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CONTENIDOS

Editorial

Correo del ERI:

Correo de la Súper-Región:

Formación Permanente:

Colaboraciones:

 

Nuestros mayores nos cuentan:

El rincón de los jóvenes:

En la casa del padre:
Oración Conyugal

 


 

EDITORIAL

 

Alguien observó, hace ya tiempo, que el elemento más revolucionario y original de los Equipos de Nuestra Señora era la «sentada». La razón de esta importancia reside en que es un símbolo luminoso de una manera de entender el amor conyugal como comunicación total de dos vidas, y, a la vez, un medio potente para lograrla.

La sentada no es fácil: de hecho, es uno de los puntos de esfuerzo en que más fallamos. Porque no es una mera práctica o rito que podamos realizar desde la periferia de nuestro ser. Implica todo un salto cualitativo en nuestra relación, que afecta a toda nuestra vida y, por ello, exige una gran decisión. Más aun, supone tal calidad del amor que sólo es posible con la ayuda de la gracia. De ahí que, cada vez que somos capaces de realizarla satisfactoriamente, experimentamos el soplo vital y renovador del Espíritu.

La sentada consiste, ante todo, en escuchar. Primero, escuchar a Dios, que quiere hablarnos a través de todos los avatares y circunstancias de nuestra vida; por eso comenzamos tomando conciencia de su presencia entre nosotros. Y, después, en escuchar al otro cónyuge. Son dos escuchas que están íntimamente relacionadas y que sólo se producen cuando tenemos estas dos actitudes: disponibilidad para ente­rarme de lo que el otro quiere decirme y valoración previa de su mensaje.

Pero, junto al escuchar está el decir, o, más bien, el decirse. Porque cada uno ha de saber expresar, con total sinceridad, sus vivencias más íntimas y, sobre todo, cómo está viviendo la relación conyugal, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos.

Ambas operaciones sólo son posibles desde la serenidad que fluye de la confianza y el amor mutuos. Es lo que exteriormente simboliza el gesto de sentarse tranquilamente, sin nerviosismos ni prevenciones. Nos sentamos juntos porque no nos tememos. No es la postura del que se encoge primero para después poder saltar sobre el otro, sino la del que baja todas las defensas porque se siente acogido y seguro.

La sentada es un gesto cuasisacramental. Primero, porque a través de una postura física nos introduce en una experiencia profunda. Y, sobre todo, porque es a la vez fuente que renueva y alimenta nuestro amor, y experiencia cumbre del mismo.

Naturalmente, este carácter sacramental lo tiene por derecho propio la unión íntima y física entre los esposos. Pero la sentada es el gesto que contribuye a humanizar la unión sexual y a distinguirla de cualquier otro apareamiento. Porque es la que le comunica su dimensión personal. LI

 

El Equipo de Redacción

 

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CARTA DE JEAN-LOUIS Y PRISCILLA SIMONIS

 

Queridos amigos:

Queremos presentarnos breve­mente: somos nuevos miem­bros del ERI y nos llena de emoción dirigirnos a vosotros, que sois más de 40.000 entre matrimonios y con­siliarios de los cinco continentes.

 

Procedemos de la parte sur, y por tanto francófona, de Bélgica y vivi­mos en una ciudad pequeña del nor­te neerlandés.

 

Desde 1974, fecha en la que nos casamos, nuestro matrimonio perma­nece vivo y el Señor nos ha concedi­do la gracia de confiarnos dos hijas:

Tatiana, de 27 años, casada desde hace dos, y Gaélle, de 24 años.

 

Como consecuencia de nuestra situación, un poco aislados como francófonos en un territorio neerlan­dés, el requerimiento del Movimien­to nos ha encontrado enseguida dis­ponibles para servir a los Equipos. En el transcurso de los 27 años de vida de Equipo hemos, así mismo, asumido muchas responsabilidades sucesivas en el seno del Movimien­to, la última de estas responsabilida­des ha sido la de hogar responsable de la Súper-Región Belga.

 

El Encuentro de Santiago de Com­postela nos ha llenado, una vez más, de este inmenso entusiasmo de ver reunidos matrimonios y sacerdotes de origen y culturas tan diferentes y, al mismo tiempo, tan cercanas, no sólo por su pertenencia a los ENS sino también como hermanos y hermanas de Cristo.

 

Prolongando, en cierta forma, este momento fuerte del Encuentro, esta unidad va a traducirse, durante los tres próximos años, en las «Orien­taciones» del Movimiento: «Ser ma­trimonio cristiano hoy en la Igle­sia y en el mundo».

 

En un primer momento se nos invita a cada uno, de forma particu­lar y después en pareja, a interrogar­nos sobre el significado que tiene para nosotros hoy «ser persona». En un mundo en el que, en nombre del principio del derecho al desarrollo individual de la persona humana, se tolera que sean despreciados los de­rechos fundamentales de la libertad y de la igualdad de esta misma per­sona humana, ¿qué alternativa cris­tiana podemos presentar? ¿Cómo devolver a cada ser humano su dig­nidad de hijo de un mismo Padre? ¿Qué actitudes adoptamos en familia, en nuestro medio de trabajo, frente a los grandes debates que animan a nuestra sociedad de hoy: el aborto, la eutanasia, la donación humana -ya sea en su aspecto terapéutico o repro­ductivo-, la manipulación de los embriones humanos en nombre de la ciencia...? ¿Vamos a continuar asis­tiendo, con frecuencia impotentes, a la degradación del ser humano, a la explotación del hombre por el hombre?

 

Nos parece que los Equipos de Nuestra Señora, sin ser el único ni perfecto camino, pueden ayudarnos. Pensemos que nuestro Movimiento está abierto a todos los medios so­ciales y socioculturales, sin exclusión de razas ni de idiomas. El Encuentro de Santiago de Compostela ha sido un testimonio vivo.

 

Por otra parte, el Equipo nos ayu­da a mantener nuestra conciencia despierta. Pero tenemos que «ser» más. Tenemos que ser, al mismo tiempo que cristianos, «levadura de la masa», navegar a contracorriente, como los salmones en el momento del desove.

 

El tema de estudio que propone el Movimiento para acompañar a estos tres años de toma de concien­cia querría, por su dinámica particu­lar que llama a la participación acti­va de los matrimonios de los Equi­pos, llevarnos a cambiar nuestros comportamientos, nuestros hábitos, nuestra forma de vida. En este cami­no sostengámonos unos a otros con la oración. Pidamos al Espíritu San­to que nos ilumine y nos guíe en esta misión que nos .aguarda: devolver a cada ser humano la dignidad que nunca debería haber perdido.

 

Atrevámonos a afirmar como cristianos que estamos «prestos a dar cuenta de la esperanza que habita en nosotros ante aquellos que nos piden cuentas» (1 P 3, J5).

 

Sin embargo, si estamos solos es difícil. Apoyémonos, pues, en el PA­DRE del que somos a la vez imagen en nuestra humanidad e hijos e hijas por Jesucristo.

 

Oramos unidos a cada uno de vo­sotros para que el SEÑOR nos dé a cada uno la fuerza de estar siempre preparados...

 

Priscilla y Jean-Lonis SIMONIS

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CARTA DEL CONSILEARIO PADRE FRANÇOIS FLEISCHMANN

Vivir y amar en persona...

 

Recientemente he sido llamado para acompañar al Equipo Res­ponsable Internacional. Quiero salu­dar cordialmente a todos los miem­bros de los Equipos de Nuestra Se­ñora, así como a sus consiliarios. Estoy muy contento de iniciar el ca­mino con vosotros.

 

La orientación que se nos ha pro­puesto para los próximos tres años:

Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo, nos invita a observar, en primer lugar, nuestra con­dición de personas. Un matrimonio así como un equipo o una asam­blea eclesial es, ante todo, una co­munidad de personas.

 

No estamos jugando con las pa­labras cuando hablamos de forma insistente de personas y no de indi­viduos. Los individuos forman la multitud y alimentan las estadísti­cas, en tanto que cada persona es única.

 

Cada persona, incluso la más débil y desprotegida, tiene que ser respetada, ya que, como dice el Con­cilio Vaticano II, el hombre es «la única criatura en la tierra que Dios ha querido por ella misma» (Gau­dium et spes, n. 24).

 

Digamos que, incluso, cada per­sona se tiene que respetar a sí mis­ma, fiel a sus compromisos, a su conciencia en la que Dios ha escrito su ley, para que esta ley se abra a los demás (ci Gaudium et spes, n. 24).

 

Matrimonios: sabéis bien que vues­tra felicidad viene de la unión de vues­tras personas, del respeto que sentís el uno por la persona del otro, de las convicciones que compartís, de los proyectos que tenéis en común, de to­das las formas de los dones de amor que ofrecéis y que prolongáis más allá de vosotros mismos.

 

Padres: veis cómo se desarrolla la personalidad de vuestros hijos. Personas siempre nuevas, con todo lo que os inquieta y os maravilla de ellas.

 

Actores de la vida social, os dais cuenta clara de que el individualis­mo es un verdadero cáncer. Sólo con el respeto a la dignidad de la perso­na se puede asegurar y servir al bien común.

 

He aquí la palabra dignidad, tan ligada a la noción de persona y que se está banalizando. Y, sin embargo, ¡cuántos atentados se cometen con­tra esta dignidad!

 

¿En qué fundamentos podemos basarnos para poder hablar de la dig­nidad humana? Estos fundamentos nos los proporcionan las célebres palabras del libro del Génesis: Dios creó al hombre a su imagen y seme­janza, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó (1, 27).

 

Hablar de imagen de Dios resul­taría bastante plano si la imagen que tuviéramos de Dios fuera abstracta e impersonal. Pero se trata de Dios Padre, Hijo y Espíritu, Dios vivo, Dios en la comunión de las personas que nos otorga la posibilidad de ser imagen suya.

 

La mejor señal es el hecho de que la cualidad de imagen de Dios se lleva a cabo en la condición del ser humano, hombre y mujer. En la relación y en la unión de los esposos se encuentra uno de los más bellos reflejos del Dios vivo que es amor. Todo esto es un conjunto por el que los seres humanos forman la imagen de Dios. La dignidad de las personas se funda en la capacidad, no ya de vivir para sí mismos, sino en el don de sí mismos.

 

Por lo tanto, ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia es desarrollar la vocación de las personas a amar y a dar, a servir y compartir, a imagen de Dios que ama y comparte su vida. Desde el bautismo hasta el matrimo­nio, las personas de los esposos que se han revestido de Cristo se ven purificados, reconciliados, estimula­dos a reflejar, cada vez mejor, la pre­sencia de Dios creador y salvador.

 

El Vaticano II nos lo ha dicho:

«por su encarnación, el Hijo de Dios se ha un ido, en cierta forma, a todo hombre» (Gaudium et spes, n. 22).

 

Matrimonios cristianos, hogares habitados por la gracia, así como los demás fieles, los sacerdotes, las perso­nas consagradas, los solteros, los ais­lados, los jóvenes y los mayores, los pequeños y los pobres, cada uno se­gún su vocación... todos vosotros sois miembros del mismo Cuerpo, piedra del inmenso mosaico que es el rostro de Cristo, que se presenta al mundo a través de todos nosotros. Vuestras per­sonas forman estas Iglesias familiares, a las que nuestros Equipos son tan afectos, integradas en la Iglesia diocesana, en la Iglesia universal.

 

Al testimoniar los dones de Dios y su confianza en el hombre, ser matrimonio cristiano hoy en la sociedad supone desplegar todas las riquezas que forman la persona de los esposos. Desde el hogar, fuente de resplandor que se expande en las relaciones constructivas con los ve­cinos, con los compañeros, con los contemporáneos de cualquier tradi­ción espiritual, para vivir el respeto de la dignidad de aquellos que están a nuestro lado, permaneciendo siem­pre animados por el amor que es fuente de vida.

 

Ser matrimonio cristiano hoy en la sociedad es para los esposos to­mar la parte que les corresponde en las responsabilidades por el bien co­mún, con todos los recursos de sus diferentes personalidades.

 

Los esposos saben bien que las riquezas de la persona son inagota­bles. Meditemos, una vez más, es­tas palabras del Concilio: «El mis­terio del hombre sólo se aclara en el misterio del Verbo encarnado... Cristo se manifiesta plenamente al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación» (Gaudium et spes, n. 22). o

 

Francois Fleischmann

Consiliario internacional de los Equipos de Nuestra Señora

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Gracias, padre Cristóbal Sàrrias,y hasta siempre

 

Para las responsabilidades y para los servicios en el seno de los Equipos de Nuestra Señora, así como ocurre con todo en la vida, pasa el tiempo, las estaciones se renuevan. unos dejan sus misiones y otros to­man el relevo. Nuestros servicios no nos pertenecen, nos los ofrece el Se­ñor a nosotros y a los matrimonios en los que confiamos. Lo mismo ocu­rre con los consiliarios.

 

El padre Cristóbal Sàrrias, al que muchos de vosotros conocéis. bien en persona por sus visitas a los ENS de todo el mundo, bien por sus car­tas en el Correo del Equipo Interna­cional, acaba de terminar su misión en los ENS. Querríamos agradecer­le, desde lo más profundo de nues­tro corazón, con estas letras, todo lo que él ha aportado a nuestro Mo­vimiento durante sus seis años de servicio. ¡Cuántas situaciones deli­cadas, cuántos problemas difíciles nos ha permitido resolver'. ¡A cuán­tas parejas ha ayudado con sus con­sejos, con su escucha, con sus pala­bras! Detrás de su temperamento catalán, a veces seco, se esconde un hombre con un gran corazón, que en muchas circunstancias ha sabido aportar el toque amistoso, espiritual, justo y auténtico, así como una gran disponibilidad, para encontrar, du­rante estos años, a todos los hom­bres y mujeres a los que ha sido en­viado.

