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| Oración Conyugal |
Alguien
observó, hace ya tiempo, que el elemento más revolucionario y original de
los Equipos de Nuestra Señora era la «sentada». La razón de esta
importancia reside en que es un símbolo luminoso de una manera de entender el
amor conyugal como comunicación total de dos vidas, y, a la vez, un medio
potente para lograrla.
La sentada no es fácil: de hecho, es uno de los puntos de esfuerzo en
que más fallamos. Porque no es una mera práctica o rito que podamos realizar
desde la periferia de nuestro ser. Implica todo un salto cualitativo en
nuestra relación, que afecta a toda nuestra vida y, por ello, exige una gran
decisión. Más aun, supone tal calidad del amor que sólo es posible con la
ayuda de la gracia. De ahí que, cada vez que somos capaces de realizarla
satisfactoriamente, experimentamos el soplo vital y renovador del Espíritu.
La sentada consiste, ante todo, en escuchar. Primero, escuchar a Dios,
que quiere hablarnos a través de todos los avatares y circunstancias de
nuestra vida; por eso comenzamos tomando conciencia de su presencia entre
nosotros. Y, después, en escuchar al otro cónyuge. Son dos escuchas que
están íntimamente relacionadas y que sólo se producen cuando tenemos estas
dos actitudes: disponibilidad para enterarme de lo que el otro quiere
decirme y valoración previa de su mensaje.
Pero, junto al escuchar está el decir, o, más bien, el decirse. Porque
cada uno ha de saber expresar, con total sinceridad, sus vivencias más
íntimas y, sobre todo, cómo está viviendo la relación conyugal, tanto en
sus aspectos positivos como en los negativos.
Ambas operaciones sólo son posibles desde la serenidad que fluye de la
confianza y el amor mutuos. Es lo que exteriormente simboliza el gesto de
sentarse tranquilamente, sin nerviosismos ni prevenciones. Nos sentamos juntos
porque no nos tememos. No es la postura del que se encoge primero para
después poder saltar sobre el otro, sino la del que baja todas las defensas
porque se siente acogido y seguro.
La sentada es un gesto cuasisacramental. Primero, porque a través de
una postura física nos introduce en una experiencia profunda. Y, sobre todo,
porque es a la vez fuente que renueva y alimenta nuestro amor, y experiencia
cumbre del mismo.
Naturalmente, este carácter sacramental lo tiene por derecho propio la
unión íntima y física entre los esposos. Pero la sentada es el gesto que
contribuye a humanizar la unión sexual y a distinguirla de cualquier otro
apareamiento. Porque es la que le comunica su dimensión personal. LI
El Equipo de Redacción
Queridos amigos:
Queremos
presentarnos brevemente: somos nuevos miembros del ERI y nos llena de
emoción dirigirnos a vosotros, que sois más de 40.000 entre matrimonios y
consiliarios de los cinco continentes.
Procedemos de la parte sur, y por tanto francófona, de Bélgica y
vivimos en una ciudad pequeña del norte neerlandés.
Desde 1974, fecha en la que nos casamos, nuestro matrimonio permanece
vivo y el Señor nos ha concedido la gracia de confiarnos dos hijas:
Tatiana, de 27 años, casada desde hace dos, y Gaélle, de 24 años.
Como consecuencia de nuestra situación, un poco aislados como
francófonos en un territorio neerlandés, el requerimiento del Movimiento
nos ha encontrado enseguida disponibles para servir a los Equipos. En el
transcurso de los 27 años de vida de Equipo hemos, así mismo, asumido muchas
responsabilidades sucesivas en el seno del Movimiento, la última de estas
responsabilidades ha sido la de hogar responsable de la Súper-Región
Belga.
El Encuentro de Santiago de Compostela nos ha llenado, una vez más,
de este inmenso entusiasmo de ver reunidos matrimonios y sacerdotes de origen
y culturas tan diferentes y, al mismo tiempo, tan cercanas, no sólo por su
pertenencia a los ENS sino también como hermanos y hermanas de Cristo.
Prolongando, en cierta forma, este momento fuerte del Encuentro, esta
unidad va a traducirse, durante los tres próximos años, en las
«Orientaciones» del Movimiento: «Ser matrimonio cristiano hoy en la
Iglesia y en el mundo».
En un primer momento se nos invita a cada uno, de forma particular y
después en pareja, a interrogarnos sobre el significado que tiene para
nosotros hoy «ser persona». En un mundo en el que, en nombre del principio
del derecho al desarrollo individual de la persona humana, se tolera que sean
despreciados los derechos fundamentales de la libertad y de la igualdad de
esta misma persona humana, ¿qué alternativa cristiana podemos presentar?
¿Cómo devolver a cada ser humano su dignidad de hijo de un mismo Padre?
¿Qué actitudes adoptamos en familia, en nuestro medio de trabajo, frente a
los grandes debates que animan a nuestra sociedad de hoy: el aborto, la
eutanasia, la donación humana -ya sea en su aspecto terapéutico o
reproductivo-, la manipulación de los embriones humanos en nombre de la
ciencia...? ¿Vamos a continuar asistiendo, con frecuencia impotentes, a la
degradación del ser humano, a la explotación del hombre por el hombre?
Nos parece que los Equipos de Nuestra Señora, sin ser el único ni
perfecto camino, pueden ayudarnos. Pensemos que nuestro Movimiento está
abierto a todos los medios sociales y socioculturales, sin exclusión de
razas ni de idiomas. El Encuentro de Santiago de Compostela ha sido un
testimonio vivo.
Por otra parte, el Equipo nos ayuda a mantener nuestra conciencia
despierta. Pero tenemos que «ser» más. Tenemos que ser, al mismo tiempo que
cristianos, «levadura de la masa», navegar a contracorriente, como los
salmones en el momento del desove.
