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CONTENIDOS

Editorial

Correo del ERI:

Correo de la Súper-Región:

Formación Permanente:

Colaboraciones:

 

En la casa del padre:

 


EDITORIAL

Después de haber celebrado el dos mil aniversario del nacimiento de Jesucristo, los Equipos de Nuestra Señora iniciamos este nuevo si­glo con una gran esperanza, pues la visión profética que tuvo el P.

Caffarel de considerar el matrimonio cristiano como un camino de santidad se va haciendo realidad.

La Iglesia reconoce que el amor entre los cónyuges es reflejo del amor de Dios. Cuidar ese amor, vivirlo y manifestarlo a los demás es nuestra gran misión: ser esposos-testigos de Dios vivo en el mundo contemporáneo.

Por eso quisiéramos que los Equipos de Nuestra Señora comenzásemos esta andadura con una reflexión basada en un párrafo del libro No temas recibir a María, tu esposa de nuestro fundador el P. Henri Caffarel, que refleja la relación de amor que existe entre los esposos María y José y Jesús.

«En la modesta vivienda (se refiere a la casa de Nazaret donde vivía la Sagrada familia) se verifican los tres movimientos del amor: el amor de entrega, el que da, que es el de María y José; el amor de acogida, el que recibe, que es el de Jesús; el amor de quietud, que es el intercambio de los dos precedentes y que es la intimidad de los tres en la casa.»

El amor de entrega es el sentimiento de los esposos entre si y para los demás. Es la ausencia de egoísmo, la disponibilidad, la perseverancia, la ayuda desinteresada y confiada. Lo que somos capaces de hacer los cónyu­ges para suprimir las barreras que nos separan. Queremos dar tanto que logramos darnos en cuerpo y alma, el uno para el otro y los dos para los hijos y para los demás.

La consecuencia del amor de entrega es el amor de acogida. El fruto de la donación conyugal es recibido con ternura, alegría y confianza por Jesús, porque es un amor vivido en plenitud y se refleja hacia todo lo que nos rodea.

Estos dos amores confluyen en lo que el R Caffarel llama el amor de quietud, que es sosiego, tranquilidad, descanso, paz. Es el refugio personal donde tomar fuerza para un posterior desarrollo y compromiso.

Podríamos iniciar el nuevo milenio reflexionando sobre si estos tres amores nos pueden ayudar a hacer llegar a la sociedad en que vivimos el lema que presidió el Encuentro Internacional de los Equipos en Santiago de

Compostela:        «El matrimonio cristiano, imagen de Dios Trinitario.»

 

 

El Equipo de Redacción

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CARTA DE TOM Y MAUREEN HOBAN

Las prioridades en el corazón del

movimiento

Queridos amigos de todo el mundo:

 

En el curso de cada Encuentro Internacional, que marca una etapa importante en la vida de los

Equipos de Nuestra Señora y que es una fuente importante de inspiración y ánimo, se ofrece a los matrimonios una nueva orientación. Esta orientación propone las prioridades del Movimiento para los próximos años. Estas «prioridades», que se establecen una vez que se han consi­derado las realidades de la vida de la pareja y los signos de los tiempos actuales, se ofrecen a todos los miembros de los ENS como una orientación común.

El esquema de esta nueva re­flexión: «Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo» se confío a unos equipos de trabajo de cada R y de cada SR para que deci­dieran las necesidades y los proble­mas de las parejas cristianas en sus países. La riqueza de la información, que estos equipos de trabajo propor­cionaron, ha constituido una base importante para el desarrollo de este proyecto y se os ofrecerá en tres eta­pas de reflexión:

 

La persona humana... «Creado

imagen de Dios» (Gn 1, 27)

 

La persona humana ¿tiene que ser relacionada con Dios y con los Dere­chos Humanos o con la Bienaven­turanzas? Sea cual sea el punto de vista que se tenga sobre este tema no hay que olvidar que cada "derecho" implica una «responsabilidad». Inde­pendientemente de los criterios de la sociedad, cada persona humana tiene su dignidad y su valor propios.

 

·    La pareja hoy... "No es bueno

que el hombre esté solo" (Gn 1,

27)

 

Vivimos una época en la que rei­na la confusión y en la que se plan­tean asuntos que nos interpelan: ¿Es esencial que exista el matrimonio? ¿Qué es lo esencial en el matrimo­nio? ¿Cómo puede enriquecer la pa­reja su relación mutua, tan impor­tante y esencial, para el éxito del matrimonio? ¿Cómo podemos ayu­dar a los demás a reconocer que la fidelidad no es un valor «temporal» sino «para toda la vida»?  Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre (Mt 5, 13).

 

·    La misión del matrimonio en la Iglesia y en el Mundo... «Sois la sal de la tierra» (Mt 5, 13)

 

Hay una nueva toma de concien­cia de la responsabilidad de los ma­trimonios cristianos: no sólo procla­mar las verdades teológicas, sino la belleza del matrimonio cristiano. La mayor parte de los matrimonios tie­nen éxito y la mayor parte de las per­sonas viven una vida de familia feliz durante toda su vida. Por el contrario, hay pocos que tengan un sentido de la misión. Es, por lo tanto, muy im­portante recordar con frecuencia a las pequeñas comunidades que tienen la misión de dar testimonio a los demás con su vida conyugal y con el so­porte que aportan a sus miembros.

 

Es esencial tomarse un tiempo para estudiar y reflexionar juntos. A pesar de los conocimientos que el

mundo nos aporta y de los progresos de la sociedad, es importante buscar la comprensión de los misterios de Dios y de Su Amor hacia nosotros.

 

Los Equipos de Nuestra Señora se dan cuenta de la importancia de este estudio y de esta reflexión:

 

«Lo mismo que no puede haber vida cristiana sin fe viva, tampoco puede haber fe viva, activa, sin la reflexión y la meditación... Los matrimonios de un equipo intentan, pues, profundizar sus conocimientos religiosos y conseguir, con la ayuda del consiliario, que los otros miem­bros del equipo profundicen tam­bién.» (Guía de los Equipos de Nues­tra Señora.)

 

El intercambio de puntos de vis­ta sobre el tema de estudio elegido es una ocasión privilegiada para pro­gresar en nuestro camino espiritual y para formar nuestra conciencia personal. Esta nueva orientación tie­ne muchos puntos para estimular el intercambio de ideas en pareja y en equipo.

 

        Reflexionar en pareja es esencial y es la ocasión para cada esposo de poner en común su fragilidad, su fe, sus conocimientos y sus experiencias individuales. Llamados a seguir un camino particular hacia Dios, gracias a nuestra pertenencia a los ENS, buscamos una mayor comprensión de Dios y de su voluntad sobre noso­tros, así como una vida cristiana in­dividual y conyugal más auténtica. Lo que descubrimos es, incontesta­blemente, lo más importante para nosotros pero también hay que com­partirlo con nuestro equipo con un espíritu de ayuda mutua.

 

En esta pequeña comunidad, en la que cada uno tiene un grado dife­rente de vida espiritual, nos esforza­mos por ayudarnos. El punto de vis­ta de cada uno, por lo tanto, tiene que ser acogido y apreciado. Por nuestra forma de «escuchar» tenemos que demostrar siempre que somos conscientes del hecho de que Dios nos habla a través de los otros. ¿No nos sentimos sorprendidos cuando «las joyas» de nuestra fe nos llegan por las pocas palabras del que habla menos? Reflexionar juntos es un pro­cedimiento esencial de construcción, un procedimiento que nos dará la confianza necesaria para hablar de nuestra fe y de compartirla con los demás.

 

Esta parte de la reunión aumenta en gran manera la vitalidad y el cre­cimiento de nuestra fe y de nuestra vida de equipo. Sería lamentable no darle la prioridad que merece. Una preparación insuficiente de la re­unión, o un mal control del desairo-lío de la participación, del intercam­bio de ideas, haría que faltaran ri­quezas y gracias para el equipo.

 

¿No nos llevaría un estudio serio y honesto de esta nueva orientación a definir nuevas prioridades para nuestra vida? ¿Qué nuevas iniciati­vas van a nacer del discernimiento personal y conyugal del proyecto de Dios sobre nosotros? ¿Vamos a de­cidirnos a dar testimonio de una manera más concreta de la santidad del matrimonio y de los valores del Evangelio, donde quiera que nos encontremos ya sea nuestro hogar o en otra parte?

 

En el pasado mes de septiembre, en Santiago de Compostela, más de 7.000 miembros de los ENS han dado de parte vuestra un testimonio muy

 

importante y positivo del matrimo­nio cristiano. El Dr. Jack Dominan, uno de los conferenciantes, les ani­mó diciendo:

 

"Una organización como la vues­tra tiene que ser consciente de que hacéis mucho más que desarrollar vuestra vida espiritual para vosotros mismos. Sois la avanzadilla de la Iglesia que intenta comprenderse a si misma, que se da cuenta de que el matrimonio está en el corazón de su vida y de la evangelización del mun­do de hoy."

 

Tom y Maureen HOBAN

Equipo Responsable Internacional

 

 

 

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CARTA DEL PADRE CRISTÓBAL SÁRRIAS, S.J.

 

Vivir la compasión

 

He aquí una palabra que se cita en el primer tema de este año: COMPASIÓN. Una palabra que nos hace pensar en la parábola de Jesús para que todos seamos capaces de vivir con los otros con la actitud del Buen Samaritano ante el hombre molido a golpes, despojado de todo por los bandidos, cuando descendía hacia Jericó: lo vió, y  tuvo piedad de él (Lc 10, 27-37).

 

Y nosotros queremos descubrir el sentido de la Palabra para cambiar el corazón, y de este modo ser capa­ces de ver mejor, de comprender mejor, de compartir mejor y avanzar humildemente en nuestro itinerario de parejas cristianas hoy en la Igle­sia y en el mundo. Una voluntad clara de fidelidad y de sintonía ante el prójimo, en nuestros hogares, en nuestra comunidad cristiana, y en la sociedad civil en la que vivimos.

 

La palabra «compasión» nos evo­ca, quizá la reacción que experimen­tamos como el Samaritano de la pa­rábola, ante los problemas, las miserias y el sufrimiento ajenos. Cierta­mente, esta actitud nos es exigida por el solo hecho de querer ser coheren­tes con nuestro estilo de vida como cristianos.

 

Pero la palabra «compasión», en su sentido más intimo, significa mu­cho más. Hay en su misma estructura lingüística un llamamiento a la bús­queda de la armonía con los otros, en todos los campos y, al mismo tiempo, nos pide vivir la tensión de una actitud que no solamente es puntual, de un momento o de un encuentro ocasional. Nuestra fe nos invita a que no seamos héroes intermiten­tes sino constantemente valientes.

 

Cuando existe un verdadero amor en la pareja, hay siempre un deseo

quizás a veces utópico- de iden­tificación con el «otro», para saber no solamente sufrir, sino gozar; no solamente llorar, sino sonreír; no solamente angustiarse, sino soñar; hablar y escuchar... ser capaz de avanzar en la vida, con un esfuerzo auténtico de buscar siempre el punto de encuentro necesario para que se pueda avanzar a un mismo tiempo, a pesar de las diferencias, las contra­dicciones y las dificultades de todo genero.

 

Es cierto que esto puede parecer un cuadro demasiado bello para que llegue a ser real, pero el evangelio se nos dio como un verdadero cami­no de vida, no como una fantasía o un espejismo. Y el cristiano, tanto en el hogar como en la iglesia y en mundo, es el testigo de lo posible, descrito por Cristo como una reali­dad que se debe buscar y un mundo en cuya construcción hay que cola­borar.

 

La «compasión» de que nos ha­bla el tema sobre la persona humana hoy, debe adquirirse a partir de nues­tra capacidad de «vivir con los de­más». No podemos aceptar en abso­luto la afirmación de que «el infier­no son los demás». Muy al contra­rio, si el mundo real en el que nos toca vivir en este momento histórico del comienzo de un milenio, parece que nos invita con sus amenazas y sus contradicciones a un repliegue conservador en nosotros mismos, nosotros debemos ser testigos del coraje de ser capaces de ser «com­pasivos» con todos. Quizá tenemos miedo, pero no es éste quien nos guía, sino la vocación de cristianos que tienen el deber de transformar un mundo que tiene una apremiante de personas  hombres y mujeres-que sean capaces de abrir las esclu­sas de la esperanza.

 

(Queridos amigos, quizás es este el último mensaje que os envío como Consiliario del EQUIPO RESPON­SABLE INTERNACIONAL. Quisie­ra dirigiros, ante todo, una palabra de agradecimiento por vuestros ejemplos de fidelidad y de amor en vues­tros matrimonios y en los equipos, y también lanzaros un llamamiento a ser cada vez más hombres y mujeres de oración, de escucha de la Pala­bra, de audaz y consciente compro­miso en la iglesia y en el mundo, según el espíritu de los EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA.

 

 

Cristóbal Sarrias, s.j.

 

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NOTICIAS INTERNACIONALES

 

Sesión Internacional

 

A continuación del Encuentro, tuvo lugar en Santiago de Com­postela una Sesión Internacional, que reunió más de doscientos participantes -matrimonios y sacerdotes- llega­dos de todas las regiones del mundo. El Equipo Responsable Internacional animó esta sesión. Fue un momento de gran riqueza por los intercambios de ideas, por las oraciones, por las ce­lebraciones y por la amistad comparti­da más allá de las fronteras.

En el transcurso de esta Sesión, todos los participantes pudieron re­flexionar sobre qué es la vocación y la misión de los ENS, en su mística y en su riqueza. Estas Sesiones In­ternacionales, que tienen lugar cada seis años, son el vivero de futuros responsables del Movimiento y la fuente de un dinamismo renovado en todos los sectores y en todas las re­giones del mundo. 5

 

El Jubileo de las Familias

 

Organizado por el Consejo Pon­tificio de la Familia, el Jubileo de las Familias se realizó en dos tiempos: primero un congreso Teo­lógico y Pastoral, después. el tercer encuentro mundial del Santo Padre con las familias. El tema de estos dos momentos fuertes del Jubileo ha sido «Los hijos primavera de la fa­milia y de la sociedad». Al alba de la salvación, se encuentra el naci­miento de un Niño, nacimiento pro­clamado como la Noticia Feliz: «Os anuncio una gran alegría, que será la de todo el pueblo: hoy os ha nacido un Salvador, el Cristo Señor, en la ciudad de David» (Le 2, 10-II). Se­guro que el nacimiento del Salvador ha dado rienda suelta a esta gran ale­gría. Pero en Navidad se revela el sentido pleno de todo nacimiento humano, en Navidad se cumple la alegría que acompaña al nacimiento de todo niño. Es verdad que el naci­miento de un niño supone la alegría de los padres, pero también es la ale­gría de toda la Iglesia y de toda la sociedad, y es verdad, también, que en nuestra época muchos niños, de diferentes lugares del mundo, sufren y se ven amenazados.

 

En el transcurso de este Jubileo de las Familias hemos podido des­cubrir cómo los niños son la prima­vera de la familia y de la sociedad.

 

Porque son un don de vida y fru­to del amor conyugal, los niños re­presentan el futuro del mundo. En el curso de este Jubileo hemos encon­trado numerosos matrimonios de los ENS. Los Equipos estaban represen­tados por Gérard y Marie-Christine de Roberty, responsables del Equipo Internacional.