 

Padre Cristóbal, sabemos que per­manece fiel a los Equipos de Nuestra Señora, primero a sus equipos de base y luego a todos sus amigos del mun­do entero. GRACIAS POR TODO.

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Bienvenido, padre François Fleischmann

 

Bienvenido, padre François Fleischmann. Tendríamos que decir monseñor François Fleis­chmann, ya que sus responsabili­dades cerca del Papa en la Secre­taría de Estado le han llevado a ser nombrado, en 1997 por Juan Pablo II, capellán de su Santidad y prelado de honor.

Nacido en Estrasburgo, Fran­cia, en 1934, es titular de un doc­torado en Filosofía, de una licen­ciatura de Inglés, idioma que ha enseñado. Fue ordenado sacerdote en 1962 y ha tenido numerosas res­ponsabilidades entre los jóvenes o en las parroquias antes de llegar al Vaticano. Ha sido responsable de la sección francófona de la Secre­taría de Estado de Asuntos Gene­rales y esta responsabilidad le ha llevado a preparar los muchos via­jes del Papa a los países francó­fonos

En el transcurso de estos quin­ce años pasados en el Vaticano cer­ca del Santo Padre ha seguido los Asuntos Internacionales de la San­ta Sede. Su gran conocimiento de los problemas del mundo será para todos los miembros de los Equi­pos, a los que desde ahora se dedi­cará, una preciosa ayuda para la comprensión de todo lo que afecte al matrimonio y a la familia.

 

Sabemos que es un hombre pre­ciso, discreto y atento; su palabra es segura y su espiritualidad pro­funda. Contamos con su ayuda.

 

Padre Fleischmann, puede us­ted estar seguro de la oración de todos los matrimonios de los Equi­pos. ¡Gracias por haber aceptado este servicio y bienvenido!

 

Gérard y Nlarie-Christine de ROBERTY

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Anotad una cita con vosotros mismos!

 

Todos sabemos que los ENS son una ayuda para vivir la espiri­tualidad conyugal. Espiritualidad que, indudablemente, necesita de una base firme, como es la armo­nía y la comunicación entre la pa­reja, porque si esto falla, difícilmen­te tendremos una espiritualidad en­carnada en la propia vida, corrien­do el peligro de caer en un falso espiritualismo basado sólo en prác­ticas y normas cuyo cumplimiento es un tranquilizante para la concien­cia, pero no sirve para construir un nosotros con pleno sentido cris­tiano.

 

Uno de los medios o ayudas que el Movimiento nos recomienda para tener esta armonía conyugal, es la práctica de la sentada. Todos sabe­mos muy bien en que consiste y por eso nos cuesta tanto realizarla. No porque sea algo difícil o com­plicado, sino porque nos enfrenta a nosotros mismos y eso, a veces, es duro de practicar. Muchos pensa­mos que nuestro matrimonio es ar­mónico y con plena, o por lo me­nos, gran comunicación: «nosotros hablamos mucho y de todo», por eso creemos que la sentada es algo postizo y que no nos hace falta. Tal vez esto se dé realmente en mu­chas parejas y no necesiten ningu­na ayuda «forzada» en su caminar hacia la santidad y hacia la felici­dad. No obstante releyendo el libro del P. Caffarel: Un hombre cautivo de Dios, no hemos querido dejar de transmitir su pensamiento sobre la sentada, porque tal vez su lectu­ra nos haga cambiar de opinión a muchos de nosotros.

 

Para evitar la rutina en el hogar; existe otro medio del que os quiero hablar más extensamente. Tomad la agen­da y, del mismo modo que anotáis un concierto o una visita a unos amigos, anotad una cita con vosotros mis­mas; quede entendido que esas dos o tres horas son «tabú»..., digamos sagradas:

¡es más cristiano! No admi­táis que un motivo que no os haría anular una cita en la ciudad o una cena en vuestra casa os haga faltar a esta cita con vosotros mismos. ¿ Cómo emplear estas horas? Ante todo, pensad que no te­néis prisa; ¡un día es un día! Abandonad la orilla y aden­traos en el mar; hay que cam­biar de ambiente, a cualquier precio y olvidar las preocupa­ciones. Leed juntos un frag­mente escogido de un libro preparado para esta hora pri­vilegiada.

 

Después -o ante todo- rezad un rato. A ser posible, que uno de vosotros diga en alta voz una oración perso­nal y espontánea; esta forma de oración  sin despreciar las demás  acerca milagro­samente los corazones. Ya en la paz del Señor; comunicaos mutuamente esos pensamien­tos, esos agravios, esas con­fidencias que ni es fácil ni a menudo deseable hacer du­rante las jornadas atareadas y ruidosas y que, no obstan­te, sería peligroso guardar en el secreto del corazón, ya que, como sabéis perfecta­mente, existen «silencios enemigos del amor». Pero no os detengáis ni en vosotros mis­mos ni en vuestras actuales

preocupaciones; remontaos a las fuentes de vuestro amor; reconsiderad el ideal vislum­brado cuando, con paso ale­gre, iniciabais el camino. Re­novad vuestro fervor «Hay que tener fe en lo que se hace y hacerlo con entusiasmo». Después, volved al momento actual, comparad el ideal con la realidad, haced el examen de conciencia del hogar -no digo el examen de concien­cia personal-, tomad reso­luciones prácticas y oportu­nas para curar; consolidad, rejuvenecer; ventilar; abrir el hogar Dad lucidez y sinceri­dad a este examen; remon­taos a las causas del mal que habéis diagnosticado.

 

¿Por qué no dedicar tam­bién algunos instantes para meditar sobre cada uno de vuestros hijos, pidiendo al Se­ñor que, de acuerdo con su promesa, «ponga un ojo en vuestro corazón» para verlos y amarlos como Él, y guiar­los así según sus designios?

Finalmente, y sobre todo, analizad si Dios es el prime­ro en vuestra casa

Es muy importante escri­bir un resumen de lo que se ha descubierto, estudiado, de­cidido durante la cita, pero lo puede hacer uno sólo y leerlo juntos la vez siguiente. Lo que os acabo de decir no es más que un medio para conservar joven y fuerte vuestro amor y vuestro hogar; seguramente existen otros muchos. Pero és­te, adoptado por muchos es­posos que conozco ya ha de­mostrado su eficacia.

 

Amparo y Carlos Gómez-Senent

Responsables del Equipo Súper-Regional

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Gailcia

 

Estamos en tiempo de cambios, de dejar o de aceptar cargos y responsabilidades; tiempo que nos lleva a retroceder seis años y a encontrarnos invitados para asumir la responsabilidad de nuestro Sector.

 

Dijimos sí con miedo, pero con ilusión, un poco confundidos pero ilusionados, titubeantes pero decidi­dos a dar lo mejor de nosotros a un movimiento del que tanto habíamos recibido.

 

Y ahí comenzó nuestra andadu­ra, arropados de una manera espe­cial por un grupo de personas que en equipo repartíamos responsabilida­des, en equipo apoyamos iniciativas y en equipo nos transmitimos alien­to y fuerza.

 

Tres años en los que el tiempo se volvió servicio, el cansancio ofren­da y la desgana algunas veces ora­ción. Nunca nos sentimos solos y SU PRESENCIA la fuimos percibiendo en cada uno de los miembros de ENS, a los que nos acercábamos para compartir sus preocupaciones con las nuestras.

 

Este tiempo se pasó como un soplo y cuando ya nos creíamos li­berados, otra nueva responsabilidad se nos ofrece, ahora de la región, y de nuevo, después de esta primera experiencia gratificante, decimos sí, confiados en que el Señor pondría a nuestro lado a quien nos ayudara a caminar.

 

Y efectivamente, surgió un nue­vo equipo de trabajo, compuesto por todos los responsables de Sector de nuestra región, unidos como una piña, ilusionados por potenciar, am­pliar y renovar, entre todos, los equi­pos de matrimonios de nuestra Galicia-meiga; resultando que aque­llos a quienes en teoría tendríamos que animar, se convirtieron en nues­tros mejores animadores, con un es­píritu de trabajo encomiable.

 

Al comienzo de cada curso, en todo un día de reflexión, presidido por una Eucaristía, analizamos la realidad de cada uno de los sectores, discutimos y proponemos objetivos, comunes algunas veces o particula­res y muy especificas otras, según las circunstancias y el momento lo requiera.

 

Con ánimo renovado, llenos del Espíritu, intentamos transmitir a cada uno de los sectores lo descubierto y volver a juntarnos pasados tres me­ses con el mismo esquema de re­unión, revisando la marcha de lo programado, corrigiéndolo si fuera necesario y mejorándolo dentro de lo posible, para a final de curso, de nuevo ante el Señor, evaluar los lo­gros conseguidos y no conseguidos, pues de todo se aprende, para pensar ya en un nuevo curso y en nuevos objetivos, con nuevas fuerzas y nue­vas ilusiones, siempre poniendo todo nuestro cariño en lo que hacemos, pensando en lo que dice M. Iceta:

«nuestra contribución valdrá lo que valga nuestra ofrendo personal, in­dependientemente de la magnitud de lo conseguido». Lo más importante es el amor que pongamos y éste ha sido total.

 

Entregados con ilusión y con ale­gría, convencidos de que esa es la voluntad del Señor sobre nosotros en este momento: ayudemos a que nue­vas parejas, emprendiendo un nuevo camino, descubran, como nosotros, que el seguimiento de Jesús es ca­mino de felicidad y de santidad.

 

María Luisa y Queno

Responsables de Galicia

NOTA DEL WEBMASTER:  El artículo continúa con fotos y mapas de cada sector de la región así como una breve reseña por sector realizada por los responsables. No se ha incluido aquí por la dificultad de su reproducción desde el original.

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Reunión del Equipo Súper-Regional

 

En los pasados días, del 25 al 28 de mayo, se celebró la reunión del Equipo Súper-Regional, en un clima de amistad, participación y ora­ción que favorecen el encuentro de unas parejas que se reúnen para ser­vir de cauce y motivación para to­dos los Equipos de nuestra Súper-Región.

 

Queremos destacar la emoción nos embargó a todos ante el relevo de dos parejas de responsables que nos han acompañado durante los úl­timos cuatro años. Loli y Antonio Ruiz, de la Región Noroeste, deja­ban su servicio y cedían el testigo a Mª Teresa y Perfecto Cortizo, de Ponferrada, y Mª Teresa y José Án­tonio Pérez, del Camino de la Re­gión Centro, eran sustituidos por Carmen y Carlos Martínez. Supone­mos que os podréis imaginar la emo­ción de todos los allí presentes, pues cuatro años de oración en común, ayuda mutua y compartir experien­cias, dejan una huella imborrable en nuestros corazones.

 

Agradecemos a los que han de­jado su presencia activa en el Equi­po Súper-Regional, el trabajo y la dedicación de estos años, y a los re­cién incorporados su disponibilidad en la aceptación de este servicio a los Equipos de Nuestra Señora.

 

Después de la habitual sesión de formación y reflexión sobre la situa­ción actual de la evangelización y las actitudes del cristiano ante la misma, con que dedicamos la maña­na del sábado, se trataron los temas del orden del día y se adoptaron los siguientes acuerdos:

 

1.            Estudiar la viabilidad de orga­nizar unas Jornadas para res­ponsables de Equipo para toda la Súper-Región en el último trimestre del año 2002. En pró­ximas reuniones se irán perfi­lando los detalles, tales como lugar, fecha exacta, conteni­dos, costes, etc.

 

2.         Ayudar a los ENS Jóvenes a su reimplantación en las dife­rentes regiones. El Equipo res­ponsable de este colectivo nos explicó en esta reunión su de­seo de que los mayores les

ayudemos en esta tarea, res­petando su autonomía y liber­tad, pero coordinados con los distintos Equipos regionales. Por tanto, os animamos a ha­cer tareas de difusión entre los jóvenes sobre este Movimien­to que tiene nuestras mismas características y métodos.

3.         Prestar una atención especial a los actos comunes que se or­ganizan en los sectores y regiones, procurando cuidar la convocatoria, el desarrollo de los mismos, 105 contenidos, la animación, la formación, las experiencias del compartir, los momentos lúdicos, así como revisar y actualizar su número y su estructura. Estos actos tie­nen como objetivo, entre otros, animar y sentir que pertenecemos a una comunidad mayor que el propio Equipo.

4.         Como consecuencia de las Jor­nadas para responsables de pi­lotaje, que se celebraron una semana antes, se vio la necesi­dad de intentar aunar criterios con respecto a la estructura y organización de las escuelas de pilotos y los Equipos de infor­mación y pilotaje.

5.            Fomentar en todas las regiones el desarrollo de talleres de co­municación, debido, sobre todo, a la falta de diálogo existente en muchas parejas. Algunas re­giones ya los han iniciado, con resultados muy satisfactorios.

 

Por último, se programaron las Jornadas de apertura de curso para responsables de Sector del próximo mes de septiembre.

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¿Qué hacemos con la palabra de Dios?

 

Una de las características de Cristo fue hablar con clari­dad y si un día afirmó que cuando los ojos están enfermos, todo el hombre está a oscuras (Mt 6,22), ahora nos dice que cuando nues­tro corazón se hace duro como los suelos pedregosos, la semilla en ellos sembrada no prosperará en su crecimiento. Conviene leer el texto completo de la parábola y la explicación que Jesús hace de ella (Mc 4,2-20).