El tema de estudio que propone el Movimiento para acompañar a estos
tres años de toma de conciencia querría, por su dinámica particular que
llama a la participación activa de los matrimonios de los Equipos,
llevarnos a cambiar nuestros comportamientos, nuestros hábitos, nuestra forma
de vida. En este camino sostengámonos unos a otros con la oración. Pidamos
al Espíritu Santo que nos ilumine y nos guíe en esta misión que nos
.aguarda: devolver a cada ser humano la dignidad que nunca debería haber
perdido.
Atrevámonos a afirmar como cristianos que estamos «prestos a dar
cuenta de la esperanza que habita en nosotros ante aquellos que nos piden
cuentas» (1 P 3, J5).
Sin embargo, si estamos solos es difícil. Apoyémonos, pues, en el
PADRE del que somos a la vez imagen en nuestra humanidad e hijos e hijas por
Jesucristo.
Oramos unidos a cada uno de vosotros para que el SEÑOR nos dé a cada
uno la fuerza de estar siempre preparados...
Priscilla y Jean-Lonis SIMONIS
Recientemente
he sido llamado para acompañar al Equipo Responsable Internacional. Quiero
saludar cordialmente a todos los miembros de los Equipos de Nuestra
Señora, así como a sus consiliarios. Estoy muy contento de iniciar el
camino con vosotros.
La orientación que se nos ha propuesto para los próximos tres años:
Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo, nos
invita a observar, en primer lugar, nuestra condición de personas. Un
matrimonio así como un equipo o una asamblea eclesial es, ante todo, una
comunidad de personas.
No estamos jugando con las palabras cuando hablamos de forma
insistente de personas y no de individuos. Los individuos
forman la multitud y alimentan las estadísticas, en tanto que cada persona
es única.
Cada persona, incluso la más débil y desprotegida, tiene que ser
respetada, ya que, como dice el Concilio Vaticano II, el hombre es «la
única criatura en la tierra que Dios ha querido por ella misma» (Gaudium
et spes, n. 24).
Digamos que, incluso, cada persona se tiene que respetar a sí
misma, fiel a sus compromisos, a su conciencia en la que Dios ha escrito su
ley, para que esta ley se abra a los demás (ci Gaudium et spes, n.
24).
Matrimonios: sabéis bien que vuestra felicidad viene de la unión de
vuestras personas, del respeto que sentís el uno por la persona del otro,
de las convicciones que compartís, de los proyectos que tenéis en común, de
todas las formas de los dones de amor que ofrecéis y que prolongáis más
allá de vosotros mismos.
Padres: veis cómo se desarrolla la personalidad de vuestros hijos.
Personas siempre nuevas, con todo lo que os inquieta y os maravilla de ellas.
Actores de la vida social, os dais cuenta clara de que el
individualismo es un verdadero cáncer. Sólo con el respeto a la dignidad
de la persona se puede asegurar y servir al bien común.
He aquí la palabra dignidad, tan ligada a la noción de persona
y que se está banalizando. Y, sin embargo, ¡cuántos atentados se cometen
contra esta dignidad!
¿En qué fundamentos podemos basarnos para poder hablar de la
dignidad humana? Estos fundamentos nos los proporcionan las célebres
palabras del libro del Génesis: Dios creó al hombre a su imagen y
semejanza, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó (1, 27).
Hablar de imagen de Dios resultaría bastante plano si la imagen que
tuviéramos de Dios fuera abstracta e impersonal. Pero se trata de Dios Padre,
Hijo y Espíritu, Dios vivo, Dios en la comunión de las personas que nos
otorga la posibilidad de ser imagen suya.
La mejor señal es el hecho de que la cualidad de imagen de Dios se
lleva a cabo en la condición del ser humano, hombre y mujer. En la relación
y en la unión de los esposos se encuentra uno de los más bellos reflejos del
Dios vivo que es amor. Todo esto es un conjunto por el que los seres humanos
forman la imagen de Dios. La dignidad de las personas se funda en la
capacidad, no ya de vivir para sí mismos, sino en el don de sí mismos.
Por lo tanto, ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia es
desarrollar la vocación de las personas a amar y a dar, a servir y compartir,
a imagen de Dios que ama y comparte su vida. Desde el bautismo hasta el
matrimonio, las personas de los esposos que se han revestido de Cristo se
ven purificados, reconciliados, estimulados a reflejar, cada vez mejor, la
presencia de Dios creador y salvador.
El Vaticano II nos lo ha dicho:
«por su encarnación, el Hijo de Dios se ha un ido, en cierta forma, a
todo hombre» (Gaudium et spes, n. 22).
Matrimonios cristianos, hogares habitados por la gracia, así como los
demás fieles, los sacerdotes, las personas consagradas, los solteros, los
aislados, los jóvenes y los mayores, los pequeños y los pobres, cada uno
según su vocación... todos vosotros sois miembros del mismo Cuerpo, piedra
del inmenso mosaico que es el rostro de Cristo, que se presenta al mundo a
través de todos nosotros. Vuestras personas forman estas Iglesias
familiares, a las que nuestros Equipos son tan afectos, integradas en la
Iglesia diocesana, en la Iglesia universal.
Al testimoniar los dones de Dios y su confianza en el hombre, ser
matrimonio cristiano hoy en la sociedad supone desplegar todas las
riquezas que forman la persona de los esposos. Desde el hogar, fuente de
resplandor que se expande en las relaciones constructivas con los vecinos,
con los compañeros, con los contemporáneos de cualquier tradición
espiritual, para vivir el respeto de la dignidad de aquellos que están a
nuestro lado, permaneciendo siempre animados por el amor que es fuente de
vida.
Ser matrimonio cristiano hoy en la sociedad es
para los esposos tomar la parte que les corresponde en las responsabilidades
por el bien común, con todos los recursos de sus diferentes personalidades.
Los esposos saben bien que las riquezas de la persona son inagotables.