 

Congreso y Jubileo del Laicado católico

 

"Testigos de Cristo para el nuevo milenio", éste era el tema del importante Congreso que ha te­nido lugar en la celebración del Ju­bileo de los Laicos en presencia del Papa Juan Pablo II.

El domingo 26 de diciembre, en el transcurso de su homilía, Juan Pablo II ha lanzado este mensaje:

«Con la llegada del nuevo milenio, ha sonado la hora de los laicos». Durante la celebración, el Papa ha animado, en primer lugar, a releer los documentos del Concilio Vatica­no II que han ayudado «a tantos lai­cos, hombres y mujeres, a compren­der mejor su vocación cristiana, que por su misma naturaleza es una vo­cación de apostolado».

 

Para subrayar la importancia de este redescubrimiento, el Papa ha en­tregado los documentos del Concilio a 10 representantes laicos llegados de diferentes países del mundo. Nos exhortó a ser testigos de la transmi­sión a las nuevas generaciones de la riqueza de sus compromisos.

 

En el transcurso del Congreso hemos podido hacer el balance de un siglo y trazar las líneas de una nueva fase histórica: «desafío para un testimonio cristiano».

 

Las diferentes conferencias han versado, de forma especial, sobre el bautismo, fuente «de la identidad de los fieles de Cristo»; a continuación hemos buscado «la manera de ser testigos de la nueva vida», pues «los cristianos son para este mundo lo que el alma para el cuerpo».

 

No podemos ser testigos de Cristo y apóstoles en el mundo sin una formación, este es el precio de la madurez humana y cristiana, a la que estamos llamados, en tanto que laicos cristianos.

 

El Congreso terminó con la aper­tura al Tercer Milenio. ¿Qué laicos están llamados para la misión de evangelizar el mundo?

 

 En el curso del Congreso, en el que participaban los responsables de todas las Asociaciones y Movimien­tos Internacionales llegados de 1 59 países, hemos podido vivir en la ora­ción y la celebración, tiempos de encuentro y ver muy de cerca la uni­versalidad de la Iglesia.

 

Lo que permanecerá grabado para siempre, es la llamada urgente a la misión evangelizadora que se ha dirigido al conjunto de laicos y, prioritariamente, a nosotros miem­bros de los Equipos de Nuestra Se­ñora. 5

 

Gérard y Marie-Christine de Roberty

 

Responsables del Equipo Internacional

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Encuentros

 

Duante nuestros desplazamientos en el curso de este trimestre, he­mos podido encontrarnos con nume­rosos Responsables Intemacionales y, también, con el Cardenal López Tru­jillo, Presidente del Consejo Pontifi­cio para la Familia; con el Cardenal Stafford, Presidente del Consejo Pon­tificio para los laicos y con sus cola­boradores más cercanos.

 

Desde hace varios años, el Mo­vimiento de los Equipos de Nuestra Señora se ha preocupado de entablar relaciones de amistad con otros Mo­vimientos familiares o conyugales. El Congreso del Apostolado de los Lai­cos ha sido la ocasión de un encuen­tro fraterno con Chiara Lubich, fun­dadora de los Focolan y con los res­ponsables del Movimiento Familiar «Familia Nueva», a los que tuvimos la alegría de conocer durante nues­tro Encuentro de Santiago de Com­postela.

 

Con esta ocasión, hemos decidi­do continuar juntos este camino de comunión y de fraternidad entre nues­tros dos movimientos, así como con los demás Movimientos que viven una espiritualidad cercana a la nuestra. Este será el objeto de un encuentro, que tendrá lugar a finales de enero, en el Vaticano, para los responsables de estas asociaciones.

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¡Gracias!

 

En este curso en el que finaliza el periodo de cuatro años, de res­ponsabilidad, lo que sale de nuestros corazones es la gratitud, el agradeci­miento por todo lo que para noso­tros dos ha supuesto vivir las conse­cuencias de la aceptación a la llama­da que el Señor nos hizo a un mayor amor.

 

Queremos en primer lugar dar gracias a Dios Padre porque nos quiere desde y para siempre, dándonos toda clase de oportunidades para que, si queremos, podamos ser felices, contando con nosotros para que co­laboremos en sus planes, pero sin forzar nuestra libertad.

­"Dios devuelve el ciento por uno, ya en esta vida."

Gracias a Dios Hijo que es nues­tro ejemplo a través del Evangelio de cómo hay que servir; nuestro maestro que nos enseña a conocer al Padre y al prójimo.

 

Gracias al Espíritu Santo que ac­túa a través nuestro; que pone la pa­labra en nuestras bocas y en el bolí­grafo, recordar Jr 1,9. Que nos alien­ta en todo momento iluminando nuestra actividad. Que puso en nuestro camino a los ENS con toda la riqueza que tienen dentro aunque aproveche­mos un pequeño porcentaje.

 

Gracias a Maria que accedió, a los pies de la cruz, a ser nuestra madre e intercede constantemente por nosotros, siendo ejemplo de confian­za en Dios y de sencillez.

 

Han sido muchísimos los matri­monios y consiliarios que hemos conocido en los E.N.S. durante los quince años pasados y a todos os queremos, pero hay algunos especia­les, por haber sido los ejemplos a quienes imitar; los que nos han ser­vido de estimulo, como son nuestros pilotos, que por circunstancias tam­bién nos dieron las Jornadas de Pri­mer y Segundo Grado. Seguramente ellos fueron los causantes de que no nos quedáramos encerrados en nues­tro equipo y saliéramos a conocer el movimiento. Quién no lo haga se pierde un tanto por ciento muy alto de la riqueza que encierran los ENS.

 

No pueden faltar, ni mucho me­nos, en el capitulo de agradecimien­tos, los componentes de nuestro equi­po, que nos han dado su ayuda, áni­mo y amistad constante durante estos años. Por darnos, hasta dos ahi­jados nos han dado.

Dios participa en nuestro matrimonio si le damos oportu­nidad

 

Diferentes Responsables Regionales nos dieron su confianza para realizar diferentes tareas dentro de los equipos de la región, con lo cual tuvimos la oportunidad de conocer a muchos matrimonios que pasaron por casa al incorporarse a los ENS. ¡Qué satisfacción cuando habiendo trans­currido unos años, nos siguen dando las gracias por haberles integrado en los equipos!. Cómo si hubiéramos sido nosotros.

 

Y no digamos nada de los equi­pos que pilotamos. Sin lugar a dudas es la tarea más gratificante dentro de los equipos. Se ven los progresos inmediatamente. Lo único malo fue tenerles que dejar al finalizar. Tam­bién les damos las gracias porque de ellos aprendimos y por el aguante de los consiliarios.

 

Dios se sirve del hombre, a pesar de nuestra debilidad; no hacerlas cosas por sí ­mismo.

 

Ya en nuestra tarea de regiona­les, reconocemos y agradecemos la inmensa ayuda que hemos recibido de los matrimonios y consiliario que han compuesto el equipo de región. Está clarísimo que sin su generosa colaboración no habríamos consegui­do hacer nada, pero el Espíritu San­to que debe ser muy interesado, los empuja y anima.

 

Nos da mucho gusto cuando todos los integrantes de los equipos de la región centro nos agradecéis esto, aquello o lo de más allá, somos huma­nos. Sois muy generosos y nos anima mucho para seguir en la brecha.

 

¡Qué bendición también los tres fines de semana al año en que nos encerramos con el equipo súper re­gional! Son otras oportunidades de convivir con gente de la buena. Son vivencias insuperables, únicas. ¡ Oja­lá pudieran ser más! En ellas hace­mos oración, planificamos activida­des y compartimos experiencias.

 

Así pues, veis que son muchísi­mas las personas a las que estamos agradecidos, pero hay dos que he­mos dejado para el final y son los únicos de los que decimos sus nom­bres: José Antonio y Pichu, nuestros hijos. Seguramente ellos han sido los más generosos y agradecidos con nosotros. Siempre han aceptado la forma en que hemos distribuido nues­tro tiempo y nos han animado a se­guir por el camino que hace años nos trazamos.

 

Somos más persona en tanto en cuanto so­mos queridos. Seamos generosos en el querer y en el agradecer.

 

En un segundo plano quedan la familia más amplia y los amigos, que siempre han admitido nuestras au­sencias de buen grado, porque está­bamos con «los hombres buenos», que es como conocen a los ENS, sin celos de ninguna clase.

 

Con todo lo escrito hasta ahora, queremos animaros a que creáis fuer­temente lo siguiente:

 

·   Dios devuelve el ciento por uno, ya en esta vida.

·   Dios participa en nuestro matrimonio si le damos opor­tunidad.

·   Dios se sirve del hombre, a pesar de nuestra debilidad; no hace las cosas por si mismo.

·   Somos más persona en tanto en cuanto somos queridos. Seamos generosos en el que­rer y en el agradecer. E]

 

 

Mª Teresa y José Antonio Pérez del Camino

Responsables Región Centro

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Región Centro

La Región Centro cubre las Comu­nidades Autónomas de Castilla-La Mancha y Madrid, aunque desgraciada­mente sólo hay equipos en las provin­cias de Toledo, Ciudad Real y Madrid.

 

Está dividida en ocho sectores, tres de ellos rurales y los otros cinco en Madrid capital y alrededores. Cons­ta de un total de 83 equipos, con 441 hogares y 65 consiliarios.

Tenemos la fortuna de, por nues­tra situación geográfica, acoger con frecuencia acontecimientos que afec­tan a toda la Súper Región, como pueden ser las Jornadas de Formación de 2.0 Grado o de Cuadros, las inauguraciones de curso en Cristo Rey (Majadahonda), a las que acu­den todos los responsables de sector de España, o las reuniones del equi­PO Super Regional.

 

Los cinco sectores de Madrid y alrededores no están divididos geo­gráficamente, puesto que la respon­sabilidad de Difusión y Pilotaje es común para todos ellos y los equi­pos empiezan a pilotarse según se apuntan los matrimonios, vivan don­de vivan. Estos sectores, reorganiza­dos al comenzar el curso 97/98, en lugar de por un número o letra, tie­ nen por distintivo una advocación de la Virgen, Fátima, Lourdes, Maca­rena, Pilar y Rocio

                          EQUIPO         HOGARES         CONSILIARIOS                             RESPONSABLES

  FÁTIMA         10                          55                           9                                              Almudena y Javier Franco

  LOURDES         II                         58                          8                                              Toni y Patxi Zarandieta

  MACARENA     II                      57                            l o                                          Angelines y Mariano García

  PILAR                  10                    52                           8                                                  Carmen y Javier Delage

  ROCÍO                  10                      51                       9                                                      Carmen y Eduardo Pineda

 

 

Entrando en la provincia de Tole­do, pero a tan sólo 35 Km. de Ma­drid, encontramos la población de Illescas, convertida en los últimos años en ciudad dormitorio, aunque tiene su propia industria, con una población de unas siete mil personas. Se dice que, debido a la fuerte pre­sencia de los equipos, es donde son destinados los sacerdotes recién or­denados de la diócesis de Toledo, para que culminen su formación integrán­dose unos años en los ENS. A pesar de su proximidad a Madrid, la noticia de la existencia de los equipos llegó de Extremadura. Este sector se com­pone de 17 equipos formados por 91 hogares y II consiliarios, ubicados geográficamente de la siguiente ma­nera: Illescas 12, Ocaña 1, Santa Cruz de la Zarza 2, Numancia de la Sagra 1 y Corral de Almaguer 1. Los res­ponsables de este sector son Pilar García y Enrique González.

 

El sector de Herencia, en el no­reste de la provincia de Ciudad Real, empezó su andadura en el año 1975. Zona manchega por excelencia, por donde paseó D. Quijote entre cam­pos de cereal, comiendo queso y be­biendo vino. Está formado por 10 equipos, con 57 hogares y 7 consiliarios. Sus responsables son Josefa Villarreal y Juan José Portillo. Han abierto brecha con sendos equipos en Pedro Muñoz y Alcázar de San Juan.

 

Siguiendo hacia el sur, los ENS encontraron una calurosa acogida en la ciudad de Almagro, llena de arte en sus plazas, calles y teatros. Tam­bién célebre por sus encajes y be­renjenas. El sector se compone de 4 equipos, con 20 hogares y 3 consiliarios, siendo sus responsables Nieves Guzmán y Rafael Peñalta.

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Jornadas de cuadros nuevos

(Jornadas de segundo grado)

«Id también vosotros a mi viña»

 

Cuando tenía en torno a los die­ciséis años, tuve la experiencia inolvidable del encuentro con Dios, a través de una «comunidad de base», en Castellón. Se basaba en la prime­ra experiencia de Iglesia, descrita en Hch 2.42, 47. Queríamos ser y vivir como aquellos primeros discípulos, pero nos quedamos lejos.. Aunque haya sido por unas pocas horas, más de veinticinco años después, mi mujer y yo hemos disfrutado de un ambiente, una hermandad y un espíritu que imaginamos similar al que debió vivirse entre aque­líos que tenían «un solo corazón y una sola alma».

La experiencia matrimonial de compromiso con el movimiento y con la Iglesia, se puso en común des­de el principio con la naturalidad, profundidad y rapidez que nos es habitual en los ENS, a pesar de que procediamos de todas las Regiones, no nos conocíamos y había matri­monios de todas las edades.

 

Tuvimos reuniones en equipos, formados por matrimonios y consi­liarios de diferentes Regiones, lo que nos recordó que el mismo día, el nuestro, el Vinarós-2, se estaba re­uniendo a casi 500 Km. de distancia y pensamos en la riqueza que está­bamos recibiendo en esos instantes y de la que también les somos deu­dores, así que, en el descanso noc­turno no pudimos resistir la tenta­ción de llamar y contarles algo de lo que estábamos viviendo.

 

Las aportaciones fueron abundan­tes y variadas, y nos sirvieron no sólo para enriquecer ideas, sino para com­prender mejor nuestro Movimiento y para crear lazos de cariño y admi­ración para con quienes teníamos el placer de compartir esos momentos.

 

Comenzábamos con una oración y una reflexión y pasábamos al tema de estudio, en armonía con las char­las impartidas y preparadas con sen­sibilidad y cariño por parte de los responsables Juan y Man Carmen Ruiz-Villafranca, junto con don Ra­fael Carbonelí, su consiliario, que nos aportaron su amplia experiencia ma­trimonial cristiana, unida a las viven­cias de Santiago, que fueron muy provechosas y ricas.

 

Tras estas reuniones seguían las puestas en común, en que todos los Equipos, a través de sus secretarios, resumíamos lo tratado, comunicán­dolo en la reunión para enriqueci­miento de todos los asistentes y con­fección de los resúmenes.

 

Tuvimos un tiempo amplio para vivir gozosamente «la sentada». bus­cando el verdadero rostro de nuestro cónyuge y dejando de lado la falsa «Imagen», que a menudo nos hace­mos, convencidos de que conocemos bien su interior, cuando en realidad «nos hemos quedado a las puertas de su misterio». ¡Qué hermoso fue buscar juntos aquello que haría feliz al otro! ¡Qué hermoso hacerlo ante la presencia del Señor! ¡Y qué opor­tunidad poder transmitir después, desde nuestra responsabilidad, todo lo vivido! «La vida la recibimos mu­riendo y es para comunicarla mutua­mente.»

