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CONTENIDOS

Editorial

Correo del ERI:

Correo de la Súper-Región:

Formación Permanente:

Colaboraciones:

 

Nuestros mayores nos cuentan:

El rincón de los jóvenes:

En la casa del padre:
Oración Conyugal

 


 

EDITORIAL

 

Alguien observó, hace ya tiempo, que el elemento más revolucionario y original de los Equipos de Nuestra Señora era la «sentada». La razón de esta importancia reside en que es un símbolo luminoso de una manera de entender el amor conyugal como comunicación total de dos vidas, y, a la vez, un medio potente para lograrla.

La sentada no es fácil: de hecho, es uno de los puntos de esfuerzo en que más fallamos. Porque no es una mera práctica o rito que podamos realizar desde la periferia de nuestro ser. Implica todo un salto cualitativo en nuestra relación, que afecta a toda nuestra vida y, por ello, exige una gran decisión. Más aun, supone tal calidad del amor que sólo es posible con la ayuda de la gracia. De ahí que, cada vez que somos capaces de realizarla satisfactoriamente, experimentamos el soplo vital y renovador del Espíritu.

La sentada consiste, ante todo, en escuchar. Primero, escuchar a Dios, que quiere hablarnos a través de todos los avatares y circunstancias de nuestra vida; por eso comenzamos tomando conciencia de su presencia entre nosotros. Y, después, en escuchar al otro cónyuge. Son dos escuchas que están íntimamente relacionadas y que sólo se producen cuando tenemos estas dos actitudes: disponibilidad para ente­rarme de lo que el otro quiere decirme y valoración previa de su mensaje.

Pero, junto al escuchar está el decir, o, más bien, el decirse. Porque cada uno ha de saber expresar, con total sinceridad, sus vivencias más íntimas y, sobre todo, cómo está viviendo la relación conyugal, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos.

Ambas operaciones sólo son posibles desde la serenidad que fluye de la confianza y el amor mutuos. Es lo que exteriormente simboliza el gesto de sentarse tranquilamente, sin nerviosismos ni prevenciones. Nos sentamos juntos porque no nos tememos. No es la postura del que se encoge primero para después poder saltar sobre el otro, sino la del que baja todas las defensas porque se siente acogido y seguro.

La sentada es un gesto cuasisacramental. Primero, porque a través de una postura física nos introduce en una experiencia profunda. Y, sobre todo, porque es a la vez fuente que renueva y alimenta nuestro amor, y experiencia cumbre del mismo.

Naturalmente, este carácter sacramental lo tiene por derecho propio la unión íntima y física entre los esposos. Pero la sentada es el gesto que contribuye a humanizar la unión sexual y a distinguirla de cualquier otro apareamiento. Porque es la que le comunica su dimensión personal. LI

 

El Equipo de Redacción

 

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CARTA DE JEAN-LOUIS Y PRISCILLA SIMONIS

 

Queridos amigos:

Queremos presentarnos breve­mente: somos nuevos miem­bros del ERI y nos llena de emoción dirigirnos a vosotros, que sois más de 40.000 entre matrimonios y con­siliarios de los cinco continentes.

 

Procedemos de la parte sur, y por tanto francófona, de Bélgica y vivi­mos en una ciudad pequeña del nor­te neerlandés.

 

Desde 1974, fecha en la que nos casamos, nuestro matrimonio perma­nece vivo y el Señor nos ha concedi­do la gracia de confiarnos dos hijas:

Tatiana, de 27 años, casada desde hace dos, y Gaélle, de 24 años.

 

Como consecuencia de nuestra situación, un poco aislados como francófonos en un territorio neerlan­dés, el requerimiento del Movimien­to nos ha encontrado enseguida dis­ponibles para servir a los Equipos. En el transcurso de los 27 años de vida de Equipo hemos, así mismo, asumido muchas responsabilidades sucesivas en el seno del Movimien­to, la última de estas responsabilida­des ha sido la de hogar responsable de la Súper-Región Belga.