Meditemos, una vez más, estas palabras del Concilio: «El misterio del
hombre sólo se aclara en el misterio del Verbo encarnado... Cristo se
manifiesta plenamente al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación»
(Gaudium et spes, n. 22). o
Francois Fleischmann
Consiliario internacional de los Equipos de Nuestra Señora
Para
las responsabilidades y para los servicios en el seno de los Equipos de
Nuestra Señora, así como ocurre con todo en la vida, pasa el tiempo, las
estaciones se renuevan. unos dejan sus misiones y otros toman el relevo.
Nuestros servicios no nos pertenecen, nos los ofrece el Señor a nosotros y
a los matrimonios en los que confiamos. Lo mismo ocurre con los
consiliarios.
El padre Cristóbal Sàrrias, al que muchos de vosotros conocéis. bien
en persona por sus visitas a los ENS de todo el mundo, bien por sus cartas
en el Correo del Equipo Internacional, acaba de terminar su misión en los
ENS. Querríamos agradecerle, desde lo más profundo de nuestro corazón,
con estas letras, todo lo que él ha aportado a nuestro Movimiento durante
sus seis años de servicio. ¡Cuántas situaciones delicadas, cuántos
problemas difíciles nos ha permitido resolver'. ¡A cuántas parejas ha
ayudado con sus consejos, con su escucha, con sus palabras! Detrás de su
temperamento catalán, a veces seco, se esconde un hombre con un gran
corazón, que en muchas circunstancias ha sabido aportar el toque amistoso,
espiritual, justo y auténtico, así como una gran disponibilidad, para
encontrar, durante estos años, a todos los hombres y mujeres a los que ha
sido enviado.
Padre Cristóbal, sabemos que permanece fiel a los Equipos de Nuestra
Señora, primero a sus equipos de base y luego a todos sus amigos del mundo
entero. GRACIAS POR TODO.
Bienvenido,
padre François Fleischmann. Tendríamos que decir monseñor François
Fleischmann, ya que sus responsabilidades cerca del Papa en la
Secretaría de Estado le han llevado a ser nombrado, en 1997 por Juan Pablo
II, capellán de su Santidad y prelado de honor.
Nacido en Estrasburgo, Francia, en 1934, es titular de un doctorado
en Filosofía, de una licenciatura de Inglés, idioma que ha enseñado. Fue
ordenado sacerdote en 1962 y ha tenido numerosas responsabilidades entre los
jóvenes o en las parroquias antes de llegar al Vaticano. Ha sido responsable
de la sección francófona de la Secretaría de Estado de Asuntos
Generales y esta responsabilidad le ha llevado a preparar los muchos
viajes del Papa a los países francófonos
En el transcurso de estos quince años pasados en el Vaticano cerca
del Santo Padre ha seguido los Asuntos Internacionales de la Santa Sede. Su
gran conocimiento de los problemas del mundo será para todos los miembros de
los Equipos, a los que desde ahora se dedicará, una preciosa ayuda para
la comprensión de todo lo que afecte al matrimonio y a la familia.
Sabemos que es un hombre preciso, discreto y atento; su palabra es
segura y su espiritualidad profunda. Contamos con su ayuda.
Padre Fleischmann, puede usted estar seguro de la oración de todos
los matrimonios de los Equipos. ¡Gracias por haber aceptado este servicio y
bienvenido!
Gérard y Nlarie-Christine de ROBERTY
Todos
sabemos que los ENS son una ayuda para vivir la espiritualidad conyugal.
Espiritualidad que, indudablemente, necesita de una base firme, como es la
armonía y la comunicación entre la pareja, porque si esto falla,
difícilmente tendremos una espiritualidad encarnada en la propia vida,
corriendo el peligro de caer en un falso espiritualismo basado sólo en
prácticas y normas cuyo cumplimiento es un tranquilizante para la
conciencia, pero no sirve para construir un nosotros con pleno sentido
cristiano.
Uno de los medios o ayudas que el Movimiento nos recomienda para tener
esta armonía conyugal, es la práctica de la sentada. Todos sabemos muy
bien en que consiste y por eso nos cuesta tanto realizarla. No porque sea algo
difícil o complicado, sino porque nos enfrenta a nosotros mismos y eso, a
veces, es duro de practicar. Muchos pensamos que nuestro matrimonio es
armónico y con plena, o por lo menos, gran comunicación: «nosotros
hablamos mucho y de todo», por eso creemos que la sentada es algo postizo y
que no nos hace falta. Tal vez esto se dé realmente en muchas parejas y no
necesiten ninguna ayuda «forzada» en su caminar hacia la santidad y hacia
la felicidad. No obstante releyendo el libro del P. Caffarel: Un hombre
cautivo de Dios, no hemos querido dejar de transmitir su pensamiento sobre
la sentada, porque tal vez su lectura nos haga cambiar de opinión a muchos
de nosotros.
Para evitar la rutina en el hogar; existe otro medio del que os quiero
hablar más extensamente. Tomad la agenda y, del mismo modo que anotáis un
concierto o una visita a unos amigos, anotad una cita con vosotros mismas;
quede entendido que esas dos o tres horas son «tabú»..., digamos sagradas:
¡es más cristiano! No admitáis que un motivo que no os haría
anular una cita en la ciudad o una cena en vuestra casa os haga faltar a esta
cita con vosotros mismos. ¿ Cómo emplear estas horas? Ante todo, pensad que
no tenéis prisa; ¡un día es un día! Abandonad la orilla y adentraos en
el mar; hay que cambiar de ambiente, a cualquier precio y olvidar las
preocupaciones. Leed juntos un fragmente escogido de un libro preparado
para esta hora privilegiada.
