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CONTENIDOS

Editorial
Correo del ERI:

 

Correo de la Súper-Región:
Formación Permanente:
Colaboraciones:

 

En la casa del padre:

            


Navidad 2000

 

E1 que Dios se haya hecho hombre, rompe todos nuestros esquemas. Es un misterio de tales dimensiones que somos incapaces de com­prenderlo, entre otras cosas porque nos falta capacidad para entender

tanto Amor.

Cristo, como siempre, nos da la respuesta: «Si queréis participar de la Revelación tenéis que haceros sencillos como niños.»

 

Porque no se trata tanto de entender como de contemplar y amar. Amar a Dios y a nuestro prójimo.

 

Y así nos tenemos que acercar al misterio de la Navidad. Con espíritu de niño; después de estirar la piel y dejar el alma sin arrugas.

 

La Navidad es una LUZ en la noche que no se extingue nunca. Pero la luz la ve el que mira con un corazón puro, porque Dios se manifiesta a los limpios de corazón (Is. 45, 8).

 

Dice san Pablo: ¡Alegraos! Y nos da el motivo fundamental para ha­cerlo: El Señor está cerca.

 

Dentro de pocos días habrá llegado la Navidad, nuestra fiesta, y que también es la fiesta de la humanidad entera que, sin saberlo, está buscando a Cristo.

 

Llegará la Navidad y Dios nos espera alegres: como los pastores, como los Magos, como José y María.

 

Unidos en la familia.

 Reconciliados con nuestros hermanos.

 Poniendo Paz en nuestro entorno.

Descargados de los afanes diarios, sin caer de nuevo en el error de paganizar nuestra celebración más entrañable.

 

Dejemos que Cristo nazca en nuestros corazones.

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CARTA DEL PADRE CRISTÓBAL SARRIAS, S.J.

   

Después de Santiago  

 

El Enuentro de Santiago reunió a un gran porcentaje de miem­bros de los ENS de todos los países de los cinco continentes. La reunión ha sido la ocasión de una renova­ción profunda del Movimiento y la toma de conciencia de nuestra uni­versalidad. Un conjunto de casi ocho mil personas, venidas de todos los rincones del mundo, ayuda a com­prender los bienes que los EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA han apor­tado a las parejas desde hace más de cincuenta años.

 

La reunión ha sido la ocasión de una renovación profunda del Movimiento y la toma de conciencia de nuestra universalidad.

 

Reunidos alrededor de la Euca­ristía, y teniendo como horizonte de todas nuestras reflexiones la concien­cia de la pareja como imagen de Dios Trinidad, intentamos profundizar so­bre lo que será nuestra prioridad los próximos años: ser pareja cristiana misionera en la Iglesia y en el mun­do. Las conferencias, los intercambios en las reuniones mixtas, las informa­ciones, los contactos con gente de tantos países, nos han hecho compren­der hasta qué punto tenemos una se­ria responsabilidad como parejas cristianas, comprometidas en un Mo­vimiento de espiritualidad conyugal. Debemos ser testigos de una fe pro­funda y de una esperanza activa en el sacramento del matrimonio, fuente de vida humana y sobrenatural..

 

Ser pareja hoy a imagen de Dios Trinidad supone colaborar conscien­temente con el Padre creador, con el Hijo redentor, y con el Espíritu vivi­ficador. La pareja cristiana com­prometida en nuestro Movimiento debe ser un foco de transforma­ción del mundo. Y lo hemos senti­do íntimamente durante las jornadas vividas en Santiago.

 

Este lugar de conversión don­de nos hemos reunido en nombre de Jesús, nos ha invitado a una re­novada vitalidad. Después de San­tiago no podemos ser más presa de la rutina y de la falta de fidelidad a nues­tro caminar en el cuadro y la pedago­gía de los EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA. El gozo ha henchido nues­tros corazones cuando hemos podido vivir instantes de entusiasmo frater­nal, alabando a Dios con nuestros cantos, que salían de las gargantas de casi ocho mil personas que tenían los mismos ideales, los mismos proyec­tos, e idéntica esperanza.

 

El «después de Santiago» debe ser, para las parejas de los Equipos y para sus consejeros espirituales, una ocasión única de vivir en la ciudad y en la Iglesia como hombres y mujeres que han comprendido el valor del compromiso de seguir a Cristo, fun­damento de nuestra vida de discípu­los. En Santiago hemos podido ex­perimentar la fuerza de la oración, la eficacia del diálogo, la verdad de la ayuda fraterna, y el valor del sacrifi­cio vivido con gozo.

 

El servicio que han aceptado los responsables, y la renovada fidelidad de los equipiers de base, son desde ahora indispensables para responder a las gracias recibidas tan copiosa­mente durante los días del Encuentro.

 

Como en las antiguas peregrina­ciones, queremos seguir en la tierra el camino que nos ha sido indicado por las estrellas, conduciéndonos hacia el Señor. Cristo nos ha acom­pañado hacia este Emaús del Finis­terre, y nos ha abierto los ojos con amor de hermano mayor. Y hemos comprendido que también ha resuci­tado para nuestro Movimiento y para nuestras parejas, para que llevemos la Buena Noticia a todos nuestros hermanos del mundo.