 

Los análisis de la Biblia nos hablarán de lo exacto de la pará­bola en referencia a los suelos palestinos: áridos, sembrados de piedras en los bordes, atravesados por caminos trillados y endureci­dos, llenos de malezas, etc. Los sociólogos luego, nos dirán quiénes son los hombres-pedregosos, los hombres-camino, los hombres-zarzales, los hombres-buena tie­rra, etc.; pero la parábola nos con­cierne a todos, porque en ella lo que se pretende es resaltar los di­versos resultados que se siguen tras el encuentro de la palabra de Dios con cada uno. ¿Cuál es nues­tra respuesta real a la palabra de Dios que se nos está sembrando? Dadas mis contradicciones inter­nas, ¿en dónde me pongo? ¿Qué clase de suelo soy? ¿Qué estamos haciendo cada uno con la palabra de Dios? Esa es la problemática que sugiere esta parábola.

NUESTRAS CONTRADICCIONES Y SUS ORÍGENES  

Del análisis de nuestra realidad concluimos que somos «múlti­ples», que nos encontramos un poco en todos los diversos suelos. Nos reconocemos «camino», terre­no endurecido por una fe reducida a rutina y a observancia de pre­ceptos trillados, donde la palabra de Dios cae pero rebota. Personas distraídas y ausentes porque el co­razón lo tememos en otra parte y la simiente nos resulta extraña.

Nos reconocemos «terreno no labrado»: una pequeña capa de tie­rra sobre un árido de piedras. Per­sonas capaces de quedar bien y de salvar las apariencias cristia­nas y poco más. Superficialidad, vanidad, inconstancia y volubili­dad. Tímidas tentativas pero sin llevar nada a cabo en resumidas cuentas. Personas sin raíces, inca­paces de asimilar y por ello, inca­paces también, de comprometerse. Personas, en fin, que tocan in­finidad de cosas, pero nunca ha­cen suyo nada en serio.

 

También nos podemos recono­cer en el «enredo de las zarzas»: terreno labrado quizás, pero don­de la simiente tiene que crecer en competencia con la zarza que le roba el alimento y le impide ver el sol, hasta terminar ahogándola en su crecimiento. Es ese barullo de los entorpecimientos, los com­promisos sociales, las cosas que convertimos en esenciales, las co­modidades de las que no quere­mos prescindir, los temores, etc. Esas son las zarzas que sofocan el desarrollo de la palabra de Dios dentro, después de haberla redu­cido a minoría en nuestro mundo interno tan confuso.

 

Finalmente, también podemos reconocernos en el «terreno fér­til», en aquel que puede multi­plicar el fruto de la palabra sem­brada. El sembrador no es que luego pretenda que el fruto sea el mismo en todos, lo que quiere es que nos esforcemos por ablan­dar la dureza, por desalojar las piedras que estorban y por arran­car los abrojos que impiden el crecimiento. Es decir, que evite­mos todo aquello que pueda neu­tralizar la capacidad de creci­miento de la simiente. Como «te­rreno» somos socios de Dios en su obra de creación y crecimien­to. La palabra, creadora de vida, nos pide poner algo de nuestra parte.

 

Por eso resultan extrañas nues­tras contradicciones y sobre ellas deberíamos pensar un poco. Por ejemplo: escuchamos la palabra de Dios en misa y saliendo de la igle­sia hacemos lo contrario; pensa­mos en grandes ideales y metas y luego hacemos cosas bien mezqui­nas; pretendemos grandes obras y a renglón seguido nos contenta­mos con los ridículos horizontes de siempre; nos abrimos con ilu­sión hacia la libertad interior, pero nos condicionamos cerrilmente a nuestras esclavitudes diarias, como la de la mediocridad, etc.

 

La respuesta no la podemos re­ducir a disculpar la diversidad de terrenos ineptos en nosotros, por razones marginales o eventuales que nos sobrevienen. Hay más bien que buscarlas entre nuestras actitudes de fondo, las actitudes a las que Jesús mismo hizo alusión al explicar la parábola: el influjo que tiene sobre nosotros el mal y el ambiente, nuestra superficiali­dad e inconstancia y la ambición y las ansias que nos suelen domi­nar (Mc 4,13-20).

LA PALABRA DE DIOS ES PRINCIPIO DE VIDA

 

Si abrimos la Biblia encontra­mos tres afirmaciones a propósito de la palabra de Dios. Se nos dice de ella que es creadora, que es salvadora y que es germen de vida. Que es creadora aparece desde el principio, produciendo el universo con su fuerza: «¡Hága­se!» (Gen 1). «Mediante ella se hizo todo y sin ella no se hizo nada de lo que hay hecho» (Jn 1).

Que es salvadora también nos lo recuerda el Evangelio de Juan: «la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y a los que la reci­ben, los hace capaces de ser hijos de Dios» (Jn 1). Que sea germen de vida es evidente, porque con­tiene en sí un principio capaz de hacer en nosotros verdaderas transformaciones. Por eso, hemos de secundar su fuerza, proporcio­nándole tierra apta para que el cre­cimiento sea real en nosotros. Nunca le opongamos resistencia y, mucho menos, la hagamos «in­ofensiva».

 

NO MANIPULAR LA PALABRA   

 

De todos los terrenos de la pa­rábola, quizás al que más nos pa­rezcamos sea al del zarzal: un te­rreno bueno, pero ocupado ya por nosotros mismos, por nuestros prejuicios, por nuestros esquemas habituales, por la lógica y el sen­tido común, por los temores, etc. La palabra allí queda ahogada y no crece. Quizás le tengamos algo de miedo por si nos lleva a mayo­res compromisos con la sociedad o con la Iglesia y terminamos re­duciéndola a nuestras cuadrículas de pensar o de ser, personales. En una palabra. la tratamos de adap­tar a lo nuestro de siempre, olvi­dados de que Jesús nos avisó que hemos de hacernos como niños si queremos entrar en el Reino. Ha­cerse como niños es creer sin re­servas y acoger con disponibili­dad, porque el niño está limpio todavía de prejuicios mentales y de hábitos adquiridos.

 

No es infrecuente que noso­tros en vez de prepararle el «hu­mus» necesario para el crecimien­to, acumulemos «ingredientes» para rebajaría, para hacerla más digerible, más adaptable a nues­tros modos personales. Luego, le añadimos el «suavizante» indis­pensable para hacerla inofensiva o inocua, para que no nos inquie­te dentro, ni nos moleste dema­siado, cuando precisamente la Biblia nos dice que la palabra de Dios es afilada, es luz y es fuego. Lo malo es que nosotros la embo­tamos para que no nos hiera, o la hacemos opaca para que no nos dañe la vista, o la enfriamos con el agua del sentido común o de la falsa prudencia. Eso es lo que quiere decir «hacer inofensiva la palabra de Dios». Pero la palabra, lo que tiene que hacerse, es vida en nosotros y ayudarnos a crecer más y más.

 

Cuando encontremos personas a quienes el Evangelio les resulta raro, tendríamos que preguntarnos: ¿no habremos contribuido noso­tros también a hacer raro el Evan­gelio? Quizás no hayamos sido capaces de ofrecer un testimonio evidente de que su práctica es posible, tanto personal como co­lectivamente. O quizás lo haya­mos envuelto en nubes tan místi­cas como hipócritas, o lo hemos reducido a una casuística moral minuciosa, identificándolo con un moralismo ya caduco. Nuestra obli­gación es aplicarlo a la vida des­de cualquier circunstancia, hasta habituarnos a vivirlo con natura­lidad.

 

¿Qué estamos haciendo con la palabra de Dios? ¿La mantenemos viva en el corazón, o la hemos hecho inocua en sus efectos? Juan termina su Evangelio diciéndonos que «esta palabra la ha escrito para que creamos y por esa fe tenga­mos vida» (Jn 20,31).

Joaquín Sangrán SJ

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La vida personal es vida inter-personal

INTRODUCCIÓN: CÓMO HACE LA PERSONA SU VIDA: CON LOS DEMÁS

 

 

En artículos anteriores mostramos que, a diferencia de las cosas, que una vez construidas, ya están fi­nalizadas, las personas tenemos que estar continuamente haciendo nues­tra vida. Nuestra vida no nos viene hecha sino que es una tarea por ha­cer. ¿Quién tiene que hacer nuestra vida? Parece que la respuesta más razonable es decir que nosotros mis­mos. Cada persona está llamada a ser su propia autora.

 

Pero para hacer su vida, aunque estemos frente a todo lo real, la per­sona no es autosuficiente; debe ser autónoma, pero necesita apoyarse en las cosas y, sobre todo, en las per­sonas.

 

Pero no es que simplemente los necesite: es que la persona está constitutivamente abierta a los de­más y a las cosas. La persona es un ser-con otras personas. En su misma naturaleza está ser abierto a otros. No es sólo por necesidad sino que su propia realidad es una realidad abierta. El ser humano es comunión en su propia estructura.

 

¿A qué está abierta la persona?: a sí misma, a la realidad sensible, a los demás y a la trascendencia. Aquí vamos a fijarnos, sobre todo, en la apertura a las demás personas. Y lo que descubrimos es que la orienta­ción y relación con los demás, pue­de ser de dos tipos:

 

 

 

Distinguiremos así relaciones impersonales y sociales de las relaciones personales y comunitarias.

 

a)         Las primeras le transmiten, de un modo objetivo, y a través de la socialización y la educa­ción, la tradición cultural y una visión de la realidad (cosmo­visión).

 

b)         Pero en el segundo caso hay una vinculación concreta a per­sonas. Los otros presentes en la vida de la persona en sus albores le proporcionan recur­sos, le educan, le enseñan. Más adelante los otros también son ayuda, educación, acompa­ñamiento, de modo relevante en la familia y la amistad, como nosotros de los que se escinde el yo y el tú. En definitiva, las personas significativas que te­jen el entramado de cada vida son elementos indispensables en la realización personal. La vida personal está más allá de los límites de lo meramente in­dividual.

 

1.            «TODA VIDA VERDADERA ES ENCUENTRO» (BUBER: Yo y TÚ)

Decíamos que relaciones perso­nales son las que establece la perso­na cuando trata a los demás como personas. En este sentido, la primera forma de relación, la relación bási­ca, es la que se establece entre un yo y un tú.

La persona no se puede realizar como tal si no es abriéndose a las demás personas. Los demás nos en­señan a ser persona. Por eso, sólo desde un ciego individualismo, se puede decir que «el infierno es el otro» (Jean Paul Sartre). La verdad es que sólo gracias al otro yo puedo ser yo.

 

«Las otras personas no limitan a la persona, la hacen ser y desarro­llarse. Ella no existe sino hacia los otros, no se conoce sino por los otros, no se encuentra sino en los otros. La experiencia primitiva de la persona es la experiencia de la segunda per­sona. El tú, y en él el nosotros, pre­ceden al yo» (Emmanuel Mounier: El personalismo. Sigueme, Salamanca 1990, p. 475).

 

Así las cosas, podemos afirmar que la relación personal más intensa y auténtica entre dos personas es la de encuentro.

 

Un encuentro, en el sentido con­creto y preciso que aquí queremos dar al término, consiste en una ex­periencia personal radical en la que dos personas se hacen mutua­mente presentes de modo signifi­cativo, dándose y acogiéndose mu­tuamente, y estableciéndose entre las dos una comunicación fecun­da. Cada uno de los dos crece como persona gracias a la otra.

 

En el Encuentro, cada una de las personas quiere que la otra lle­gue a ser quien está llamada a ser, ofreciéndole cada uno al otro su ri­queza personal, sus cualidades, su tiempo, su ser. Cada uno de los dos apoya, posibilita e impulsa al otro para crecer como persona. Por el encuentro, un «yo» y un «tú» se con­vierten en un «nosotros».

 

Ahora bien, la convivencia o re­lación entre dos personas, el hecho de encontrarse dos personas, presen­ta varias formas, no todas igualmen­te personalizantes y constructivas. Dependen de cómo se considere al «tú», de cómo se tome al otro con el que me encuentro:

 

Formas de considerar al «tú»:

 

1.         Como cosa, como medio o ins­trumento para mis fines

 

2.         Como socio, colaborando con él en función de una necesi­dad mutua pero tratándolo de modo impersonal, sin impor­tarme él como persona

 

3.         Como persona, como fin en sí, como alguien al que acojo y al que me doy para que sea quien está llamado a ser.

 

« Yo trato al prójimo como un ob­jeto cuando lo trato como a un au­sente, como a un repertorio de infor­maciones para mi uso, o como un instrumento a mi disposición; cuando lo catalogo sin apelación» (Emmanuel Mounier: El personalismo. Sígueme, Salamanca 1990, p. 477).

 

2. TIPOS DE RELACIÓN INTER-­PERSONAL

 

Dependiendo de qué actitud se tome uno respecto del otro en las relaciones personales, se podría ha­blar de varios modelos de relación. Todos nosotros podemos, de hecho, llegar a tener con unos o con otros todos los siguientes modos de rela­ción con los que nos rodean (fami­lia, amigos, compañeros), o incluso con una misma persona tener varios de estas actitudes:

 

a)            Utilización mutua (gráfico 1).

Relación en la que los dos pre­tenden, ante todo, recibir, y toman al otro como instrumen­to para sus necesidades. Se reduce al otro a mero útil para los propios intereses o se re­duce a su función, a su rol, etiquetándolo.

 

b)            Relación parasitaria (gráfico 2) en la que uno pretende reci­bir siempre y nunca dar mien­tras que el otro está siempre en actitud de donación.