Después -o ante todo- rezad un rato. A ser posible, que uno de vosotros
diga en alta voz una oración personal y espontánea; esta forma de oración
sin despreciar las demás acerca
milagrosamente los corazones. Ya en la paz del Señor; comunicaos mutuamente
esos pensamientos, esos agravios, esas confidencias que ni es fácil ni a
menudo deseable hacer durante las jornadas atareadas y ruidosas y que, no
obstante, sería peligroso guardar en el secreto del corazón, ya que, como
sabéis perfectamente, existen «silencios enemigos del amor». Pero no os
detengáis ni en vosotros mismos ni en vuestras actuales
preocupaciones; remontaos a las fuentes de vuestro amor; reconsiderad el
ideal vislumbrado cuando, con paso alegre, iniciabais el camino. Renovad
vuestro fervor «Hay que tener fe en lo que se hace y hacerlo con
entusiasmo». Después, volved al momento actual, comparad el ideal con la
realidad, haced el examen de conciencia del hogar -no digo el examen de
conciencia personal-, tomad resoluciones prácticas y oportunas para
curar; consolidad, rejuvenecer; ventilar; abrir el hogar Dad lucidez y
sinceridad a este examen; remontaos a las causas del mal que habéis
diagnosticado.
¿Por qué no dedicar también algunos instantes para meditar sobre
cada uno de vuestros hijos, pidiendo al Señor que, de acuerdo con su
promesa, «ponga un ojo en vuestro corazón» para verlos y amarlos como Él,
y guiarlos así según sus designios?
Finalmente, y sobre todo, analizad si Dios es el primero en vuestra
casa
Es muy importante escribir un resumen de lo que se ha descubierto,
estudiado, decidido durante la cita, pero lo puede hacer uno sólo y leerlo
juntos la vez siguiente. Lo que os acabo de decir no es más que un medio para
conservar joven y fuerte vuestro amor y vuestro hogar; seguramente existen
otros muchos. Pero éste, adoptado por muchos esposos que conozco ya ha
demostrado su eficacia.
Amparo y Carlos Gómez-Senent
Responsables del Equipo Súper-Regional
Estamos
en tiempo de cambios, de dejar o de aceptar cargos y responsabilidades; tiempo
que nos lleva a retroceder seis años y a encontrarnos invitados para asumir
la responsabilidad de nuestro Sector.
Dijimos sí con miedo, pero con ilusión, un poco confundidos pero
ilusionados, titubeantes pero decididos a dar lo mejor de nosotros a un
movimiento del que tanto habíamos recibido.
Y ahí comenzó nuestra andadura, arropados de una manera especial
por un grupo de personas que en equipo repartíamos responsabilidades, en
equipo apoyamos iniciativas y en equipo nos transmitimos aliento y fuerza.
Tres años en los que el tiempo se volvió servicio, el cansancio
ofrenda y la desgana algunas veces oración. Nunca nos sentimos solos y SU
PRESENCIA la fuimos percibiendo en cada uno de los miembros de ENS, a los que
nos acercábamos para compartir sus preocupaciones con las nuestras.
Este tiempo se pasó como un soplo y cuando ya nos creíamos
liberados, otra nueva responsabilidad se nos ofrece, ahora de la región, y
de nuevo, después de esta primera experiencia gratificante, decimos sí,
confiados en que el Señor pondría a nuestro lado a quien nos ayudara a
caminar.
Y efectivamente, surgió un nuevo equipo de trabajo, compuesto por
todos los responsables de Sector de nuestra región, unidos como una piña,
ilusionados por potenciar, ampliar y renovar, entre todos, los equipos de
matrimonios de nuestra Galicia-meiga; resultando que aquellos a quienes en
teoría tendríamos que animar, se convirtieron en nuestros mejores
animadores, con un espíritu de trabajo encomiable.
Al comienzo de cada curso, en todo un día de reflexión, presidido por
una Eucaristía, analizamos la realidad de cada uno de los sectores,
discutimos y proponemos objetivos, comunes algunas veces o particulares y
muy especificas otras, según las circunstancias y el momento lo requiera.
Con ánimo renovado, llenos del Espíritu, intentamos transmitir a cada
uno de los sectores lo descubierto y volver a juntarnos pasados tres meses
con el mismo esquema de reunión, revisando la marcha de lo programado,
corrigiéndolo si fuera necesario y mejorándolo dentro de lo posible, para a
final de curso, de nuevo ante el Señor, evaluar los logros conseguidos y no
conseguidos, pues de todo se aprende, para pensar ya en un nuevo curso y en
nuevos objetivos, con nuevas fuerzas y nuevas ilusiones, siempre poniendo
todo nuestro cariño en lo que hacemos, pensando en lo que dice M. Iceta:
«nuestra contribución valdrá lo que valga nuestra ofrendo personal,
independientemente de la magnitud de lo conseguido». Lo más importante es el amor que pongamos y
éste ha sido total.
Entregados con ilusión y con alegría, convencidos de que esa es la
voluntad del Señor sobre nosotros en este momento: ayudemos a que nuevas
parejas, emprendiendo un nuevo camino, descubran, como nosotros, que el
seguimiento de Jesús es camino de felicidad y de santidad.
María Luisa y Queno
Responsables de Galicia
NOTA
DEL WEBMASTER: El artículo
continúa con fotos y mapas de cada sector de la región así como una breve
reseña por sector realizada por los responsables. No se ha incluido aquí por
la dificultad de su reproducción desde el original.
En
los pasados días, del 25 al 28 de mayo, se celebró la reunión del Equipo
Súper-Regional, en un clima de amistad, participación y oración que
favorecen el encuentro de unas parejas que se reúnen para servir de cauce y
motivación para todos los Equipos de nuestra Súper-Región.
Queremos destacar la emoción nos embargó a todos ante el relevo de dos
parejas de responsables que nos han acompañado durante los últimos cuatro
años. Loli y Antonio Ruiz, de la Región Noroeste, dejaban su servicio y
cedían el testigo a Mª Teresa y Perfecto Cortizo, de Ponferrada, y Mª
Teresa y José Ántonio Pérez, del Camino de la Región Centro, eran
sustituidos por Carmen y Carlos Martínez. Suponemos que os podréis
imaginar la emoción de todos los allí presentes, pues cuatro años de
oración en común, ayuda mutua y compartir experiencias, dejan una huella
imborrable en nuestros corazones.
Agradecemos a los que han dejado su presencia activa en el Equipo
Súper-Regional,
el trabajo y la dedicación de estos años, y a los recién incorporados su
disponibilidad en la aceptación de este servicio a los Equipos de Nuestra
Señora.
