se­rias deficiencias en los hoteles y to­dos pasaron muchas horas de sueño por ser los últimos en acostarse y los primeros en levantarse. A los respon­sables de área, que agrupaban varias casas no paraban de sonarles los te­léfonos móviles, teniendo que des­plazarse a donde fuera necesario, para resolver problemas acuciantes. Pero todos, sin excepción, desarro­llaron su labor como auténticos pro­fesionales.

 

Los del servicio de orden, unos más y otros menos, se perdieron al­gunos de los actos importantes por tener que estar pendientes de las di­ficultades que surgieron, sobre todo

en las llegadas y salidas de los auto-buses.

 

Los de información, los de las tiendas, y los más vistosos, los ama­rillos de liturgia, se quedaban, des­pués de las sesiones en el Multisusos, preparando los actos del día siguien­te, así como los participantes del coro con sus ensayos previos a los actos.

 

No olvidemos tampoco a los de logística, animación y acogida, reci­biendo a los participantes en medio de una tromba de agua persistente que anegaba los alrededores del lu­gar de acogida. Al equipo de docu­mentación, teniendo que preparar y traducir todas las conferencias y homilías hasta altas horas de la madrugada. Sin olvidar a los responsa­bles de la informática o los de rela­ciones con la prensa, que tenían que improvisar sobre la marcha.

 

En fin, todos sin excepción algu­na han vivido un Encuentro diferen­te. Algunos han terminado realmen­te cansados, sin voz, con dolores musculares, resfriados, pero creemos que felices porque han sabido demos­trar que la gente de equipos somos especiales. Nos damos en la medi­da de nuestras posibilidades, sin exigencias, con gratuidad, con amor, gracias al carisma común que nos une.

 

Nos gustaría recibir testimonios de los que habéis vivido este encuen­tro de una forma diferente y así poder compartir estas vivencias con el resto de los equipiers. Esperamos gustosos vuestros escritos.

 

Hemos recibido muchas cartas de agradecimiento de todas las partes del mundo, de personas que han asis­tido y nos han felicitado por la mag­nífica organización, la acogida, por la gentileza y el entusiasmo de los españoles, por las Eucaristías, ora­ciones, cantos, danzas, el decorado del pabellón Multiusos, etc.. Pero lo más importante será el recuerdo que se han llevado de este Encuentro y que van a transmitir a sus respecti­vos equipos en todos los países. Y  ese recuerdo se lo deben a todos los que han trabajado en y por el En­cuentro y es lo que hemos querido resaltar especialmente en esta carta.

 

El Encuentro de Santiago ha sido un testimonio vivo de 7.000 perso­nas, que creen en el matrimonio cris­tiano y lo viven como una apuesta muy importante en nuestra sociedad actual. O

 

 

Amparo y Carlos Gomez-Senent

 

Responsables del Equipo Saperregional

 

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Reunión del Colegio ERI

 

 

Los días inmediatamente anterio­res al Encuentro Internacional, se celebró en Santiago de Compos­tela la reunión anual del Colegio ERI, que este año tuvo un carácter espe­cial dado que se invitó a participar en él a todos los responsables de las regiones aisladas. Participaron, pues, además de todos los matrimonios superregionales, los responsables de India, Líbano, Canadá, Alemania, Siria, África Francófona e Isla Mauricio.

 

No cabe duda que éste era un co­legio que estaba muy condicionado por dos acontecimientos muy impor­tantes. Por un lado el Encuentro In­ternacional y por otro el relevo del matrimonio Igar y Cidinha Fehr de Brasil, que dejaban después de seis años en el órgano de mayor respon­sabilidad en los Equipos de Nuestra Señora, su puesto de servicio y lo tras­pasaban a Marie Christine y Gerard de Roberty de Francia. Además de lo emotivo del acto de despedida de los Fehr en el Encuentro Internacional, en las reuniones del Colegio se respi­raba un ambiente especial, se vivían momentos de tristeza por la marcha de unas personas que han dado todo lo mejor de su ser por el Movimien­to, y esto contrastaba con la esperan­za de los que llegan con aires de renovación y de entrega por los Equi­pos. De todas formas fueron momen­tos fuertes de alegría, esperanza y sobre todo de confianza en Quien nos guía día a día.

 

En esta reunión se presentó la GUÍA DE LOS EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA, que, toman­do como base nuestros documentos fundamentales, La Carta Fundacio­nal, Qué es un Equipo de Nuestra Señora y el Segundo Aliento, pre­tende poner al día, en los albores del siglo XXI, los métodos y carisma de nuestro Movimiento, sin que con ello se pretenda sustituir los men­cionados documentos, sino más bien refundirlos y complementarlos.

 

Las dos charlas formativas que habitualmente se realizan estuvieron a cargo, la primera de ellas, por el consiliario del ERI el P. Cristóbal Sárrias, quien nos animó a ser exi­gentes con nosotros mismos y con los demás miembros de los ENS y empleando palabras suyas... «hace falta hacer un esfuerzo de purifi­cación y, permitídmelo, de disci­plina. Nuestra herencia (los más de 50 años de vida de los Equipos) es muy importante para permitir que se vuelva insípida y por tanto des­lucida.»

La segunda charla estuvo a car­go de Xosé Manuel Domínguez Prie­to, Catedrático de Filosofía y miem­bro de un equipo de Ourense, quien expuso los RETOS DEL CRISTIA­NISMO EN EL MUNDO DE HOY, empezando por un análisis de la si­tuación cultural, ética y social en el comienzo del siglo XXI, para poste­riormente enunciar las posibles res­puestas del cristiano ante las situa­ciones planteadas. Fue ésta una ex­posición muy viva de la que resalta­mos una frase que a más de uno puede hacerle reflexionar: «Sólo merecemos nuestra revolución si empezamos a subvertirnos a noso­tros mismos».

En los informes que presentaban los matrimonios sobre la marcha de sus Superregiones hay que destacar lo relativo al Pilotaje, ya que era una cuestión que debíamos aportar todos. Pudimos comprobar que en todas partes se le da mucha importancia al pilotaje, ya que de éste depende el futuro de los equipo. Constatamos que lo que estamos haciendo en nues­tra Superregión está en sintonía con el resto de los demás países, o tal vez con materiales más completos y actualizados que la mayoría de ellos.

 

Se trataron temas de orden eco­nómico, principalmente para que la solidaridad entre las diferentes super­regiones sea más efectiva y dependa poco de la subjetividad de los que administran los fondos internaciona­les, ya que se da la circunstancia que en algunos países no muy desarrolla­dos existen grandes diferencias de poder adquisitivo comparado con otros más poderosos. Por ello, se bus­ca una fórmula que pueda paliar estas diferencias. Todas las sugerencias se estudiarán por d ERI quien propon­drá la solución más adecuada.

 

Como en toda reunión del Cole­gio, hubo reuniones mixtas por idio­mas afines, donde realmente se vive mejor y más próximo las realidades de otros países. Nuestro grupo esta­ba compuesto por brasileños, portu­gueses, hispanoamericanos y españo­les y francamente vivimos muy bue­nos momentos de compañerismo y de acogida mutua de las ideas, suge­rencias y problemas de todos.

 

Se dio la circunstancia que, la noche que íbamos a dedicar a tener una pequeña fiesta, como es frecuen­te en todas las sesiones de esta natu­raleza, en el mismo hotel donde estábamos hospedados, el Monte Do Gozo, estaban también alojados to­dos los matrimonios españoles que iban a colaborar con la organización del Encuentro, por lo que aprovecha­mos esta ocasión para compartir con todos ellos una queimada animada por la Tuna de Santiago. La convi­vencia entre los miembros del Co­legio, el ERI y los españoles tuvo un ambiente muy alegre y desenfa­dado y creemos que satisfactoria para todos

 

Podemos decir para concluir que estas sesiones de trabajo son largas y densas, pero en el fondo está el sentido de colegialidad que subyace en los Equipos de Nuestra Señora y que merece un esfuerzo por mante­nerlo ultranza.

 

 

Amparo y Carlos Gómez-Senent

 

Responsables del Equipo Superregional

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La sesión internacional:  

 

 

Una experiencia gratificante

 

 

El sábado día 23 de septiembre, una vez finalizado el IX Encuen­tro Internacional Santiago 2000, fui­mos citados todos los que íbamos a participar a la Sesión de Formación Internacional en la puerta de entrada número 14 del edificio multiusos del SAR.