 

c)            Relación personal (gráfico 3) en la que los dos tienen la actitud de salir de sí, ponerse en el punto de vista del otro y tomarse mutuamente sobre sí de modo estable y fiel. Elabo­ran y viven conjuntamente un proyecto de vida en común.

 

Veamos esto gráficamente:

 

NOTA DEL WEBMASTER: Los gráficos no se reproducen

 

Sólo este tercer tipo de relación es la que hace crecer a las personas y permite que desarrollen su dimen­sión comunitaria. Por eso, el punto de partida de toda vida comunitaria es la acogida y la donación al otro, es decir, el amor:

 

El nuevo pensamiento no comien­za con el pensamiento a secas, por el cartesiano «pienso, luego existo», sino por el amor ergo sum («soy amado, luego existo»), y por ello una doble razón. primero, porque en el princi­pio tampoco fue el «yo» aislado, ro­binsoniano, sin relación; y, después, porque en el principio tampoco fue el famoso «pienso», sino la inteligencia sentiste originaria, una de cuyas fun­ciones es el pensar. Un Descartes que afirma que yo sólo soy yo, yo sin ti; un Descartes que duda de la vida y de los sentidos, un Descartes así ha de ser descartado» (Carlos Diaz Hernán­dez: Soy amado, luego existo. Volu­men 1: Yo y Tú, Pp. 103-104).

 

Xosé Manuel Domínguez Prieto

Doctor en Filosofía. Miembro del Instituto Emmanuel Maunier

Equipo Ourense-15

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REFLEXIONES SOBRE LOS DOCUMENTOS BASE

 

Propuestas concretas del Segundo Aliento

 

E1 Segundo Aliento concretaba la misión de los Equipos dando in­cluso pistas de acción precisas en el ámbito de la Pastoral Familiar. Se ha­blaba de trabajar con Equipos jóve­nes, de preparar a los novios al matri­monio, de caminar con parejas jóve­nes casadas no integradas en los ENS y de crear estructuras paralelas para ayudar a las parejas en dificultad, a los divorciados vueltos a casar, a los jóvenes que cohabitan.

 

¿Qué se ha hecho de todo ello? Creemos que las dos primeras propues­tas son algo que los miembros de los Equipos tienen totalmente asumido. Muchos han colaborado y colaboran con Equipos de jóvenes en parroquias y colegios con motivo de la cateque­sis de confirmación o con el Movi­miento Equipos de Nuestra Señora de Jóvenes o Fraternidades Marianistas. Otros muchos, y desde hace ya mucho tiempo, colaboran en los cursillos prematrimoniales.

 

Ya es más difícil encontrar gente que acepte acompañar a parejas jóve­nes que no quieren integrarse en un Movimiento, pero que buscan algo en el terreno de la fe y en el marco de lo conyugal. Quizás los Equipos han en­contrado una manera indirecta de ayu­dar a esas parejas, al elaborar un pilo­taje diferente en el que el primer año se centra en una catequesis de inicia­ción vital en los fundamentos de la fe, enfocada a la pareja y desde la pareja. Saben que así van al encuentro de la nueva situación de falta de formación de tantas parejas jóvenes y que les inician de modo paulatino en la espi­ritualidad conyugal.

 

Pero siendo algo estupendo, que­da sin embargo un hueco por lle­nar y es el de las parejas que no están casadas sacramentalmente pero que tienen un proyecto de fi­delidad, de duración, de entrega para su vida en común y que tam­bién necesitarían ayuda. ¿No podría­mos inventar algún tipo de acompa­ñamiento diferente que simplemente enseñe una metodología conyugal y abra las puertas a la trascendencia?

 

Mucho más difícil es encontrar algún modo de ayudar a los divorcia­dos vueltos a casar que son cristianos por educación y convencimiento y sin­ceramente sienten que esta segunda oportunidad es la verdadera y se due­len de tener que arrastrar un error, un abandono, un fracaso para toda la vida. Aquí la Iglesia tiene la última palabra. Quizás la misión de los miembros de los ENS sería recordárselo a sus pas­tores en todo momento y colaborar con las iniciativas que surjan.

 

En cuanto a los jóvenes que co­habitan, es difícil que quieran agru­parse como tales, pero sí quizás inte­grarse en los grupos formados por parejas unidas por el matrimonio ci­vil, para ir descubriendo que el amor no es sólo sentimiento sino algo que se construye día a día con creatividad y constancia.

 

Queda tanto por hacer... El tiem­po es tan corto... Se nos ha dado tan­to... Si aprendiéramos a mirar con compasión y con entusiasmo ya nos habríamos comprometido en alguno de estos campos. ¿A qué esperamos?

 

Álvaro y Mercedes Gómez-Ferrer

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RELACIONES DE PAREJA

 

Signos sexuales

La vida la sociedad que nos ro­dea esta llena de signos más o menos convencionales.

 

El matrimonio tiene, y los espo­sos tenemos, toda una serie de sig­nos, además de propios, intransfe­ribles. A través de ellos, «tu y yo», marido y mujer, nos entendemos, nos comprendemos y nos compenetramos; en definitiva con la mediación de «nuestros signos», nos queremos y nos amamos.

 

Este lenguaje de los signos, nos permite comunicarnos y expresarnos hasta alcanzar su total plenitud, don­de las palabras enmudecen y no son capaces de manifestar toda la fuerza contenida en la íntima relación con­yugal.

 

El mismo sacramento del matri­monio adquiere su máxima expresión con la entrega, libre y desinteresada, de cuerpo y alma de los esposos, con­virtiendo esta donación en el signo específico e identificativo de éstos, marido y mujer. Y queremos resaltar el aspecto de la entrega, ya corporal, pero sobre todo espiritual. Este matiz es el que nos debe marcar a los espo­sos cristianos, pues si aspiramos a los carismas superiores, es con la fusión, además de los cuerpos, de nuestros espíritus, cuando adquiere el sentido sacramental de la vocación conyugal.

 

En este marco, nos atrevemos a proponeros a experimentar tras el clí­max conyugal, aún con los cuerpos exhaustos y con la respiración entre­cortada, el ofreceros al Señor en un momento de íntima oración. Todavía más, reconvirtamos el signo vital de la relación conyugal en una honda oración a Dios.

 

Queremos reivindicar, que utiliza­mos la expresión relación conyugal, en lugar de relación sexual, porque entendemos que la primera engloba la segunda y no al contrario. La rela­ción conyugal globaliza la vida de la pareja, de los esposos, en definitiva del matrimonio. Y es dentro de éste, en donde aparecen diferentes signos de marcado sentido sexual y que con­forman y dotan al matrimonio de he­rramientas a su servicio. Así, y en este contexto, de los signos sexuales, como lenguaje que es, hay que saber acep­tar su transcendencia, con su validez en un momento dado, y su intrans­cendencia en otras etapas de la vida.

 

El matrimonio, no lo olvidemos, es un proyecto de vida inacabado al que hay que hay que ir adaptándolo a las cambiantes situaciones que la vida conyugal nos va deparando con el transcurso de los años. Concretamen­te, la vida de la pareja recién casada es diferente a la de un matrimonio que ya lleva diez o quince años de casada, o el que va a celebrar las bo­das de plata, y qué decir de las de oro. Es diferente el que no tiene niños, que el matrimonio que está vien­do crecer a sus hijos, o el que vive la llegada de los nietos.

 

Sin embargo, en cada uno de los diferentes estados matrimoniales se viven unos signos sexuales condicio­nados a la relación conyugal que en cada momento se vive y que cada pa­reja debe de ser capaz de adaptar al tiempo y a su situación.

 

Los signos sexuales adquieren la fuerza, la madurez y la serenidad que los esposos, atendiendo al momento que viven, quieran darle.

 

Ahora bien, para que los signos tengan plena validez debe haber un emisor y un receptor y que ambos es­tén en la misma onda; la armonía sexual tan sólo se adquiere con pa­ciencia, diálogo y mucho, muchísi­mo amor.

 

Es todo un aprendizaje, un proce­so. Es..., el matrimonio.

 

luma y Guillermo

V-109

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EL SER HUMANO A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS

El mundo de los humanos

E n los primeros capítulos del li­bro del Génesis, a los que esta­mos dedicando este curso las re­flexiones de la Carta, hay dos as­pectos en los que vamos a centrar nuestro escrito: primero, que la creación, en cuanto querida por Dios y salida de sus manos, es algo bue­no, y, segundo, que el dominio de los humanos sobre el resto de la crea­ción debe hacerse de acuerdo con su condición de plenipotenciarios de Dios. Pasemos, pues, a desarrollar estos dos puntos.

 

 

1.  LA BONDAD DE LA CREACIÓN Y DE LAS COSAS CREADAS

 

El mundo, este mundo, es el lu­gar donde se desarrolla necesaria­mente nuestra existencia. Para expre­sar esta necesaria referencia de los seres humanos al mundo, algunos pensadores han dicho que «somos seres en el mundo». Y cuando ha­blamos de «mundo» entendemos por tal todo aquello que no se confunde con nosotros mismos; es decir, «mundo» es la realidad que nos ro­dea y que constituye el medio don-

de transcurre y se realiza nuestra existencia.

 

Pues bien, en ese mundo, que es nuestro medio necesario, hay aspec­tos claramente negativos; tan ne­gativos, que desde la más remota an­tigüedad han hecho surgir la tenta­ción de establecer una distinción radical, una distancia total entre los humanos y el mundo: este últi­mo sería radicalmente malo y, por esa maldad suya, culpable de todos los males que amenazan la vida de los humanos. El mundo, con todos sus componentes, seria en definitiva obra casual y no querida por Dios, o, en el peor de los casos, incluso un producto de divinidades igualmente marcadas por el mal.

 

A estas concepciones hace frente la Sagrada Escritura, ante todo con las palabras que abren el relato creacional y, con él, toda la Biblia: «al principio -se afirma- creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1); es decir, todas las cosas, que este es el sentido de la expresión «el cielo y la tierra», fueron creadas igualmente por el Dios cuya bondad afirma el autor sagrado sin ningún tipo de dudas. Y fueron creadas, no por ca­sualidad ni por obligación externa alguna, pues antes de la creación no había nada: sólo Dios (cf. Gn 1, 2); Dios lo creó todo libremente por­que él quiso. Es lo que afirma el tex­to sagrado cuando presenta a Dios insistentemente «diciendo» cada una de las cosas que iban siendo crea­das, llamándolas a la existencia: «Y dijo Dios: 'que exista la luz..."; y dijo Dios...; y dijo Dios.» Ahora bien, la expresión más acabada de la bondad de la creación la representa, sin lugar a dudas, otra frase que tam­bién se repite varias veces, en este caso en el segundo momento de la descripción de la obra creadora: «Y vio Dios que era bueno» (cf. Gn 1, 10.13.18.22.25). La enseñanza del autor sagrado es clara y, como se ve, altamente optimista: nada de lo creado es malo, defectuoso, todo, absolutamente todo lo que configura este mundo nuestro, en el que trans­curre la existencia de los humanos, es bueno, porque es obra de Dios, fruto de su acción creadora, produc­to de su palabra omnipotente. El poder divino no se ha visto limitado por ninguna potencia adversa; por la acción de Dios y por su aproba­ción, toda la creación y cuanto con­tiene es buena y bella, armoniosa y no confusa.

 

2.         EL DOMINIO DE LOS HUMA­NOS SOBRE LA CREACIÓN

 

En uno de los artículos publica­do en los números últimos de la Carta ya apuntábamos la claridad con que la Biblia establece el papel singular de los seres humanos en el conjunto de la creación: ellos, y sólo ellos, fueron creados «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1, 26-27); ellos, es decir, el hombre y la mujer, creada tras él como complemento indispensable de su «humanidad», salen de la mano creadora de Dios, que pone al servicio de ellos el resto de su obra creadora (Gn 1, 26.28). En esa misma línea se orienta la rú­brica que cierra la parte del relato dedicado a la creación del hombre y la mujer; sólo entonces, cuando los ha creado a ellos, alcanza la obra creadora su máximo grado de bon­dad: el día sexto, pasadas la tarde y la mañana correspondientes, vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno (Gn 1, 31).

 

Es fácil imaginar que con esta constatación final, rúbrica de todo el relato, el autor sagrado se opone directamente a cualquier concep­ción negativa sobre el ser humano que viera en él un esclavo servil de los dioses, producto, también él, de luchas y caprichos de divinidades imaginadas, según modelos demasiado humanos. Dios, el Dios bueno, quiso crear también a los seres humanos, a quienes, lejos de cons­tituirlos en esclavos de caprichos divinos, los hizo de algún modo representantes suyos en la tierra, encargados de la creación, memoria permanente del único Señor de todo, plenipotenciarios de Dios en la creación.

 

Bien entendido: todo ello han de serlo al modo de su Señor, como imagen y semejanza suya. Es decir, el sometimiento de la tierra y el do­minio del mundo animal (Gn 1, 26.28; cf. 2, 8-9 y 18-20) no signifi­can en modo alguno sometimiento y dominio caprichosos por parte de los

humanos. Del ejercicio concreto de su papel frente al resto de la crea­ción depende que la obra de Dios se vea completada; ese es precisa­mente el sumo derecho y la gran responsabilidad de los humanos.

 

Lo cual significa, en concreto, que aquel sometimiento y aquel dominio deben ser responsables, es decir, de­ben ejercerse desde la autoconciencia sobre la propia condición de imagen y semejanza creadas del Dios increa­do; desde la conciencia de que aquel derecho y aquella responsabilidad no son autónomos, sino participados y, por ello, deben ejercerse en referencia continua al Dios Crea­dor de todo.