 

La oración matinal y la nocturna fueron momentos gozosos, que cul­minaron con la Eucaristía del domin­go, intensamente vivida por todos, en una expresión de armonía y amor fra­terno, que dudo mucho se pueda ex­presar a través de las letras o las pa­labras. ¡Ojalá todos pudierais haber estado allí, en comunión, cantando aquella salve rociera! ¡Oléeeeee... Olé!

 

Celebramos también una fiesta improvisada la noche del sábado, que recordaremos mucho tiempo por las diversas participaciones y el ingenio demostrado, pero sobre todo por su jovialidad y cariño.

En resumen, que nuestra respon­sabilidad la vivimos allí, en Madrid, mucho más como una riqueza reci­bida que como un esfuerzo realiza­do. Volvimos como pareja más «En­ Amor-a-Dos» y también más «En ­Amor-a-Dios»]

 

 

Cristina y Manuel Adelí-Aledón

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Los ENS en los Organismos de la

 Conferencia Episcopal

Desde hace un año venimos re­presentando a los Responsables Supraregionales de los ENS en el Foro de Laicos y en las Jornadas de Pastoral Familiar, que convoca anual­mente la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Espa­ñola.

 

A continuación pretendemos in­formaros sucintamente de ambos te­mas por entender que son, o pueden ser, de interés para muchos de vo­sotros.

 

EL FORO DE LAICOS

 

Una de las respuestas de la potenciación de la misión de los lai­cos de la Iglesia1  ha sido la trans­formación del Consejo General de Laicos, órgano meramente asesor de la jerarquía eclesiástica, en el Foro de Laicos, transformación que tuvo lugar en 1992. En la asamblea consti­tuyente del Foro se integraron 33 mo­vimientos y asociaciones laicales de ámbito nacional. Hoy son 52 más las que están en proceso de incorpo­ración.

 

Los estatutos del Foro definen la identidad y misión de éste como «cauce de encuentro, comunicación y diálogo, a fin de animar la comu­nicación de asociaciones y movi­mientos a una más eficaz colabora­ción en sus actividades e impulsar la corresponsabilidad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia en la sociedad». También pretende llegar a ser «un cauce de representación y diálogo de miembros del Foro con la Iglesia y la sociedad».

 

Está constituido por un presiden­te, una comisión permanente (en la que tienen representación equilibra­da los diversos sectores de apostola­do) y un consiliario que es a su vez 4irector del secretariado del Foro. También un obispo, actualmente el de Guadix-Baza, es responsable del Foro de Laicos.

 

Entre las actividades del Foro están las convocatorias que anual­mente hace a todos sus miembros. Son: una jornada de reflexión y es­tudio y una asamblea general ordi­naria.

 

La ponencia correspondiente al año 2000, "La comunión eclesial en los movimientos y asociaciones de la Iglesia", ponencia expuesta por el Vicerrector de la Universidad Ponti­ficia de Salamanca, constituyó una profunda reflexión sobre los elemen­tos que deben unir en comunión a todas las asociaciones de laicos, res­petando la distinta naturaleza y ca­risma de las diversas asociaciones laicales existentes.

 

Esta ponencia ha sido publicada y está disponible en la secretaría de los ENS.

 

En la VIII Asamblea General Ordinaria celebrada en noviembre del año 2000, se ha procedido a la reno­vación de presidente, vicepresiden­te, secretario y algunos miembros de la comisión permanente. También hay que destacar la celebración este año en España (Alcalá de Henares) del Foro Europeo de Laicos, creado en 1970 con el fin principal de con­seguir una sociedad más justa y soli­daria a través de encuentros y diálo­gos entre pueblos de Europa. Está integrado actualmente por los foros de laicos nacionales de 21 países europeos y convoca asamblea gene­ral ordinaria cada 2 años.

 

 

JORNADAS DE PASTORAL FAMILIAR

 

Las XIX Jornadas de Pastoral Familiar, celebradas en noviembre del año 2000, se abrieron con dos ponencias relativas a «educar para el amor y el matrimonio en la familia». En ellas se destacó la importancia de:

la capacitación personal para amar, capacitación que nace de la armonía entre los nive­les corporal, afectivo y espi­ritual de la persona; el amor conyugal como el primer reflejo de amor que tienen nuestros hijos, ya que es en su seno donde tiene lugar su primera experiencia de amor.

 

Ambas reflexiones van, en nuestra opinión, en la línea de los temas de estudio que en la Carta de los ENS se nos ha propuesto para trabajar estos años: ser per­sona, ser pareja.

 

Seguidamente se celebró una asamblea de los movimientos y asociaciones presentes presidida por monseñor Juan A. Reig, responsable de la subcomisión con el objetivo de relanzar la UFE (Unión Familiar          Española). La UFE. creada en 1993, es una asociación canónica pública constituida por presidentes o repre­sentantes de entidades católicas con el fin de defender, promocionar y di­fundir los valores católicos del matri­monio y la familia. A tal objeto la UFE pretende colaborar con todas las instituciones eclesiales y civiles, com­prometidas en la defensa de los valo­res previamente indicados.

 

Hay que mencionar que la Santa Sede publicó a principios de los años 80 la «Carta de los Derechos de la Familia». Este documento tiene la fi­nalidad de presentar a todas las per­sonas, instituciones y autoridades in­teresadas en la visión de la familia en el mundo de hoy, la visión cris­tiana de los derechos fundamentales inherente a esta sociedad natural y universal que es la familia.

 

Conchita y Antonio Rodríguez-Carmona

 

1 Hasta el Concilio Vaticano II el sujeto de la misión de la Iglesia se comprendía desde el Sacramento del Orden, por lo que los laicos podían participar en la misión en la medida en que fuesen hechos partícipes. El concepto de Pueblo de Dios, introducido por el Vaticano II, situó al Bautismo como fundamento de la Iglesia, por lo que todo miembro de ella se entiende participe de la misión.

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RELACIONES DE PAREJA

 

Padres sin hijos

Hace ya seis años, nos reunimos por primera vez un grupo de matrimonios en esta circunstancia, para intentar ahondar en el porqué estas situaciones se llevan tan en si­lencio, el dolor que suponen y el gran desconocimiento e incomprensión que rodean a este hecho.

 

El tiempo ha pasado, pero las estadísticas nos siguen hablando de un gran número de parejas estériles que un momento determinado de su vida deben afrontar y asumir su condición.

 

Hace pocas semanas nos volvi­mos a encontrar. Éramos cinco de aquellas parejas del 94. Pero no fui­mos 10, sino 18 personas... Algunos tuvieron al fin el hijo tan deseado. Otros adoptaron, no uno, sino varios hijos. Y otros, también fecundos, dedicaron este tiempo a estar dispo­nibles a otras parejas en su misma situación. Otros siguen buscando.

 

Todo esto, que parece el final feliz de aquellos encuentros que em­pezaron hace años, nos anima a re­flexionar de nuevo.

 

La vida nos lleva a veces por caminos difíciles y la vida de pare­ja encuentra uno de los más duros cuando se descubre el hecho de la infertilidad. El deseo del hijo, con todo lo que conlleva, puede llegar a nublarlo todo.

 

Es difícil, en ese momento, pa­rarse y volver a encontrar el sentido. El sentido del amor que nos unió como hombre y mujer, el sentido del matrimonio en sí mismo. Los hijos no como derecho, sino como regalo de Dios, como don. Las infinitas posibilidades de amor, entrega, dis­ponibilidad, generosidad, lucha y sacrificio que tiene la persona hu­mana, la pareja. Las infinitas dudas sobre el porqué y la búsqueda del para qué.

 

Si buscamos el sentido y deja­mos que Dios actúe. Si nos pone­mos en sus manos y no dejamos de buscar, pasan cosas grandes y pe­queñas, hermosas y verdaderas.

 

Como esas 18 personas que nos re­unimos hace unas semanas. Como esos 8 niños a los que queremos dar vida. Como poder contar con alegría cuál ha sido nuestro dolor. Como encontrarnos de nuevo ante Él, cada persona, cada pareja, cada familia, para darle gracias. A Él y también a quien nos ayudó a ver el camino. Y seguir andando.

 

 

Fernando y Nelia

Valencia 88

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Dogma y dogmatismo

 

-La capital de Filipinas es Manila.

-Te equivocas, es Toquio.

 

-Que no, Toquio es la capital de Japón.

-Siempre quieres tener la razón, eres un dogmático.

 

 

-María fue virgen.

-Anda ya, atrasado. No estás al día.

 

-¿Tu eres creyente? Pues la vir­ginidad de María es un dogma.

-Es que yo soy creyente, pero no un dogmático.

Decididamente las palabras «dog­ma» y «dogmático» no gozan hoy de mucha popularidad. En una so­ciedad plural y de necesaria convi­vencia, se evita lo que parezca funda­mentalismo y se 0pta por fórmulas de tolerancia y respeto a las opinio­nes y creencias ajenas. Aunque su­pone que se tienen opiniones y creen­cias propias. El respeto a otros no supone la permanente indefinición propia.

 

Cada cual es libre para creer o no creer. Ya no encierran a uno ni lo condenan a la hoguera por sus creen­cias. En esta sociedad libre y demo­crática se respetan las opiniones y creencias de cada uno. Uno puede opinar que la capital de Filipinas es Toquio, y creer que María no fue virgen o que Dios no existe. Las opi­niones y creencias pueden ser diver­sas, pero la realidad sólo es una. Dis­cutiremos si Toquio se escribe así o si se escribe Tokio. Tncluso podemos discutir si está en Oriente o en Occi­dente; a oriente de Europa, sí, a oc­cidente de América también. Pero la realidad de que es la capital del Japón y no la de Filipinas, eso no cambia. Y ahí no hay vuelta de hoja, aunque a uno le llamen dogmático por decirlo.

 

Claro que en este caso es fácil comprobarlo y salir de dudas. En temas de fe, no cabe ese tipo de com­probación, la fe es precisamente creer lo que no se ve, lo que nos supera, lo no comprobable. Aquel que dice sólo creer lo que comprueba, no cree, verifica.

Sólo que hay realidades que por sí mismas no son verificables, no al menos por los métodos científicos. A una persona allegada que te dice que es tu amigo, puedes creerla o no creerla, tener elementos para creer que sí y tenerlos para dudar; pero nadie, sino tú mismo, acabará cre­yendo o dudando de esa amistad. Desde la duda sistemática nunca lle­garás a la certeza absoluta y, por tanto, a tener un amigo. Pero podrías llegar tal vez a la profunda convic­ción de que en la vida es necesario creer en algo o en alguien para que ésta tenga algún sentido. Y esa creen­cia, desde la propia inevitable subje­tividad, siempre entraña un riesgo, riesgo que tú verás si vale la pena correr. Y es que las realidades más profundas del hombre siempre sue­len ser cuestión de fe y de creencia.

 

Nuestra fe cristiana consiste en la aceptación como realidad de una revelación de Dios a través de la His­toria, que culmina en una persona llamada Jesús de Nazaret, el cual se afirmó a sí mismo Hijo de Dios, con la única credibilidad de su persona, de sus palabras y de sus hechos. El nos reveló un Dios comunitario, úni­co en tres personas, predicó una doc­trina y un modo de ser humanos, eli­gió a doce compañeros, que dieron testimonio de lo que vieron y oye­ron, y que predicaron la salvación de Dios por medio de ese Jesús muer­to y resucitado. Cosas todas muy difíciles de creer.

 

Ellos, junto con los que creye­ron, formaron la Iglesia, la cual como institución recogió cuidadosamente el testimonio de estos primeros predi­cadores, lo puso por escrito y lo cus­todió celosamente para que no fuera cambiado o tergiversado. Cuando en algún punto surgían mal interpretaciones, se reunían los sucesores de los apóstoles para debatir, precisar y definir el punto controvertido. Así se formó el llamado Credo, o conjunto de verdades fundamentales que cons­tituyen el núcleo de la fe cristiana. Estos son los grandes dogmas, intrín­secamente relacionados entre sí, que permanecen inalterados e inalterables a través de una tradición interrumpida y de un magisterio fiel a esa tradición. Estamos hablando de casi dos mil años de tradición idéntica a si misma en los aspectos esenciales, con dos garantías: los mismos escri­tos originales y la continuidad de una misma interpretación.

 

No todo quedó explicitado en el Credo, pero sí lo fundamental. Uno no puede considerarse cristiano sin aceptar la totalidad del Credo. No puedes elegir y descartar como quien selecciona en un bazar: esto tomo, esto dejo. Es como una cadena en la que todos los eslabones están unidos y relacionados. Si rompes un esla­bón, rompes la cadena, dejas presun­tuosamente de lado lo que millones de personas, algunas mucho más in­teligentes, instruidas, buenas y cre­yentes que tú mantuvieron con fide­lidad, no pocas al precio de su vida. Eso, al menos, merece una humildad de nuestra parte al acercarnos a los contenidos de fe y un respeto a los muchos que han creído y creen en ellos.

 

El Credo expresa concisamente lo fundamental. Pero la tradición en torno a ese Credo es mucho más rica. Ello permite, y de hecho ha permiti­do, explicitar algunos aspectos, im­plícitos en el Credo y en la Tradi­ción, que se han formulado como dogmas o parte del Dogma total. No son nuevos porque antes no existían y ahora existen sin más. Son nuevos porque han sido en un momento dado declarados en la Iglesia como parte inseparable del Dogma y porque vie­nen a completar, sin modificarlo, el contenido y la comprensión del pro­pio Credo. La Iglesia no define por capricho o por afán de acumular nuevos dogmas, sino porque ve la necesidad de clarificar ciertos as­pectos no definidos de lo que siem­pre ha creído.

 

Finalmente, los contenidos de nuestra fe, aunque los mismos, no son estáticos, sino dinámicos y vita­les. Tienen una incidencia profunda en nuestra vida. No consisten en meros conceptos teóricos que hay que creer (el mal a veces está en creer conceptos en vez de vivir realida­des), sino que aquello que creemos nos compromete a fondo. Si Cristo es Hijo de Dios, si vivió, murió y resucitó, si envió a su Espíritu, que es también el del Padre, para asistirnos, si nos enseñó una doctrina dc vida que Él mismo encarnó en su persona hasta la muerte y nos dijo que, aparte de creer en Él, intentemos hacer lo mismo con su ayuda todo ello nos interpela constantemente y cuestiona cada actitud, cada circunstancia, cada momento de nuestra existencia. El hombre bueno vive de fe. Ante el triunfo o la derrota ante el éxito o el fracaso, ante la salud o la enfermedad, ante el bienestar o el sufrimiento, ante la vida o muerte, nuestra fe tiene una palabra que decirnos, no un razonamiento una demostración. Dios se revela, se muestra, no precisamente a los que saben mucho, sino a los sencillos aunque sean también muy sabios entendidos.

 

Juan Costa, 5

 

Valencia

 

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Retos del cristianismo en el mundo de

 hoy

1.a PARTE

 

INTRODUCCIÓN

 

 

 Los primeros cristianos tuvieron que confrontar sus creencias y cosmovisión con las que presentaba el mundo griego. En diálogo con la cultura pagana, tomaron y utilizaron cuanto fuera congruente con el Evan­gelio y denunciaron y rechazaron ¡O que fuere contrario. Del mismo modo, también nosotros hoy tene­mos que mirar a las coordenadas de nuestra cultura (reduciéndonos a la occidental) por ver con qué panora­ma cultural se encuentra hoy la reli­gión cristiana, con quien tiene que dialogar. De lo contrario, se puede dar la posibilidad de repliegue en posiciones doctrinalmente «seguras» pero dando la espalda al mundo e impidiendo la evangelización. Por tanto, iniciaremos nuestro análisis zambulléndonos en lo que da de sí nuestro momento cultural, y en qué sentido suponen un reto para el cris­tianismo. Desde su análisis podre­mos, en segundo término, apuntar cuál pudiera ser la postura cristiana.