 

Era una tarde lluviosa, motivo que dio lugar a que estuviéramos todos juntos esperando la llegada del autobús que nos desplazaría al Mon­te del Gozo. Fueron momentos de un primer contacto, miradas y algún que otro saludo esporádico, si bien en ese momento ya sentirnos con alegría la diversidad de matrimonios de todos los países del mundo.

 

Nada más instalarnos en las habi­taciones, la acogida y el saludo del matrimonio responsable internacional, Cidinha e Igar Fehr, de los matrimo­nios del ERI, y la presentación de todos los participantes, por países, nos hizo sentir plenamente relajados y contentos, como en casa. Éramos unas 200 personas representando a 44 paí­ses; de España participaban junto a nosotros un matrimonio y un consi­liario de Badajoz. También fuimos acogidos por nuestros responsables superregionales, Amparo y Carlos.

El objetivo de esta reunión de formación era profundizar en la pro­puesta de vida de los Equipos de Nuestra Señora, facilitándonos vivir mejor la vida del movimiento, dan­do oportunidad a las parejas venidas de países lejanos, y poder aprove­charse de estas jornadas, que de otra forma sería difícil poderlas tener en sus países de origen.

 

El programa estaba compuesto por una serie de tiempos de oración, conferencias e intercambios que nos enriquecieron.

 

El desarrollo de las conferencias tuvieron como base el nuevo docu­mento de LA GUÍA DE LOS ENS, profundizando en el verdadero sen­tido del movimiento, su propuesta de vida, los servicios y la misión. Estas conferencias fueron impartidas por los matrimonios del ERI, y el P. Cris­tóbal Sárrias, consiliario espiritual del ERI, desarrolló tres comunicaciones catequéticas.

 

Nos resulta un poco difícil poder resumir lo mucho que allí recibimos,

pero a la vez deseamos destacar al­gunos puntos que nos parecieron in­teresantes:

 

El P. Sárrias en una de las charlas

no habló de «Los E.N.S., un camino para seguir a Cristo en pareja», las etapas del camino que tenemos que seguir, invitándonos a vivir como es­tilo de vida, las Bienaventuranzas.

Nos dijo que seguir a Cristo en pare­ja supone armonizar el ritmo de la marcha y avanzar con el otro en la misma dirección. Nos hizo ver la con­cordancia de las bienaventuranzas con la pedagogía de los ENS, y que so­mos llamados a ser semilleros de pa­rejas que desean vivir valientemente su vida de compromiso en la Iglesia y en el mundo.

 

El matrimonio Alberto y Cons­tanza Alvarado nos hablaron «Del sentido de servicio». Toda respon­sabilidad dentro del Movimiento es un servicio a los demás: «El servi­cio es una gran responsabilidad y una bella responsabilidad, porque aquellos que la aceptan tienen la se­guridad de que Dios les dará la fuer­za y los dones que necesitan para cumplir esta tarea.»

 

La aceptación en todo servicio implica no solamente dar nuestro tra­bajo, «nuestros talentos», nuestro tiempo, sino aún más, darnos noso­tros mismos libremente en la alegría de un compartir sin reservas.

 

Otra charla que queremos desta­car fue «La misión». Los Equipos de Nuestra Señora tenemos una mi­sión específica y directa: Ayudar a las parejas a vivir plenamente su sa­cramento del matrimonio, anunciar al mundo los valores del matrimonio cristiano con la palabra y con el tes­timonio de vida, viviendo y difun­diendo la espiritualidad conyugal.

 

Se nos dijo también que los Equipos deben ser «fermento de re-novación de la Iglesia», y aunque la misión del Movimiento sea hoy clara, debemos continuar nuestro esfuerzo de búsqueda y reflexión de la voluntad de Dios para las parejas y para los Equipos de Nuestra Se­ñora, teniendo en cuenta la evolu­ción de la historia, de las mentali­dades y de las necesidades, para

poder responder en las diferentes circunstancias.

 

Después de cada intervención nos reunimos por grupos lingüísticos; estas reuniones de equipo fueron momentos fuertes de encuentro, com­partiendo reflexiones y experiencias de vida muy enriquecedoras, ponien­do en común cómo vivimos y difun­dimos el movimiento en cada uno de nuestros países.

 

Y como en todos nuestros en­cuentros, no faltó la velada, donde participamos todos degustando la tarta de Santiago, compartiendo can­ciones y bailes típicos de cada país, con una brillante actuación de los matrimonios del ERI, logrando un ambiente fraterno y alegre.

 

Fueron días muy intensos pero a la vez muy gratificantes. Nuestros horizontes se han ampliado y, más allá de constituir una experiencia intensa de formación, nos ha enri­quecido también la convivencia y la comunicación con parejas venidas de países y culturas diferentes.

 

Hemos percibido con alegría que el Movimiento sigue estando vivo, activo y en constante evolución y sintonía con los signos de los tiem­pos, lo que nos impulsa a ser creati­vos y estar contentos a las necesida­des actuales de las parejas.n

 

Antonio García y Jesús y Vicen

Consiliario y responsables del Sector Palencia

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Reunión del Equipo

 Súper-Regional

 

 

Con la asistencia de todos 105 res­ponsables regionales y con la casi totalidad de los consiliarios, celebramos nuestra primera reunión de curso.

 

Tras la acogida y la oración, se trató ampliamente el Encuentro Internacional, donde se reconoció el buen trabajo reali­zado por todo el equipo y miembros de la organización.

 

Se presentaron:

 

- «La Guía de los Equipos de Nuestra Señora», que es una recopila­ción actualizada de los documentos fun­damentales.

 

- El nuevo tema de «Viviendo la Fe en pareja», es un catecumenado, com­plemento de los cuadernos de pilotaje, de inmediata aplicación en todos los nuevos pilotajes.

 

La mañana del sábado estuvo dedi­cada a la reflexión sobre la conferencia de XAVIER LACROIX (que pronunció en el Encuentro), guiada por nuestro consiliario de la Súper-Región M. Payá.

 

Se analizaron los resultados de la encuesta, destacando los puntos más lla­mativos de la misma.

 

Se acordó que en las regiones se re­visaría la coordinación existente entre los equipos de base y los equipos de sector,

como paso previo a la corrección de las carencias detectadas en la encuesta.

 

Entre otros puntos de interés se tra­taron también los asuntos económicos.

 

Dada la dificultad manifestada por algunos equipos sobre el método de estudio del temario de este curso, nues­tro consiliario Súper-Regional ha con­feccionado una guía de trabajo, que será transmitida a todos los regionales para que éstos los hagan llegar a sus equi­pos de base.

 

Ya disponemos de la traducción de la parte del tema de estudio, que en breve se enviará a todos los hogares.

 

A partir de diciembre confiamos te­ner disponible una página Web (ya se darán más noticias sobre la misma).

 

Queremos resaltar la presencia en esta reunión del consiliario internacio­nal P. Sárrias, quien nos transmitió el agradecimiento del ERI por el esfuerzo realizado por nuestra Súper-Región en el Encuentro de Santiago. También in­sistió en la conveniencia de que el tema de estudio propuesto, «Ser pareja cris­tiana hoy en el Iglesia y en el mundo», sea trabajado por todos los equipiers.

 

Como es habitual, el clima de ora­ción, acogida, alegría y trabajo, reinó durante la reunión de trabajo.

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¿Qué es la persona?

 

 

 

Ni en España ni, en general, en Occidente, reparamos en es­fuerzos ni gastos para formarnos aca­démica y profesionalmente. Se reali­zan licenciaturas, masters, doctora­dos, cursos y cursillos sin poner nin­gún reparo. Tampoco en el trabajo se escatima tiempo ni esfuerzo por estar al día. A nuestros hijos no les regateamos nada si se trata de que tengan a su alcance una excelente formación intelectual. Por esto resulta paradójico que otras áreas de nues­tra vida queden absolutamente des­cuidadas, incultas, ahogadas, arrin­conadas: la afectividad, la calidad en las relaciones, el compromiso social y comunitario, la vida religiosa, la reflexión. De esta manera, queda abandonado justo lo que es más nu­clear en nuestra persona. Nuestras personas han quedado sepultadas bajo los papeles que desempeñan: profe­sional, votante, consumidor, con­tribuyente, ciudadano, usuario. Por ello, para todos y de modo especial­mente urgente y necesario en el caso de los cristianos, es imprescindible que tomemos las riendas de nuestra persona. Y para ello es vital la re­flexión y el estudio. ¡Para todos!