Después de la habitual sesión de formación y reflexión sobre la
situación actual de la evangelización y las actitudes del cristiano ante
la misma, con que dedicamos la mañana del sábado, se trataron los temas
del orden del día y se adoptaron los siguientes acuerdos:
1.
Estudiar la viabilidad de organizar unas Jornadas para responsables
de Equipo para toda la Súper-Región en el último trimestre del año 2002.
En próximas reuniones se irán perfilando los detalles, tales como lugar,
fecha exacta, contenidos, costes, etc.
2.
Ayudar a los ENS Jóvenes a su reimplantación en las diferentes
regiones. El Equipo responsable de este colectivo nos explicó en esta
reunión su deseo de que los mayores les
ayudemos en esta tarea, respetando su autonomía y libertad, pero
coordinados con los distintos Equipos regionales. Por tanto, os animamos a
hacer tareas de difusión entre los jóvenes sobre este Movimiento que
tiene nuestras mismas características y métodos.
3.
Prestar una atención especial a los actos comunes que se organizan
en los sectores y regiones, procurando cuidar la convocatoria, el desarrollo
de los mismos, 105 contenidos, la animación, la formación, las experiencias
del compartir, los momentos lúdicos, así como revisar y actualizar su
número y su estructura. Estos actos tienen como objetivo, entre otros,
animar y sentir que pertenecemos a una comunidad mayor que el propio Equipo.
4.
Como consecuencia de las Jornadas para responsables de pilotaje,
que se celebraron una semana antes, se vio la necesidad de intentar aunar
criterios con respecto a la estructura y organización de las escuelas de
pilotos y los Equipos de información y pilotaje.
5.
Fomentar en todas las regiones el desarrollo de talleres de
comunicación, debido, sobre todo, a la falta de diálogo existente en
muchas parejas. Algunas regiones ya los han iniciado, con resultados muy
satisfactorios.
Por último, se programaron las Jornadas de apertura de curso para
responsables de Sector del próximo mes de septiembre.
Una
de las características de Cristo fue hablar con claridad y si un día
afirmó que cuando los ojos están enfermos, todo el hombre está a oscuras
(Mt 6,22), ahora nos dice que cuando nuestro corazón se hace duro como los
suelos pedregosos, la semilla en ellos sembrada no prosperará en su
crecimiento. Conviene leer el texto completo de la parábola y la explicación
que Jesús hace de ella (Mc 4,2-20).
Los análisis de la Biblia nos hablarán de lo exacto de la parábola
en referencia a los suelos palestinos: áridos, sembrados de piedras en los
bordes, atravesados por caminos trillados y endurecidos, llenos de malezas,
etc. Los sociólogos luego, nos dirán quiénes son los hombres-pedregosos,
los hombres-camino, los hombres-zarzales, los hombres-buena tierra, etc.;
pero la parábola nos concierne a todos, porque en ella lo que se pretende
es resaltar los diversos resultados que se siguen tras el encuentro de la
palabra de Dios con cada uno. ¿Cuál es nuestra respuesta real a la palabra
de Dios que se nos está sembrando? Dadas mis contradicciones internas, ¿en
dónde me pongo? ¿Qué clase de suelo soy? ¿Qué estamos haciendo cada uno
con la palabra de Dios? Esa es la problemática que sugiere esta parábola.
NUESTRAS CONTRADICCIONES Y SUS ORÍGENES
Del análisis de nuestra realidad concluimos que somos «múltiples»,
que nos encontramos un poco en todos los diversos suelos. Nos reconocemos
«camino», terreno endurecido por una fe reducida a rutina y a observancia
de preceptos trillados, donde la palabra de Dios cae pero rebota. Personas
distraídas y ausentes porque el corazón lo tememos en otra parte y la
simiente nos resulta extraña.
Nos reconocemos «terreno no labrado»: una pequeña capa de tierra
sobre un árido de piedras. Personas capaces de quedar bien y de salvar las
apariencias cristianas y poco más. Superficialidad, vanidad, inconstancia y
volubilidad. Tímidas tentativas pero sin llevar nada a cabo en resumidas
cuentas. Personas sin raíces, incapaces de asimilar y por ello, incapaces
también, de comprometerse. Personas, en fin, que tocan infinidad de cosas,
pero nunca hacen suyo nada en serio.
También nos podemos reconocer en el «enredo de las zarzas»: terreno
labrado quizás, pero donde la simiente tiene que crecer en competencia con
la zarza que le roba el alimento y le impide ver el sol, hasta terminar
ahogándola en su crecimiento. Es ese barullo de los entorpecimientos, los
compromisos sociales, las cosas que convertimos en esenciales, las
comodidades de las que no queremos prescindir, los temores, etc. Esas son
las zarzas que sofocan el desarrollo de la palabra de Dios dentro, después de
haberla reducido a minoría en nuestro mundo interno tan confuso.
Finalmente, también podemos reconocernos en el «terreno fértil»,
en aquel que puede multiplicar el fruto de la palabra sembrada. El
sembrador no es que luego pretenda que el fruto sea el mismo en todos, lo que
quiere es que nos esforcemos por ablandar la dureza, por desalojar las
piedras que estorban y por arrancar los abrojos que impiden el crecimiento.
Es decir, que evitemos todo aquello que pueda neutralizar la capacidad de
crecimiento de la simiente. Como «terreno» somos socios de Dios en su
obra de creación y crecimiento. La palabra, creadora de vida, nos pide
poner algo de nuestra parte.
Por eso resultan extrañas nuestras contradicciones y sobre ellas
deberíamos pensar un poco. Por ejemplo: escuchamos la palabra de Dios en misa
y saliendo de la iglesia hacemos lo contrario; pensamos en grandes ideales
y metas y luego hacemos cosas bien mezquinas; pretendemos grandes obras y a
renglón seguido nos contentamos con los ridículos horizontes de siempre;
nos abrimos con ilusión hacia la libertad interior, pero nos condicionamos
cerrilmente a nuestras esclavitudes diarias, como la de la mediocridad, etc.