 

En olvidar esta referencia a Dios, en querer ocupar el lugar de Dios, ser ellos mismos «dios» («ser como dioses», dice el texto sagrado en Un 3, 5), consiste precisamente el pecado de los humanos, cuyas consecuencias alcanzan también a esta relación suya con el mundo. El libro del Génesis considera esas con­secuencias principalmente desde la perspectiva de la creación y como rebelión de ésta contra «su señor» natural, que es el ser humano: «el suelo brotará para ti -dice Dios-cardos y espinas» (Un 3, 18); es de­cir, se resistirá a tu dominio hasta el punto de que tendrás que «comer el pan con el sudor de tu frente» (Un 3, 19). Pero, tampoco olvida el primer libro de la Biblia la culpa que tie­nen los humanos en este estado de cosas: «porque... comiste del árbol prohibido (= quisiste ser como dios), maldito el suelo por tu culpa» (Un 3, 17). Pensando seguramente en es­tas palabras del Génesis, san Pablo hablará en la Carta a los Romanos más claramente del sometimiento de toda la creación como consecuencia del pecado de los humanos; a dicho sometimiento se refiere, no sin dra­matismo, en los siguientes términos: "la creación fue sometida a la frus­tración..." y nosotros sabemos que «hasta ahora está gimiendo con dolo­res de parto» (Rom 8, 20.22).

 

Así pues, según la Sagrada Es­critura, la creación entera está vin­culada estrechamente a los humanos, pues Dios quiso que aquella fuera el medio en que se desarrollara la exis­tencia de estos últimos y, además, que los humanos ejercieran un papel especial, que podemos definir como poder o dominio. Lo que le pase a los humanos afecta a la creación; le afecta sobre todo un ejercicio caprichoso y egoísta de nuestro papel singular en la creación; y ello ocurre cuando olvidamos que no somos dueños, sino administrado­res de la obra creada; que no so­mos «reyes», «señores» de la crea­ción, sino representantes del único Señor de todo. Recordar estas ense­ñanzas de la palabra de Dios, que fundan sin duda una ecología cris­tiana, puede resultar muy saludable para los creyentes, que a veces nos quedamos sin palabras ante el discur­so tan actual sobre la ecología. O

 

Juan M. Díaz Ródelas

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LIBROS RECOMENDADOS

 

Aquí estamos un año más con una propuesta de libros para que os acompañen en las vacaciones que ya se aproximan.

 

La oferta editorial es tan amplia que hace muy difícil su selec­ción, pero esperamos haber estado acertado y que nuestras reco­mendaciones os hagan disfrutar con su lectura.

 

 

DE FORMACIÓN

 

-           Enrique COLOM y Ángel RO­DRÍGUEZ LUÑO

Elegidos para ser santos. Editorial Palabra. 2001.

 

En la última mitad del siglo xx y, sobre todo, después del Concilio Vaticano II, el modelo de una moral basada fundamentalmente en normas y obligaciones ha quedado totalmen­te obsoleta. Los autores de este li­bro, ambos profesores de Teología, dan un paso importante en el cami­no hacia una formulación moderna del proyecto moral cristiano. Anali­zan los conceptos esenciales de la antropología moral: virtud y dones, libertad y gracia, sentimientos y pa­siones.

 

Desde la perspectiva de que to­dos los hombres hemos sido llama­dos a la santidad, su obra estudia el camino que lleva a la identificación con Cristo.

 

-           C.H. DOOD

Las Parábolas del reino. Edito­rial Cristiandad. 2001.

 

Se trata de un libro fundamental como introducción y profundización en el misterio de la fe. Es una aproxi­mación nueva a las parábolas evan­gélicas para encontrar en ellas su sentido originario, tal como las comprendieron e interpretaron los que fueron testigos presenciales de su predicación.

 

-           Scott y Kimberley HAHN

Roma dulce hogar (2.a edición).

Editorial Rialp. 2000.

 

Es la historia real de un matri­monio norteamericano que relata su aceptación de la voluntad divina, su camino en busca de la verdad y su alegría al ser recibidos en el seno de la Iglesia Católica.

 

El testimonio de su conversión al catolicismo a partir de una forma­ción presbiteriana puede ser, en de­finitiva, una invitación a cómo vivir más plenamente nuestra fe y cómo ser capaces de compartirla con los demás.

 

-           Jean MOUROUX

El sentido cristiano del hom­bre. Editorial Palabra. 2000.

 

Con un estilo a la vez atractivo y elegante, el autor (1901-1973) plantea cuestiones fundamentales de la antropología cristiana, tales como las nociones de persona, amor y liber­tad, logrando resolver el difícil equi­librio entre las perspectivas filosófi­ca y teológica del ser humano. De­muestra cómo solamente desde una visión cristiana del hombre es posi­ble comprender en profundidad su auténtica dimensión ante el mundo de los valores temporales y a la vez su apertura a la trascendencia. Mou­roux, inspirado en la lectura de San­to Tomás y autores modernos como Newman, ha ejercido, desde su par­ticular perspectiva personalista, una notable influencia en el ámbito de la teología de la fe.

 

BIOGRAFIAS Y NARRATIVA

 

-           Camilo José CELA

La rosa. Editorial Espasa. 2001.

 

No hace falta presentar al fla­mante Premio Nóbel autor de este libro. Pero si conviene advertir que en esta obra que relata su infancia en Galicia, encontramos a un Cela posiblemente más íntimo, sencillo y poético que en casi todo el resto de su producción literaria. En reali­dad este libro fue publicado por pri­mera vez en 1959 y se trata de la primera parte de lo que iban a ser sus memorias, proyecto que nunca concluyó, pues su obra Memorias, entendimientos y voluntades, publi­cada años después, no tiene nada que ver con esta que ahora nos ocu­pa. En aquel momento supuso la incursión en un género que, contra­riamente a lo que ocurre hoy en día, no era muy frecuente, pues no pare­cía correcto airear la propia intimi­dad, literariamente hablando.

 

-           René LEJEUNE

Robert Schuman. Padre de Europa (1886-1963). Editorial Palabra. 2001.

 

Esta es la biografía de uno de aquellos políticos, muchos de ellos cristianos, que al final de la II Guerra Mundial se encontraron con la nece­sidad de construir un nuevo orden internacional para que no pudiera volver a repetirse una experiencia tan triste como la que acababan de sobre­vivir. Se trataba de lograr un panora­ma político, tanto a nivel nacional como europeo que, fomentando el respeto y la colaboración, fuera ca­paz de integrar a las distintas nacio­nes en un proyecto de futuro común.

En esta biografía se muestra la figura de un hombre que supo con­jugar sus ideales personales con las exigencias políticas y tiene, además de un interés histórico y documen­tal, el valor de proponer a la socie­dad actual un modelo de hombre político comprometido.

 

-           Joan E MIRA

Los Borja. Familia y mito. Edi­tonal Bromera. 2000.

 

En el pasado año 2000 se ha ce­lebrado el V centenario del año Jubi­lar del Papa Alejandro VI. Con este motivo, el autor (1939), escritor y profesor de griego y cultura clásica

en la Universidad Jaume I de Caste­llón, y que ya había escrito con ante­rioridad una novela titulada Borja, Papa, publica esta obra. En ella pre­tende desmitificar la leyenda negra que se desarrolló en torno a esta fa­milia valenciana que triunfó en Roma, donde se italianizó su apellido por Borgia, y que en el transcurso de ape­nas 50 años dio dos papas, una doce­na larga de cardenales y otras ilustres y famosas figuras dentro de esa fasci­nante revolución histórica que fue el Renacimiento Italiano.

 

Se trata de un magnífico relato histórico, defendiendo la tesis de que no se trata de que la vida de Alejan­dro VI y otros Borgia fuera ejem­plar, sino que sus actuaciones eran las usuales de la época en la que vivieron.

 

Por otra parte, la edición en gran formato está espléndidamente cuida­da con preciosas ilustraciones que recrean el mundo artístico y refina­do de aquel momento. Su único in­conveniente es el precio, que ronda las 6.500 pesetas.

 

Antonio VILLACORTA BAÑOS

El castellano Domingo de Guz­mán (1170-1221). Novela histó­rica. Editorial San Esteban. 1998.

 

Se trata de una novela histórica en su más pleno sentido, ya que va

intercalando el género biográfico y el histórico con el puramente novelís­tico. La figura de Santo Domingo de Guzmán, por primera vez tratada en una obra escrita en castellano, se muestra con toda su intensidad y lle­na de fortaleza y espiritualidad. A lo largo de la misma le seguimos desde su nacimiento en Caleruega (Burgos) a sus recorridos por Europa y la fun­dación de la Orden de Predicadores, después de su paso por la joven Uni­versidad de Palencia y unos años de tranquilo retiro en el Cabildo de Bur­go de Osma.

 

Simultáneamente a la biografía del personaje se van desarrollando fragmentos de la época medieval en la que vivió, con una gran belleza y a la vez con una rigurosa ambienta­ción histórica.

 

-           Stefan ZWEIG

La embriaguez de la metamorfosis. Editorial El Acantilado. 2000.

 

El autor, muy conocido por sus biografías y novelas cortas, desarro­lla en esta novela larga (337 pági­nas) una trama sentimental con una excepcional finura psicológica y que justificaría por si sola su inclusión entre los integrantes de la alta cultu­ra vienesa de los primeros decenios del siglo xx.

 

La protagonista es una joven con una vida monótona y miserable en un olvidado pueblecito del Tirol que un día descubre «otro mundo» al ser invitada por unos parientes a unas vacaciones en un lujosa estación de verano Suiza. El regreso a su vida rutinaria es una brusca vuelta a la realidad que debe tratar de superar.

 

INFANTIL Y JUVENIL

 

-           David BEDFORD

Cuando sea grande... Editorial Beascoa. 2001.

 

Escrito pensando en los más pe­queños de la familia, para demostrar­les, de una forma original y divertida, que ser pequeños... también puede tener sus ventajas. Es la historia de un pequeño osito que vive en el ne­vado y frío ártico con Mamá Osa y quiere ser pronto tan grande como ella, y de cómo va descubriendo lo que de verdad significa «ser grande».

 

Las ilustraciones de Jane Chapman son una delicia y junto con el ameno texto contribuyen a que el libro sea, a la vez, divertido y formativo.

 

-           José Pedro MANGLANO

Construir el amor. Etapas, crisis y sentimientos. Editorial Martínez Roca. 2001.

 

Así como el libro anterior estaba dirigido a los más pequeños, este que ahora nos ocupa lo está para los jó­venes y adolescentes, ya que en él se muestra «qué es eso del amor», utilizando para ello un lenguaje ac­tual que lo hace atractivo para di­chas edades. No es un libro confe­sional pero, sin embargo, Dios está presente de alguna forma en todo su desarrollo cuando explica, con una cierta argumentación filosófica, las diversas etapas por las que atraviesa el amor: amor-enamoramiento, amor-tranquilo, amor-critico.

 

-           Ana PELEGRIN (selección y prólogo)

Letras para armar poemas. Antología de la poesía. Edito­rial Alfaguara. 2000.

 

Esta antología poética, seleccio­nada por Ana Pelegrin, constituye una magnífica manera de introducir a los jóvenes en el bello mundo de la poesía y que, lamentablemente, no es un género muy de moda entre ellos. Los poemas de 53 autores con­temporáneos españoles e iberoame­ricanos se suceden en un «alfabeto poético» realmente original: bichos, flores, caballitos de mar, cometas y otras muchas cosas, van sirviendo de línea conductora en su desarrollo.

 

-           Joanne K. ROWLING

Harry Potter y el cáliz de fue­go. Editorial Salamandra. 2001.

 

¿Cómo no incluir en una propuesta de libros con los que acom­pañar las vacaciones de los jóvenes el último, de momento, de 105 que tienen a Harry Potter como protago­nista? Se trata de un auténtico fenó­meno editorial que vio la luz con su primera historia Harry Potter y la piedra filosofal en 1997, publicada por una pequeña editorial británica y que actualmente va por su cuarto volumen, habiendo vendido en total más de 80 millones de ejemplares y ocupar el cuarto lugar de ganancias editoriales en el presente año.

 

La autora, una inglesa que no se esperaba este abrumador éxito y que ha recibido a primeros de marzo de este año el Titulo Oficial del Impe­rio Británico, no pretende hacer filo­sofía sino divertir.

 

Como era de esperar después de este fenómeno de masas, los críticos literarios se han lanzado a un acalo­rado debate sobre sus virtudes y de­fectos. Así, algunos de ellos para

poner de manifiesto los aspectos ne­gativos del personaje protagonista y de sus aventuras aducen que puede fomentar demasiado un «escape» de la realidad, ya que Harry Poter, huérfano de unos magos muy pode­rosos estudia magia en el colegio de Hogwarts y allí se centran todas sus historias, y hasta sugieren que pode­mos llegar a ver a nuestros hijos más jóvenes querer ir al colegio en esco­bas voladoras y portando varitas mágicas o sombreros de magos.

 

Otros críticos, los más, resaltan sus aspectos favorables, como es su visión de la familia, en general, muy positiva. Además algunos personajes presentan claramente valores y vir­tudes destacables, como la integri­dad, la nobleza, la sinceridad, la bon­dad, etc. Pero sobre todo es impor­tante resaltar cómo su autora consi­gue que los niños lean «tomos» de casi 600 páginas y que incluso pre­fieran su lectura a ver la televisión...