Con tal motivo, se nos invita este año en los ENS a reflexionar sobre la persona, sobre lo que somos en tanto que personas. Y para ellos nos ayudaremos de los temas que se nos presenten en el tema de estudio, aun­que no sólo. Queremos en estas pá­ginas y en otras venideras contribuir a que este estudio y reflexión no sean «de mínimos» sino tan serios y rigu­rosos como exigen estos tiempos.

 

 

 

Muchos han sido en el siglo xx los pensadores que han reflexionado sobre la persona. Pero pocos con la vitalidad, profundidad y oportunidad del pensador francés Emmanuel Monnier (1905-1950). Sus obras si­guen siendo hoy oportunas, actuales. Su pensamiento tiene por eje, preci­samente, la persona (por eso la co­rriente que inaugura se denomina

 

Es imprescindible que tomemos las rien­das de nuestra perso­na. Y para ello es vi­tal la reflexidn y el estudio. ¡Para todos!

 

Personalismo comunitario). Por ello, acudimos también hoy a este profético pensador para conocer qué nos dice sobre la persona. Sin em­bargo, antes de tratar de describir quién es la persona, Mounier se pre­ocupa decirnos que no es la persona. Y, sobre todo, contrapone la perso­na con el mero individuo.

 

Llama Mounier individuo a la dispersión de la persona en la su­perficie de su vida. El individuo es, por tanto, aquella persona que se pierde a si mismo en la acción, en lo impersonal. Es, por ello, un hombre anónimo, que no ha descubierto o no quiere descubrir su vocación, que carece de un sentido profundo, sin horizonte, que rechaza todo tipo de vínc~os personales y compromisos. No quiere atarse a nada, sino que se tiene a sí como dios soberano en el corazón de una libertad sin direc­ción ni medida, que desde el primer momento vuelve hacia los otros la desconfianza, el cálculo y la reivin­dicación. Es un ser que se repliega sobre sí, narcisista. Quiere ser libre­ de sin sospechar que la libertad que hace crecer es la de ser libre-para. Mas queriendo ser plenamente autó­nomo, al final es miembro acrítico de una masa que sigue dócilmente los dictados del mercado, de la pro­paganda y de la mentalidad domi­nante

 

La vida de la per­sona es presencia y compromiso

.

 

Es su actitud básica la de po­seer, y por tanto, la de reivindicar, acaparar. En las cosas pone su segu­ridad: su(s) coche(s), su piso, su via­je, su seguro de vida, su cuenta co­rriente, su tarjeta Visa. En realidad es un poseedor poseído por lo que cree poseer. Consumidor consumido, vive sin más criterio que el de ganarse bien la vida y no crearse problemas. No cree de verdad en nada más que en aquello que se con­juga con sus intereses personales.

 

Por el contrario, la persona, es aquel que vive unificado desde el sentido que le proporciona el descu­brimiento y experiencia de su vocación. Frente a la dispersión del in­dividuo, la persona es dominio de sí, conquista de sí, pero no para vivir para sí. Por eso, el primer de­ber de la persona no es salvar su

persona sino comprometerla (sobre todo con 105 otros, con 105 más desfavorecidos, con los pequeños, con 105 débiles, con todo aquel que encontramos en el camino). La li­bertad la emplea en adherirse a per­sonas y valores personales: corre el riesgo del amor. Así, la vida de la persona es presencia y compromi­so. Por eso su vida cobra densidad y perspectiva en comunidad: vive siempre comunitariamente.

 

La persona realiza su vocación de persona dándose, comunicándose a otros, sin caer en la tentación del repliegue. Y, por la comunicación, se abre a la comunidad. Así entendida, la persona genera comunidad, pues no se encuentra sino dándose, me­diante un doble dinamismo de aco­gida y donación. En ello radica su riqueza, pues «solamente nos encon­tramos al perdernos; sólo se posee lo que se ama (...). Sólo se posee lo que se da» (Erumanuel MOUNIER, Re­volución personalista y comunitaria, pág. 194). 

 

Xosé Manuel Domínguez Prieto

 

Para saber más sobre Mounier y el pensamiento personalista y comunita­rio, recomendamos:

 

a)  DÍAZ, Carlos, Emmanuel Mo un ier (Un testimonio luminoso). Ed. PaTa­bra, Madrid, 2000. Biografía riquísima escrita por el también filósofo personalista español Carlos Díaz. Además de narrar la vida de Mounier, presenta los rasgos básicos del personalismo comunitario, especial­mente en el apéndice con el que acaba el libro.

 

b)                MOUN[ER, Emmanuel, El personalismo. En castellano existen dos edi­ciones: la publicada por Acción Cultural Cristiana (edición económi­ca que se puede solicitar al 91 478 12 20) o bien la de Ed. Sígueme, Salamanca, 1990, tomo III de las Obras Completas.

 

e)   DÍAZ, Carlos, Soy amado, luego existo. Volumen 1: Yo y Tú. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1999. Texto básico, actual, fresco, de amable lectura. De lo mejor para que los no iniciados en la lectura filosófica se introduzcan guiados por sabia pluma en la realidad personal.

 

d)    MORENO VILLA, Mariano, El hombre como persona. Caparrós, Colec­ción Esprit, Madrid, 1995. Texto obligado para quien quiera, de modo claro, saber todavía «un poco más».

 

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REFLEXIONES SOBRE LOS DOCUMENTOS BASE

 

El primer objetivo de la misión

 de los ENS  

 

según el Segundo Aliento

 

 

El Segundo Aliento nos propone dos objetivos. Uno hacia el in­terior: ayudar a las parejas a vivir plenamente su matrimonio cris­tiano.

Y el otro hacia el exterior: estar atentos a las situaciones de dolor y marginación en el terreno de lo con­yugal y anunciar al mundo los valo­res del sacramento del matrimonio por la palabra y el testimonio de vi da.

 

Vamos a detenernos en el prime­ro, porque es la base de todo lo de­más. Vivir más plenamente nues­tra vida de pareja cristiana se per­sigue y se consigue con la vida de equipo, no sólo durante el tiempo de la reunión sino también a lo largo del mes. Dice textualmente el Segundo Aliento: «Llevados por la fuerza del segundo aliento, debería­mos participar en un esfuerzo co­mún por vivir plenamente la ayuda mutua y la comunidad del equipo.» Son palabras mayores, esfuerzo co­mún, ayuda mutua, comunidad... Lo que vivimos está a veces tan lejos... Preparamos m~ la reunión o no la preparamos y, sin embargo, cuando llega el estudio del tema casi no de­jamos hablar a los demás. Llegamos tarde por costumbre. Si es a las 9, salimos de casa a las 9. «Total, siem­pre habrá alguien que llegue todavía más tarde.» Algunas veces fallamos y no asistimos. Encontramos excu­sas pero la verdad es que en nuestra escala de valores otras cosas pasan por delante. Nos olvidamos de los puntos concretos de esfuerzo y nos justificamos: «yo no puedo hablar por obligación, necesito espontanei­dad», «evitamos la sentada porque siempre es para reñir», <4a oración en familia es imposible porque los hijos no quieren», «no encontramos el tiempo ni el método adecuado para la oración conyugal», «la regla de.

 

 

vida no la practico pero la tengo pre­sente», «la escucha de la Palabra ya la hacemos en la misa del domin­go». EN LA VIDA ESPIRITUAL,O SE AVANZA, O SE RETROCEDE

Además, durante el mes no nos hemos visto ni nos hemos llamado, ni hemos pensado o rezado por los otros. O bien sólo hemos llamado a Tos que nos son más afines. ¿Dónde está la fuerza del Espíritu, dónde el esfuerzo común, dónde la ayuda mutua vivida plenamente, dónde la comunidad?

 

No tenemos otro camino de es­piritualidad que el conyugal porque somos pareja, ni otro tiempo fuerte de conversión y otras horas de ora­ción y comunicación que las que nos ofrece la reunión de equipo. Ese tiempo corto y único de la reunión tiene un valor inapreciable. En él o bien se construye la comunidad o bien se la destruye, porque en la vida espiritual o se avanza o se retrocede. O se suma o se resta. No existe el tiempo neutro. Si la reunión de equipo no la aprovechamos bien estamos fallando no sólo a noso­tros mismos sino sobre todo a los demás y a Dios. Es una gran res­ponsabilidad ser únicamente consu­midores de lo que nos aporta el Movimiento, desperdiciar la dedica­ción valiosa y escasa de un sacerdo­te y la de aquellas parejas del equipo que sí se preparan la reunión y que sí nos aportan su verdad.