 

A) ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN  CULTURAl, ÉTICA Y SOCIAL EN EL COMIENZO DEL SI­GLO XXL. RETOS AL CRISTIANISMO

 

 

1.      Coordenadas CULTURA­LES de la cultura occi­dental al comienzo del tercer milenio

 

Para iniciar nuestro análisis reco­jamos, en primer lugar, una de las aportaciones de la llamada f¡losofta posmoderna, no en cuanto propuesta sino en cuanto descripción y diagnós­tico de cómo es la cultura de nuestro tiempo. Y comienzan muchos seña­lando que lo propio de la cultura posmoderna es la ausencia de cos­movisiones últimas, de sistemas de creencias que expliquen la realidad y prienten la acción. Veamos minu­ciosamente lo que significa esto.

 

a)Ausencia de cosmovisiones últimas. Sin duda, el primer reto del cristianismo en el nuevo siglo es el hecho de que las personas de la so­ciedad actual carecen en su mayor parte de ideologías, de una cosmo­visión religiosa, de sistema moral trascendente. El primer reto, por tan­to, es este «desencantamiento» de lo real, que no afecta sólo a lo cristiano sino a lo religioso en general. En esta situación, lo que falta es el asidero de unas creencias trascendentes que marquen un horizonte global para sus vidas. Pero, además, esto implica que, en gran medida, carezcan de capacidad critica ante las propues­tas y reclamos del ambiente (porque no tienen valores y modelos con qué confrontar lo que se les propone).

 

Resultados:

·     Relativismo: todo vale, todo es posible, todo es cambiable, todo es relativo. No hay verdades últimas. Al final será la conveniencia del más fuerte (comercialmente, políticamen­te, industrialmente, afectivamente) el que imponga sus criterios.

·      Frivolidad y vulgaridad: se­gún lo anterior, todo es fragmenta­rio, inconsistente, y se acepta todo acríticamente. Nada es para siempre. Ni el matrimonio, ni el amor, ni las costumbres, son duraderos. Se mar­cha con la corriente, con la moda, nada se pondera desde uno mismo. Se vive estéticamente.

·        Escepticismo: ya no se cree en nada. Se está de vuelta cuando aún no se ha ido.

·        Secularizaclón: si Dios exis­te, no importa. El hombre vive al margen de lo religioso. La mayor parte de los que se tienen por cre­yentes han reducido su religiosidad a mero ritualismo. Esto deshumaniza y esteriliza al creyente y es motivo de burla por el no creyente.

·      Heteronomía moral creyen­do la persona ser aut6noma: la per­sona heterónoma e inmadura es aquella que se deja conducir o guiar en su actuación y decisiones, sin so­meterlas a su propio juicio o discer­nimiento:

-Por sus impulsos, por su ca­pricho, por sus sentimientos o ideas preconcebidas (en este caso hablamos de senti­mentalismo).

-Por las normas y valores reci­bidos por la autoridad de otros (amigos, medios de co­municación, familia).

-Por la tradición cultural a la que se pertenece sin some­terla a la crítica personal.

-Por la mentalidad dominante en la sociedad (que impone unos gustos, actividades, tra­bajos, valores). Así, dócil a los reclamos del mercado, a las necesidades terciarias.

 

b)     Pero esta falta de ideas y creencias totailzantes no supone una ausencia total de algún dpo de creencias. Desde la increencia racio­nal se abre paso a la credulidad espiritualista. Surge todo un universo de ofertas pararreligiosas, creencias, ritos y experiencias a gusto del con­sumidor que ni comprometen, ni li­beran, ni transforman, pero sirven para «sentirse bien con uno mismo». Estas nuevas formas son otros de los retos más graves con los que se en­frenta el cristianismo (que, en suma, son semejantes a las idolatrías con las que se enfrentó el primer cristianis­mo). En este enorme panteón todo es subjetivo, sentimental e intercam­biable. Todos están arrodillados ante algún nuevo dios: el propio cuerpo o el de Claudia Schiffer, la Naturale­za, Figo o Mauro Silva, DiCaprio, el equipo campeón de liga, la propia cuenta bancaria o el éxito profesio­nal. Destacamos ahora varias nuevas creencias:

 

·   Formas pararreliglosas:' en todo este contexto que estamos analizando, surgen sorpresivamente unas formas pararreligiosas que, sin duda, tratan de responder a nuevas necesidades espirituales. Estas nue­vas «microrreligiones» comparten, según Carlos Díaz, unos caracteres comunes: politeísmo, privaticidad de lo religioso (aunque se viva ma­sificadamente), narcisismo, hedonis­mo, rechazo de toda forma de cul­pabilidad, ausencia de dimensión profética, sincretismo y gurucracia.2 El mismo Carlos Díaz da cuenta de manera crítica, no exenta de su acos­tumbrado humor, de las »posrreli­giosidades» naturistas,3 en las que se deifica la naturaleza y la ecología se estatuye como nuevo corpus dogmático. Trata también de las posrreligiosidades fantásticas y sin­créticas (como la NEW AGE).4 Igual­mente podríamos hablar de otras nuevas religiones cotidianas, como el trabajo, la música pop y rock e, incluso, el sistema económico neo-liberal. Pero por nuestra parte que­remos profundizar en dos de las más cotidianas: la futbolatría y la soma­tolatría.

·        Futbolatría: sin duda a algu­no le parecerá exagerada esta cate­gorización pero, ¿no parecen los es­tadios de fútbol grandes templos donde se reúnen los correligionarios para celebrar sus oficios lúdicos (ha­bitualmente sabatinos o dominica­les)? ¿No son los futbolistas idola­trados como dioses olímpicos? ¿No existen guerras de religión contra los infieles seguidores del otro equipo? ¿No aparecen integristas como los Ultras? ¿No supone ganar la liga una gran fiesta anual e incluso un autén­tico jubileo?

 

No sería arriesgado aventurar que si un supuesto antropólogo cul­tural de otra galaxia se acercase al mundo futbolístico desde fuera para hacer un trabajo de campo, bien podría describir el conjunto de fe­nómenos antementados como una forma de religiosidad muy popular. Y, en efecto, el fútbol supone una salida de lo cotidiano, un tiempo fuerte (ahora entre ligas, copas y recopas, casi diario) en el que se hace patente la fe en un club y en sus colores, y que se cultiva median­te la «lectura espiritual» de conoci­das publicaciones deportivas. Se vive, en todo caso, con fuertes con­notaciones emotivas y de manera muy ritualizada: desde las procesio­nes para entrar en el estadio hasta las reuniones en bares -remedo del gran templo para asistir a la celebración y lograr el éxtasis en el mo­mento místico cumbre: el gol. Gol: momento sagrado, salida de si (éx­tasis), posesión por parte de los dio­ses («enthousiasmós»). Sólo nos queda preguntarnos si esta expe­riencia finisecular es capaz de orien­tar toda la vida de la persona, si la transforma y hace más plena o más bien la anestesia, si es promocio­nante o alienante. En fin, los futbó­latras, ¿forman iglesia... o secta?

 

Somatolatría: del mismo modo, el cuerpo, su salud, atractivo sexual5 y belleza, son experienciadas con dimensión numinosa en la posmodernidad. Prueba de ello es el panteón de cuerpos perfectos que pueblan pasarelas y cintas de celu­loide y que se presentan como cau­sa final de todo deseo. El cuerpo es­belto, joven y flexible, atractivo y vi­goroso, aparece como valor supre­mo y como promesa salvífica. Por eso, un cuerpo esplendoroso resulta realmente una hierofanía que provo­ca asombro, admiración y respeto. Y a su servicio están toda una colec­ción de diáconos: dietistas, cirujanos plásticos, maquilladores, esteticistas, monitores deportivos...fons vitae y fons Iaetit¡ae. Y con esta fe, sus dogmas: el ideal de cuerpo ­sin-grasa, unas medidas corporales consideradas perfectas y un peso considerado «ideal». Pero como la fe sin obras es algo muerto, se some­ten a un duro ascetismo diurético-laxante-deportivo para lograr la «me­tanoia»: dietas, barritas y pócimas adelgazantes, píldoras que favorecen el tráfico intestinal, bicicleta estática, senderismo o natación. Todo muy sano, muy natural, muy ecológico. Y, finalmente, el duro rito del paso por la báscula acusadora.

 

Sin embargo, tras el enorme sa­crificio y ascetismo, se encuentra la satisfacción de las fiestas somato­fánicas: desde los pases de modelos a la exhibición playera de los cuer­pos en todo su esplendente y fulgen­te parecer. Llegados a este punto debemos preguntarnos de nuevo: ¿la somatolatría es capaz de orientar toda la vida de la persona? ¿La trans­forma y hace más plena o más bien la anestesia? ¿Es promocionante o alienante?

 

·        Democracia: en el seno de los estados occidentales, todos muy abiertos internacionalmente el nor­te, asistimos, en general, a una sacralización de la democracia (quese pregona como valor absoluto, al que cabe entregarse con abnega­ción), con su templo-parlamento, su cuerpo sacerdotal (parlamentarios), sus liturgias (sesiones parlamenta­rias), ritos (votaciones), su texto sa­grado (Constitución), sus fiestas au­ténticas hierofanías (elecciones ge­nerales, locales o autonómicas, día de la Constitución), sus iconos y sím­bolos, etc.6

 

·        Tecnocracía y cientifismo: una de las creencias más extendidas, aun­que una de las menos justificadas, en nuestro contexto occidental es la de afirmar que la racionalidad es propia sólo de los saberes científico-técni­cos. Por esto, lo ético queda necesa­riamente relegado al ámbito de lo irracional. Por consiguiente, en cien­cia se puede hablar de verdad, de co­nocimiento, mientras que en el ám­bito ético todo es sometible a opi­nión. Todo es opinable en ética, reli­gión, política: así lo comprobamos en toda clase de tertulias televisivas. Los hechos, se piensa, son objetivos. Pero los valores son siempre subjetivos. Por otra parte, se acepta acritica­mente que todo lo que se puede ha­cer se debe hacer. No se someten a racionalidad los fines: sólo los me­dios. Y se identifica lo correcto con lo normal, con lo que hace la mayo­ría (de ahí la profusión de estadísti­cas y sondeos).

·   ¿Cómo ha de posicionarse el cristianismo ante estas formas pseudorreligiosas o idolátricas, ante estas absolutizaciones cultu­rales?

 

c)   Sin embargo, con no creer­se ya en religiones ni ideologías, apa­rece un pensamiento único y unificante que implica un nuevo sis­tema de creencias y valores: el neoliberalismo capitalista. Sin duda, el más interesado en mantener esta creencia, con tan devastadores con­secuencias en el sur, es el norte. Pero todos lo aceptan acríticamente. Vea­mos cuáles son sus rasgos, tal y como lo describe MOUNIER en Revolución personalista y comunitaria:7

 

·        Primacía de la productividad sobre la persona: ya no se atiende a las necesidades humanas. Ya no se produce en función de las necesida­des sino en fundón del mercado. Se produce más de lo necesario, por lo que la persona termina convirtiéndo­se en productora («ser muy profesio­nal» le llaman a este exceso) y en ávida consumidora. Porque ya no se produce lo necesario sino lo super­fluo. Por tanto, la persona es invitada y compelida a consumir lo super­fluo para mantener el mercado. Se le somete así a las exigencias de las necesidades ficticias o creadas por el propio mercado. Tal como afirmaba Marcuse: el aparato productivo se hizo totalitario.

 

·      Primacía del dinero: el mer­cado no está al servido de la perso­na sino de incrementar el capital. El dinero se ha hecho fecundo, pasán­dose de una economía productiva a una especulativa. Se acepta como natural dinero que no procede del trabajo sino de la especulación. Al robo y la usura se los disfraza semán­ticamente para hacerlos aceptables.

 

·        Preponderancia del beneficio: todo vale con tal de que la em­presa, el país o la persona sean com­petitivas y rentables. Si para hacer­la rentable la empresa hay que ce­rrarla aquí y abrirla en Africa, conge­lar salarios, despedir, hacer contratos eventuales, se hace. Lo mismo la persona, todo es sacrificable: la fami­lia, la salud, la formación, el descan­so. El robo, la usura, la explotación la extorsión son rebautizadas semánticamente para hacerlas digeribles. Se trata, en fin, de aplicar en todos los ámbitos el criterio de maximización máximo rendimiento, mínimo coste.

 

·         Racionalidad instrumental: consiste en que sólo importan los modos de establecer los mejores medios para conseguir los fines pro-puestos. Pero los propios fines que­dan al margen de esta racionalidad. Es un empleo estratégico de la ra­zón, que busca los mejores medios, la mayor eficacia para conseguir los fines que interesan a un grupo o una persona (siempre la más fuerte o poderosa). Por esto, la racionalidad instrumental está muy ligada al etnocentrismo (bueno es lo que así considera mi grupo, país o etnia) y al pragmatismo. Así, por ejemplo, di­versos modelos económicos estable­cen los mejores sistemas para pro­ducir más y que se consuma más, aunque las consecuencias sean el despido de trabajadores, la explota­ción de los mismos o que la riqueza vaya para unos pocos. No se consi­dera que haya fines buenos en sí sino sólo intereses particulares. La políti­ca y la economía mundiales suelen actuar con esta racionalidad.

 

·   Libre mercado: se trata de la libre circulación de capitales y mer­cancías. Pero esto sólo sería desea­ble si todo el mundo tuviese, efecti­vamente, la misma capacidad pro­ductora y técnica. Como no ocurre así, se produce lo que Marx anuncia­ba: concentración de capital, enrique-cimiento y depauperación crecientes, que unos pocos países tienen cada vez más y que más países tienen cadavez menos (también ocurre así den­tro de cada país y zona económica).

 

·        Anestesia ante la pobreza:se incrementan así los desequilibrios norte-sur y se nos enseña a no reac­cionar: el sistema nos anestesia por­que nos da acceso a lo superfluo y, como señala Mounier, sólo estamos dispuestos a cambios profundos en casos de graves crisis o cuando nos tocan el bolsillo. El norte es ciego a la pobreza del sur, pobreza que ha producido y produce el norte.