La respuesta no la podemos reducir a disculpar la diversidad de
terrenos ineptos en nosotros, por razones marginales o eventuales que nos
sobrevienen. Hay más bien que buscarlas entre nuestras actitudes de fondo,
las actitudes a las que Jesús mismo hizo alusión al explicar la parábola:
el influjo que tiene sobre nosotros el mal y el ambiente, nuestra
superficialidad e inconstancia y la ambición y las ansias que nos suelen
dominar (Mc 4,13-20).
Si abrimos la Biblia encontramos tres afirmaciones a propósito de la
palabra de Dios. Se nos dice de ella que es creadora, que es salvadora y que
es germen de vida. Que es creadora aparece desde el principio, produciendo el
universo con su fuerza: «¡Hágase!» (Gen 1). «Mediante ella se hizo todo
y sin ella no se hizo nada de lo que hay hecho» (Jn 1).
Que es salvadora también nos lo recuerda el Evangelio de Juan: «la palabra se hizo
carne y habitó entre nosotros; y a los que la reciben, los hace capaces de
ser hijos de Dios» (Jn 1). Que sea germen de vida es evidente, porque contiene en sí un
principio capaz de hacer en nosotros verdaderas transformaciones. Por eso,
hemos de secundar su fuerza, proporcionándole tierra apta para que el
crecimiento sea real en nosotros. Nunca le opongamos resistencia y, mucho
menos, la hagamos «inofensiva».
De todos los terrenos de la parábola, quizás al que más nos
parezcamos sea al del zarzal: un terreno bueno, pero ocupado ya por
nosotros mismos, por nuestros prejuicios, por nuestros esquemas habituales,
por la lógica y el sentido común, por los temores, etc. La palabra allí
queda ahogada y no crece. Quizás le tengamos algo de miedo por si nos lleva a
mayores compromisos con la sociedad o con la Iglesia y terminamos
reduciéndola a nuestras cuadrículas de pensar o de ser, personales. En una
palabra. la tratamos de adaptar a lo nuestro de siempre, olvidados de que
Jesús nos avisó que hemos de hacernos como niños si queremos entrar en el
Reino. Hacerse como niños es creer sin reservas y acoger con
disponibilidad, porque el niño está limpio todavía de prejuicios mentales
y de hábitos adquiridos.
No es infrecuente que nosotros en vez de prepararle el «humus»
necesario para el crecimiento, acumulemos «ingredientes» para rebajaría,
para hacerla más digerible, más adaptable a nuestros modos personales.
Luego, le añadimos el «suavizante» indispensable para hacerla inofensiva
o inocua, para que no nos inquiete dentro, ni nos moleste demasiado,
cuando precisamente la Biblia nos dice que la palabra de Dios es afilada,
es luz y es fuego. Lo malo es que nosotros la embotamos para que no nos
hiera, o la hacemos opaca para que no nos dañe la vista, o la enfriamos con
el agua del sentido común o de la falsa prudencia. Eso es lo que quiere decir
«hacer inofensiva la palabra de Dios». Pero la palabra, lo que tiene que
hacerse, es vida en nosotros y ayudarnos a crecer más y más.
Cuando encontremos personas a quienes el Evangelio les resulta raro,
tendríamos que preguntarnos: ¿no habremos contribuido nosotros también a
hacer raro el Evangelio? Quizás no hayamos sido capaces de ofrecer un
testimonio evidente de que su práctica es posible, tanto personal como
colectivamente. O quizás lo hayamos envuelto en nubes tan místicas
como hipócritas, o lo hemos reducido a una casuística moral minuciosa,
identificándolo con un moralismo ya caduco. Nuestra obligación es
aplicarlo a la vida desde cualquier circunstancia, hasta habituarnos a
vivirlo con naturalidad.
¿Qué estamos haciendo con la palabra de Dios? ¿La mantenemos viva en
el corazón, o la hemos hecho inocua en sus efectos? Juan termina su Evangelio
diciéndonos que «esta palabra la ha escrito para que creamos y por esa fe
tengamos vida» (Jn 20,31).
Joaquín Sangrán SJ
En
artículos anteriores mostramos que, a diferencia de las cosas, que una vez
construidas, ya están finalizadas, las personas tenemos que estar
continuamente haciendo nuestra vida. Nuestra vida no nos viene hecha sino
que es una tarea por hacer. ¿Quién tiene que hacer nuestra vida? Parece
que la respuesta más razonable es decir que nosotros mismos. Cada persona
está llamada a ser su propia autora.
Pero para hacer su vida, aunque estemos frente a todo lo real, la
persona no
es
autosuficiente; debe ser autónoma, pero necesita apoyarse en las cosas y,
sobre todo, en las personas.
Pero no es que simplemente los necesite: es que la persona está
constitutivamente abierta a los demás y a las cosas. La persona es un
ser-con otras personas. En su misma naturaleza está ser abierto a otros. No
es sólo por necesidad sino que su propia realidad es una realidad abierta. El
ser humano es comunión en su propia estructura.
¿A qué está abierta la persona?: a sí misma, a la realidad sensible,
a los demás y a la trascendencia. Aquí vamos a fijarnos, sobre todo, en la
apertura a las demás personas. Y lo que descubrimos es que la orientación
y relación con los demás, puede ser de dos tipos:
Impersonal,
mera asociación de personas, en la que se está vertido a los demás en
tanto que «otros», dando lugar así a la sociedad.
Pero
puede ser también una versión personal, auténtica comunidad, que
consiste en la versión de unas personas a otras en cuanto personas. Es
este tipo de relación la que da lugar a la comunidad.