 

Cristóbal Sarrias

 

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Despedida de Santiago

de Compostela

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora venidos de

todos los continentes:

 

Ya hemos llegado al final de este noveno Encuentro Internacional de los Equipos de Nuestra Señora, al alba del nuevo milenio de la era cristiana, y queremos dirigiros algunas palabras, a todos los que habéis venido de todo el mundo para participar en este tiem­po privilegiado de escucha al Señor.

El Señor nos ha hablado mucho durante estos días.

 

Nos ha hablado, primero, duran­te las celebraciones eucarísticas, en las que hemos participado con ale­gría y con nuestras oraciones.

 

Nos ha hablado, también, a lo más profundo de nuestros corazones, durante las conferencias, el deber de sentarse, las reuniones de equipos mixtos, el tiempo de marcha por el camino de Santiago e, incluso, du­rante el tiempo de descanso.

 

Nos ha llamado a comunicarnos entre nosotros, a intercambiar ideas y a compartir experiencias de vida con nuestros hermanos de los equi­pos de los demás horizontes de la tierra. Y, sobre todo, nos ha llamado a rezar juntos.

 

Aquí, todos nosotros estamos unidos por la misma fe y el mismo bautismo, en el mismo Espíritu, y tenemos el mismo ideal. Por lo tan­to, estamos muy próximos unos de otros y, así, la comprensión se hace más fácil.

 

Ciertamente, a veces, el diálogo con los otros es algo difícil, pero so­mos conscientes de nuestra filiación divina y, por consiguiente, siempre habrá alguien que, entre todos los hermanos y hermanas, esté dispues­to a abrir su corazón y sus mentes a los demás, incluso a aquellos que no comparten con nosotros ni la misma fe ni el mismo ideal.

 

Hasta ahora el Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora ha pro­puesto para los años siguientes a un Encuentro Internacional llevar una «orientación de vida».

 

El documento «¿Qué son los Equipos de Nuestra Señora?», así como los documentos que siguieron

a los Encuentros Internacionales, crearon ciertas confusiones con las orientaciones de vida personal. Es por lo que el ERI ha decidido llamar a estas orientaciones «prioridades del Movimiento».

 

Después de haber rezado y re­flexionado con todos los miembros del Colegio de los Equipos de Nues­tra Señora, la prioridad escogida para los próximos años será: «SER MA­TRIMONIO CRISTIANO HOY EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO».

 

Cuando nos casamos, intercam­biamos nuestros consentimientos: «Te recibo como esposo, como es­posa, y me entrego a ti para amarte fielmente en la felicidad y en las pruebas, y para sostenemos mutua­mente durante toda nuestra vida.»

 

El sacerdote, a continuación, dijo: «Que el Señor confirme este consen­timiento que acabáis de expresar en presencia de la Iglesia y que Él os llene con sus bendiciones.»

 

Pero las circunstancias de la vida, el trabajo de los cónyuges fuera de casa, las preocupaciones que traen los hijos consigo con su formación humana y cristiana, las dificultades económicas... Los compromisos con la Iglesia, una verdadera colabora­ción en su misión y, sobre todo, la falta de apertura de nuestro proyecto de vida al proyecto de Dios, pueden plantearnos problemas y crearnos dificultades.

 

Enfrentado a estas realidades, nuestro Movimiento nos invita a la reflexión:

 

Nosotros, seres humanos, nece­sitamos conocernos, conocer nuestra verdad interior.

 

Necesitamos amarnos para poder amar a los demás. Nuestro mutuo y verdadero amor implica un respeto y un desarrollo de nuestras capacida­des, así como la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos.

 

También, necesitamos ser felices. Si sentimos la impresión de que nun­ca seremos felices, entramos en un proceso de muerte y nos sumimos en la tristeza.

 

Uno de los grandes símbolos de la felicidad, buscada por todos los seres humanos, se encuentra en el símbolo de la boda. La humanidad está siempre a la búsqueda del amor.

 

No somos seres perfectos. Tene­mos nuestras debilidades que nos molestan y que plantean problemas en nuestra relación con los demás y, especialmente, con nuestro cónyuge.

 

Pero estamos seguros de que po­demos caminar hacia la perfección cristiana día tras días. Es ésta la ver­dadera responsabilidad que tenemos ante nuestro cónyuge y ante Dios: marchar cada día hacia la perfección cristiana.

 

¿Qué quiere Dios de nosotros en tanto que matrimonios?

 

Dios nos ha creado hombre y mujer.

 

Dios ha querido que los dos sólo fueran uno.

 

El hombre y la mujer son com­plementarios tanto por su cuerpo como por su psiquis. Se definen, en su principio, por su referencia a Dios: el uno y el otro están hechos a ima­gen de Dios.

 

Sin embargo, los dos juntos, en su unión y su unidad de amor, son también imagen de Dios: el uno exis­te para el otro y el uno se define en relación con el otro.