 

·        Liberalismo político como sustento de este sistema económi­co: defensa de la igualdad ante la ley, libertades básicas aseguradas empleadas siempre en defensa de los más fuertes. Teóricamente supo­ne, el liberalismo, la defensa del in­dividuo frente a la sociedad y el Es­tado. En la práctica deviene en In­dividualismo. La libertad de opción y la igualdad se convierten en el re­chazo de toda necesidad, de toda norma, de toda vocación, adhesión o fidelidad que ate. Al cabo, queda una libertad sin ataduras, un indivi­duo desnudo rey de un corazón sin finalidad: ((Tal es, sin embargo, la aspiración titánica del liberalismo; se ha apegado tan fuertemente a los valores de la liberación pura y sim­ple, sea cual sea su meta, que ha lle­gado a colocar la negativa por enci­ma de la elección, la indetermina­ción por encima de la adhesión, el capricho por encima de la fidelidad, el acto inmotivado por encima del acto lleno de sentido.»8

 

·   En conclusión: con este sis­tema economicista y neocapitalista, lo que es medio para la persona (la economía), se transforma en fin en si, pasando la persona de ser un fin en sí a ser medio. Junto con esto, descubrimos que el economicismo formula una serie de valores opues­tos frontalmente al Evangelio. De este modo, frente a la generosidad y austeridad, propone el consumo; frente al desprendimiento, la acu­mulación; frente a la justicia univer­sal, el orden legal del norte; frente a la competencia profesional, la competividad; frente al perdón, la exigencia de la deuda; frente al compartir los bienes, el ofrecer como limosna interesada lo que sobra; frente a la dignidad del otro, la explotación del otro; frente al «amarás a Dios sobre todas las co­sas», el «amarás el dinero sobre to­das las cosas»; frente al «ganarás el pan con el sudor de tu frente», se impone «te harás rico con el sudor de el de enfrente»; frente al «déjalo todo y sígueme», se impone «coge todo lo que puedas y corre».

 

2.      Coordenadas ÉTICAS de la cultura occidental al comienzo del tercer milenio

 

No estamos sólo ante lo que se ha llamado un «pensamiento úni­co». Encontramos también la aparición de una nueva moral única. ¿Cuáles son las características del nuevo êthos?:

 

a)        Instauración pública y pri­vada de los valores democráticos: autonomía, libertad, igualdad, toleran­cia. Pierden fuerza las instituciones (fa­milia, Iglesia, grupos políticos) a fa­vor de lazos más afectivos y formas asociativas con intereses económicos. El diálogo con estos valores, muchos de ellos de raíz profundamente cris­tiana, son un reto del cristianismo.

 

b)        Consumo como modo de vida: se impone "estar a la última", tarea imposible. Se consume más allá de lo necesario, lo superfluo, con una actitud acríticamente hedonista. Se justifica todo consumo de lo super­fluo y se racional iza: «NO es mi pro­blema la pobreza de los demás. Yo no la cree»; «consumo porque me lo puedo permitir, para eso lo he gana­do». Persona sumisa a los intereses del mercado. Incapaz de comprome­terse con nada ni nadie que no dé dinero. El cristianismo no sólo ten­drá que seguir contestando al siste­ma neoliberal capitalista, a las estruc­turas, sino también atender a la en­carnación de este sistema en las per­sonas, en la que los mismos cristia­nos en occidente están tan profun­damente sumergidos.

 

c)        Individualismo: la realiza­ción del propio individuo y la de­fensa de sus intereses particulares como ideal de vida. Los otros o son útiles (esposa, hijos, amigos), o es­torban. No cree en la gratuidad de las relaciones. El individuo quiere mantenerse libre-de pero no para ser libre-para. Al no querer tensiones ni problemas huye, se anestesia (sobre todo por la actividad laboral). Por ser opuesto a la vida comunitaria, esen­cial a la persona y a la experiencia religiosa cristiana, este individualis­mo es otro reto al cristianismo.

 

d)        Relativismo moral: no hay nada bueno o malo, sino lo que ape­tece o gusta. Al cabo, esta actitud es neurotizante. El resultado son las de­presiones y las adicciones. Quien ha querido desembarazarse de todo, ha quedado atado a sí. Por cuanto nie­ga la verdad, es otra realidad que debe ser confrontada con el Evange­lio. Del mismo modo, el cristianismo, en cuanto modo de vida acorde con el Evangelio y con la experiencia de Cristo, tendrá que tomar posición ante otros muchos valores.

 

e)        Pragmatismo: bueno es lo que reporta éxito (medido en euros o en dólares). Con tal de que algo dé dinero, es aceptable. Se da pri­macía así a lo exitoso sobre la fami­lia, el cuerpo, el tiempo libre, la for­mación.

 

f)   Se proclaman grandes valo­res, pero no se viven: feminismo, ecología, pacifismo, tolerancia. Se proclaman los derechos humanos, pero nunca como en estos tiempos son conculcados y traicionados.

 

g)  Importa más la pequeña preocupación lúdica que las gran­des tragedias ajenas: importa más la nueva subida de los carburantes que el hambre en el mundo, importa más decidir dónde pasaremos las va­caciones que las dificultades de los inmigrantes, con qué combino mi chaqueta azul que el incremento de los sintecho... Importa lo inmediato con olvido del prójimo.

 

h)        Sentimentalismo como re­acción ante el mal. Nos sentimos mal cuando vemos las efímeras imágenes del hambre en Eritrea, pero nos re­cuperamos enseguida, en cuanto lle­gan las noticias (<realmente importan­tes».. las del fútbol y las del tiempo. Se actúa para sentirse bien y se ha­cen las cosas porque se sienten.

 

i)        Hedonismo como forma de vida: búsqueda del placer inmedia­to, de la gratificación actual con olvi­do de la dimensión proyectiva.

 

j)   Apuesta por lo estético, lo cosmético y lo dietético en detri­mento de lo ético.

 

k)  Se buscan seguridades: se­guridad vial, ahorros seguros, puer­tas blindadas, guardias de seguridad, seguridad frente a los inmigrantes, sexo seguro. Se abandona todo pro­videncialismo.

 

1)        Pasívismo social y polítIco: el tipo de ciudadanos que promue­ve es el de individuos dóciles, sin criterio propio, que se conformen con depositar su voto cada cuatro años y no pretendan realizar otra actividad política. La persona queda reducida a votante, consumidor, contribuyen­te y cliente. Interesan individuos so­ciopolíticamente pasivos. De este modo, crece la convicción pater­nalista de que el Estado debe ocu­parse de todo. En concreto, lo que este pasivismo político promociona es que:

 

1.    El ciudadano no debe Inten­tar comprender las cuestio­nes políticas: ya piensan por él los comités centrales de los partidos políticos y las agen­cias de marketing contratadas por aquellos. Ya no interesan los ciudadanos bien-pensan­tes sino los no-pensantes.

2.    El ciudadano no debe Inten­tar actuar: ya el Estado y los partidos actúan por él. Todas las iniciativas proceden ya de los partidos y de los ministe­rios. El único campo de liber­tad absoluta es el de las com­pras, el de la elección entre marcas o canales de tele­visión.

3.  El ciudadano debe creer que aún existen grandes causas e ideologías, pero no tiene por qué conocer en qué consis­ten, no vaya a descubrir que «su» partido no tiene nada que ver con lo que proclama. Basta con su adscripción afectiva y visceral a un políti­co o partido. El "magisterio oficial del partido" decidirá lo que es de derechas o de iz­quierdas, según convenga, para las próximas elecciones.

 

m) La causa final de esta moral también es la felicidad, pero en­tendida ahora como bienestar, estar sin tensiones. Pero como mostró V, FRANKL en El hombre en busca de sen­tido, justo la persona crece por sus tensiones y si éstas desaparecen se desmorona. La persona, al cabo, se desmorona y tiene que ir al psiquia­tra. Éste no le cura porque no le en­frenta a su vida, no le responsabiliza: a lo sumo lo desculpabiliza. Las tera­pias somáticas y psicoanalíticas cu­ran síntomas pero no a la persona. La persona sólo se (re)construye des­de un horizonte de sentido, desde un sistema de valores, no logrando anestesiar sus culpas o adormecien­do con tranquimacín, tila alpina o un valium.

 

n)  El tipo humano al que da lugar es a lo que Mounier llama «In­dividuo»: como es sabido, el filóso­fo Emmanuel Mounier pone gran én­fasis y cuidado en dístinguir entre individuo y persona, el primero fru­to de un movimiento de dispersión, el segundo de unificación. Llama Mounier individuo «a la dispersión de la persona en la superficie de su vida y a la complacencia de perder-se en ella».9 El individuo es disper­sión, disolución de la persona en la materia, en la acción, pérdida en lo múltiple e impersonal. Hombre anó­nimo, sin vocación, sin sentido, sin horizonte, sin familia, sin vínculos personales.10 Se repliega sobre sí, narcisista. Es su actitud básica la de poseer y, por tanto, la de reivindi­car, acaparar. En las cosas pone su seguridad." El individuo se pierde en sus roles, en los personajes que re­presenta. Pero, sobre todo, el indivi­duo, separado de todos y todo, 0pta por la disolución en la soledad.

 

*    Soledad frente a la verdad (se piensa en sí, sin los de-más; piensa en sí, sin horizon­te de sentido).

*    Soledad frente al mundo (en la volubilidad de las propias sensaciones o de la propia razón).

*     Soledad frente a los hom­bres: «individuo abstracto, buen salvaje y paseante soli­tario, sin pasado, sin porve­nir, sin relaciones".Vive la libertad-de, pero ni sospecha la libertad-para. Ha perdido el gusto de acoger y el de­seo de dar. Sólo se afirma a sí. Es «soporte sin contenido de una libertad sin orientación».

 

¿Qué ha sido del cristianismo en este contexto cultural? La secula­rización del propio cristianismo

 

La secularización ha tocado de lleno al cristianismo, sobre todo el Eu­ropeo. La adhesión al cristianismo como modo de vida, como fe, es inversamente proporcional a la creencia en el economicismo capita­lista. Por eso, en África o Hispano­américa la vitalidad cristiana, y reli­giosa en general, es muy alta, mien­tras que en Europa y en Norteaméri­ca está muy secularizada. En estas zonas, muchos que se tienen a sí por buenos cristianos, los domingos de doce a doce y media, en la romería anual o en los oficios de Semana San­ta, viven el resto de sus trabajos y sus días desde parámetros éticos y experienciales semejantes a los indi­ferentes: moral de éxito, búsqueda del bienestar como horizonte moral y consumismo. Se desvanece la creencia en la Providencia en favor de horóscopos y mancias, y el cómo­do individualismo rechaza todo com­promiso comunitario. Al final, se le llama boda al banquete y no al sacra­mento, y la Primera Comunión o el Bautismo parecen más ritos de paso con trasfondo comercial que encuen­tro con lo sagrado. Como ya no se vive la experiencia cristiana como acontecimiento, se le termina acu­sando de mero discurso, huera orga­nización y de ser un «montaje de los curas».

 

Por otra parte, la deficiencia e infantilización de la formación religio­sa de los adultos, ritualista y moralis­ta, junto con esta mentalidad pos-moderna, relativista y acrítica, son también caldo de cultivo de grupos esotéricos, gnósticos, cienciológicos, acropolitas o teosóficos que están creciendo geométricamente.

 

Además del ritualismo, el cristia­nismo en Occidente ha perdido la dimensión comunitaria de la fe: se vive de modo individualista, a la car­ta. Se vive como algo íntimo, de lo que «los demás no se tienen por qué enterar», y sin ninguna convicción que lleve a la persona a militar a fa­vor de ese modo de vida.

 

También hay que reseñar que ante este panorama, secularismo, de pér­dida de intensidad eclesial y de increencia, no han faltado diversas re­acciones Internas: la aparición de cier­tos movimientos y grupos hiper-conservadores, el crecimiento de sec­tas,'5 una estética y sentimental reva­lorización de las religiones budistas e hinduistas,16 eclosión de creencias y ex­periencias esotéricas y la aparición de nuevas formas profanas de religiosi­dad: divinización del deporte, de la naturaleza, el culto al trabajo o al cuer­po. En todo ello fue Nietzsche clarivi­dente: el vacío creado por la muerte cultural de Dios debía ser rellenado con una nueva fidelidad, la fidelidad a lo terrenal, a lo inmediato y sensible. De este modo, asistimos a que el resulta­do del desencantamiento de la reali­dad supone un nuevo reencanta­miento. Así, la mayor parte de nues­tros cristianos parecen en la práctica mucho más entregados al seguimien­to de los deportes, al trabajo o a los momentos de diversión como modo de vida, que a la experiencia de su fe como experiencia fontanal. ¿No es este uno de los retos prioritarios?

 

3.     Coordenadas SOCIALES de la cultura occidental al comienzo del tercer mile­nio. Una muestra para­digmática: la familia

 

Todas las mencionadas coorde­nadas axiológicas (éticas, económi­cas, políticas) suponen e inciden en un radical cambio social que también el cristianismo debe iluminar. Pero sería inabarcable en esta ponencia la multitud de transformaciones socia­les que configuran la realidad social actual a nivel mundial. Por ello, y por ser congruente con los intereses del auditorio, nos limitamos a dar algu­nas pinceladas sobre una muestra paradigmática de los cambios socia­les: la familia.

 

Es indudable que en las últimas décadas, sobre todo en Occidente, la transformación social ha sido de tal calibre que nos da la sensación de que la familia va a ser una de las instituciones que va a seguir cam­biando hacia rumbos radicalmente nuevos.

 

Es cierto que, respecto de la fa­mília tradicional, patriarcal, autori­taria, religiosa formalmente, nume­rosa (las más frecuentes aún en la hu­manidad), las familias occidentales tienden a ser hoy más inestables, igualitarias, democráticas en sus re­laciones y secularizadas. Pero, más que un tipo nuevo, lo que hay que afirmar es una pluralidad radical de formas familiares. Se relativiza y tiende a desaparecer la forma tra­dícional y aparecen formas de mera cohabitación, monoparentales, bíparentales, algunas homosexua­les, familias recompuestas (proce­dentes de divorcios previos de los padres y madres). En Hispanoaméri­ca, de un modo especialmente dra­mático, se experimenta una generali­zación de familias monoparentales a cargo de la mujer. También en Nor­teamérica, Dinamarca o Suecia, las familias monoparentales, o las recom­puestas, o las parejas sin hijos, co­mienzan a ser las formas más genera­lizadas. Estas formas se van a ver aun más diversificadas por el enorme im­pacto de las comunidades de In­migrantes que ya se hacen presentes de modo cada vez mayor en nues­tros países europeos y norteamerica­nos, y que traen muy arraigadas sus formas familiares, habitualmente muy tradicionales, con una fuerte impron­ta religiosa y con gran natalidad. Esta oleada de inmigración va a modificar más allá de lo que podemos imaginar ahora la geografía humana de Europa y Norteamérica.

 

Pero si entre todos los factores que han coadyuvado al cambio hu­biere que destacar uno, sin duda señalaríamos el cambio en el papel de la mujer: de estar sometida por na­turaleza a las tareas de casa y crian­za, se incorpora (o se está incorpo­rando) al mercado laboral, tiene una autonomía económica, una forma­ción intelectual (en la mayor parte de los casos superior y más prolongada que la del varón), puede decidir so­bre si quiere tener hijos, cuántos y cuándo tenerlos. Pero como el varón, sobre todo en el sur de Europa, aún no ha asumido su Igualdad real y práctica, de hecho la mujer que tra­baja fuera también es la que lleva el peso de la casa y la educación: el re­sultado es la disminución radical del número de hilos (desde los 2 hijos por pareja al norte de Europa hasta los 1,1 de España  -los 0'7 de Ourense, la más baja del mundo-. Sin duda, aunque el varón teórica-mente ya ha aceptado la igualdad de géneros, en la práctica no participa igualitariamente en las tareas de la casa y en la educación y cuidado de los hijos. Ni está educado ni, muchas veces, dispuesto. Su pretensión si­gue siendo la de disminuir sus tareas y compromisos. Y una forma de con­seguirlo es no aumentarlas median­te la aparición de un hijo. La natali­dad en África, América y Asia es mu­chísimo más alta, pero con la misma tendencia a medida que sus habitan­tes van creciendo en formación y educación.