Al principio parece que no se puede escudar en 105 otros, como si el conjunto no fuera la suma de to­dos y nuestra dejadez y nuestras medias verdades no dejaran un va­cío, pero a la larga todo se resiente; la vida conyugal y también la comu­nión del equipo.

 

¿Quiere eso decir que sólo ac­túan bien los que lo cumplen todo? Dice también el Segundo Aliento:

«Los ENS proponen opciones, me­dios que favorecen el progreso espi­ritual. Pero no hay que perder de vista que el espíritu de amor es la única ley Cada persona, cada pareja, debe experimentarlo en los tiem­pos fuertes de su historia.» Las co­sas son para las personas y no las personas para las cosas. Cada pareja tiene una historia viva, cambiante. Cada pareja tiene un tiempo de ma­duración. Cada pareja encuentra a Dios de una manera. Dios se inventa a veces caminos sorprendentes e in­esperados para hacernos descubrir su amor por nosotros. Cada uno de no­sotros encuentra también de modo gratuito lo que muchas veces no con­seguía con el cumplimiento de la ley.

Pero no nos engañemos. Una espiri­tualidad no sólo es gracia, es tam­bién el resultado de utilizar una pedagogía en la asiduidad. Es im­portante tenerlo claro, estar dispues­to siempre a recomenzar ser humil­des y reconocer los fallos ante los demás, descubrir que los puntos con­cretos de esfuerzo quieren ayudar­nos a crear en nosotros actitudes de mayor verdad, de mayor encuentro, de mayor búsqueda de la voluntad de Dios en nuestra vida. Y lo mismo intenta la reunión de equipo.

 

Elegimos este camino comunita­rio de los Equipos porque Dios nos llamó a él, de alguna manera, en al­gún momento de nuestra vida. No podemos desperdiciarlo como los talentos del Evangelio que alguien enterró y perdió para siempre. Los Equipos tienen una misión en la Igle­sia y en el mundo. Y esta misión no puede quedar disociada de nuestra plenitud humana y cristiana. E]

 

 

Alvaro y Mercedes Gómez-Ferrer

 

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EL SER HUMANO 

A LA LUZ DE LA

 

PALABRA DE DIOS

 

 

 

Equipo Súper-Regional de ENS ha considerado oportuno que este año el tema de reflexión se centre en «la persona huma­na»; para ello ha elaborado y ofrecido a los equipos que acojan la iniciativa de una serie de temas de estudio para sus reuniones. Como habréis podido comprobar, el desarrollo de los temas está conducido por un evidente interés actualizante: se trata de reflexionar, de estudiar, de dialogar sobre la persona humana desde nuestra propia tradición cristiana, pero teniendo muy en cuenta los retos y los inte­rrogantes que se le plantean desde las formas de vivir y de sentir de los hombres y mujeres de nuestra época. Ello determina que muchos aspectos fundamentales en la concepción cristiana de la persona humana se den por supuesto o quedan simplemente apuntados. De este hecho ha nacido la sugerencia de abordar en esta sección de nuestra Carta los aspectos fundamentales de la doctrina de la Sagrada Escritura sobre el ser humano. Vamos, pues, a intentarlo.

 

 

 

El hombre en los relatos  

de la Creación

 

1.    Los humanos, protago­nistas de la Biblia

 

 

El primero que salta a la vista a quien se acerque a la Sagrada Escritura es la importancia que se atribuye en ella a los humanos: junto a Dios, que es el gran protago­nista de todos estos libros, los hu­manos, hombres y mujeres, son los co-protagonistas indiscutibles. Ello se descubre desde las primeras pági­nas de la Biblia dedicadas, como se sabe, a la Creación: en los dos reía-tos, sucesivos pero distintos, en que se «narra» dicho tema, aparece cla­ramente el papel singular de los hu­manos en el conjunto de las obras del Creador: en Gn 1, 1-2, 3, que presenta la creación en una sucesión septenaria de días, la del hombre y de la mujer aparece como punto culminante de la creación de todos los seres Un detalle literario ayuda al lector a percibirlo: frente al «y dijo Dios» con que se introduce el relato correspondiente a la creación de los distintos componentes del universo en los primeros cinco días, el día sexto se abre con un solemne «entonces dijo Dios», preludio de la importancia de los seres cuya crea­ción narrará inmediatamente el autor sagrado. A acentuar dicha importan­cia contribuye además la amplitud del relato de la creación del hombre y de la mujer (Un 1, 26-30).

 

2.    Los humanos, criaturas de Dios

 

Ahora bien, mucho más que es-tos detalles, que tienen su importan­cia en relatos muy bien construidos pero eminentemente populares, inte­resan otros aspectos del relato, a través de los cuales se expresa la concepción del autor sagrado sobre los humanos. Y el primero de ellos, expresado con claridad en las refe­rencias ya indicadas a la introduc­ción de la parte del relato correspon­diente a los humanos, es su condi­ción de criaturas de Dios. En rela­ción con este aspecto, al autor le in­teresa acentuar por igual los dos com­ponentes de la expresión: los huma­nos son «criaturas de Dios», es de­cir, son fruto de la voluntad positi­va del Creador que deseó crearlos libremente. Decirlo, y decirlo con tanta fuerza como lo dice el relato del Génesis, era importante en un mundo en el que distintos mitos sobre la creación presentaban la creación de los humanos como con­secuencia de la casualidad del ca­pricho de los dioses o de su deseo de hacerse un esclavo que realizara las tareas realizadas hasta entonces por los dioses y encomendadas des­de entonces a los humanos, sus es­clavos. Frente a ello, el texto sagra­do presenta la creación del hombre y de la mujer como fruto excelente

de la voluntad creadora de Dios, que quiso crearlos, y por ello dijo con su palabra omnipotente: «Haga­mos a 105 humanos.» El segundo relato de la creación del hombre in­siste en la misma idea, aunque recu­rriendo a una imagen mucho más plástica: Dios moldea al hombre con sus propias manos e insufla en él espíritu de vida, es decir, su propio espíritu (Gn 2, 4ss). Pero al conside­rarlos «criaturas de Dios» se subra­ya también la otra dimensión de esta expresión: los humanos son criatu­ras excelentes salidas de la mano de Dios como culmen de la creación; pero son «criaturas», es decir, han sido creados por Dios y no pueden pretender en modo alguno ocupar el lugar que sólo a Dios le pertene­ce. Detrás de este segundo acento se esconde sin duda una crítica sin pa­liativos a cualquier forma de en­diosamiento de los humanos, como las que pretendían la condición divi­na de algunos de ellos, como los re­yes. Sólo Dios es Dios; el resto, so­mos criaturas suyas; nuestro aliento vital es un don suyo, como dice hermosamente Gn 2, 4ss.

 

3.    La condición sexuada de los humanos

 

Se notará -y entramos en el segundo de los aspectos principales de los relatos del Génesis sobre la

creación- que venimos hablando de «los humanos», prefiriendo esta expresión a la palabra «hombre» que ha sido hasta hace poco la que se usaba normalmente en la filosofía y en la teología tratando estos temas. Al margen de modas y de reivindi­caciones feministas, aunque tenien­do en cuenta las más que justifica­das criticas de muchas mujeres a cier­ta forma exclusivamente masculi­nizada de hablar de todo esto, con ello se quiere hacer justicia al pro­pio relato, que con la misma solem­nidad con que introduce la creación del ser humano utiliza primero un término general que significa preci­samente eso, «ser humano» (en he­breo se dice Adán) y luego concreta con gran solemnidad la diversidad de ese ser: «Y creó Dios a los hu­manos a su imagen... varón y mujer los creó» (Gn 1, 27). Detrás de este interés por referirse a la diferencia sexuada de los humanos se esconde también una crítica evidente a cual­quier visión negativa de la sexuali­dad, que en el texto sagrado apare­ce, también ella, como fruto de la voluntad positiva de Dios: Él los creó «varón y hembra». En cuanto tales, ambos son criaturas de Dios. Indi­rectamente, la sexualidad se cir­cunscribe además al mundo de los humanos, excluyéndola del mundo de Dios, en el que llegaban a introdu­cirla algunos mitos de pueblos veci­nos de Israel. Dios es Dios   dice con fuerza el autor sagrado: pode­mos intentar entenderlo imaginándo­lo de acuerdo con nuestro propio mundo, pero debemos respetar su singularidad irrepetible y absoluta.