 

El libro del Génesis nos muestra cómo cuando el hombre y la mujer se alejan de Dios, cuando Dios ya no está presente en la unión de los dos, pierden la inocencia primitiva, conocen la angustia y son conscien­tes del pudor. El hombre acusa a la mujer e intenta dominarla. La uni­dad de los dos se rompe. Ya no son una sola carne.

 

El hombre, y también la mujer, corre el riesgo de encerrarse en su pequeño universo. Por el contrario, abrirse al otro, establecer relaciones con las personas, penetrar en el mun­do del amor, de la comunión, de la donación, de compartir y de la aco­gida son actos necesarios para la fe­licidad del ser humano. Pero sólo podrá vivir todo esto con ayuda de la gracia de Dios.

 

Dios nos ha creado hombre y mujer para amarnos, para ayudarnos mutuamente a crecer y a caminar ha­cia la santidad.

 

Todos nosotros, seres humanos y cristianos, estamos llamados al amor mutuo.

 

Dios nos llama a nosotros, hom­bres y mujeres, parejas unidas por el sacramento, a realizar juntos nuestro matrimonio, como una relación ba­sada en el amor humano, fiel, total, exclusivo y fecundo.

 

Dios nos llama, también, para ser signo de su amor allí donde falte el amor. Estamos seguros de que esto es lo que necesita el mundo y lo que el mundo espera: «signos de amor».

 

Estamos inmersos en una socie­dad en profunda mutación. Es por lo que, en este comienzo del nuevo milenio, es urgente que podamos lle­var a cabo una reflexión adulta, es decir, consciente, concreta, coheren­te y honrada sobre nuestra misión y sobre los compromisos actuales, es­pecíficos de las parejas cristianas de hoy

Hace algún tiempo, el Papa Juan Pablo II apremiaba a los movimien­tos de laicos y a las comunidades para que dieran al mundo «frutos maduros de comunión y de compro­miso».

 

La prioridad que nuestro Movi­miento propone para los próximos años, «SER MATRIMONIO CRIS­TIANO, HOY, EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO», quiere ser uno de esos frutos.

 

Esta prioridad propone presentar a todos los miembros de los equipos del mundo entero un itinerario de in­terrogación y de reflexión, que nos lleve a una conversión del corazón para poder responder a las necesida­des de la Iglesia y de nuestro mundo actual.

 

Las etapas para la reflexión serán:

 

-    Primer año: Reflexión sobre la persona humana.

 

-    Segundo año: Reflexión so­bre el matrimonio hoy.

 

-    Tercer año: Reflexión sobre nuestra misión en la Iglesia y en el mundo.

 

Muchos responsables de la Igle­sia reconocen, hoy, que los Equipos de Nuestra Señora han sido un don para la Iglesia y para nuestro tiem­po. Nos ha llegado el momento de compartir este don de forma mucho

más concreta de como hasta ahora lo hemos hecho. Tenemos que darnos cuenta de que somos cristianos privi­legiados en un final de siglo muy di­fícil. Ahora bien, todo lo que hemos recibido no es para guardarlo para no­sotros, sino para darlo a los demás. Pues se nos invita, constantemente, a estar preparados para dar cuenta de la esperanza que reside en nosotros a todos los que nos lo pidan.

 

Para ayudarnos en esta misión, se nos indica que reflexionemos so­bre esta prioridad, propuesta por el Movimiento, partiendo del tema pre­parado.

 

Vamos a volver a nuestros paí­ses, a nuestros hogares, a nuestras familias, a nuestros equipos, con los corazones llenos de alegría y de agra­decimiento por las gracias que hemos recibido del Padre y de su Hijo en el Espíritu.

 

La Trinidad Santa nos ha permi­tido poder vivir, aquí, en este lugar bendito de Santiago de Compostela, una profunda experiencia de fe, de oración y de compartir.

 

Hemos podido experimentar la alegría de la conversión y la de la unidad de los hijos de Dios, vividas más allá de nuestras diferencias. To­dos hemos progresado en la vida de esposos, de miembros de los equipos y de cristianos, volviéndonos más permeables al amor de Dios que nos permite vivir el ideal de la fraterni­dad y de la solidaridad con toda la familia humana.

 

Cidinha e Igar Fehr

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CARTA DE DUARTE Y TERESA DA CUNHA

 

 

El Encuentro Internacional

de Santiago

 

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora del todo el mundo

 

Via, Ventas, Vita:

Christus - Amén - Aleluya

 

¡Impresionante! ¡Emocionante!... Son las palabras que nos vienen a la mente para intentar comunicaros las sensaciones que hemos recibido duran­te la ceremonia de apertura del En­cuentro Internacional de Santiago 2000. Intentad, queridos amigos, ima­ginaros en un pabellón multiusos (Pabellón Polideportivo) completamente lleno con más de 7.000 personas que cantaban este cántico, dirigidos por un coro de más de 100 personas y, qui­zás, podáis comprender la emoción que sentimos, el sentimiento de amor a Jesús y de unidad con todos los matri­monios y consiliarios.