 

Las familias, por tanto, son nu­cleares y con muy pocos hilos (en las que, por otra parte, cada vez más, aunque los ancianos suelen ser autó­nomos hasta edades muy avanzadas, suelen terminar en casa de 105 hijos).

 

El papel social de la mujer ya no es un destino. Esto ha propicia­do que las pautas y distribución de roles en las relaciones de pareja ya no vengan prescritas socialmente sino que haya que decidirlas, dialogarlas y pactarlas. Los roles de género están pulverizándose. Esto implica, además, una necesaria mayor autenticidad y creatividad en las relaciones de pareja.

 

Pero esto incide en una mayor conflictividad y fragilidad del ma­trimonio: incremento del número

de separaciones y divorcios, que van desde 1 de cada 2 matrimonios en Norteamérica, Suecia y Dinamar­ca, a los 1 de cada 3 en Centro Euro­pa, hasta el 1 de cada 5 en España y Europa del Sur.

 

Además, en este incremento del divorcio pesa decisivamente la mayor inmadurez afectiva de la población occidental (¡sobre todo de los varo­nes!), incapaz, por deficiente sociali­zación en este ámbito, de hacer fren­te a los conflictos interpersonales, de dialogar, de acoger al que es distinto sin etiquetarle, de ponerse en el pun­to de vista del otro, de controlar im­pulsos y afectos más allá de la pulsión inmediata a la que se quiere dar pron­ta atención y satisfacción. El hedonis­mo ha resultado neurotizante.

 

Además de los anteriores rasgos, la familia, cada vez más, es una uní­dad afectiva en la que se exige el compromiso emocional (lo cual es más difícil para los varones adultos, muchos no educados para ello). Se coexiste cada vez más (con los an­cianos, los mayores que no se mar­chan de casa, etc.) pero se convive cada vez menos.

 

Dentro de la familia, todo es fru­to de una elección constante, es­pecialmente la distribución de las ta­reas o número de hijos o quedar sin ellos. Los hijos se tienen cada vez más tarde (dificultades laborales, prolongación del tiempo de estudio y deseo de un tiempo de pareja sin hijos para «disfrutar», junto con una generalizada extensión de métodos anticonceptivos> y, cuando llegan, son cada vez más fruto de atención esmerada. Existe una real paidar­quía (frecuentemente tiránica), un extraordinario desarrollo de la aten­ción al niño como centro, como fuente de obligaciones (sobre todo psíquicas y educativas). El vínculo de pareja es condiional y frágil, pero el vínculo paterno-filial es incondi­cional y firme. Por otra parte, se da una notable posesividad respec­to de los hijos, a los cuales «hay que disfrutar» concibiéndoles como fuen­te de gratificación (lo que, al llegar la adolescencia, crea auténticos complejos de culpabilidad ante la ingobernabilidad y autonomía no prevista de los hijos).

 

Estos factores mentados de filiarquía también son los que explican que muchos jóvenes, aun con trabajo, retrasen notablemente el momento de emanciparse.

 

En lo que a este apartado se re­fiere, la familia que barruntamos va a ser pluriforme (cada vez prepon­derará menos un modelo, con cre­ciente tolerancia hacia cualquier for­ma),22 igualitaria en lo que respecta a las funciones de hombre y mujer, inestable, reducida, con mayor pre­sencia de los ancianos y, en general, coexistencia de diversas generacio­nes. De este modo ya no es adecua­do hablar de la familia sobre todo o sólo como institución sino como creación, como grupo autopoiético.

 

Por último, como señala el comu­nitarista Walzer en sus críticas al libe­ralismo y al modelo liberal de vida que impera en occidente, señala que este sistema de vida socava la vida Co­munitaria y, por lo tanto, familiar, y produce desarraigo por la gran movilidad geográfica, social y matrimonial que atomiza la vida de las personas.

 

Xosé Manuel

Domínguez Prieto

Ourense, septiembre de 2000

 

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El hombre en la Biblia

 

El ser humano siempre se ha preguntado qué cosa sea el hom­bre, qué sentido tenga la existen­cia, si tiene sentido la pregunta por el sentido de la vida. La antropolo­gía como ciencia que quiere respon­der a esa pregunta es de ayer y de siempre. Quizá haya sido el filósofo Inmanuel Kant el que haya formu­lado de manera más concisa y uni­versal esas preguntas sobre el hom­bre. Al comienzo de sus Lecciones de Lógica se pregunta: ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?, y como resumen de esas tres preguntas: ¿Qué es el hombre?

Si nos situamos desde la óptica de la encíclica Fides et ratio, sabe­mos que el hombre tiene dos vías de conocimiento: una vía, la razón na­tural, y los que admitamos ese habla de Dios a los hombres poseemos otra vía, la revelación. Aunque por razón natural el colectivo humano puede responder a las preguntas de Kant, y de hecho la humanidad se ha estado preguntando y respondiendo sobre los problemas acerca del hombre, para nosotros los cristianos y, en concreto, para los hogares de los ENS, tiene una mayor valía la res­puesta que Dios haya dado a la hu­manidad sobre esas preguntas.

Presentar esas enseñanzas de la Escritura sobre el ser del hombre y su destino es media teología: es lo que en antigua terminología se han formulado como los tratados de Dios creador y elevador del hombre, el pecado y la gracia, las virtudes y la escatología o destino final de la humanidad. Esa amplia gama de la teología es lo que hoy se denomina con el nombre de ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA.

 

La pregunta metafísica más pro­funda que se ha hecho el pensar hu­mano la redactó en francés un ale­mán, Leibuiz: ¿Por qué existe algo en lugar de nada? A esa pregunta se puede responder con la razón de manera más o menos acertada. Pero la revelación va más lejos y se cues­tiona que: En Cristo, Dios nos elegió desde antes de la creación del mun­do para andar en el amor y  estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fúéramos sus hijos adopti­vos por medio de Cristo Jesús (Ef 1:4-5). Lo que no hubiésemos llega­do a conocer por la razón lo sabe­mos por la revelación. Continúa san Pablo: Y ahora Dios nos da a cono­cer este proyecto misterioso, esta li­bre decisión que tomó desde antes (Ef 1:9).

 

Lo que tenemos que hacer se­gún un saber revelado no consisteen unas normas éticas más o me-nos perfectas, obtenidas por la ra­zón, se trata de superar la meta y, por lo tanto, sean perfectos, como es perfecto su Padre que está en el Cielo (Mt 5:48). Lo cual nos autori­za a afirmar que la razón natural no puede encontrar unas normas de comportamiento de validez univer­sal. Ya Tertuliano, en el siglo III, afir­maba: Séneca, frecuentemente nues­tro. Y san Pablo admite, aconseja y manda que todo lo bueno que hay en el actuar humano es válido para el cristiano: Fíjense en todo lo que en­cuentren verdadero, de noble, de jus­to, de limpio, en todo lo que es her­moso y honrado. Fíjense en cuanto merece admiración y alabanza... há­ganlo (Fil 4:8-9).

 

¿Qué sintió el hombre hace 100.000 años cuando empezó a en­terrar a sus muertos? ¿Qué pensó sobre la vida después de la muerte? Se pueden dar múltiples respuestas. Lo que sí está claro es que, excep­tuando los saduceos, ya los judíos del tiempo de Cristo y toda la cris­tiandad después han afirmado la vida eterna. Sin salir del Evangelio de Mateo nos encontramos que la reve­lación se fundamenta sobre una exis­tencia post mortem que es una conti­nuación de la vida terrenal. El joven rico pregunta a Jesús: Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la vida eterna? (19:16), y la pre­dicación de Jesús finaliza con el Jui­cio Universal, texto que es básico en la Teología de la Liberación. El final del juicio acaba con: Y éstos -los que no obraron con justicia y misen­cordia- Irán al suplicio eterno y 105 buenos a la vida eterna (Mt 25:46). No sin fundamento la profesión de fe cristiana acaba con la confesión de creo en la resurrección de la carne v en la vida eterna. Amén.

 

Son las afirmaciones de la Reve­lación Cristiana sobre el hombre tan básicas y fundamentales que no re­sultan novedosas, es lo que ya sabe­mos. La mejora de nuestro conoci­miento del hombre a partir de esa Revelación está en un supercono­cimiento de esas verdades que haga que nuestra vida se sienta super­motivada a vivir la caridad y la espe­ranza de la vida eterna. Por eso san Pablo, al mero conocimiento que en griego es la gnosis, contrapone el conocimiento profundo que da la revelación aceptada por la fe como obra del Espíritu Santo, esa es la epígnosis. Cuando escribe a Filemón para que reciba a Onésimo, el que fue esclavo, convertido ahora en hermano de Cristo, le dice: Ojalá esa fe sea tan activa que te ilumine plenamente sobre todo el bien que está en tu poder hacer por Cristo (versículo 6). San Pablo desea a Filemón el conocimiento pleno y pro-fundo con el cual tendrá un compor­tamiento diferente del que se puede obtener por la mera razón. La espiritualidad de los ENS con la insistencia de los puntos de esfuerzo refe­rentes a la lectura de la Escritura y la consiguiente oración personal y conyugal con medios poderosos para que nuestra epígnosis de la vida y sus problemas sea motivadora de san­tidad matrimonial.

 

El decir de la revelación bíblica sobre el hombre nos lo presenta como un ser ligado íntimamente a Dios y al mundo Con razón ~ escritor fran­cés André Malraux se atrevía a afir­mar que la Religión cristiana era pro­fundamente materialista, entendien­do por tal una revelación que comien­za con un útero, el de María, y un parto, el de Jesús, y acaba la vida de éste muriendo desnudo en una cruz haciéndose todas sus necesidades. Es la misma Revelación que nos habla, con machacona insistencia, del Rei­no de los Cielos, de nuestra referen­cia a Dios Padre, de nuestra vida eter­na. La espiritualidad de los ENS se basa en el descubrimiento de las vir­tualidades del Sacramento Matrimo­nial, que viene a santificar tanto el amor espiritual de los esposos como la humana sexualidad.

 

Una lectura total y meditada de la Biblia nos aleja de la tentación de «terrenismo» como de «celestismo» interpretadas esas posturas como parcialidades apasionadas y facilito­nas de lo que es pleno y total.

 

 

Herinenegildo de la Campa, SI

 

Consiliario de la Región Andalucía Orienta/

 

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REFLEXIONES SOBRE EL SEGUNDO ALIENTO

 

¿Qué tipo de comunicación propone el

 Segundo Aliento?

 

Esto dice el Segundo Aliento: «Nuestro Movimiento siempre ha tenido la preocupación de poner a disposición de los matrimonios ele­mentos de referencia y discernimien­to que les ayuden en su formación, sin forzar la responsabilidad y la li­bertad de cada uno, pero animándo­les en la búsqueda por comprender la Palabra de Dios ante los signos de los tiempos. Eso exige una forma­ción permanente y un esfuerzo por expresar las realidades de la fe en un lenguaje accesible.»

 

Hace ya muchos años, lo menos 30, en los primeros años de nuestro Equipo, nuestro consiliario, un jesuita extraordinario que todos admirába­mos mucho, recuerdo que nos dijo a Álvaro y a mí que comenzábamos a asumir responsabilidades en el Mo­vimiento: «Lo mejor de los Equi­pos es su pedagogía, que puede acompañar todas las etapas de la vida de una pareja.»

 

De momento no acabamos de comprenderle muy bien. Creíamos que lo importante de los Equipos era su espiritualidad. Aquello de peda­gogía nos dejó fríos, nos pareció que restaba importancia al carisma de los Equipos. Pero ahí quedó como un interrogante y con el tiempo prendimos cuánta razón tenía. La pedagogía es esencial para crear acti­tudes y maneras. Una espiritualidad no se descubre a palo seco si no te predispone a ella y te ejercita en ella una pedagogía.

 

Los Equipos tienen una peda­gogía basada en la comunicación y la oración, tanto a nivel conyugal como a nivel de vida de equipo, y esa pedagogía fomenta la búsque­da de la verdad y la capacidad para el encuentro y la comunión. Muchos consiliarios comentan que la primera cosa que les llama la aten­ción de nuestro Movimiento es lo rá­pidamente que parejas que no se co­nocían antes, y que se encuentran por primera vez en convivencias y se­siones, abren su corazón con sinceri­dad y verdad unos a otros y se esta­blece inmediatamente una corriente de unión, acogida y simpatía, un es­píritu común. La otra cara de la pe­dagogía es la riqueza del material de estudio, temas, folletos sobre los pun­tos concretos, sesiones, Carta de los Equipos, todos ellos siempre en re­visión y renovación.

 

¿Qué sentido tendría tanta infor­mación y tanto adiestramiento en el diálogo y en la búsqueda de la vo­luntad de Dios si no fuera para com­partirlo con otros?

 

Las parejas de los Equipos debemos aprender a pensar la vida y a comunicar lo que pensamos. Es necesario cultivar una mirada inte­rior, reflexionar sobre la vida tenien­do como referencia el misterio de Dios. Pensar la vida, con una com­prensión lúcida y cordial, es «guar­dar en el corazón» con palabras del Evangelio de Lucas. Es lo que hacía María cuando las cosas que le ocu­rrían le parecían contradictorias, do­lorosas, incomprensibles, como a to­dos nosotros tantas veces nos ocurre a lo largo de la aventura del vivir. La nuestra, como la de Ella, es una fe que ignora el futuro y que va con­servando los acontecimientos que nos llegan, que provocamos o que sufri­mos. Pensar la vida no es algo pasi­vo. Es comprometerse.

 

Estamos comprometidos, en pri­mer lugar, con nosotros mismos, para aceptarnos, comprendernos y traba­jarnos en la línea de una mayor ple­nitud. Estamos comprometidos con el otro, para renovar nuestro amor contra el embate del tiempo; esta­mos comprometidos con el Equipo en un camino comunitario de fe y de vida; estamos comprometidos con lo que nos rodea, las personas, las ideas, las situaciones, lo que se llama los signos de los tiempos, con sus luces y con sus sombras.

 

La pedagogía y la espiritualidad de los Equipos nos ejercita para este pensamiento comprometido. Luego, sin miedo, debemos hablar allí don­de nos lo pidan, «haciendo un esfuer­zo por expresar las realidades de la fe en un lenguaje accesible» y ha­ciendo también un esfuerzo por ser verdaderos, por decir la verdad, por no ocultar dificultades y contradic­ciones, interrogantes y dudas. La Iglesia necesita hoy más que nunca gente creíble, no sólo por su cohe­rencia de vida, tan difícil de lograr pero que todos debemos intentar, sino también por su sencillez, espontanei­dad y verdad. Gente que no se sitúe desde una altura moral que te vuelve orgulloso y te aleja de los demás sino desde la comunicación fraternal de lo que uno va experimentando, re­flexionando y viviendo.