 

4. Igualdad hombre-mujer

 

De ello se deduce con toda lógi­ca la igualdad sustancial entre el hombre y la mujer: uno y otro han sido creados por Dios, como fruto amoroso de su voluntad creadora; uno y otro son criaturas suyas y esta condición los constituye a ambos en una dignidad idéntica. Ni que decir tiene que esta dimensión del primer relato bíblico se mantiene también en el segundo, Gn 2, 4-25, pese al famoso detalle de la creación de la mujer a partir de una costilla del varón; lejos de afirmar cualquier for­ma de dependencia de la mujer res­pecto del varón, semejante detalle subraya más bien la igualdad subs­tancial de ambos: el hombre y la mujer tienen ambos la misma natu­raleza; tanto, dice el autor sagrado de forma muy plástica, que ella fue sacada por el mismo Dios de una costilla del varón. Y lo fue como complemento necesario de su huma­nidad, como compañera imprescin­dible para poder realizarse delante de Dios. Compañera, la mujer del varón; pero también éste compañero de- la mujer, sin otra diferencia que la determinada por la diferente con­dición sexuada de uno y otro. 5

 

 

Juan Miguel Díaz Ródelas

Profesor Facultad de Teología de Valencia Consiliano de ENS

 

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COMENTARIO AL TEMA DE ESTUDIO

 

 

Santiago 2000 con ojos de novato  

 

 Hoy ha terminado el 9º encuen­tro Internacional de los Equi­pos de Nuestra Señora en Santiago de Compostela y tengo tantas cosas que quiero dejar escritas antes de que la agitación de la vida normal lo vaya haciendo desvanecer en la memoria, que voy a aprovechar la soledad de esta pequeña celda conventual don­de pasamos la noche en León, antes de continuar de regreso a Barcelona, para escribir cuanto pueda hasta que me venza el sueño.

 

Cuando me propusieron venir, aprovechando el cupo de nuestro consiliario que a última hora tuvo problemas para asistir, acepté gustoso, pensando que era una oportuni­dad inmejorable para visitar Santia­go, ver algo de Galicia y conocer más a fondo el movimiento al que ingresamos con mi esposa desde hace unos meses, poco después de estar viviendo en España. Lo que nunca imaginé es la dimensión de la expe­riencia espiritual a la que, sin buscarlo, había sido invitado.

 

Entrar al SAR, moderno poli­deportivo compostelano habilitado para acomodar confortablemente a los más de 7.000 asistentes al even­to, era como entrar en un enorme templo presidido por la Puerta de la Gloria de la catedral de Santiago. El gigantesco fotomural que servía de fondo reproduce una visión imposi­ble al natural, ya que el famoso pór­tico donde está esculpida en piedra la historia de la salvación se encuen­tra justo detrás de las puertas de la catedral, lo que impide tener la vi­sión de conjunto que allí se reprodu­ce. Más de 80 fotografías parciales y un cuidadoso trabajo de ordenador y fotomecánica hicieron posible el milagro. Pero a diferencia de las ca­tedrales cargadas de siglos, sarcó­fagos y santos, éste era un templo vivo, en el que 3.400 matrimonios católicos provenientes de 60 países se reunían a orar y a profundizar sobre el sentido que tiene ser per­sona, ser pareja y ser familia en el mundo de hoy. A pesar de que tam­bién vinieron más de 400 sacerdotes y algunos obispos, era notorio que se trataba de un evento primordial­mente laico, organizado y manejado por matrimonios que han experimen­tado que la espiritualidad en la pare­ja es la mejor vacuna contra el des-encanto.

 

En el encuentro habían, además de españoles, franceses, brasileños, ingleses, hispanoamericanos, italia­nos, alemanes, australianos y gente que hablaba cada una en un idioma distinto, como lo identificaba el co­lor de la tarjeta que les colgaba al cuello. Sin embargo, todos se comu­nicaban con el mismo lenguaje: el lenguaje de la sonrisa, la tolerancia, ~ afecto desinteresado. Qué contraste con el modelo de conducta a que estamos acostumbrados en esta so­ciedad consumista y superficial en que vivimos.

 

Es imposible describir con pa­labras lo que se sentía formando parte de semejante grupo durante los cinco días del encuentro. La im­portancia de las conferencias, la so­lemnidad de las ceremonias y la vo­luntad de compartir la misma fe y el mismo amor, hacían que allí se sin­tiera de manera especial la presencia de Jesucristo. El coro, el órgano, la trompeta y el director, que con un extraordinario dominio del auditorio lograba hacer cantar a 7.000 voces, elevaban de manera especial el sen­timiento colectivo y acentuaban esa energía acogedora, alegre y conta­giosa que vibra tan alto cuando Dios se hace presente. Al no haber podido asistir con mi esposa, estaba inmen­samente solo entre esa multitud em­parejada y feliz, aunque en realidad, más que solo, me sentía incompleto. Experimentaba en carne viva lo que explicaba un conferenciante sobre la verdadera pareja en la que dos se vuelven uno.

 

Hay detalles de la organización del evento que merecen un comenta­rio especial, como es el que se haya

podido repartir comunión a 7.000 personas en sólo 10 minutos y comi­da en sólo 30. Para comulgar nadie tenía que moverse de su puesto, ya que los sacerdotes, guiados por los muchos voluntarios de servicio que lo tenían todo previsto, llegaban hasta todas las graderías y allí cada uno tomaba su hostia o se la daba a su pareja y pasaba el copón.

 

Después de comer, 100 autobu­ses devolvían a los participantes a los diferentes hoteles o residencias donde estábamos alojados, en San­tiago, Pontevedra, La Coruña y otros lugares cercanos, porque allí tenían lugar las reuniones de los equipos. Son estas reuniones la base fundamental del movimiento. En ellas se juntan 5 ó 6 matrimonios y compar­ten vivencias, oran, discuten sobre un tema predeterminado y comentan sobre la relación de pareja, su cali­dad de diálogo y su vida espiritual.

 

Debo confesar que al comienzo me sentía incómodo tratando de ha­blar de espiritualidad con otras per­sonas. De eso no se habla nunca. Parece que no es de buen recibo hablar con los amigos de esas cosas, so pretexto de no invadir ese territo­rio privado y protegido donde la gen­te cree o practica lo que le parece sin que a nadie le incumba. Por eso nunca aprendimos a hablar ni a com­partir opiniones o experiencias que tengan que ver con el tema espiri­tual. Una de las cosas que más me han impactado de los Equipos de Nuestra Señora es precisamente eso, que ponen a hablar a las parejas con la mayor naturalidad en ese terreno aparentemente pantanoso, que en rea­lidad esconde la roca más firme don­de se puede edificar la vida conyu­gal. La diferencia que hace Dios en la vida de una pareja es impresio­nante. Los problemas pueden ser los mismos, pero la forma de afron­tarlos es bien distinta, porque el Señor aporta una extraña confian­za en que todo se puede resolver. Su presencia en la pareja es cons­tructiva, alentadora, inspiradora.

 

Hay una pregunta que desde el primer día me ronda en la cabeza: ¿por qué esto no se divulga? ¿Por qué sabemos tan poco sobre un mo­vimiento que tiene la capacidad de transformar la vida de la pareja, la familia y, en consecuencia, la socie­dad de una forma tan dramática?

 

La última noche que pasé en La Coruña caminé hasta la columna de Hércules, el faro románico, que es símbolo de esa hermosa ciudad pla­gada de ventanas que miran al mar, y se me ocurrió pensar que la palabra de Dios compartida en pareja es como un faro que ilumina, protege y guía a los matrimonios para que lleguen a buen puerto; y los Equi­pos de Nuestra Señora son como el camino de Santiago, un camino que se recorre con gozo y esperanza en busca de un encuentro feliz con lo más positivo de nosotros mismos en la pareja.

 

Cuando vivimos en una sociedad que nos empuja hacia la infidelidad y el egoísmo, impacta profundamen­te encontrarse con tantos matrimo­nios que apuestan por una opción de vida diferente, que saben compartir sus ilusiones y sus frustraciones, que saben ser fieles pero también saben perdonarse, que se aman y viven in­tensamente su relación de pareja gra­cias a esa presencia mágica de Dios, que saca a flote lo mejor de cada uno. Ojalá los Equipos de Nuestra Señora se sigan multiplicando y ocu­rra en el mundo lo que ocurrió el jueves en Santiago, donde se vivió una especie de invasión de chubas­queros azules que poco a poco fue­ron llenando las calles, las plazas, los monumentos. Fue el día en que todos los participantes al evento ca­minamos el último tramo del ca­mino a Santiago protegidos contra la lluvia y asistimos a la Misa en la catedral, oficiada en dos tandas por el Arzobispo y amenizada por el impresionante órgano, el coro y el botafumeiro.