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La alegría e inquietud al contemplar el rostro amable de Dios

MEMORIA DE UNOS EJERCICIOS ESPIRITUALES CON NIÑOS

 

Se han celebrado unos ejercicios espirituales con niños en Santo Espíritu del Monte (Valencia), a los que hemos acudido los cinco matri­monios, siete niños y un bebé del Equipo V-107, junto a otros matri­monios con niños y el consiliario Vicente Botella, bajo la brillante or­ganización de Rosa y Fede. ¡Qué fácil y agradable nos hicieron con­llevar los ejercicios!

 

Se inició como una apuesta arries­gada de convivencia familiar, un en­cuentro en la fe con la presencia activa de niños, que nos ha llenado de alegría e inquietud. Una inmensa alegría recordar que el Rostro Ama­ble de Cristo está reflejado en el ros­tro de nuestra pareja y en extensión de nuestros niños del equipo y las otras parejas. Una alegría el convi­vir con matrimonios que viven cris­tianamente las inquietudes de nuestro tiempo, que Juani y yo centraríamos básicamente en dos direcciones: relación de pareja de tres (esposos y Dios) y relación de padre e hijos con Dios por mediador.

 

En la primera dirección la ale­gría viene, como no, al reencon­tramos con la pareja como comuni­dad básica (los discípulos de Emaús) de vida y fe, en constante caminar con Cristo como modelo de persona fiel, bondadosa, que sigue las direc­trices del Padre (Abba) en todo mo­mento y por ello ama y nos invita a amar por encima de todo egoísmo y nos exige una sinceridad actuacional, una praxis de generosidad y entrega hacia el otro, hacia la compañera/o. Es curioso descubrir que pese a nues­tra fragilidad, Dios es fiel y nos acom­paña en todo momento y nos está esperando -como el Padre de la parábola del Hijo Pródigo- a que reconduzcamos nuestra vida, nues­tro tiempo, que Juani y yo centraría-  tras relaciones de pareja, nuestra vidafamiliar en la dirección del amor generoso, del perdón y la reconcilia­ción, de la amistad más allá de los años y sus vicisitudes. En las rela­ciones de pareja hay toda suerte de situaciones y circunstancias, y es coincidente en muchas parejas la mano discreta de Dios para unir, para consolar, para animarnos a seguir amando. La inquietud surgió en un comentario sobre las parejas que hoy en día no sobreviven a las crisis y acaban en ruptura, en divorcio, en fracaso del proyecto vital de vida matrimonial. Bueno, se me antoja pensar que aunque nadie estamos a salvo del fatal desenlace, lo bien cier­to es que en la medida que una pare­ja vive abiertamente al Dios de Jesús y en comunión con su equipo, esta probabilidad se reduce conside­rablemente, pues si bien es humano errar o vivir desordenadamente du­rante un periodo de nuestra vida, la corrección fraterna -Dios actúa tam­bién a través de personas, como bien indicó Vicente Botella-, así como el sincero arrepentimiento y cambio de actitud -sacramento del per­dón- son fuentes regeneradoras de vida y por tanto reconstructoras de la persona, de la vida de pareja. Amar es en gran medida perdonar Amar conyugalmente es en gran medida renunciar a uno mismo -especial­mente cuando somos conscientes de que nuestra postura tiene en su fon­do una justificación en la comodi­dad, el orgullo, la tozudez, el rencor, la avaricia, el miedo, la envidia, la rabia, el pesimismo, etc.- en bene­ficio del otro, porque sin la felicidad del otro no somos felices, no somos capaces de crecer como personas. Muy acertada está la reflexión sobre el texto de Oseas y la esposa infiel para preguntarnos hasta qué punto cuando en la relación de pareja las cosas no funcionan bien, nos pone­mos en manos de Dios y en vez de repudiar al otro/a tratamos acorde a Su Voluntad de reenamorar, de recon­quistar, de seducir al cónyuge infiel... desde una amistad sin limites, un ca­riño sin limites, una generosidad sin límites. Un amor a imitación de Cris­to, sin límites. A esto se nos invita desde la Buena Nueva que los discí­pulos de Emaús pudieron experimen­tar en su encuentro con el Señor.

La segunda dirección nos aboca a la alegría de experimentar que con niños los ejercicios son más agota­dores y a su vez, esencialmente, más verdaderos, más válidos y mucho más satisfactorios y reconfortantes. Nos parece a Juani y a mi un privi­legio que nuestro hijo Lorenzo dis­frutara por un lado con la dinámica de juegos (educación con valores), oraciones, eucaristía y convivencia con otros niños y con nosotros, los padres. Ha sido un privilegio y una gozada que los niños se diviertan aprendiendo la esencia de los cristiano, que es compartir tiempo y persona, tiempos de juegos educati­vos, de ocio libre, de liturgia y en­cuentro con Jesús. A amar se apren­de amando y siendo amado en el día a día, la fe se impregna y se vive en el día a día y nuestros niños tienen el derecho a disfrutar de lo que no­sotros a otro nivel emocional y de madurez ya vivimos, conocer a Je­sús y convivir con EL

Los ENS tenemos ahora, tras esta deliciosa experiencia, una inquietud y un reto, una responsabilidad. Crear un futuro mejor para nuestros hijos sólo es posible en el presente, dán­doles hoy, dedicándoles ahora tiem­po y persona en la vivencia de la fe. Convivir con ellos, dedicarnos a ellos, introducirlos en la vida de co­munidad cristiana, ahora ya, aplican­do una metodología -lo mejor y más diferenciador de nuestro movi­miento- acorde a sus necesidades.

Es una invitación que nace de la experiencia gratificante de unos ejer­cicios espirituales con niños. Nota­mos nosotros una sensibilización con la formación de los niños, formar como personas dentro de la comuni­dad ENS que trasladamos con todo nuestro afecto y agradecimiento al Movimiento, después de nueve años de afortunada singladura.

Un abrazo a todos.

 

Juani y Víctor

V-107

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Y nosotros le acompañábamos

 

Nuestro hijo, Juan de 25 años, se ordenaba sacerdote el 2 de di­ciembre pasado en la Catedral de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real, de manos del Obispo de la Dió­cesis, don Rafael Torija. En una con­versación telefónica habida con Car­los, Responsable del Equipo Súper-Re­gional, nos invitaba, animaba, a parti­cipar este hecho y contar nuestra vi­vencia, nuestro estado de ánimo.

 

Cuando los amigos y conocidos nos decían estos días «Qué orgullosos estaréis» nos encogíamos de hombros y decíamos: «Si nosotros no hemos hecho nada.» Ahora, al reflexionar para escribir estas líneas, sí podemos decir que si no de orgullo, para que no se confunda con vanidad, nuestro pri­mer sentimiento es de alegría. Alegría al ver a nuestro hijo alegre, ya de por sí de carácter jovial y extrovertido, alegre por realizar su proyecto de vida, exultante por ver cumplidos sus afa­nes, sus ilusiones de ser sacerdote de Cristo. Y nosotros le acompañábamos.

 

Esta puede ser la palabra clave de todo el proceso: ACOMPAÑAR.

 

Cuando nos comunicó su decisión de entrar en el seminario, ultimando sus estudios de C.O.U., después del primer momento de sorpresa, no de extrañeza, apoyados en la oración «Ve­nid a mí cuando os sintáis agobia­dos...», le dijimos: «Aquí estamos.»

Nunca nos ha comunicado dudas, dificultades, y habrá tenido, como to­dos, sus angustias, sus zozobras; pero nos contaba anécdotas de la vivencia del seminario, que su madre como la otra Madre «guardaba en el corazón». Sus fines de semana, fiestas, épocas vacacionales, eran muy distintas de las de otros hijos estudiantes universita­rios que tenemos, pero nuestras pala­bras, dichas o implícitas, siempre eran:

«Aquí estamos. »

 

No sabemos si habremos alentado a nuestro hijo a ser sacerdote, sí sabe­mos que no le hemos contrariado, y sí estamos muy seguros, alegres, y ahora si, orgullosos de haberle acompañado, a la vez que nosotros siempre nos he­mos sentido acompañados por todos los miembros de nuestro Equipo y Consiliario, y nos consta su alegría.

Actualmente está ejerciendo su ministerio en las parroquias de dos pueblos de la provincia: Cózar y Alme­dina. E

Hogar Serna-Cruz

Pedro Muñoz-l

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Los matrimonios jóvenes y los ENS

 

En la página 17 de la Encuesta realizada en los ENS, publicada en el número extraordinario julio-agosto 2000, y dentro de los Datos Socio-demográficos, se dice:

 

«Por lo que respecto a la edad, detectamos que el 59 '5 % superan los 50 años y sólo el 10,8 % tiene menos de 35 años. »

 

Cuando leímos este dato no sen­timos ninguna extrañeza: era, sim­plemente, la confirmación de una realidad que ya estamos viviendo en el Colegio de Sectores de Sevilla e intuimos -por los Encuentros Re­gionales y Súper-Regionales a los que hemos podido acudir- que no sólo aquí es una realidad.

 

Sin embargo, no hemos leído lí­nea alguna reflexionando sobre la significación e interpretación que tenemos que darle a este dato, ni en los números de la Carta anteriores a la Encuesta, ni en los posteriores -a titulo de ejemplo, en la de marzo-abril 2001, en sus páginas 15 a 17, se mencionan los temas tratados por el Equipo Superregional en el En­cuentro de Madrid de los días 19-21

de enero de 2001, sin que se haga reseña alguna al mismo.

 

Desde el Colegio de Sectores de Sevilla entendemos que es éste un asunto de primer orden que como Movimiento no hemos de dejar pa­sar. No en vano la juventud supone el recambio, la continuación e, in­cluso diríamos, la supervivencia del Movimiento, amén de que la varie­dad y el equilibrio en las edades de las parejas que integrarían los ENS suponen una riqueza de la que no podemos prescindir.

 

Resulta paradójico que estando los ENS basados en una concepción igua­litaria, participativa, dialogante y re­flexiva de la pareja conceptos to­dos estos a los que aspiran, sin duda, los matrimonios jóvenes-, sin em­bargo tengamos tan sólo un 1 0'8 % de menores de 35 años.

 

¿No será que no nos preocupa­mos realmente de los jóvenes?

 

¿Nos ocupamos de su captación?

 

¿Hacemos todo lo posible para que cuando se integren se entusias­men y sirvan de correa de transmisión del Movimiento para otros jó­venes?

 

¿Les ofertamos de modo prefe­rente puestos de responsabilidad que, la experiencia nos demuestra, son un excelente instrumento de sentirse integrados y corresponsables?

 

¿ Se han diseñado o pretenden diseñarse estrategias para la capta­ción, y una vez producida ésta, real integración en los ENS?

 

Pero, no sólo es una cuestión de «mero proselitismo» para la, en últi­ma instancia, supervivencia del Mo­vimiento, sino que...

«Semejante es el Reino de los Cielos a un tesoro escondido en el campo que, encontrándolo un hom­bre, lo esconde y, lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene y com­pra aquel campo» (Mateo 13,44).

Desde el amor que profesamos al Movimiento, como agentes acti­vos del mismo, que creemos firme­mente en sus bondades, porque las sentimos en nosotros mismos y en nuestro Equipos, desde el Colegio de Sectores de Sevilla, pensamos que el Movimiento tiene que saber dar una respuesta positiva a todas las preguntas anteriores, pues, como Mo­vimiento de Iglesia, los ENS son un tesoro para la vida del matrimonio, para su crecimiento espiritual, de cercanía a Dios y a los demás, que, a los datos nos remitimos, no esta­mos compartiendo con los matrimo­nios jóvenes suficientemente...

 

¿O no?

Colegio de Sectores de Sevilla

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CELEBRACIÓN DEL ADVIENTO

 

Celebración del Jubileo por parte del Sector I de Huelva, dentro de la celebración del Adviento.

Fue el pasado 16 de diciembre, co­mo tenía programado el Sector en el Directorio, y se escogió el Monasterio de La Rábida, uno de los centros marianos designados por la Diócesis, pues está bajo la protección de Nuestra Señora de los Milagros, también llamada Santa María de la Rábida.

Nos dirigimos al Monasterio en pe­regrinación. Se hizo las estaciones y lec­turas prescritas, reflexionando sobre el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y nuestro compromiso como se­guidores de Cristo, terminando a las

puertas de la iglesia, en la que entramos con el rezo de las letanías de Nuestra Señora.

Tuvimos la celebración dc la Euca­ristía y posteriormente una convivencia de todos los participantes en la casa de la hermandad de Nuestra Señora de los Milagros, donde una vez más se puso de manifiesto el carisma de participa­ción y puesta en común de nuestras vi­vencias, así como de lo que cada pareja había preparado para el almuerzo.

Fue un día espléndido, con un sol radiante, en unos días donde la lluvia y las tormentas eran normales.

 

Matea y Juan Antonio

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Encuentro «Santiago 2000»

 

SIMUIACRO Y REALIDAD DE UNA PEREGRINACIÓN

 

Era la mañana del día 17 de septiembre, domingo. Nuestra primera misión, la de los del «Servi­cio de Orden», era conocer primera­mente el pabellón del «Multiusos», el lugar donde habrían de celebrarse la mayor parte de los actos comuni­tarios, conferencias, Eucaristía, etc.

 

Nos montaron en autobús e inicia­mos la comitiva. Nos correspondió salir en último lugar y, en medio de una densa niebla, nos limitamos a seguir la estela del anterior autobús, hasta que, tras una media hora, nos encontramos nuevamente en el mismo lugar de sa­lida: nos habíamos perdido.

 

Menos mal que venía en nuestro autobús, José Antonio, oriundo de aquellas tierras y residente en Mála­ga, quien se hizo cargo de la peque­ña expedición y consiguió llevarnos «a buen puerto» a los dos autobuses perdidos. ¡Buen comienzo!