 

Álvaro y Mercedes Gómez-Ferrer

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EL SER HUMANO A LA LUZ DE

LA PALABRA DE DIOS

 

"A imagen suya los creó.." (Gn 1)

 

1.  La importancia de los humanos en los dos re­latos de la creación

 

Es sabido que las dos referen­cias del libro del Génesis a la crea­ción, Un 1,1 -2,4a y 2,4b-23 no re­presentan dos momentos distintos de la obra creadora de Dios sino dos formas diferentes de describirla; o más bien, dos formas distintas de expresar la fe de Israel en que Dios es el Creador de todas las cosas. También es sabido que en los dos relatos de que venimos hablando se dice de forma distinta pero igualmen­te clara que, en el conjunto de la creación, el ser humano ocupa un puesto singular: el segundo relato, Un 2, lo dice presentando la crea­ción de todos los seres, en su con­junto y en particular, después de que Dios hubiera creado al hombre, a cuyo servicio pone todo lo demás. Por lo que respecta al primer relato, Gn 1, el papel singular del ser hu­mano en el conjunto de la creación se afirma según un esquema distinto y de algún modo inverso; es decir, Dios crea al hombre después de haber creado los demás seres y como culminación de todos ellos; el ser humano es de algún modo el punto de llegada de toda la obra creadora de Dios.

 

Ahora bien, en Un 1 la grandeza del ser humano, su superioridad so­bre el resto de los seres, no se expre­sa sólo en el hecho de que fueran creados después de las demás criatu­ras y como culminación de las mis­mas; el autor sagrado precisa: «Ha­gamos al ser humano a nuestra ima­gen, como semejanza nuestra» (Un ~,26); para añadir poco después, como conclusión y resumen del re­lato: «Creó, pues, Dios al ser huma­no a imagen suya; a imagen suya los creó, varón y hembra los creó» (1,27). Vale la pena notar cómo el texto repite por tres veces que Dios creó al hombre «a su imagen»; de dicha repetición podría deducirse que las palabras que se añaden en la pri­mera de las afirmaciones   «como semejanza nuestra»  es en definiti­va un modo de acentuar lo que se dice al afirmar que Dios lo quiso crear «a nuestra imagen»; según esto, es en esta condición de imagen de Dios donde se sitúa realmente la grandeza de los humanos, su supe­rioridad respecto de los demás seres. Junto a ello, se afirma también con claridad que tal condición no es pri­vativa del varón, sino que se aplica también a la mujer. Dedicaremos, pues, el resto de estas páginas a co­mentar ambos aspectos del texto sa­grado.

 

2.  «...a imagen suya los creó»

 

Pero, ¿qué quiere decir el autor sagrado cuando afirma que Dios creó al hombre «a imagen suya»? ¿Qué significa realmente esta afirmación? La respuesta a esta pregunta no pue­de hacerse al margen del propio tex­to sagrado y sólo será correcta si lo tiene en cuenta. De hecho, tras afir­mar la voluntad divina de crear al hombre a su imagen y como seme­janza suya («hagamos al hombre...»), Dios sigue diciendo: «Y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas, y en todas las sierpes que serpean por la tierra» (Un 1 ,26b). Si estas afirmaciones se suceden no es por casualidad: se puede suponer, en efecto, que la segunda se hace como una forma de explicar la primera; es decir, que la condición del hombre como imagen de Dios se concreta en el dominio sobre todas las cosas creadas, sobre las cuales ha sido constituido como "señor" por el mis­mo Dios. En este sentido, vale la pena notar también aquí un detalle del relato: la enumeración detalla­da de los ámbitos de la creación, de los seres sobre los cuales ejerce su dominio: son sólo los vivientes o, más en concreto, los seres animados; pero en ellos se incluyen todos los demás seres; si se menciona única­mente al dominio sobre los animales es porque, para los antiguos, éstos eran los principales enemigos de los humanos, su mayor rival. De acuer­do con nuestro texto, el hombre es de algún modo el representante de Dios en la tierra, encargado por él de ejercer sobre ella el dominio y la soberanía que sólo a él le pertene­cen. El hombre, imagen de Dios, señor encargado de la creación, es en medio de ella, la memoria per­manente del único Señor, del Dios que la ha creado y a la cual pertene­ce de forma exclusiva. En ello se expresa tanto de su grandeza como de su responsabilidad. El Salmo 8, dice en la misma línea: «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies.» Es decir, primero se afirma la grandeza del hombre como obra de Dios y luego se concreta dicha gran­deza en el dominio que ejerce sobre toda la creación. Grandeza y res­ponsabilidad de quien es represen­tante del Creador de todo; y re­cuerdo permanente de que dicha grandeza sólo lo es en la medida en que se vive en referencia conti­nua al Dios que la ha fundado y lo ha hecho concretamente constituyen­do al hombre como representante suyo en un mundo que es también su criatura.

 

En este mismo apartado, convie­ne señalar otro aspecto que se halla implicado en el texto sagrado, aun­que no se descubre con tanta clari­dad como el que hemos indicado anteriormente: aquel a quien se cons­tituye como plenipotenciario de Dios en la creación, dominador de ésta como representante divino, no es un hombre extraordinario, singu­lar, superior al resto de los humanos: es el ser humano sin más, la hu­manidad. Otra forma de señalar la igualdad substancial de todos los humanos y, junto a ello, la superio­ridad inigualable del Dios que los ha creado a todos iguales: no hay ninguno superior a otros; cada uno de los humanos en su singularidad es representante del Dios Creador y Señor de todas las cosas.

 

3.     «...varón y hembra los creó»

 

Sin embargo, la igualdad subs­tancial de los humanos en cuanto «dominadores» de la creación, repre­sentantes del Dios y Señor de todo, halla su máxima expresión en las palabras que intercala el autor sagra­do entre las muchas referencias a la condición de «imagen de Dios» que son los humanos: a éstos Dios los crea «varón y hombre». Es decir, se subraya que la condición de «imagen de Dios» y lo que ello supone lo es el ser humano en la forma concreta en que existe de acuerdo con la voluntad divina: es decir. como hombre y como mujer.

 

Y de algún modo, esta referencia constituye un complemento a la idea del dominio como realización de la condición de imagen de Dios; es decir, el dominio de la creación sólo lo realizarán los humanos ade­cuadamente en la complementación armónica de las diferencias, incluida la primera y más determi­nante que es la diferencia de sexos; sólo integrando armónicamente las diferencias reales y necesarias -crea-das y queridas por Dios- serán los humanos dignas imágenes suyas, dig­nos representantes de su señorío. Lo cual significa además que en las re­laciones fundamentales con el mundo, en el cual son plenipoten­ciarios divinos, y con Dios, cuya imagen realizan precisamente sien­do sus representantes, no existe di­ferencia alguna entre el hombre y la mujer. Algo que tendría que ha­cernos pensar, sobre todo a 105 cris­tianos; hacernos pensar en una doble dirección: mirando el pasado, para reconocer cuán lejos de este ideal de igualdad han estado las realizacio­nes concretas de sociedades que se han llamado y se han presentado como cristianas; y mirando al pre­sente, para aportar al mundo iguali­tario que estamos viviendo la refe­rencia fundante y esencial de dicha igualdad, a todos los niveles: nues­tra condición de imagen y semejan­za de Dios; nuestra, es decir, del varón y de la mujer...

 

 

Juan Miguel Díaz Rodelas

Profesor de /0

Facultad de Teología de Valencia Consiliario de ENS

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Misterío eclesial

 

El detonante que ha suscitado la memoria de este título y poste­rior despegue a la publicidad, tiene como causa próxima la reciente Car­ta-Encuesta, que, entre otras cosas, evalúa la situación de los ENS a ni­vel nacional en el momento presen­te. Tras leerla con fruición y arrobo, lo cual es habitual en todos los do­cumentos que envía la redacción de los ENS, en esta ocasión algo extraño golpeó los bordes de la concien­cia con tal intensidad que hizo des­pertar del sueño letargo en que yacía una especie de viento huracanado, en cuyas alas fue transportada al monte de la contemplación, en cuyas lade­ras se podía percibir la vehemencia de su fuerza impulsiva.

 

«Arrédrate y proclama sin remil­go esas cuitas secretas y esas con­vicciones que te corroen por dentro; grita a los cuatro vientos sin vanos temores de contravenir las corrien­tes de moda o hacer sonreír a los bienpensantes, esos entusiasmos que te arrastran a exclamar: «Oh Iglesia ;cuanto te amo a pesar de que me resultas tan contestable en no pocas ocasiones.»

 

Transcurre el tiempo, la tormen­ta se debilita, el viento amaina, el huracán se torna brisa suave y placentera que acaricia los contornos del pensamiento en el que se diluyen ideas como esta: «Repara que estas cuestiones centrales configuran la identidad de los Equipos de Ntra. Sra., siempre al lado de la Iglesia para apuntalar aspectos medulares de lo que es el cuerpo doctrinal en su conjunto y en el referente a la pareja y la familia y que en esta parcela somos pioneros en cuanto inductores de la espiritualidad conyugal, en per­fecta sintonía con la normativa dic­tada por el Magisterio. ¿Acaso el reciente encuentro internacional de Santiago no ha sido un refuerzo las raíces en el carisma, una proclamación en toda regla y una solemne celebración de estos principios esenciales que todos hemos asumido enrolamos en los equipos?»

 

La brisa no se acalla y, aunque transmutada en susurro, pugna por colarse en el castillo interior con persistencia y tenacidad que lo abrir brecha y adentrarse en la mansión con tal autoridad que activa la reflexión: «Repasa y reposa en apartado objeto de sobresalto, el dibuja el estado actual de los ENS en su dimensión religiosa, desea en el ítem 25: "sólo un 36'6% de encuestados asumen todos los dog­mas de la Iglesia" y, un poco mas allá, el 27, consigna este dato: 'un 44'6% afirman tener claro que las enseñanzas de la Iglesia no se ajus­tan a las demandas de la sociedad actual".»

 

No sorprende en absoluto seme­jante confesión, afloran con tal fre­cuencia estos temas que, al contra­rio, casi alegran, pues siempre que oímos protestar contra la Iglesia lo tomamos como una meditación se­ria, profunda, que brota de una sed de bien y una visión clara de las cosas. No podemos olvidar que la Iglesia llega al tercer milenio dividi­da, en minoría y con no poca perple­jidad interna, y en esto están carga­dos de razón esos valientes y auda­ces delatores; pero también es ver­dad que en la Iglesia hay brotes muy importantes de vida y calidad cris­tianas, más libre y más respetuosa, con mayor experiencia espiritual, depurada de muchas imposturas que la acercan al seguimiento de Jesús, mayor opción por los pobres.

 

No agrada tanto oír recaer la pro­testa y responsabilidad siempre en los mismos: el Papa, el Obispo, el Párroco y excluir siempre «mi per­sona» de la barca de la familia de pecadores que somos todos. No pa­rece de recibo imputar a la Jerarquía los males y carencias que hoy sacu­den a la Iglesia, pues en tal caso tam­bién se haría acreedora, sólo ella, a los éxitos que la acompañan y la credibilidad que goza, que no es poca. «La enseñanza que hoy pro­mueve la Iglesia con este Papa, es la doctrina fundamental para establecer la paz y convivencia que el mundo demanda», afirmaba en acto reciente una personalidad del mundo políti­co, agnóstico para más señas.

 

La credibilidad de la Iglesia no reside en las virtudes de la Jerarquía ni en sus deficiencias, en las postu­ras sociopolíticas que adopte o en la forma de transmitir su doctrina. Está en que a pesar de los muchos peca­dos y equivocaciones de sus miem­bros nos ha llegado y nos sigue lle­gando íntegro el verdadero mensaje de la Buena Nueva. También en que a pesar de los 2000 años de divisio­nes y contiendas internas somos un cuerpo vivo y una comunidad de ple­garia y de gracia.

 

Respecto a ideas y valores no somos tan libres como creemos, ya que es tal la presión social que fuer­za a admitir lo que impone la mayo­ría, real o ficticia. Y los cristianos no estamos inmunizados contra este virus, ni tan siquiera los que esta­mos en los Equipos. Desde esta óp­tica cobran sentido algunas de las situaciones que recorren el ambiente general con ingerencia también en el eclesial, es decir, ser caja de reso­nancia de las teorías de moda sin tamizarías por el cedazo de la auto-crítica informada. Por eso asalta la tentación si no habrá cierta conexión entre los ítems mencionados y los que se enumeran después, o sea, los 21, 22, 23 respectivamente.

 

Reparando en ellos salta impe­tuosa la advertencia de Carlo M. Martini, arzobispo de Milán: «un talante dialogante y de sana crítica es hoy más necesario que nunca, pero para eso es necesario haber profun­dizado antes la propia identidad y beber en fuentes de aguas puras»

 

Alguien puede nutrir la sospecha de que desde la cúpula de la comu­nidad eclesial se fomenta una estra­tegia de repliegue ideológico o que priman criterios de control y centra­lismo que vetan sin más todo intento de remodelar las estructuras. Quedan invitados estos tales a que lean aten­tamente con espíritu aséptico y libre de prejuicios los pronunciamientos de los últimos Papas y de las Conferencias Episcopales, pero sobre todo los documentos del Vaticano II y observen la praxis misionera cuyo rastro está en todo el mundo, en ex­presión de otro laico, Indro Monta­nelli. Esas críticas acres con las que se les obsequia, por ende, a la Igle­sia, como entidad desconectada de la realidad, parecen poco afortuna­das. No hay que olvidar que todas las grandes definiciones dogmáticas de la Iglesia han nacido de la expe­riencia hecha por los creyentes de esas mismas verdades en su vida litúrgica y en su oración. Así, a la definición de la divinidad de Cristo se llegó partiendo de la experiencia de Él como Dios que se hacía en el culto. «Cristo nos diviniza, luego es Dios» (san Gregorio).

 

 

Mª ÁngeIes-Vicente Barcelona 150

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Removiendo las brasas

del Encuentro

 

Ante todo queremos agradecer al Hogar Responsable Nacional, Carlos y Amparo, y a los responsa­bles del Equipo Organizador de San­tiago 2000, Ramón y Elisa, las res­pectivas cartas de aliento que envia­ron a los hogares colaboradores por la participación en Santiago 2000.

 

Esas cartas nos vinieron muy bien, ya que, como dijo alguien, vi­vimos el Encuentro desde la cocina y, por lo tanto, disfrutamos el mismo de otra manera que los que se en­contraron con la mesa puesta, pero no por eso menos interesante.

 

Atendiendo a la llamada de Ra­món y Elisa, los hogares colabora­dores de Jerez de la Frontera, nos reunimos el pasado día 21 de no­viembre a las 8'00 horas para rezar por los frutos del Encuentro y fue como soplar en un tronco que arde y que vuelve a levantar llamaradas de ilusión.

 

Podíamos haber rezado cada ho­gar por su cuenta, pero alguien tuvo la magnífica idea de celebrar una Eucaristía con tal motivo y se con­virtió en un nuevo encuentro para nosotros y que disfrutamos reavi­vando las experiencias de cada uno en Santiago.

 

Este miniencuentro nos ha servi­do para que el rescoldo que lleva­mos dentro de aquel magnífico even­to no se apague y, es más, nos tiene que servir para tratar de encender pasiones por los E.N.S. en los Equi­pos que estén apagados y que no vivieron el Encuentro.

 

Se proclamó el Evangelio de Zaqueo (Lc 19,1-10) y nos anima­mos a hacernos ver, no subiéndonos en la higuera, sino desde nuestros Equipos, acudiendo a los llamamien­tos que nos hagan desde los E.N.S.: aperturas, clausuras, reuniones mix­tas, jornadas, encuentros, etc., para enriquecernos con los demás Equi­pos y, sobre todo, aunque no nos lla­me nadie, saliéndonos de nuestro pequeño y entrañable circulo, para dar testimonio de lo que vivimos en él. No deseamos como las gentes que acompañaban a Jesús camino de Jericó, que se escandalizaban cuan­do Jesús decide irse a comer con un publicano, pensando que ellos eran mas dignos de su compañía que aquel pecador por el hecho de acompañar-le en el camino, pero calladitos, no sea que El nos pida algo, gritémosle como Zaqueo, digámosle: «aquí me tienes».