Luis Alberto Ospina Leongómez

 

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Yo soy quien soy

 

 

Dios me quiere. Estoy casi seguro. Si me quería mi padre farmacéu­tico  como no me va a querer el Pa­dre Eterno

Para estar seguro de 10 que digo debería decir: «Dios me quiere a mí más que a nadie en el mundo», y eso tranquilizaría mis dudas, mis vacila­ciones, mis titubeos y, en definitiva, mi incredulidad.

Pero luego pienso: «Hombre, a mí más que a nadie es mucho pedir, aun­que reconozco que me gustaría mucho ser el primero de la lista.»

Luego me tranquilizo, me sosiego y pienso desapasionadamente que an­tes que a mí querrá a la Madre Teresa de Calcuta. Lo veo razonable. Y no digamos al polaco Woytila y a Santa Teresa de Jesús y a Moisés y sigo y sigo diciendo nombres hasta darme cuenta que con el último que he di­cho, Juan, el discípulo amado, he men­cionado varios centenares.

¿Y yo, qué lugar ocupo? ¿Y de mi cuándo te vas a interesar?

¡Ah! Ahora comprendo. Que los misioneros de todos los tiempos están por delante de mí. ¡Hombre! ¿Todos? Mira que son muchos y me voy a quedar muy atrás.

¿Y a los santos también los pone­mos por delante? Entonces también a los mártires, y a los apóstoles, y a los patriarcas y... estoy viendo que como sigamos así todo el mundo pasa de­lante de mí.

Pero, ¡se acabó! Tengo que impo­nerme, porque mucho me temo que estoy siendo postergado. ¡Ahora apa­rezco yo entre tus preferidos!

Pues al parecer todavía eso no es posible. Aún tengo por delante de mi a los niños hambrientos y abandona­dos de ciertas zonas de África, y a los enfermos terminales, y a los pobres de solemnidad, y a los tullidos, y a las prostitutas.

No, eso sí que no, claro que ya nos dijiste tú mismo que nos precede­rían en el Reino de los Cielos. Bueno, lo dejaremos así, aunque con tanto inválido y desheredado me veo en el final de la lista.

Una buena noticia. Me acabo de enterar que Dios puede querer a todos por igual, sin preferencia alguna. ¿A todos por igual? Ahora me doy cuenta que yo he hecho pocos méritos. Pues si es así, ya no me importa el puesto que pueda ocupar en la lista de prefe­rencias. Me conformo con un segundo puesto ex aequo con todos los citados anteriormente. ¡Qué peso se me ha quitado de encima!

 

      Juan de la Quintana Oriel

 

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En Santiago desde la distancia

 

 

 

Hoy es 17 de septiembre, ¡me­nuda fecha! Ya comienza el camino. Esta fecha, pero en vez de septiembre en

julio de 1994, nos hace recordar el encuentro de FÁTIMA. Además, unos amigos que no pudie­ron ir a dicho

encuentro nos han pedido que les grabemos la cinta de vídeo de éste~ Lo pongo a grabar y lo primero que sale a

flote son las lágrimas de emoción, recordando tan-tos momentos de alegría, de convi­vencia, de nuevas

amistades, de fraternidad, también de tristeza al tener que separarnos, y muchas más emo­ciones. El idioma no

era un obstácu­lo, todos hablábamos el mismo idio­ma: el de los E.N.S. y el de la FE.

 

Estoy grabando el vídeo y el comienzo del rosario que rezamos el primer día ante la Señora de Fátima, cosa que me da mucha envidia. A propósito de esto, un día, confesan­do con un sacerdote, me confesé de tener envidia de ciertas cosas, perouna envidia sana; él me contestó que la envidia siempre es mala.

 

Decidme, ¿tener envidia de los que hoy van camino de Santiago es malo? Poder disfrutar de todas las sensaciones que se van a vivir, de Fe de presencia del Espíritu, etc., no creo que esto sea malo.

 

Son las circunstancias de la vida las que no han hecho posible que no estemos en camino real a Santiago, pero sí en un camino interior desde la distancia de nuestras casas, nues­tro corazón va camino de Santiago y viviremos día a día hasta la clausura casi como si estuviéramos allí.

 

Han sido los obstáculos de la sociedad por lo que no estamos allí, que unas veces podemos superarlos, pero otras son difícil de saltar, aun­que nosotros lo intentemos, los obs­táculos del materialismo, de las cir­cunstancias personales, del trabajo, de los prejuicios sociales, de la co­modidad, etc. Hoy, desde nuestra casa recordamos a todos los que allí nos vimos por primera vez y parecía que nos conocíamos de toda la vida, en especial del coro, con el cual tra­bajamos mucho, pero con alegría, aunque perdiéramos muchos ratos de descanso.

 

También desde nuestra casa re­zamos para que el encuentro sea fruc­tífero para todos y seguro que Dios

estará presente, como lo estuvo en Fátima; muchos no se arriesgaron a ir por temor al calor, pues nadie se podría imaginar que en pleno verano llegáramos a pasar frío, como así fue.

 

También nos da tristeza de no poder estar en Santiago, porque al ser nosotros el país anfitrión, el que acoge, no podremos prestar nuestro servicio al movimiento y estar en cualquiera de los trabajos, que segu­ro serán muchos, para atender a nues­tros hermanos que vienen de otros países, igual que a nosotros nos ~o hicieron en Fátima.

 

Todavía guardamos la flor que nos dieron en la despedida, un poco más oscura de color por el paso del tiempo pero con el mensaje: «Id y predicar el evangelio por todo el mundo y a toda criatura.»

 

Seguro que al clausurar SAN­TIAGO también nos darán un men­saje para todos y lo importante será saber ponerlo en práctica a lo largo de los próximos años y que Dios nos ayude para poder asistir al próximo encuentro de los E.N.S. Un abrazo para todos de un matrimonio de un pueblecito de Andalucía. t]

 

 

Paco y Sario

 

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Sugerencias de un viudo a los

 

matrimonios

 

 

A los varones os digo: «Conside­rad que la mujer es el mejor re­galo que Dios os ha podido conce­der. Amad a vuestras esposas; tra­tadlas con todo cariño. Sed delica­dos y muy atentos. Tenedlas conten­tas. Hacedlas felices. No desaprove­chéis ocasión alguna para mostrarles vuestro agrado y cariño.»

 

A las mujeres os digo: «También el hombre es el mejor don que ha­yáis podido recibir de Dios. Sed ca­riñosas con ellos. Sed complacientes y anticiparos a sus deseos. Sed abier­tas y sinceras. Sed pacientes y com­prensivas con vuestros esposos.»

 

A los matrimonios os digo: «Vivid el día a día con intensidad; apro­vechad el presente... sin esperar el futuro. Gozad de todo lo que Dios ha puesto a vuestra disposición. Cuando sufráis la desgracia de per­der a vuestro cónyuge, sabed que nada, ni nadie, podrá reemplazar su vacío. Los gratos recuerdos y los momentos inolvidables podrán tan solo aliviar, en parte, su ausencia, pero nunca llegarán a llenar el vacío en tu corazón. Podrás tener una bo­nita foto de tu esposa, o de tu espo­so, en la mesita de noche... pero encontrarás vacía tu cama.»

 

«No seáis tontos; disfrutad de vuestra compañía hoy y cada uno de los días. No dejéis para mañana o para otro día. Buscad la felicidad juntamente y disfrutad de ella mien­tras estéis juntos... luego puede ser tarde.»

                Málaga-19

Dedicado a las viudas y viudos

de los ENS

 

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Encuentro «Santiago 2000»

 

 

MILAGRO EN SANTIAGO  

 

Entre los cometidos asignados al «servicio de orden» para la ma­ñana del día 18, lunes, constaba el de colaborar con «acogida y trans­porte» en la recepción de los partici­pantes en el aeropuerto, estación de ferrocarriles y multiusos «SAR» y su correspondiente distribución en los distintos lugares de alojamiento.

 

Se había estimado que dicha la­bor se podría realizar desde las 12 hasta las 20 horas. La realidad fue muy distinta.

Los que nos encontrábamos en el «multiusos» nos vimos y nos desea­mos para realizar dicho cometido.

 

Los autobuses empezaron a lle­gar a «bandadas», vomitando gente y más gente, con maletas de enorme tamaño y mayor peso, hablando cada uno en su idioma, enseñando sus credenciales, con prisas, con deseos de llegar a sus respectivos hoteles... y, a todo esto, que comienza a llo­ver, que arrecia el viento, que nos vemos obligados a ponernos los chubasqueros, que empezamos a su­dar, es decir, mojados por dentro y por fuera... que continúa llegando gente y más gente, que en vez de los 7.000 esperados... ya parecen los

100.000 hijos de San Luis.