 

Por la tarde estaba previsto ha­cer un «simulacro» de la «Peregri­nación» que habríamos de realizar el día 21,jueves, y que consistía en una «marcha» desde el Estadio de San

Lázaro hasta la Plaza del Obradoiro, unos 4 kilómetros.

 

Habíamos sido convocados todos los componentes del «Servicio de Or­den» y su finalidad era el conocer, «en profundidad», el itinerario, es decir, el estado de las aceras, los bordillos, los pasos de cebra, los cruces, los semáfo­ros, las vallas de las obras, etc.

 

Y el recorrido hubo que hacerlo a una velocidad «endiablada», ya que se nos dijo que yendo «a paso nor­mal», la Peregrinación -más bien eran dos peregrinaciones, por el ele­vado número de peregrinos-, se iba a «eternizar».

 

Se me ocurrió indicar a los Res­ponsables de Orden que no era pro­cedente hacer el recorrido a tal velo­cidad, ya que los peregrinos, muchos de ellos de «cierta edad», no podrían mantener, por mucho tiempo, una marcha tan acelerada. La sugerencia no solamente no fue aceptada, sino que se nos insistió en que debería­mos forzar el paso.

 

Una vez llegados a la Plaza del Obradoiro, es decir, una vez termi­nado «el paseo», se me ocurrió preguntar al Responsable dónde es­taba el autobús para regresar al Es­tadio de San Lázaro.

 

Cual seria mi sorpresa... cuando se me indicó que teníamos que re­gresar andando y que, apenas nos quedaba tiempo para descansar, ya que la hora de salida del autobús, en San Lázaro, era a las «18'40» ...y mi reloj marcaba las l8'00 en punto.

 

No quieran saber las ocurrencias que solté, la serie de impertinencias e improperios.. Total que inicié el regreso andando y en solitario... mientras escuchaba la última reco­mendación: «Te vendrá bien, porque así conocerás mejor el Camino. »

Y cual no seria mi sorpresa, cuan­do, a mitad de camino, me encontré con unas «señoras», también perte­necientes al Servicio de Orden que estaban sentadas en veladores de una terraza de bar... esperando el paso del autobús para ser recogidas. Como es natural, me senté con ellas... y aproveché la ocasión para completar mis dislates.

 

Llegado el autobús, y como quie­ra que en él también viajaba la «Res­ponsable de Orden», consideré que era buena oportunidad para hacer una serie de «sugerencias y recomenda­ciones» sobre el particular... hasta que a la citada «Responsable», mi­rándome fijamente, se le ocurrió «soltar»: «¿De dónde ha salido este "bicho"?' ¿Qué cebo tendré que poner para pescarle?

 

Y creo que ha llegado el momen­to para contar cómo tuvo lugar, en realidad, el desarrollo de la «Peregrinación».

 

Poco puedo decir de la primera de las dos «Peregrinaciones», a la que asistí como simple espectador, si bien me consta que los «france­ses» tuvieron la ocurrencia de hacer «un alto en el camino»... para dar cuenta del «viático» que habían re­cibido al inicio de la marcha.

 

Con respecto a la segunda de las «Peregrinaciones», puedo decir que tuve la suerte de cerrar la «marcha», es decir, era el representante del «Ser­vicio de Orden» que iba en último lugar.

 

La Peregrinación, como era de esperar, se inició a una marcha nor­mal, sin ningún problema.

 

Tuve ocasión de entablar conver­sación con un «ecuatoriano» y así pude enterarme de toda la problemáticaa de su patria y también de todas las dificultades que tuvo para poder llegar a España y asistir al Encuentro.

 

Todo iba saliendo normal, sin el menor incidente hasta que me topé con dos matrimonios franceses, que iban perdien­do posiciones en el largo pelotón hasta llegar «a la cola», utilizando términos ciclistas. Uno de los varo­nes se ayudaba de un bastón «trípo­de». Se les ofreció el «furgón de co­la», una furgoneta amplia y cómoda, pero me manifestaron su deseo de proseguir la marcha andando.

 

Me tomé la libertad de indicar a mi «Responsable de Equipo» que yo me ocuparía de ellos... y así fue. Durante el trayecto tuve que acom­pañarles a la farmacia y tuve que explicarles, asimismo, el «manejo» de un cajero automático.

 

En resumidas cuentas, que llega­mos «fuera de control»... si bien fui­mos admitidos, como si hubiéramos entrado con el «pelotón» de cabeza.

He de reconocer que llegué ex­hausto. El haber hecho tan despacio la Peregrinación no me sirvió de nada, ¿tendrían razón los que acon­sejaron que «el paseo» habría de rea­lizarse «a marcha forzada»?

 

Terminé descansando en la Cate­dral... sentado en el suelo, apoyado en una columna, con el cuerpo cansa­do y el espíritu alegre y satisfecho. E

Málaga-19

NOTA DEL AUTOR: Esta es la razón de haber utilizado este apelativo de "El Bicho" en la firma de mi anterior artículo "Milagro en Santiago".

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¡Qué vergüenza, papá, eso ya no se lleva...!

 

Sentado en el coqueto recibidor del Colegio Mayor, viendo llegar a su hija, José sintió que el orgullo se le salía por los poros.

 

De procedencia humilde, no ha­bía heredado de sus padres más que la honradez y las ganas de trabajar, gracias a lo cual había podido juntar cuatro perras y su hija podía estu­diar una carrera y llegar hasta donde él nunca soñó.

 

Tras una visita relámpago al Co­legio, pues a su hija le entraron las prisas por alejarle de él, recorrieron un largo camino en autobús hasta lle­gar a la zona comercial de la capital.

 

El padre, aturdido y embelesado, fue pagando las costosas compras que realizaba, hasta que sus pies, prisioneros de los zapatos nuevos que había estrenado ese día, ya no aguan­taron de dolor y entraron en un res­taurante para descansar y comer.

 

Fueron los primeros en entrar en el comedor, que presentaba un as­pecto deslumbrante de luces y espe­jos, decorado con columnas y arma­rios revestidos de purpurina dorada, dándole un aspecto de iglesia, mas bien fría, que no invitaba a la relaja­ción precisamente.

 

Grupos de jóvenes y parejas, ata­viados con estrafalaria vestimenta, fueron ocupando las mesas, mirando a hurtadillas a José, a quien María, su mujer, había endomingado como debe ser, para tan especial ocasión.

 

No podría decir que la comida había sido mala, pues en realidad había disfrutado con los sabores de los distintos platos elegidos, aunque no supiera muy bien qué ingredien­tes contenían, pues la jerga emplea­da en la carta no permitía adivinar-los. Además costaba encontrarlos, ocultos entre guarniciones que a modo de jeroglíficos de colores ador­naban las enormes fuentes que les sirvieron como platos.

 

Lo que si supo enseguida fue el elevado coste de la factura que le tocó pagar al final, justificada por su hija con el argumento de que estaba en consonancia con la elegancia del local.

 

Para terminar, su hija entregó la bandeja con el dinero sobrante de la factura, sin darle tiempo a reaccionar, indicándole que era un detalle de ca­tegoría... tras lo cual. se levantaron, encaminándose hacia la salida.

 

De pronto, como la cosa más natural del mundo, José se volvió y dijo en voz alta: «¡Qué aproveche, señores!... »

 

Su hija aceleró el paso, rojas las mejillas, y cuando estuvieron fuera le dijo: «¡Qué vergüenza, papá, eso ya no se lleva!»

 

De regreso a casa, ya en la sole­dad de la alcoba, José comentaba con Maria la experiencia vivida:

 

-Actúa como si nos despreciara... ¿Habremos perdido a nuestra hija?...

 

-Tranquilo, José, se le pasará, está tan aturdida con tantas noveda­des vividas de golpe que confunde las baratijas de la vida moderna con tesoros, y tiene un poco arrincona­dos los valores. Es cuestión de tiem­po,. lo que se mama de pequeño no se pierde así como así. Volverá. Con­fía en Dios y en la protección de María.

 

"...Otros cayeron en tierra buena, y dieron fruto, que creció y engordó; y produjeron, uno a

treinta, otro a sesenta, y otro a ciento» (Mt 13,8).

 

Os enviamos esta pequeña histo­ria con la idea de transmitir un mensaje de esperanza, conscientes de las dificultades para ser pareja cristiana hoy en la Iglesia y en el mundo, en la seguridad de que los valores trans­mitidos a nuestros hijos, no sólo de palabra sino con nuestro ejemplo de generosidad, entrega y amor, debe­ría bastarnos para alejar los fantas­mas del miedo.

Pero sin bajar la guardia, es de­cir, perseverando en la oración y en la apertura a los demás; siendo testi­gos vivos del Evangelio; colaboran­do en el crecimiento de un mundo donde Cristo viva en cada hermano; donde nos alegremos con sus triun­fos y nos solidaricemos con sus fra­casos; donde, en definitiva, podamos decir ¡que aproveche hermano! de corazón, y sin vergüenza.

En este curso 2000-2001 celebra­mos un cumpleaños emotivo: los veinticinco años de pertenencia a nuestro Equipo, así que os rogamos que nos tengáis presentes en vues­tras oraciones para que sigamos sien­do tierra dispuesta a acoger la semi­lla del Buen Sembrador.

 

Deseamos que la alegría que hoy desborda nuestros corazones, al cum­plirse nuestras bodas de plata, llegue a todos vosotros y llene vuestras re­servas de amor y esperanza.

 

Gloria y Rodolfo

Valladolid-2

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Nuestra Señora de la Alegría

 

Cuando nos anunciaban en la car­ta del sector o en cualquier otro documento del Movimiento el En­cuentro Internacional de Santiago. como pareja, veíamos muy lejos y muy difícil poder asistir. Pensábamos en las dificultades que tendríamos para ir: el trabajo, la familia, etc., y al mismo tiempo lo importante que sería vivirlo. Decidimos inscribirnos y lo hicimos con toda la ilusión, hasta el punto que nos pidieron colabora­ción para trabajar en el Encuentro y

dimos un «SI», pues pensábamos que estar al servicio de los demás seria una forma de recibir, más que de dar. Nos adjudicaron para trabajar en el «servicio y orden», y lo tomamos con toda ilusión y disponibilidad.

Cuando el Señor nos permitió ir a vivir el Encuentro y llegar a San­tiago, vimos el pabellón o «SAR», que era donde se iba a desarrollar el Encuentro, nos quedamos sorprendi­dos al ver lo bonito que estaba todo, en especial el altar. Preparado con el pórtico de la catedral al fondo, que­daba estupendo. Y «NUESTRA SE­ÑORA DE LA ALEGRÍA», a su iz­quierda, estaba maravillosa presidien­do los actos que se iban a celebrar durante el Encuentro.

 

Al estar en el servicio de orden nos distribuyeron en equipos para poder desarrollar todo el trabajo. Nos tocó estar en el equipo de «Pepe y Merche», que nos trataron con todo el cariño y nos dieron ilusión, entrega y trabajo. Por todo, son maravillosos.

 

Estábamos en la parte más baja del pabellón, con las personas ma­yores, minusválidos, sacerdotes, etc. Atendían cualquier indicación que les hacíamos, sin quejarse, siempre con una sonrisa. Era maravilloso ver que siendo de países tan distintos: Bra­sil, Francia o cualquier otro lugar del mundo, eran amables con todo y con todos. Allí estaba «NUESTRA SE­ÑORA DE LOS HOGARES» aco­giéndonos, mimándonos. Era mara­villoso ver cada Eucaristía o confe­rencia, mirar y ver cuanto nos quiere Ella: como hijos nos acoge y escu­cha con todos nuestros defectos y debilidades. Después de vivir el En­cuentro, es algo inolvidable para no­sotros como pareja.

 

Llega el final, después de una despedida fabulosa. Todo el mundo marchaba hacia su hogar. Y lo que menos podíamos pensar era que esa imagen de «NUESTRA SEÑORA DF LOS HOGARES DE LA ALE­GRÍA» iba a venir a un pequeño pueblo de la llanura manchega:

Almagro. Tenerla tan cerca de noso­tros con lo que significa para noso­tros que esté en la parroquia de Madre de Dios, que es como se lla­ma una de las parroquias de nuestro pueblo. Poder verla y recordar cómo nos acoge, cómo nos anima a cami­nar como pareja, aun teniendo mo­mentos de debilidad.

 

Nos queremos despedir dando las gracias por haber podido vivir todos estos momentos como pareja bajo tu protección.

 

Gracias, Madre.

 

Antonio y Mari Carmen

Almagro-I

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Testimonio de 35 años de permanencia en los ENS

 

En el umbral del invierno de nues­tras vidas y como miembros, aún activos, de los ENS, queremos dejar constancia de la transcendencia que ha tenido en todas las etapas de nuestro caminar espiritual, el perte­necer a este tan querido Movimiento.

 

Sabemos que las palabras suelen ser pobres para expresar con exacti­tud los numerosos beneficios recibidos tras 35 años de permanencia. Sus «medios» han sido y continúan sien­do válidos, para fortalecer nuestra vida matrimonial y familiar, no sólo en la edad escolar de nuestros hijos, de la enseñanza secundaria, en la universitaria y de casados, sino cuan­do nos quedamos solos, en la etapa de jubilación y en nuestro declinar.

 

A través de todos esos años hemos ido asimilando y constatando una serie de conocimientos enrique­cedores y actitudes positivas en el cotidiano vivir que, sin querer, han irradiado en nuestro entorno familiar y social, gracias a la puesta en prác­tica de modo perseverante de los «medios» que nos ofrece el Movi­miento.