 

Durante la Eucaristía cantamos animados por la guitarra del consi­liario y cada canto nos iba alegrando mas y más de manera que al finali­zar nos movíamos entre las butacas y tocábamos las palmas, porque Je­sús estaba allí con nosotros.

 

Con ese acompañante el compar­tir de los platos que cada hogar ha­bía llevado fue otro placer, seguimos cantando, charlando y apretando la­zos de amistad en base a una misma idea: Jesús es el mismo para todos, pese a las muchas diferencias que podamos tener, por lo tanto salimos de allí con ganas de hacernos ver por Él.

 

Paco y Josefina

Jerez-51

 

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Propuesta de tema para una reunión de Equipo de

 Veteranos

 

Cuando terminamos las reuniones dedicadas a trabajar el tema de estudio «Abbá Padre», nuestro Equipo acordó buscar para la reunión de mayo un tema que fuera de interés para todos y que sirviera para hacer una revisión de vida. Pensamos que podría ser interesante reflexionar so­bre cómo hacemos frente a nuestro envejecimiento y el de nuestra pareja. Para ello enviamos a todos los equi­piers el siguiente cuestionario:

 

A medida que pasan los años, nuestra máquina (el cuerpo y la mente) se va desgastando y apare­cen algunos desajustes (ciertas do­lencias, más o menos enojosas, pér­didas de memoria, manías -pe­queñas o grandes-, etc.).

¿Somos conscientes que los años van limitando nuestras capa­cidades?

¿Cómo aceptamos esta situa­ción?

¿Somos conscientes de las limi­taciones de nuestra pareja?

¿Cómo las aceptamos?

¿Nos parece que en el equipo se notan estas limitaciones?

 

El día de la reunión, todos ha­bían reflexionado sobre el cuestio­nario y algunos lo habían hecho en pareja. Los resultados fueron muy positivos, ya que se puso sobre la mesa diversos problemas de la con­vivencia de la pareja producido por las limitaciones y deficiencias oca­sionadas por el envejecimiento, la jubilación y, también, por las frus­traciones de la vida. Esto permitió que, con el diálogo y en el clima propio de una reunión de equipo, todos nos sintiésemos interpelados y, a nivel de pareja, se reforzasen los pilares que sostienen los puentes de la comunicación que, en algún caso, las últimas riadas de la vida habían puesto en peligro.

 

Creo que los resultados de la re­unión fueron muy positivos, pero como en el, llamemos, memorial de agravios entre cada pareja, surgieron cosas negativas, se propuso que la reunión siguiente continuásemos ~ tema y que cada uno hiciera una re­lación de todo lo que de positivo había recibido de su pareja durante los años de matrimonio. La propues­ta fue aceptada por todos.

 

En la reunión de junio hicimos, pues, la revisión de vida contestan­do a estas preguntas:

 

¿Qué te ha aportado de positi­vo tu pareja en estos años de ma­trimonio?

¿Y el Equipo?

 

La reunión resultó muy emotiva, con lágrimas incluidas, y todos cons­tatamos que el amor de la pareja, la fe y la confianza en Dios son los pilares fundamentales que nos han permitido hacer frente a los golpes que la vida nos ha dado, en algunos casos muy duramente, durante los años de matrimonio.

 

Me ha parecido interesante ex­plicar a través de la revista esta ex­periencia de nuestro Equipo, por si algún otro equipo de veteranos cree que le puede ser útil y hacer este tema en una reunión. A nosotros nos funcionó.

 

Cordialmente,

 

 

Miquel Barrobés

Barcelona 98

(Artículo tomado dc la Revi~ta de los ENS de Cataluña y Menorca.)

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Convivencia Hispano-Portuguesa

 

 

El pasado domingo día 12 de no­viembre y con la asistencia de D. Ignacio, Obispo de Huelva, y de D. Manuel, Obispo de Faro (Portu­gal), se celebró en Isla Cristina el sexto día de convivencia de los Equi­pos del Algarve Portugués y los del Sector Costa de Huelva. El Algarve estaba representado por numerosos matrimonios de Faro, Quarteira, Olhao, Guia, Tavira, etc., quienes vinieron acompañados del sacerdote consiliario P De la Rosa, y el Sector Costa de Huelva por matrimonios de Lepe, Cartaya e Isla Cristina, acompañados de los Consiliarios D. Feliciano Fer­nández Sousa y D. Manuel Gómez Onta.

 

La asistencia superior a las 300 personas, que abarrotaron la parro­quia, en la Eucaristía concelebrada por los dos Obispos y Consiliarios fue verdaderamente un acto de afir­mación cristiana, que junto con las homilías de ambos Obispos serán difíciles de olvidar para todos los que asistimos a ella.

 

Posteriormente tuvimos la comi­da en la que participaron más de ciento veinte matrimonios de los E.N.S. con los dos Obispos y Consi­liarios, organizada a base de aportar cada matrimonio un plato. A conti­nuación se hizo la reunión de traba­jo de los equipos mixtos, todo ello celebrado en el Colegio Público Ntra Sra. del Carmen, que nos fue cedido para esta Convivencia.

 

Finalizadas las reuniones de los equipos mixtos, y ya sin la asisten­cia de los dos Obispos que tuvieron que volverse a Huelva y Faro por compromisos pastorales, pasamos al salón de actos del Instituto Padre Mirabent, donde se leyeron las con­clusiones de los dieciséis equipos mixtos formados y, tras un breve saludo del Consiliario portugués P de la Rosa, de los Responsables del Sector del Algarve y del Sector Huelva-Costa, se terminó el encuen­tro con unas emocionadas palabras del consiliario de Huelva-Costa, D. Manuel Gómez Orta, que a todos nos llenaron de ánimo para seguir en nuestro caminar como parejas cris­tianas en el mundo de hoy.

 

Quedamos emplazados para la celebración en el próximo año de la que será, si Dios quiere, la séptima convivencia de ambos sectores y cuya organización corresponderá ese año a Portugal.

 

Queremos desde estas líneas rei­terar nuestro agradecimiento a unos cuarenta matrimonios que aceptaron entusiasmados la responsabilidad de encargarse de la acogida, preparar la Eucaristía, organización del comedor y clases para los equipos mixtos, organización del acto de conclusio­nes en el Instituto y de la limpieza de los locales utilizados y resultado de su eficacia fue la brillantez y el fruto de la Convivencia.

 

Al haber coincidido, por imposi­bilidad de otras fechas, esta convi­vencia con la reunión de los matri­monios responsables de los Equipos con los Regionales, los veinte matri­monios que tuvieron que ir a Sevilla quedaron sin poder participar en el encuentro internacional, el cual mu­chos de ellos habían ayudado a pre­parar en días anteriores, aun a sabien­das de que no podrían asistir.

 

 

 

El Equipo de Sector Huelva II-Costa

 

H.R. Frau(~is(~o Gar('ía Fernández-Balbuena

Man Pepa López Camós

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Rindo culto a la amistad

 

No hace aún mucho tiempo cuan­do mi hermano Antonio dejó este mundo a sus 54 años. Entre los muchos buenos recuerdos y valores que me dejó en el alma, uno fue eso que él repetía y vivía: «Rindo culto a la amistad». Y aquello me lo me­tió a mí en el alma y llegó a hacerlo carne de mi carne.

 

No sé si yo he roto alguna vez una relación; es posible que sea, pero no tengo conciencia de ello. Porque rindo culto a la amistad. Habré teni­do que ser más o menos agradable en ocasiones. Habré podido parecer exigente o menos condescendiente. Es que rindo culto a la amistad y por nada me permitiría ser desleal con los amigos. Y como yo agradez­co que un amigo me advierta y co­rrija   porque eso es la amistad, cuando es sincera, no me perdo­nara ser un adulador con mis ami­gos, haciéndoles sentirse bien por el mero intento egoísta de sentirme yo bien. Eso que es tan fácil «para evi­tar líos», «para no complicarse», «para saber vivir»...

 

Los ENS tienen un momento casi sagrado en su misma constitución y desenvolvimiento, que es la RE­UNIÓN DE AMISTAD. Algo que todos sabemos y hemos experimen­tado como algo muy útil, cohesio­nadar necesario. Momento «libre» que da rienda a esas muchas ricas experiencias de lo humano y lo divi­no que cada cual lleva dentro. Oca­sión en que los Hogares  incluidos los hijos y aún las familias   pue­den entrar a formar parte de esa nue­va gran familia del EQUIPO. Por supuesto, también el Consiliario. Y mis años en los ENS, mis responsa­bilidades en el Movimiento, me han hecho experimentar la riqueza de esa AMISTAD. Y uno de los mas ricos recuerdos que me quedan de los va­lores humanos de los Equipos de Nuestra Señora, están prendidos en esas reuniones de AMISTAD. No es ya la reunión: es LA AMISTAD. Es la relación, el calor humano. Es haber calibrado el temple, el talante de tantos hombres y mujeres y de tantos jóvenes, los hijos, que han lle­nado mucho de ese mundo afectivo profundo y cordial que todos lleva­mos dentro y necesitamos. Cuando he llegado a bautizar a un hijo del Equipo, o cuando he asistido y ben­decido el matrimonio de otros, me he sentido rebosando de alegría. Se prolongaba algo de mi ser, de mi mundo afectivo; crecía mi familia. Se hacía más viva y palpitante MI AMISTAD.

 

Yo no me identifico con la rela­ción fría que pudiera darse en un Equipo que redujera su «amistad» a la reunión de amistad; no me senti­ría a gusto donde se cumpliera con «la amistad». Considero que esas lla­madas telefónicas, esas citas para tomarse juntos un café, esas invita­ciones a una merienda o una cena, al cine o a tomarse un helado, sin más motivo ni razón que la de sentirse amigos que disfrutan viéndose o ha­blándose, a fondo perdido, in-útil­mente, por el solo gusto de estar un rato juntos, eso es la riqueza de la amistad, el punto en que se preparan momentos y situaciones más trascen­dentes de la relación de AMIGOS.

 

Una postal para felicitar una ono­mástica, un cumpleaños, un aconte­cimiento que se celebra, es para mí de un valor mucho mayor que reci­bir un regalo. En el regalo hay «ven­taja»; en la llamada o la tarjeta hay detalle. Y en la amistad, como en el amor, el detalle pone la guinda al pastel. Pongamos el caso contrario para que el claroscuro resalte mejor la imagen: que felicitas al amigo con una tarjeta..., que te interesas por su nuevo domicilio, que tú llamas por teléfono..., y que quien has sentido como amigo ni se acuerda de dedi­carte un recuerdo de Navidad, ni de darte sus señas flamantes, ni de to­mar alguna vez el teléfono para de­cirte: «aquí estoy»... ¿Qué pensáis, qué sentimiento os provoca?

 

Por eso me acuerdo tanto de mi hermano, que me enseñó lo más bo­nito de su repertorio, por otra parte tan rico: me enseñó que LA AMIS­TAD es una religión; que la religión es sagrada. Y que en la religión, el CULTO ES ESENCIAL. Un culto que no basta sentir «dentro», porque es el juego indispensable y necesa­rio   como en la Liturgia   para hacer sensible lo que se lleva en las entretelas, para expresar y sensibili­zar el sentimiento del corazón. ¿No es eso, mis queridos hogares, el con­dimento indispensable de vuestro AMOR?

 

Por ello, quien ha recibido tanto de los Equipos en esas amistades mantenidas y sagradas e irrompibles y continuadamente expresadas, quien ha encontrado la riqueza de vuestra amistad, quien nunca podría aceptar que quienes una vez se conocieron y amaron dejaran en la estacada al amigo, hoy os agradece y os recono­ce como parte de su vida. Y siquiera sea como testimonio, os correspon­de con estos sentimientos comparti­dos: porque rindo culto a la amis­tad.

 

Manuel Cantero Pérez, S.L.

Málaga

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Siete reglas para una oración

 

Tomado de la Lettre des Equipes de Notre-Dame, núm. 139 (diciembre 2000).

 

Roue,, 13 de junio de 1999 Beatam. 6

 

 

1.      Antes de hablar por el teléfono, empieza por mar­car el número: Ponte en presencia de Dios.

 

2.      Dios no tiene escasez de líneas para comunicarse con nosotros: Si suena «ocupado» es que has mar­cado mal. ¡Ojo!: Cuando Dios descuelga no dice necesariamente «Dígame!», pero siempre está a la escucha.

 

3.      En caso de interrupción, averigua primero si, con tus pensamientos, has cortado la comunicación.

 

4.         Una conversación con Dios no es precisamente un monólogo. No hables sin cesar; escucha lo que se dice al otro lado del hilo.

 

5.      No te acostumbres a telefonear a Dios sólo en caso de necesidad.

 

6.      No telefonees solamente durante el tiempo de ta­rifa reducida y, en particular, durante el fin de semana. Lo apropiado es una llamada breve todos los días.

 

7.      NOTA: Las conversaciones con Dios son siempre gratuitas.

 

 

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Te pedimos, Padre, por estos hermanos nuestros, a

 quienes hoy, con afecto, recordamos:

 

-         ÁNGEL ESCAMER. Ceutí-1.

-         MARIANO BELMAR. Murcia-17.

-         PEDRO MARTÍNEZ. Murcia 15.

-         ANGELINES COROMINAS. Alcantarilla-3.

-         EMILIO FERNÁNDEZ. Valencia- 10.

-         LUIS COLOMER. Valencia-26.

-         FRANCISCO GARROTE. Madrid-144.

-         DANIEL VÁZQUEZ. Madrid-4.

-         FRANCISCO VILLAGRA FERNÁNDEZ. Palencia-4.

-         ÁNGEL ANTOLIU MARCO. Palencia-5.

-         CECILIO REQUENA PÉREZ. Palencia-3.

-        JAVIER ÁLVAREZ. Valencia-104.

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ORACIÓN

QUÉDATE CON NOSOTROS

 

Señor Jesús,

cada día

tu palabra llega a nuestra puerta sin hacer ruido.

 

¿ Cuántas veces la hemos escuchado?

 

¿ Cuántas veces la hemos invitado,

con temor y temblor;

a entrar en nuestra casa,

y le hemos preparado hospedaje

para que descanse en ella,

para que la tome definitivamente como suya?

 

Tu Palabra, Señor; es luz:

No te alejes de nosotros, Que estamos a oscuras.

 

Tu Palabra, Señor; es vida:

No te vayas,

Que sentimos el frío de la muerte.

 

Tu Palabra Señor; es alimento:

No nos dejes solos,

Que desfallecemos de hambre,

Que morimos de sed.

 

Quédate con nosotras, Señor; y convierte nuestro corazón en hogar de la palabra que eres tú mismo; convierte nuestro corazón en Palabra.

 

Es lo que tú deseas,

Y es todo lo que nosotros anhelamos.

 

Amén.

 

(Tomada en extracto de la revista Adopción. Seminario Mayor y Novi­ciado S.C.J. Apdo. 2002 - 37080 SALAMANCA).

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