 

Es a través de estas emociones, aún muy vivas en nuestro espíritu, que queríamos deciros lo que este Encuentro ha sido para nosotros, y para ello em­plearemos las palabras del canto.

VIA

 

Y esto sólo fue el principio; todo el Encuentro nos ha hecho recordar que Jesús es la vía que nos conduce al amor: todas las demás celebraciones que se sucedieron, las bellas conferen­cias, el placer de encontrar a muchos amigos de países y continentes dife­rentes que ya habíamos conocido en el curso de encuentros precedentes, las reuniones de equipos mixtos, la mar­cha de la última etapa del Camino de Santiago, que culminó con la misa de la Catedral y con la ceremonia, tan típica, del Botafumeiro. Todo esto nos llenó de entusiasmo para continuar si­guiendo el camino de Cristo.

 

VERITAS

 

¡Qué riqueza doctrinal contienen las tres conferencias que hemos leído! Nos ha extrañado la simplicidad con la que se nos han expuesto conceptos y consejos prácticos, que serán enor­memente útiles para comprendernos mejor en pareja.

 

Las reuniones de equipos mixtos nos han permitido intercambiar, con gran riqueza, los puntos de vista sobre la manera como vivimos el método del Movimiento y nos han permitido com­prender mejor la verdadera razón de ser de los puntos concretos de esfuerzo.

 

VITA

 

Ahora tenemos que llevar a la vida práctica todo lo que hemos vivido.

 

Os exhortamos, queridos amigos de los Equipos de todo el mundo, hayáis o no estado presentes, a que leáis los documentos del Encuentro. Podéis fotocopiar los textos de los que han ido a Santiago. Vuestros responsables, ciertamente, van a editar estos textos y se podrán encontrar en Internet. ¡Leedlos! ¡Encontraréis una gran ri­queza! ¡No la dejéis escapar!

 

Las prioridades del Movimiento para los próximos años se basan en «Ser pareja cristiana hoy en la Iglesia y en el mundo». Tendremos que estu­diar, reflexionar, comunicar y poner en práctica una visión íntegra de la per­sona y de la pareja a la luz del Evan­gelio y discernir, así mismo, nuestra misión en el seno de la Iglesia y en el mundo.

 

Como consecuencia del Encuen­tro de Santiago y de todas las reflexio­nes que se han hecho, el Movimiento va a profundizar en estas prioridades.

 

Estad atentos, el primer tema os llegará en el transcurso de este año 2000l200~. No será sólo un tema de estudio como los demás; implicará a toda la reunión de equipo y pedirá, a cada uno y a cada una, una actitud de observación de búsqueda, de profe­tismo y de compromiso.

 

Queremos terminar esta carta con un enorme AMÉN-ALELUYA, pues hemos experimentado que el Movi­miento se estremecía lleno de vida y de entusiasmo.

 

Con cariño,

 

Teresa y Duarte da Cunha

Equipo Responsable Internacional

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Mensaje de Gérard 

y Marie-Christine

de Roberty  

 

SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

 

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora:

 

En este momento del Encuentro, deseamos dar gracias al Señor por to­das las cosas buenas que nos concede.

 

1.    Nuestras oraciones acompa­ñan, de manera muy especial a Igar y Cidinha FEHR que, desde hace seis años, condu­cen nuestro Movimiento por el camino de la Santidad.

 

2.  En este momento en el que ellos nos confían la responsa­bilidad del servicio, querríamos hacerles llegar, otra vez, todo nuestro afecto y darles las gra­cias más encarecidas por todo el trabajo realizado a lo largo de estos años al servicio de las parejas y del matrimonio.

 

En fin, querríamos, en pocas pala­bras, deciros qué Equipos y qué Mo­vimiento deseamos construir juntos, cada día más al servicio de aquellos que quieren vivir, en el estado del ma­trimonio, todas las exigencias de la vida cristiana.

1.    Estemos convencidos de que conocer los Equipos de Nuestra Señora es una gracia que hay que saber acoger

 

No es por accidente ni por casua­lidad por lo que pertenecemos a los Equipos de Nuestra Señora. Es un don que Dios nos hace, un signo que él nos da, una oportunidad que tenemos que acoger con alegría.

 

Muchos caminos llevan a Dios. Para los matrimonios cristianos, los Equipos de Nuestra Señora son uno de estos caminos por el que Jesús nos invita a seguirle. Si un camino está muy pisoteado es porque ha habido muchos caminantes y, por tanto, el camino estará bien señalizado y será más seguro. Aquí, en Santiago de Compostela, lugar final de un camino de conversión, estamos llamados a seguir a aquellos matrimonios que, antes que nosotros, han recorrido el camino de la Santidad propuesto por los Equipos de Nuestra Señora. ¡No tengamos miedo de emprender este camino! Y llevemos a otros matrimo­nios con nosotros. Seamos misioneros del Evangelio, de la pareja y del ma­trimonio.