Distinguiremos así relaciones impersonales y sociales de las relaciones
personales y comunitarias.
a)
Las primeras le transmiten, de un modo objetivo, y a través de la
socialización y la educación, la tradición cultural y una visión de la
realidad (cosmovisión).
b)
Pero en el segundo caso hay una vinculación concreta a personas. Los
otros presentes en la vida de la persona en sus albores le proporcionan
recursos, le educan,
le
enseñan. Más adelante los otros también son ayuda, educación,
acompañamiento, de modo relevante en la familia y la amistad, como nosotros
de los que se escinde el yo y el tú. En definitiva, las personas
significativas que tejen el entramado de cada vida son elementos
indispensables en la realización personal. La vida personal está más allá
de los límites de lo meramente individual.
1.
«TODA
VIDA VERDADERA ES ENCUENTRO» (BUBER: Yo y TÚ)
Decíamos que relaciones personales son las que establece la persona
cuando trata a los demás como personas. En este sentido, la primera forma de
relación, la relación básica, es la que se establece entre un yo y un
tú.
La persona no se puede realizar como tal si no es abriéndose a las
demás personas. Los demás nos enseñan a ser persona. Por eso, sólo desde
un ciego individualismo, se puede decir que «el infierno es el otro» (Jean
Paul Sartre). La verdad es que sólo gracias al otro yo puedo ser yo.
«Las otras personas no limitan a la persona, la hacen ser y
desarrollarse. Ella no existe sino hacia los otros, no se conoce sino por
los otros, no se encuentra sino en los otros. La experiencia primitiva de la
persona es la experiencia de la segunda persona. El tú, y en él el
nosotros, preceden al yo» (Emmanuel
Mounier: El personalismo. Sigueme, Salamanca 1990, p. 475).
Así las cosas, podemos afirmar que la relación personal más intensa y
auténtica entre dos personas es la de encuentro.
Un encuentro, en el sentido concreto y preciso que aquí queremos dar
al término, consiste en una experiencia personal radical en la que dos
personas se hacen mutuamente presentes de modo significativo, dándose y
acogiéndose mutuamente, y estableciéndose entre las dos una comunicación
fecunda. Cada uno de los dos crece como persona gracias a la otra.
En el Encuentro, cada una de las personas quiere que la otra llegue a
ser quien está llamada a ser, ofreciéndole cada uno al otro su riqueza
personal, sus cualidades, su tiempo, su ser. Cada uno de los dos apoya,
posibilita e impulsa al otro para crecer como persona. Por el encuentro, un
«yo» y un «tú» se convierten en un «nosotros».
Ahora bien, la convivencia o relación entre dos personas, el hecho de
encontrarse dos personas, presenta varias formas, no todas igualmente
personalizantes y constructivas. Dependen de cómo se considere al «tú», de
cómo se tome al otro con el que me encuentro:
Formas de considerar al «tú»:
1.
Como cosa, como medio o instrumento para mis fines
2.
Como socio, colaborando con él en función de una necesidad mutua
pero tratándolo de modo impersonal, sin importarme él como persona
3.
Como persona, como fin en sí, como alguien al que acojo y al que me
doy para que sea quien está llamado a ser.
« Yo trato al prójimo como un objeto cuando lo trato como a un
ausente, como a un repertorio de informaciones para mi uso, o como un
instrumento a mi disposición; cuando lo catalogo sin apelación» (Emmanuel
Mounier: El
personalismo. Sígueme,
Salamanca 1990, p. 477).
2. TIPOS DE RELACIÓN INTER-PERSONAL
Dependiendo de qué actitud se tome uno respecto del otro en las
relaciones personales, se podría hablar de varios modelos de relación.
Todos nosotros podemos, de hecho, llegar a tener con unos o con otros todos
los siguientes modos de relación con los que nos rodean (familia, amigos,
compañeros), o incluso con una misma persona tener varios de estas actitudes:
a)
Utilización
mutua (gráfico
1).
Relación en la que los dos pretenden, ante todo, recibir, y toman al
otro como instrumento para sus necesidades. Se reduce al otro a mero útil
para los propios intereses o se reduce a su función, a su rol,
etiquetándolo.
b)
Relación parasitaria (gráfico
2) en la que uno pretende recibir siempre y nunca dar mientras que el otro
está siempre en actitud de donación.
c)
Relación personal (gráfico 3) en la que los dos tienen la actitud de
salir de sí, ponerse en el punto de vista del otro y tomarse mutuamente sobre
sí de modo estable y fiel. Elaboran y viven conjuntamente un proyecto de
vida en común.
Veamos esto gráficamente:
NOTA
DEL WEBMASTER: Los gráficos no se reproducen
Sólo este tercer tipo de relación es la que hace crecer a las personas
y permite que desarrollen su dimensión comunitaria. Por eso, el punto de
partida de toda vida comunitaria es la acogida y la donación al otro, es
decir, el amor:
El nuevo pensamiento no comienza con el pensamiento a secas, por el cartesiano
«pienso, luego existo», sino por el amor ergo sum («soy
amado, luego existo»), y por ello una doble razón. primero, porque en el
principio tampoco fue el «yo» aislado, robinsoniano, sin relación; y,
después, porque en el principio tampoco fue el famoso «pienso», sino la
inteligencia sentiste originaria, una de cuyas funciones es el pensar. Un
Descartes que afirma que yo sólo soy yo, yo sin ti; un Descartes que duda de
la vida y de los sentidos, un Descartes así ha de ser descartado» (Carlos Diaz Hernández: Soy
amado, luego existo. Volumen 1: Yo y Tú, Pp. 103-104).
Xosé Manuel Domínguez Prieto
Doctor en Filosofía. Miembro del Instituto Emmanuel Maunier
Equipo Ourense-15
Propuestas concretas del Segundo Aliento
E1 Segundo Aliento concretaba la misión de los Equipos dando incluso
pistas de acción precisas en el ámbito de la Pastoral Familiar. Se hablaba de trabajar con Equipos
jóvenes, de preparar a los novios al matrimonio, de caminar con parejas
jóvenes casadas no integradas en los ENS y de crear estructuras paralelas
para ayudar a las parejas en dificultad, a los divorciados vueltos a casar, a
los jóvenes
que cohabitan.