 

Llegan las 20 horas, tiempo pre­visto para la «cena»... y continúa llegando gente y más gente, y conti­núa, asimismo, arreciando la lluvia y el viento. Y nosotros, los del «ser­vicio de orden», al pie del cañón, recibiendo a la gente y transportan­do sus numerosos y enormes equi­pajes, y tratando de dirigirles a sus respectivos autobuses con destino a Santiago, Pontevedra y A Coruña.

 

A las 24 horas dejamos «el tajo» los «más mayorcitos» y se queda un retén. Algunos tuvimos todavía la posibilidad de cenar, eran las 0'30 horas del día siguiente, mientras los del retén se tuvieron que conformar con llegar a la cama... a eso de las 3 de la madrugada.

Con la satisfacción del «deber cumplido» amanece un nuevo día, pero, al mismo tiempo, surge la pre­ocupación, enorme preocupación, sobre lo que puede suceder el sába­do, el día de la clausura, cuando to­dos tengamos que volver a nuestros respectivos hogares.

 

¿Qué puede suceder el «día de la clausura», con menos de 2 horas para recibir a los participantes, ocuparnos de su equipaje y conseguir que cada uno salga en dirección a su destino, con sus respectivas maletas?

 

Transcurren las horas y los del «servicio de orden» cada vez más preocupados ante la falta de indica­ciones e instrucciones.

 

De otra parte, Rosa, responsable del «servicio de orden», causa baja aquejada de una dolencia que le obli­ga a internarse en una clínica. Poste­riormente, su marido Valentín, que

 

ya había perdido la voz... por habér­sele gastado las pilas a su megáfono, se ve obligado a hacer compañía a su esposa. Es decir, que los del «or­den» nos quedamos huérfanos de padre y madre.

 

Afortunadamente Paco y Jose­fina, de Jerez de la Frontera, se eri­gen en representantes y portavoces de todos los huérfanos que estába­mos acogidos en «casa Román», y toman la determinación de poner en práctica... cualquier sugerencia ló­gica que pudiéramos aportar.

 

Ante la premura de una urgente solución se les ofrece dos sugeren­cias:

Primera sugerencia: Dejar todas las maletas juntas y luego, al termi­nar los últimos actos, que cada uno recogiese la maleta que le correspon­diese... y, al llegar a su domicilio, como quiera que lo más probable se­ría que no fuese su equipaje, se ten­dría que ocupar de hacer llegar las maletas a su verdadero destinatario.

 

Segunda sugerencia: Dejar las maletas al cuidado de la esposa o del esposo... y, al término de los actos, simplemente cada uno se ocu­paba de llevar su equipaje a su auto­bús.

 

No sabemos por qué, pero lo cier­to es que ninguna de las dos suge­rencias fue aceptada.

Transcurren las horas... y la pre­ocupación va «increscendo». Paco, el de Almagro, con sus 210 cm. de estatura, nos dice: «Esto lo veía ve­nir.» Nosotros, más bajitos que él, también lo habíamos intuido.

 

Llega, por fin, el viernes por la tarde... y no hay atisbos de solución. Entonces nuestro «portavoz» Paco, el de Jerez de la Frontera, impotente ante el grave problema, se pone en oración, en profunda oración... y he ahí que, en medio de la pertinaz llu­via, se abren los cielos y aparece nuestra MADRE y le pregunta:

 

-Hijo mío, ¿por qué estás tan atribulado?

 

-Estoy temiendo que nuestro «Encuentro» termine como el «rosa­rio de la aurora», con perdón.

 

-¿Qué deseas que haga?

 

-Por favor, Madre querida, bus­ca solución al problema de las male­tas, que cada uno de los participan­tes regrese a su casa con su corres­pondiente equipaje.

 

-No es que me sea imposible, pero lo que me pides reviste mucha dificultad, ya que apenas contamos con tiempo suficiente... ¿No podrías pedirme otro favor?

 

-Si no hay más remedio... Yo llevo casado con mi mujer más de 20 años y la quiero mucho, pero quisiera conocerla mejor, más a fon­do. Quisiera llegar a conocer su co­razón y su mente para quererla más y más.

 

La Madre, al oír este nuevo de­seo, se queda unos momentos inde­cisa y un tanto perpleja, para segui­damente añadir:

 

-Gran deseo el tuyo, hijo mío, pero, tal vez, un tanto pretencioso y excesivo por su extremada compleji­dad, es como adentrarse en un mun­do insondable. ¿Por qué no habla­mos del problema inicialmente plan­teado?

 

Y mirándonos con ternura a to­dos los que contemplábamos esta escena tan singular, añadió:

 

-Haced lo que él (el responsable de la organización.) os diga.

 

Y así fue... y se produjo el milagro.

 

Se acotaron tres zonas; una para los «franceses», otra para los que tenían como destino el «aeropuerto» y la última para los demás destinos.

 

Se marcaron unas rayas, se pu­sieron unas letras y se utilizaron una serie par de números... y cada uno pudo volver a su respectivo destino con su propio equipaje, sin que se perdiera maleta alguna.

 

 

Al final pudimos respirar a gus­to, con la satisfacción de haber cum­plido un cometido que, en un princi­pio, nos pareció inalcanzable.

 

Santiago, tanto el Apóstol como la ciudad, nos recibió y nos despidió con lluvia, lluvia de agua, agua que, a medida que iba transcurriendo el tiempo, se fue convirtiendo en gra­cia, esperanza, entusiasmo, cariño e ilusión.

 

El «Encuentro Santiago 2000» terminó felizmente, gracias a Dios, a la ayuda de nuestra Madre, al apoyo del Apóstol y a la colaboración de todos los que pusieron su granito de arena, y algo más, con fe e ilusión.

 

Adiós y hasta el próximo En­cuentro.

 

¿Dónde y cuándo hay que apuntarse?

 

Málaga-19 (El Bicho)

 

Dedicado a «Valentín y Rosa», responsables del «servicio de orden», y a «José Luis y Maruxa», responsables del E. 5

 

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Santiago 2000:

 

Término de un trayecto  

e impulso en el  camino

 

 

Quizás, pensará alguno, debiéra­mos decir término de un cami­no, pues Santiago es eso, el punto final del camino que lleva su nom­bre y recorren cada año cientos de peregrinos. Pero, en el caso de los ENS no ha sido así. No hemos reco­rrido el camino de Santiago. Hemos ido a Santiago, porque allí era la cita, a cumplir un objetivo propuesto y esperado desde hace varios años en el movimiento.

El encuentro, por lo tanto, ha sido el punto final, solemne y celebrativo, de un trayecto. Pero ha sido, aún más, un impulso en el camino, personal, conyugal y comunitario, que estamos recorriendo. En este sentido, como los anteriores encuentros, el de San­tiago quiere ser el inicio de otro tiem­po, renovado y fecundo, en la mar­cha del movimiento. Podemos decir que hemos ido a Santiago movidos por el Espíritu, a renovarnos en el Espíritu y a acoger el impulso del Espíritu para continuar el camino

 

 

1. Ante todo, un encuentro

 

Un encuentro grande por el nú­mero de participantes (más de 7.000), exuberante por el marco y el tono de expresión, intenso por el ritmo de trabajo, emotivo en algunos momen­tos, festivo en otros...; pero, en el fondo, más allá de todo esto, que al final es accesorio y efímero, queda lo principal, la vivencia del encuen­tro en estas tres dimensiones:

 

1.1.         Encuentro con muchas personas para vernos y mirarnos de cerca, reconocernos mutuamente, afirmar juntos lo que tenemos en común, compartirlo y celebrarlo.

 

1.2.         Encuentro con el movi­miento, con su carisma y su proyec­to, para recordar lo que le es genui­no y esencial, lo que nos propone y nos ofrece vivir, y para descubrir los retos de exigencia y conversión que nos pide en este momento.

 

1.3.         Encuentro con Dios, que se ha manifestado en el carisma del

movimiento y también en nosotros, en nuestra inquietud, en su llamada y en nuestra respuesta a vivir el matrimonio como un proyecto de amor, de felicidad y de santidad.