 

2.    No nos equivoquemos de objetivo

 

Sean cuales sean los motivos que nos han hecho entrar en los Equipos de Nuestra Señora, sepamos bien que es a Cristo al que queremos encontrar en ellos. Que la amistad que reina en nuestro equipo, en nuestros equipos, no llegue a ser más importante que nuestro amor a Cristo. Cristo se en­carna en cada una de nuestras vidas y en cada una de nuestras participacio­nes en el equipo, que estas participa­ciones estén, cada vez más, llenas de verdad, profundidad y amor.

 

Que los puntos concretos de es­fuerzo no sean una ley rígida sino el objeto de una adhesión libre. Los pun­tos concretos de esfuerzo son ayudas que tenemos en nuestro camino para ir hacia Dios.

 

El mismo P. Caffarel nos decía en Troussures: «Sed exigentes, nunca de­cepcionaréis.»

 

3. Demostremos la fe y la alegría que viven en no­sotros

 

Nuestro mundo necesita testigos de la Esperanza. Somos portadores de la Esperanza a través de nuestra vida, de nuestras acciones y también de nues­tras palabras. No temamos anunciar el

color, ni decir de dónde nos viene nuestro dinamismo espiritual y nues­tro entusiasmo humano. El mundo tie­ne frío y hambre en el plano humano y en el plano espiritual, y nosotros tenemos que compartir con nuestro entorno lo que nos anima. Nuestro combate espiritual está al servicio del amor y tenemos que combatir con las armas del amor. El amor de nuestros matrimonios, de nuestras comunidades, de nuestra Iglesia. Este amor que nos da Dios en Cristo.

 

4.    Amemos a la Iglesia

 

«Cristo y la Iglesia es todo uno», decía santa Juana de Arco. Que nues­tros Equipos sean lugares en los que se honra a la Iglesia, se la respeta y se la ama en todos sus componentes. Necesitamos a la Iglesia y la Iglesia nos necesita, pues nosotros somos Igle­sia, nosotros que vivimos esta peque­ña iglesia en nuestro matrimonio y en nuestra familia.

 

La Iglesia tiene la ternura de una madre y la sabiduría de un maestro. Juzguemos favorablemente lo que dice, lo que hace y lo que enseña. No ten­gamos miedo de participar en su re­flexión y en la elaboración de sus de­cisiones.

 

En nuestro Movimiento, que es de iniciación y de perfección cristiana, tenemos que ser acogida para todos los que están a las puertas de la Igle­sia, ayudándoles a alcanzar, progresi­vamente, una vida espiritual conyugal fuerte y auténtica.

5.      No dudemos en pedir las gracias de los sacramentos

 

Nuestro Movimiento, aun poseyen­do su propia mística y su propia peda­gogía, no podría proponerlos si los matrimonios que lo componen no vi­vieran profundamente de las gracias sacramentales que son el fundamento de toda nuestra fe. Pidamos a Dios que nos dé, cada día, las gracias propias de nuestro sacramento del matrimonio; compartamos el pan y el vino, no sólo el domingo, sino con la mayor frecuen­cia posible. Es el Señor el que se con­vierte en alimento y nos da la fuerza y el valor para recorrer la vida en busca del amor, de la felicidad y de la san­tidad.

 

Perdonemos y seamos perdonados, pues sin el perdón no puede haber verdadero amor. Es en la gracia de la reconciliación donde encontraremos la fuerza para amar, esperar y creer.

 

Cuando nuestra vida vacila, cuan­do el sufrimiento se hace demasiado presente, cuando estamos enfermos o nos llegan las pruebas, cuando nues­tro matrimonio sufre o está herido en su carne o en su corazón, pidamos la gracia del Sacramento de los enfermos.

 

6. Descubramos el ministe­rio conyugal y familiar

 

Como nos recuerda el Concilio Vaticano II, cualquier ministerio es esencialmente servicio, a ejemplo del

de Cristo, quien «siendo de condición divina, se anuló a sí mismo para to­mar la condición de Servidor» (Fili­penses 2, 6).

 

Hoy, la experiencia de la vida nos hace comprender que todo fiel ejerce un ministerio en la Iglesia a fin de que se realice la misión de Cristo que ora así a su Padre: «Que seamos uno, a fin de que el mundo crea que Tú me has enviado. Como el Padre me ha enviado, así, a mi vez, yo os envío» (Juan 20,21).

 

Busquemos lo que en nuestra vida de matrimonio nos pone al servicio reciproco, uno de otro, lo que nos hace enviados del Señor, para anunciar la buena nueva a los que tenemos cerca.

 

En el alba del siglo xxi, los matri­monios son los primeros testigos del anuncio del Evangelio y los primeros artífices de la construcción de la civi­lización del amor a la que Dios nos llama.

 

Nuestro sacramento del matrimo­nio nos confía un ministerio especial que nos invita de forma acuciante y urgente a ponernos al servicio de nues­tra pareja y de la familia.