 

Los cargos que durante estos años hemos desempeñado: responsa­bles de sector, escuela de pilotaje, que organizamos y funcionó durante tres años, los pilotajes y su segui­miento, nos obligaba a poner en prác­tica los medios, con más profundi­dad para su mayor eficacia.

 

De este modo hemos ido poco a poco:

 

·            Fortaleciendo y acrecentando nuestra fe.

 

·            Poniéndonos al día en el Ma­gisterio de la Iglesia.

 

·            Apreciando el valor de la amis­tad y la Gracia compartida; vi­viendo el sentido comunitario del cristianismo.

 

·            Profundizando en el sacramen­to del Matrimonio, viendo en él, como dice el Segundo Alien­to, un camino de amor felici­dad y santidad y descubriendo e intensificando la relación per­sonal y de pareja con Cristo.

·            Creándonos conciencia de que si un cristiano no siente la ne­cesidad de caminar al ritmo de los tiempos, que exige proyec­ción y entrega a los demás, no puede llamarse cristiano.

 

·          El equipo nos ha dado ocasión de compartir nuestras experien­cias en lo espiritual y social y a superar dificultades, fallos, momentos de sequedad espiri­tual y debilidad humana.

 

·          A ser más eficaces en nuestras actividades apostólicas y poner en práctica la entrega y el es­píritu de servicio.

 

Nos ha hecho que la estabilidad del matrimonio no pueda buscarse en factores externos como leyes, de­cretos o normas, sino que hay que vivificarla, sobre todo, a ese ele­mento interior y vivificador; que es el amor. Dice el P. Caffarel: «Cuan­do los matrimonios se adiestran en la ayuda mutua a todos los niveles y en el amor fraterno, poco a poco se ensancha el corazón y el amor conquista su casa, su barrio, el país... hasta llegar a las más leja­nas orillas. »

 

El amor ha sido la base, y lo sigue siendo, la fuerza que nos ha impulsa­do a damos el uno al otro y en ese sentido el amor conyugal es un estar en camino siempre, un camino que

nunca se acaba, una aventura nueva cada día, capaz de enriquecemos, siem­pre ilusionada y esperanzadora.

 

El éxito de nuestro matrimonio no se ha medido por la ausencia de dificultades, que gracias a los ENS, nos dio la capacidad para superarlas. Y ahí está la grandeza de nuestro Movimiento, en que desde la limita­ción de cada persona, nos ponemos, practicando perseverantemente sus medios, en un camino que nos lleva a una meta de plenitud.

 

Y aún siguen siendo muy váli­dos en nuestro declinar. El equipo, las actividades comunitarias, la Car­ta, el Tema de Estudio... Nos ayu­dan a envejecer juntos y a apren­der una espiritualidad de introduc­ción a la vejez, que desemboca en una juventud del alma y aceptar nuestro declinar con la alegría de vivir la esperanza en equipo, con el espíritu pronto, estando abiertos a los cambios por mayores que seamos, a no endurecer nuestras posturas y cri­terios, a no remar contra corriente.

En fin, pertenecer a los ENS nos ha supuesto y supone a nivel perso­nal, familiar y social una ayuda in­conmensurable en nuestra andadura hacia Dios. Un tesoro que hemos encontrado y que hoy nos impulsa a dar fe de sus consecuencias en nues­tra vida. Damos gracias a Dios des­de lo más profundo de nuestro cora­zón por haberlo encontrado.

 

Somos conscientes que el hom­bre de hoy y del porvenir será, como dijo el P. Caffarel, el que AME. Sólo el amor hará un mundo nuevo y en­torno al amor serán también sus estructuras.

 

Para los ENS, la fórmula infali­ble es la práctica de los «medios» y el estar abiertos a las consignas del Movimiento, que se renuevan al rit­mo de los tiempos.

 

Un cordial saludo.

 

Ángel y Matilde Casares-López

Equipo Granada-2

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Breve historia de 40 años vividos en equipos de los ENS

 

Nuestro nacimiento como tal se remonta al Otoño de 1961, en que se establecieron los ENS en Ma­drid, gracias al celo apostólico del sacerdote don FLORENCIO LÓPEZ OLIVARES, a la sazón Director de la «Seola Cantorum» del Semina­rio Conciliar de Madrid y de su en­trañable amigo, también sacerdote, don LUIS CALLEJA PALACIO, profesor de Sociología de dicho Se­minario, que se habían enterado de la existencia de un MOVIMIENTO

DE ESPIRITUALIDAD CONYU­GAL, en Barcelona, llamado «EQUI­POS DE NUESTRA SEÑORA» y que había fundado en París el Abbé HENRY CAFFAREL.

 

Para ello, don Florencio y don Luis contactaron con un grupo de matrimonios amigos y constituyeron el primer Equipo MADRID-1. Ente­rados y entusiasmados del IDEAL de los ENS y de su «MÍSTICA», estos hogares pilotaron los cinco primeros Equipos de Madrid.

Por tanto, nuestro MADRID-5 nace en el entonces alfoz madrileño, hoy distrito de la capital, pertenecien­te a la parroquia de SANTA MARÍA DE LA BLANCA, de CANILLE­JAS, k~{'~entada a la sazón por nues­tro querido don LUIS CALLEJA. Un cura que reunió a un grupo de matri­monios normales, tirando a buenos, que habíamos pertenecido a su Ju­ventud de Acción Católica, y a algu­nos nos había casado.

 

Don Luis, nuestro primer Consi­liario, nos metió a todos, con su es­tilo fuerte, directo, recto y con sin­cero amor a la Santísima Virgen, en la MÍSTICA de los ENS, y que, como bien nacidos, somos agradeci­dos a su impecable modo de hacer­nos «equipistas», por haber podido llegar al día de hoy, cuarenta años después, unidos como una piña, con su eslogan: «seguir siempre con la Virgen, no cambiéis».

 

Terminado el pilotaje, en la pri­mera Reunión Balance, elegimos Hogar Responsable, y el Equipo em­pezó a funcionar desde el primer día como SOBERANO en su andadura, con la Admisión que el Equipo Diri­gente de Paris nos comunicó en car­ta de fecha 2 de marzo de l962.

 

Ha transcurrido mucho tiempo, cuatro décadas, pero queremos deci­ros que seguimos queriéndonos, uni­dos al Movimiento en el amor a Nuestra Señora. Que Dios dispuso llevarse a su lado a nuestro Emilio, esposo de Ana y cofundador, y a Marujina, mujer de Juan. También a nuestros dos consiliarios, don Luis y don Victoriano. Todos ellos siguen pidiendo por este Equipo, seguro.

 

Quisiéramos contaros muchos acontecimientos de la vida de nues­tro Equipo. El papel no lo permite, pero aún así, no tenemos mas reme­dio que comunicaros la fuerte y gran emoción vivida en octubre de 1963, cuando asistimos como Responsables de nuestro Equipo, junto a 2.000 más del mundo entero a las JORNADAS INTERNACIONALES DE RES­PONSABLES DE EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA, en el PALAIS DE CHAILLOT, de PARÍS. Fue para nosotros indescriptible el haber po­dido escuchar personalmente al pa­dre CAFFAREL; su conferencia, en un dulce idioma francés -había tra­ducción simultánea-, nos impresio­no, Su titulo, EL CULTO AL EVAN­GELIO. El Hogar a la escucha de la Buena Nueva. Nos dijo: «Tened cui­dado con el error; el cristianismo no es sólo la religión de un Libro. Es la Palabra de Cristo vivo en medio de la Iglesia; es la Palabra de un viviente. Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos. Es la Palabra de Dios dirigida di-

recta y personalmente a mi. Según 5. Agustín nos dijo, EVANGELIO Y EUCARISTÍA son comparables. Cristo vivo en las dos. Quien come mi Cuerpo... Quien guarda mi Pala­bra... Palabra y Sacramento hacen viva a la Iglesia. Nunca, en ningún hogar de los ENS puede faltar el Libro de los Evangelios. Ha de estar en el centro, pues el Hogar es una pequeña Iglesia. No basta leerlo y escucharlo; es IMPRESCINDIBLE VIVIRLO. » Fue una lección impre­sionante.

 

También tenemos un imborrable recuerdo de haber asistido en el PEN­TECOSTÉS de 1965, junto con 3.500 hogares de todo el mundo, a la PERE­GRINACIÓN A LOURDES. Una vi­vencia solemne e impresionante para los que amamos a Nuestra Señora.

En el transcurso de estos cuaren­ta años hubo de todo, como Dios dispuso, pero el Equipo ha sido siem­pre una «piña» de amor, espirituali­dad y amistad, que se abrió a nuevos hogares (2), cuando se produjeron las bajas. Cuentan la alegría de haber recalado en este Equipo y nosotros, felices todos, cuando nos reunimos en amistad con los 17 hijos que Dios nos ha dado. Por todo damos las gra­cias a nuestra Intercesora y REINA DE NUESTROS HOGARES, por este Equipo, que si ha ido bastante bien, se debe a la perseverancia con la que dice san Lucas: «Que salva­reis vuestras almas. » AMEN.

 

Hogar Eduardo y M.~ Rosa Paz-Ladrón de Guevara

Madrid-5

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Ahí tienes a tu madre»

ENCUENTRO INTERNACIONAL ENS ÉVORA 2001

 

Queridos amigos:

 

Esta vez aprovechamos nuestro rincón en la Carta para informaros sobre las actividades de los equipos de jóvenes que tendrán lu­gar este verano.

 

Los ENS organizamos alternati­vamente un encuentro nacional co­incidiendo con los años pares- y un encuentro internacional -en los impares-. Este año 2001 va a te­ner lugar un encuentro en Portugal al que están invitados todos los equipistas y las personas interesa­das en asistir, de todos los rincones del mundo. Esperamos ser alrede­dor de 500 jóvenes procedentes de todas las culturas y de todos los continentes.

 

La ciudad elegida para reunir­nos ha sido Évora, capital de la provincia del alto Alentejo, que destaca por su gran contenido his­tórico, artístico y cultural. Esta ciu­dad se encuentra situada al sureste del país, a unos 50 kilómetros de Badajoz. Utilizaremos como sede del encuentro la ciudad universi­taria, de modo que podamos alo­jarnos en las residencias, a la vez que el gran salón de actos del cam­pus nos servirá como sede para los actos comunes.

 

La fecha del encuentro es del 4 al 11 de agosto. El lema general que trabajaremos es: «Ahí tienes a tu madre» (XXV aniversario de ENSJ). La organización de cada día corresponde a un conjunto de paí­ses agrupados en función de los idiomas; el día de Colombia, Costa Rica y España es el 9 de agosto, y el tema que trataremos es: «El hizo en mi grandes cosas».

 

Los equipos de jóvenes de Es­paña estamos muy ilusionados ya que tenemos la oportunidad de acu­dir a un encuentro en un lugar cer­cano a nuestro país y a la vez he­mos podido disfrutar de una forma mas próxima colaborando con la organización del mismo.

Desde este, nuestro rincón, que­remos aprovechar la oportunidad para invitar a vuestros hijos y a todos aquellos jóvenes que conoz­cáis y puedan estar interesados en acudir, a que se unan a nosotros en esta experiencia que, estamos se­guros, será muy enriquecedora para todos.

 

Así mismo queremos invitaros, a todos los que podáis, a acompa­ñarnos a celebrar el día de España en nuestro encuentro.

Si queréis ampliar esta informa­ción, no dudéis en poneros en con­tacto con nosotros a través de:

 

- Mª Paz Borrero Esteban Responsable nacional 954 45 04 69 Mpazbe@supercable.es

 

- Ana Gómez Velarde Secretaria 954 21 69 48 Anouska@wanadoo.es

 

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EN LA CASA DEL PADRE

Te pedimos, Padre, por estos hermanos nuestros, a quienes hoy, con afecto, recordamos:

 

-            FELITA PRIETO MACÍAS Badajoz-14.

 

-            ELVIRA GARRIDO LESTACHE. Madrid-1.

 

-           ROSA PALENCIA DE LA CASA. Illescas-3.

 

-            MAGDALENA MORALES SEGURA CASTELLAR. Jaén C.

 

-            ANTONIO HIERRO MATEO. Jerez-lO

 

-           M.~ SAGRARIO AZPIROZ ESTANGA. San Sebastián-4.

 

-            FERNANDO CUESTA. Madrid-1.

 

-           JOSÉ ANTONIO DE LA RIVA. Torrelavega-5.

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ORACIÓN CONYUGAL

 

Señor, estamos en tu presencia. Tú nos das la vida.

Tú eres nuestro Padre y queremos agradecerte este nuevo día que nos das.

 

Queremos cumplir la misión que nos has encomendado; necesitamos tu apoyo

para que no desfallezcan nuestras fuerzas.

 

Nos proponemos hacer bien las cosas; que no te defraudemos.

Que al anochecer, cuando termine el día, nuestro corazón rebose de alegría porque hemos cumplido tu voluntad.

 

Señor, ¿de qué nos sirve la vida, la amistad, la alegría, si seguimos igual que ayer? Señor, ¿de qué nos sirve el escucharte si no estamos dispuestos a arrimar el hombro

para ser útiles a los demás? Señor, ¿de qué nos sirve cuanto tenemos

si somos egoístas y preferimos quedarnos con todo y no compartirlo con los demás?

 

Señor, haznos generosos, serviciales, comprometidos, para que nos sintamos útiles a los demás.

 

Señor, tú que arrimaste el hombro, que siempre respondías a las necesidades de los otros, enséñanos a responder también con generosidad.

 

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