 

 

2. Perspectiva con

diversos planos

 

En una mirada de perspectiva amplia, el encuentro nos hizo perci­bir y sentir con fuerza tres planos diferentes y muy significativos:

 

2.1.      La universalidad del mo­vimiento, patente en la universali­dad de los participantes y en el colo­rido del graderío. La universalidad es una riqueza del movimiento, pre­senta ya en los cinco continentes, y un factor de aliento para todos, al constatar que el proyecto de los ENS constituye una pedagogía válida tam­bién para matrimonios de otras cul­turas. El hecho de la universalidad avala la credibilidad del movimiento y nos afianza en él.

 

2.2.      La unidad en la diversi­dad. El encuentro ha reunido a per­sonas de diferentes países y lugares, separadas por la lengua y la cultura, pero coincidentes y unidas por algo más esencial; la fe en Jesucristo y su seguimiento en pareja, utilizando para ello la pedagogía de los ENS.

En un Babel de lenguas y culturas diversas, nos hemos podido saludar, entender y sentir cómodos y seguros en la unidad de la misma fe y de mismo Espíritu. Ha sido una viven­cia eclesial de Pentecostés.

 

2.3.      La común vocación y misión. La alegría, el tono cele­brativo y festivo, la escucha de la Palabra de Dios y de los mensajes, la coincidencia en el objetivo y en los medios, el intercambio de expe­riencias, de inquietudes, de búsque­das, el deseo de conversión, etc., que hemos podido sentir en nosotros y en otros, tiene su origen y su expli­cación en una realidad de fondo: la de sentir todos el matrimonio como una vocación de amor, de felicidad y de santidad, la necesidad de experi­mentarlo así en la vida diaria y de comunicar a otros matrimonios esta dicha y el medio que nos ayuda a vivirlo.

 

La vocación a ser matrimonio cristiano, es decir, un sacramento de la presencia de Dios en nuestras vi­das y en el mundo, es una realidad tan densa y gozosa que no la agota­remos nunca. La podemos ir vivien­do, pero siempre nos pedirá más. Por eso, fuimos convocados a Santiago a convertirnos aprendiendo, escu­chando, celebrando, conociendo ~ testimonio de los otros, para salir más convencidos y animados.

 

3.   Aspectos y momentos fuertes del encuentro

 

El encuentro se ha desarrollado en base a tres aspectos principales:

 

3.1.         Celebrativo

 

La celebración de la Eucaristía, cada día en una lengua, presidida por un obispo y concelebrada por otros tres o cuatro obispos y más de 400 consiliarios, muy cuidada en lo refe­rente al canto y a los símbolos, cons­tituyó sin duda el momento estelar y más emotivo de cada jornada. Un día celebramos de forma comunitaria la reconciliación. Hubo también cele­bración festiva en las casas de resi­dencia y en el edificio de reunión. Celebrar el gozo de la vida, de la fe y de la misericordia de Dios es una forma de reconocernos agraciados por ello y enviados a testimoniarías y propagarías.

 

3.2.         Formativo

 

El tema general del encuentro, «El matrimonio, imagen de Dios Trinitario», se desarrolló en tres con­ferencias, impartidas por personas expertas, con estos títulos:

 

1 a «Ser persona», por el pa­dre Bartolomeo Sorge, Áesuita.

 

Ante la concepción de la perso­na, propia de la cultura dominante,

que exalta el individualismo y el subjetivismo, reivindicó otro concep­to de persona que es imagen de Dios y, por ello, portadora de una digni­dad y de una vocación única. Centró el desarrollo en estas tres afirmacio­nes fundamentales: a) Dios está an­tes que la persona. b> La persona está antes que la familia. e) La fa­milia está antes que la sociedad.

 

2.~ «Fidelidad y Perdón», por el Doctor Jack Dominian, Psiquiatra y Director del Marriage Research Center del Reino Unido.

 

El matrimonio, dijo, es el resul­tado de la conjunción diaria de dos personas y de dos personalidades. Esta conjunción no surge sólo, ni se improvisa, sino que es un arte que se aprende y se ejercita todos los días. Este arte tiene unos recursos necesarios, como son: la relación y el modo de relacionarse, el diálogo, el apoyo mutuo, el crecimiento en madurez, la prevención y la supera­ción de los conflictos, el perdón, la vivencia de la sexualidad...

3 a «El ministerio conyugal»,

 

por Xavier Lacroix, seglar, miembro de los ENS y Decano de la Facultad de Ciencias de la Familia de Lyon.

 

El proyecto del matrimonio cris­tiano comenzó preguntando, que conlleva compartir la vida entera en un lazo que se desea definitivo y duradero, ¿es posible? La sociedad actual nos dice que no. Pero noso­tros sentimos que es deseable, e in­cluso necesario. Se trata, pues, de un imposible necesario, es decir, de algo que, pareciendo imposible, sin em­bargo, ha de ser posible. ¿Cómo?

 

Para que ese lazo, que es el ma­trimonio estable, sea fuerte y dura­dero, hace falta que sea de tres ca­bos: a) Primero: El deseo y el que­rer de los dos que se entrelazan, es decir, dos voluntades firmes que lo quieren. b) Segundo: El arte de sa­ber hacer: no vasta con la buena voluntad, es necesario saber comu­nicarse, relacionarse, perdonarse, etc. c) El tercer cabo es el don: darse y dar para que el otro viva, sin cálculo y sin esperar tanto o más. Pero esto no está en nuestras manos, nadie puede decir con verdad que (<el ver­dadero amor consiste en dar la vida por el que se ama». Esto lo recibi­mos como don, y nos hace descubrir que este tercer cabo es mucho más largo y nos lleva hasta aquel que nos puede hacer capaces, Dios.

 

3.3.         Experiencial

 

La relación personal más cerca­na y el intercambio de experiencias tuvieron lugar por medio de las re­uniones de equipos mixtos que se realizaron diariamente en los luga­res de residencia. En estos casos, el

trabajo, aparentemente sencillo e in­transcendente, de poner en común las vivencias, inquietudes y dificultades, resulta muy satisfactorio, crea vín­culos de relación y amistad, a veces duraderas, y fortalece las actitudes y motivaciones de cara al futuro.

 

 

4.          Orientación y prioridad para el futuro

 

Cada encuentro en los ENS cons­tituye también un ejercicio de re­flexión sobre el movimiento y esta­blece alguna orientación o prioridad de trabajo y de compromiso para los años siguientes. En Santiago, la prio­ridad fundamental, hecha por el movimiento a sus miembros, ha sido el seguimiento de Jesucristo siendo matrimonios cristianos, hoy, en la Iglesia y en el mundo. « Via, ve ritas, vita. Christus. Amen. Alleluia» (Ca­mino, verdad, vida. Cristo. Amén. Aleluya), fue el lema proclamado una y mil veces.

 

Se trata de la invitación de Jesús a sus discípulos y a todos los hom­bres que quieran ir hacia Dios. Los ENS la hacen suya y la proponen a sus miembros para vivirla como matrimonios. Y para ayudarnos en este seguimiento, proponen también un itinerario de interrogación y re­flexión, que nos lleve a una conver­sión del corazón, en tres etapas: 1. Primera: Reflexión sobre la persona humana. 2. Segunda: Reflexión so­bre el matrimonio cristiano hoy. 3. Tercera: Reflexión sobre nuestra misión en la Iglesia y en el mundo.

Y esto por una motivación fundamen­tal: ser nosotros mejores, más feli­ces, y compartir lo que hemos reci­bido.

 

Como veis, una experiencia in­tensa que nos impulsa a un compro­miso mayor y más misionero.

 

 

Antonio García Redondo

 

Consiliario del Sector Boletín Sector Palencia

 

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NOS HAN DEJADO PARA

 IR CON EL PADRE

 

 

Te pedimos, Padre, por estos hermanos nuestros, a quienes hoy, con afecto, recordamos:

 

-         SANTIAGO ALONSO FUENTES. León-15

-         ONOFRE VIÑAYO. León-9

-         AMÉRICA ÁLVAREZ OTERO. Ponferrada-lO.

-         ARTURO VÁZQUEZ GONZÁLEZ, consiliario Vigo B.

-         PEDRO BREY ÁLVAREZ, consiliario Vigo B. M.~ TERESA DÍAZ. Orense-l.

-         ELISA SOLER LLUCH. Alcoy-6. MANUEL MARTÍN RODRÍGUEZ. Huelva-17.

-         MARÍA ZURRIAGA. Valencia-83.

-         SALVADOR GAVILÁN FERNÁNDEZ. Huelva-4.

-         RAMÓN VALVERDE. Plasencia-4.

-         JUAN LOBATO. Villafranca-4.

 

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