 

7.    Seamos testigos de la fidelidad

 

Nuestro mundo de lo efímero, del «zaping», del «web» y de la satisfac­ción inmediata de nuestros deseos, tie­ne una necesidad urgente de fidelidad. Por nuestro compromiso en el matri­monio, somos testigos privilegiados de esta fidelidad.

 

-    Testigos de la fidelidad de Cristo a los hombres.

 

-    Testigos de nuestra fidelidad a Cristo y al Evangelio.

 

-    Testigos de la fidelidad, que es posible, de los hombres a los valores que son fundamento de la humanidad.

 

-    Testigos de la fidelidad al sa­cramento que nos une esposo, esposa.

 

Nuestro mundo necesita de nues­tra fidelidad. Descubrámosla, descu­brámosla cada día.

 

CONCLUSIÓN

 

Queridos amigos de los Equipos de Nuestra Señora, siempre es delica­do interrogar la voluntad de Dios: nos arriesgamos a hacerle decir lo que deseamos oír. Sin embargo, es algototalmente necesario. La voluntad de Dios sobre nuestro Movimiento no la hemos conocido por revelaciones, sino que intentamos descubrirla todos jun­tos y poco a poco, descifraría en los acontecimientos diarios, como los pa­dres intentan discernir la vocación de un niño observando su evolución, con un amor atento.

 

Nuestro Movimiento evoluciona sin cesar por todo el mundo, escrute­mos y busquemos todos cuál es la voluntad de Dios. Compartamos estos descubrimientos y recemos, así, rece­mos sin cesar unos por otros y todos juntos por la humanidad. Entonces seremos como pide Cristo: «la sal de la tierra».O

 

 

Gérard y Marie-Christine de Roberty

Nuevo                matrimonio Responsable del Equipo Internacional

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El soporte humano del Encuentro  

 

 

Queridos amigos: Durante el pasado curso hemos estado insistiendo mucho, casi con machaconería, sobre el Encuen­tro Internacional de Santiago de Compostela. Unas veces animando para que asistiera el mayor número posible de gente, otras para que la solidaridad fuera una realidad plausi­ble y eficaz, y en general para que se orase por el buen desarrollo de este Encuentro y que tanto nos preocupa­ba a la mayoría de los equipiers.

 

Al fin éste transcurrió, como es­taba previsto, y podemos afirmar que tanto por la organización como por la participación de todos, el desarro­llo del mismo fue magnífico. Siem­pre en una concentración de tanta gente, se producen situaciones incó­modas para algunos, pero con buena fe y espíritu de colaboración se sue­len resolver sin grandes dificultades, como así sucedió en Santiago.

 

Pero ¿cómo vivieron el Encuen­tro todas aquellos miembros de equi­pos, casi 500 personas, que aunque asistieron al mismo, no pudieron dis­frutarlo por tener que estar ocupán­dose de tareas al servicio de los de­más?

 

Queremos hacer un repaso breve de esas actividades que han supues­to una actitud de servicio y despren­dimiento, fruto del carisma que tie­nen los ENS.

 

Hubo muchos responsables de casa que se encontraron con equipiers extranjeros y el idioma parecía, al principio, una barrera infranqueable, otros tuvieron que hacer frente a se­rias deficiencias en los hoteles y to­dos pasaron muchas horas de sueño por ser los últimos en acostarse y los primeros en levantarse. A los respon­sables de área, que agrupaban varias casas no paraban de sonarles los te­léfonos móviles, teniendo que des­plazarse a donde fuera necesario, para resolver problemas acuciantes. Pero todos, sin excepción, desarro­llaron su labor como auténticos pro­fesionales.

 

Los del servicio de orden, unos más y otros menos, se perdieron al­gunos de los actos importantes por tener que estar pendientes de las di­ficultades que surgieron, sobre todo

en las llegadas y salidas de los auto-buses.

 

Los de información, los de las tiendas, y los más vistosos, los ama­rillos de liturgia, se quedaban, des­pués de las sesiones en el Multisusos, preparando los actos del día siguien­te, así como los participantes del coro con sus ensayos previos a los actos.

 

No olvidemos tampoco a los de logística, animación y acogida, reci­biendo a los participantes en medio de una tromba de agua persistente que anegaba los alrededores del lu­gar de acogida. Al equipo de docu­mentación, teniendo que preparar y traducir todas las conferencias y homilías hasta altas horas de la madrugada. Sin olvidar a los responsa­bles de la informática o los de rela­ciones con la prensa, que tenían que improvisar sobre la marcha.

 

En fin, todos sin excepción algu­na han vivido un Encuentro diferen­te. Algunos han terminado realmen­te cansados, sin voz, con dolores musculares, resfriados, pero creemos que felices porque han sabido demos­trar que la gente de equipos somos especiales. Nos damos en la medi­da de nuestras posibilidades, sin exigencias, con gratuidad, con amor, gracias al carisma común que nos une.

 

Nos gustaría recibir testimonios de los que habéis vivido este encuen­tro de una forma diferente y así poder compartir estas vivencias con el resto de los equipiers. Esperamos gustosos vuestros escritos.