¿Qué se ha hecho de todo ello? Creemos que las dos primeras propuestas son
algo que los miembros de los Equipos tienen totalmente asumido. Muchos
han colaborado y colaboran con Equipos de jóvenes en parroquias y colegios
con motivo de la catequesis de confirmación o con el Movimiento Equipos de
Nuestra Señora de Jóvenes o Fraternidades Marianistas. Otros muchos, y desde hace ya mucho
tiempo, colaboran en los cursillos prematrimoniales.
Ya es más difícil encontrar gente que acepte acompañar a parejas jóvenes que
no quieren integrarse en un Movimiento, pero que buscan algo en el terreno de la
fe y en el marco de lo conyugal. Quizás los Equipos han encontrado una
manera indirecta de ayudar a esas parejas, al elaborar un pilotaje
diferente en el que el primer año se centra en una catequesis de
iniciación vital en los fundamentos de la fe, enfocada a la pareja y desde
la pareja. Saben que así van al encuentro de la nueva situación de falta de
formación de tantas parejas jóvenes y que les inician de modo paulatino en
la espiritualidad conyugal.
Pero siendo algo estupendo, queda sin embargo un hueco por llenar y
es el de las parejas que no están casadas sacramentalmente pero que tienen un
proyecto de fidelidad, de duración, de entrega para su vida en común y que
también necesitarían ayuda. ¿No podríamos inventar algún tipo de acompañamiento diferente que simplemente
enseñe una metodología conyugal y abra las puertas a la trascendencia?
Mucho más difícil es encontrar algún modo de ayudar a los divorciados
vueltos a casar que son cristianos por educación y convencimiento y
sinceramente sienten que esta segunda oportunidad es la verdadera y se
duelen de tener que arrastrar un error, un abandono, un fracaso para toda la
vida. Aquí
la Iglesia tiene la última palabra. Quizás la misión de los miembros de los
ENS sería recordárselo a sus pastores en todo momento y colaborar con las
iniciativas que surjan.
En cuanto a los jóvenes que cohabitan, es difícil que quieran
agruparse como tales, pero sí quizás integrarse en los grupos formados
por parejas unidas por el matrimonio civil, para ir descubriendo que el amor
no es
sólo sentimiento sino algo que se construye día a día con creatividad y constancia.
Queda tanto por hacer... El tiempo es tan corto... Se nos ha dado
tanto... Si aprendiéramos a mirar con compasión y con entusiasmo ya nos habríamos
comprometido en alguno de estos campos. ¿A qué esperamos?
Álvaro y Mercedes Gómez-Ferrer
Signos sexuales
La
vida la sociedad que nos rodea esta llena de signos más o menos
convencionales.
El matrimonio tiene, y los esposos tenemos, toda una serie de signos,
además de propios, intransferibles. A través de ellos, «tu
y yo», marido
y mujer, nos entendemos, nos comprendemos y nos compenetramos; en definitiva
con la mediación de «nuestros signos», nos queremos y nos amamos.
Este lenguaje de los signos, nos permite comunicarnos y expresarnos
hasta alcanzar su total plenitud, donde las palabras enmudecen y no son
capaces de manifestar toda la fuerza contenida en la íntima relación
conyugal.
El mismo sacramento del matrimonio adquiere su máxima expresión con
la entrega, libre y desinteresada, de cuerpo y alma de los esposos,
convirtiendo esta donación en el signo específico e identificativo de
éstos, marido y mujer. Y queremos resaltar el aspecto de la entrega, ya
corporal, pero sobre todo espiritual. Este matiz es el que nos debe marcar a
los esposos cristianos, pues si aspiramos a los carismas superiores, es con
la fusión, además de los cuerpos, de nuestros espíritus, cuando adquiere el
sentido sacramental de la vocación conyugal.
En este marco, nos atrevemos a proponeros a experimentar tras el
clímax conyugal, aún con los cuerpos exhaustos y con la respiración
entrecortada, el ofreceros al Señor en un momento de íntima oración.
Todavía más, reconvirtamos el signo vital de la relación conyugal en una
honda oración a Dios.
Queremos reivindicar, que utilizamos la expresión relación conyugal,
en lugar de relación sexual, porque entendemos que la primera engloba la
segunda y no al contrario. La relación conyugal globaliza la vida de la
pareja, de los esposos, en definitiva del matrimonio. Y es dentro de éste, en
donde aparecen diferentes signos de marcado sentido sexual y que conforman y
dotan al matrimonio de herramientas a su servicio. Así, y en este contexto,
de los signos sexuales, como lenguaje que es, hay que saber aceptar su
transcendencia, con su validez en un momento dado, y su intranscendencia en
otras etapas de la vida.
El matrimonio, no lo olvidemos, es un proyecto de vida inacabado al que
hay que hay que ir adaptándolo a las cambiantes situaciones que la vida
conyugal nos va deparando con el transcurso de los años. Concretamente, la
vida de la pareja recién casada es diferente a la de un matrimonio que ya
lleva diez o quince años de casada, o el que va a celebrar las bodas de
plata, y qué decir de las de oro. Es diferente el que no tiene niños, que el
matrimonio que está viendo crecer a sus hijos, o el que vive la llegada de
los nietos.
Sin embargo, en cada uno de los diferentes estados matrimoniales se
viven unos signos sexuales condicionados a la relación conyugal que en cada
momento se vive y que cada pareja debe de ser capaz de adaptar al tiempo y a
su situación.
Los signos sexuales adquieren la fuerza, la madurez y la serenidad que
los esposos, atendiendo al momento que viven, quieran darle.
Ahora bien, para que los signos tengan plena validez debe haber un
emisor y un receptor y que ambos estén en la misma onda; la armonía sexual
tan sólo se adquiere con paciencia, diálogo y mucho, muchísimo amor.
Es todo un aprendizaje, un proceso. Es..., el matrimonio.
luma y Guillermo
V-109
El mundo de los humanos
E n los primeros capítulos del libro del Génesis, a los que estamos de