 

Hemos recibido muchas cartas de agradecimiento de todas las partes del mundo, de personas que han asis­tido y nos han felicitado por la mag­nífica organización, la acogida, por la gentileza y el entusiasmo de los españoles, por las Eucaristías, ora­ciones, cantos, danzas, el decorado del pabellón Multiusos, etc.. Pero lo más importante será el recuerdo que se han llevado de este Encuentro y que van a transmitir a sus respecti­vos equipos en todos los países. Y  ese recuerdo se lo deben a todos los que han trabajado en y por el En­cuentro y es lo que hemos querido resaltar especialmente en esta carta.

 

El Encuentro de Santiago ha sido un testimonio vivo de 7.000 perso­nas, que creen en el matrimonio cris­tiano y lo viven como una apuesta muy importante en nuestra sociedad actual. O

 

 

Amparo y Carlos Gomez-Senent

 

Responsables del Equipo Saperregional

 

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Reunión del Colegio ERI

 

 

Los días inmediatamente anterio­res al Encuentro Internacional, se celebró en Santiago de Compos­tela la reunión anual del Colegio ERI, que este año tuvo un carácter espe­cial dado que se invitó a participar en él a todos los responsables de las regiones aisladas. Participaron, pues, además de todos los matrimonios superregionales, los responsables de India, Líbano, Canadá, Alemania, Siria, África Francófona e Isla Mauricio.

 

No cabe duda que éste era un co­legio que estaba muy condicionado por dos acontecimientos muy impor­tantes. Por un lado el Encuentro In­ternacional y por otro el relevo del matrimonio Igar y Cidinha Fehr de Brasil, que dejaban después de seis años en el órgano de mayor respon­sabilidad en los Equipos de Nuestra Señora, su puesto de servicio y lo tras­pasaban a Marie Christine y Gerard de Roberty de Francia. Además de lo emotivo del acto de despedida de los Fehr en el Encuentro Internacional, en las reuniones del Colegio se respi­raba un ambiente especial, se vivían momentos de tristeza por la marcha de unas personas que han dado todo lo mejor de su ser por el Movimien­to, y esto contrastaba con la esperan­za de los que llegan con aires de renovación y de entrega por los Equi­pos. De todas formas fueron momen­tos fuertes de alegría, esperanza y sobre todo de confianza en Quien nos guía día a día.

 

En esta reunión se presentó la GUÍA DE LOS EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA, que, toman­do como base nuestros documentos fundamentales, La Carta Fundacio­nal, Qué es un Equipo de Nuestra Señora y el Segundo Aliento, pre­tende poner al día, en los albores del siglo XXI, los métodos y carisma de nuestro Movimiento, sin que con ello se pretenda sustituir los men­cionados documentos, sino más bien refundirlos y complementarlos.

 

Las dos charlas formativas que habitualmente se realizan estuvieron a cargo, la primera de ellas, por el consiliario del ERI el P. Cristóbal Sárrias, quien nos animó a ser exi­gentes con nosotros mismos y con los demás miembros de los ENS y empleando palabras suyas... «hace falta hacer un esfuerzo de purifi­cación y, permitídmelo, de disci­plina. Nuestra herencia (los más de 50 años de vida de los Equipos) es muy importante para permitir que se vuelva insípida y por tanto des­lucida.»

La segunda charla estuvo a car­go de Xosé Manuel Domínguez Prie­to, Catedrático de Filosofía y miem­bro de un equipo de Ourense, quien expuso los RETOS DEL CRISTIA­NISMO EN EL MUNDO DE HOY, empezando por un análisis de la si­tuación cultural, ética y social en el comienzo del siglo XXI, para poste­riormente enunciar las posibles res­puestas del cristiano ante las situa­ciones planteadas. Fue ésta una ex­posición muy viva de la que resalta­mos una frase que a más de uno puede hacerle reflexionar: «Sólo merecemos nuestra revolución si empezamos a subvertirnos a noso­tros mismos».

En los informes que presentaban los matrimonios sobre la marcha de sus Superregiones hay que destacar lo relativo al Pilotaje, ya que era una cuestión que debíamos aportar todos. Pudimos comprobar que en todas partes se le da mucha importancia al pilotaje, ya que de éste depende el futuro de los equipo. Constatamos que lo que estamos haciendo en nues­tra Superregión está en sintonía con el resto de los demás países, o tal vez con materiales más completos y actualizados que la mayoría de ellos.

 

Se trataron temas de orden eco­nómico, principalmente para que la solidaridad entre las diferentes super­regiones sea más efectiva y dependa poco de la subjetividad de los que administran los fondos internaciona­les, ya que se da la circunstancia que en algunos países no muy desarrolla­dos existen grandes diferencias de poder adquisitivo comparado con otros más poderosos. Por ello, se bus­ca una fórmula que pueda paliar estas diferencias. Todas las sugerencias se estudiarán por d ERI quien propon­drá la solución más adecuada.

 

Como en toda reunión del Cole­gio, hubo reuniones mixtas por idio­mas afines, donde realmente se vive mejor y más próximo las realidades de otros países. Nuestro grupo esta­ba compuesto por brasileños, portu­gueses, hispanoamericanos y españo­les y francamente vivimos muy bue­nos momentos de compañerismo y de acogida mutua de las ideas, suge­rencias y problemas de todos.

 

Se dio la circunstancia que, la noche que íbamos a dedicar a tener una pequeña fiesta, como es frecuen­te en todas las sesiones de esta natu­raleza, en el mismo hotel donde estábamos hospedados, el Monte Do Gozo, estaban también alojados to­dos los matrimonios españoles que iban a colaborar con la organización del Encuentro, por lo que aprovecha­mos esta ocasión para compartir con todos ellos una queimada animada por la Tuna de Santiago. La convi­vencia entre los miembros del Co­legio, el ERI y los españoles tuvo un ambiente muy alegre y desenfa­dado y creemos que satisfactoria para todos

 

Podemos decir para concluir que estas sesiones de trabajo son largas y densas, pero en el fondo está el sentido de colegialidad que subyace en los Equipos de Nuestra Señora y que merece un esfuerzo por mante­nerlo ultranza.

 

 

Amparo y Carlos Gómez-Senent

 

Responsables del Equipo Superregional

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La sesión internacional:  

 

 

Una experiencia gratificante

 

 

El sábado día 23 de septiembre, una vez finalizado el IX Encuen­tro Internacional Santiago 2000, fui­mos citados todos los que íbamos a participar a la Sesión de Formación Internacional en la puerta de entrada número 14 del edificio multiusos del SAR.

 

Era una tarde lluviosa, motivo que dio lugar a que estuviéramos todos juntos esperando la llegada del autobús que nos desplazaría al Mon­te del Gozo. Fueron momentos de un primer contacto, miradas y algún que otro saludo esporádico, si bien en ese momento ya sentirnos con alegría la diversidad de matrimonios de todos los países del mundo.

 

Nada más instalarnos en las habi­taciones, la acogida y el saludo del matrimonio responsable internacional, Cidinha e Igar Fehr, de los matrimo­nios del ERI, y la presentación de todos los participantes, por países, nos hizo sentir plenamente relajados y contentos, como en casa. Éramos unas 200 personas representando a 44 paí­ses; de España participaban junto a nosotros un matrimonio y un consi­liario de Badajoz. También fuimos acogidos por nuestros responsables superregionales, Amparo y Carlos.

El objetivo de esta reunión de formación era profundizar en la pro­puesta de vida de los Equipos de Nuestra Señora, facilitándonos vivir mejor la vida del movimiento, dan­do oportunidad a las parejas venidas de países lejanos, y poder aprove­charse de estas jornadas, que de otra forma sería difícil poderlas tener en sus países de origen.

 

El programa estaba compuesto por una serie de tiempos de oración, conferencias e intercambios que nos enriquecieron.

 

El desarrollo de las conferencias tuvieron como base el nuevo docu­mento de LA GUÍA DE LOS ENS, profundizando en el verdadero sen­tido del movimiento, su propuesta de vida, los servicios y la misión. Estas conferencias fueron impartidas por los matrimonios del ERI, y el P. Cris­tóbal Sárrias, consiliario espiritual del ERI, desarrolló tres comunicaciones catequéticas.

 

Nos resulta un poco difícil poder resumir lo mucho que allí recibimos,

pero a la vez deseamos destacar al­gunos puntos que nos parecieron in­teresantes:

 

El P. Sárrias en una de las charlas

no habló de «Los E.N.S., un camino para seguir a Cristo en pareja», las etapas del camino que tenemos que seguir, invitándonos a vivir como es­tilo de vida, las Bienaventuranzas.

Nos dijo que seguir a Cristo en pare­ja supone armonizar el ritmo de la marcha y avanzar con el otro en la misma dirección. Nos hizo ver la con­cordancia de las bienaventuranzas con la pedagogía de los ENS, y que so­mos llamados a ser semilleros de pa­rejas que desean vivir valientemente su vida de compromiso en la Iglesia y en el mundo.

 

El matrimonio Alberto y Cons­tanza Alvarado nos hablaron «Del sentido de servicio». Toda respon­sabilidad dentro del Movimiento es un servicio a los demás: «El servi­cio es una gran responsabilidad y una bella responsabilidad, porque aquellos que la aceptan tienen la se­guridad de que Dios les dará la fuer­za y los dones que necesitan para cumplir esta tarea.»

 

La aceptación en todo servicio implica no solamente dar nuestro tra­bajo, «nuestros talentos», nuestro tiempo, sino aún más, darnos noso­tros mismos libremente en la alegría de un compartir sin reservas.

 

Otra charla que queremos desta­car fue «La misión». Los Equipos de Nuestra Señora tenemos una mi­sión específica y directa: Ayudar a las parejas a vivir plenamente su sa­cramento del matrimonio, anunciar al mundo los valores del matrimonio cristiano con la palabra y con el tes­timonio de vida, viviendo y difun­diendo la espiritualidad conyugal.