 

El Encuentro de Santiago de Com­postela nos ha llenado, una vez más, de este inmenso entusiasmo de ver reunidos matrimonios y sacerdotes de origen y culturas tan diferentes y, al mismo tiempo, tan cercanas, no sólo por su pertenencia a los ENS sino también como hermanos y hermanas de Cristo.

 

Prolongando, en cierta forma, este momento fuerte del Encuentro, esta unidad va a traducirse, durante los tres próximos años, en las «Orien­taciones» del Movimiento: «Ser ma­trimonio cristiano hoy en la Igle­sia y en el mundo».

 

En un primer momento se nos invita a cada uno, de forma particu­lar y después en pareja, a interrogar­nos sobre el significado que tiene para nosotros hoy «ser persona». En un mundo en el que, en nombre del principio del derecho al desarrollo individual de la persona humana, se tolera que sean despreciados los de­rechos fundamentales de la libertad y de la igualdad de esta misma per­sona humana, ¿qué alternativa cris­tiana podemos presentar? ¿Cómo devolver a cada ser humano su dig­nidad de hijo de un mismo Padre? ¿Qué actitudes adoptamos en familia, en nuestro medio de trabajo, frente a los grandes debates que animan a nuestra sociedad de hoy: el aborto, la eutanasia, la donación humana -ya sea en su aspecto terapéutico o repro­ductivo-, la manipulación de los embriones humanos en nombre de la ciencia...? ¿Vamos a continuar asis­tiendo, con frecuencia impotentes, a la degradación del ser humano, a la explotación del hombre por el hombre?

 

Nos parece que los Equipos de Nuestra Señora, sin ser el único ni perfecto camino, pueden ayudarnos. Pensemos que nuestro Movimiento está abierto a todos los medios so­ciales y socioculturales, sin exclusión de razas ni de idiomas. El Encuentro de Santiago de Compostela ha sido un testimonio vivo.

 

Por otra parte, el Equipo nos ayu­da a mantener nuestra conciencia despierta. Pero tenemos que «ser» más. Tenemos que ser, al mismo tiempo que cristianos, «levadura de la masa», navegar a contracorriente, como los salmones en el momento del desove.

 

El tema de estudio que propone el Movimiento para acompañar a estos tres años de toma de concien­cia querría, por su dinámica particu­lar que llama a la participación acti­va de los matrimonios de los Equi­pos, llevarnos a cambiar nuestros comportamientos, nuestros hábitos, nuestra forma de vida. En este cami­no sostengámonos unos a otros con la oración. Pidamos al Espíritu San­to que nos ilumine y nos guíe en esta misión que nos .aguarda: devolver a cada ser humano la dignidad que nunca debería haber perdido.

 

Atrevámonos a afirmar como cristianos que estamos «prestos a dar cuenta de la esperanza que habita en nosotros ante aquellos que nos piden cuentas» (1 P 3, J5).

 

Sin embargo, si estamos solos es difícil. Apoyémonos, pues, en el PA­DRE del que somos a la vez imagen en nuestra humanidad e hijos e hijas por Jesucristo.

 

Oramos unidos a cada uno de vo­sotros para que el SEÑOR nos dé a cada uno la fuerza de estar siempre preparados...

 

Priscilla y Jean-Lonis SIMONIS

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CARTA DEL CONSILEARIO PADRE FRANÇOIS FLEISCHMANN

Vivir y amar en persona...

 

Recientemente he sido llamado para acompañar al Equipo Res­ponsable Internacional. Quiero salu­dar cordialmente a todos los miem­bros de los Equipos de Nuestra Se­ñora, así como a sus consiliarios. Estoy muy contento de iniciar el ca­mino con vosotros.

 

La orientación que se nos ha pro­puesto para los próximos tres años:

Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo, nos invita a observar, en primer lugar, nuestra con­dición de personas. Un matrimonio así como un equipo o una asam­blea eclesial es, ante todo, una co­munidad de personas.

 

No estamos jugando con las pa­labras cuando hablamos de forma insistente de personas y no de indi­viduos. Los individuos forman la multitud y alimentan las estadísti­cas, en tanto que cada persona es única.

 

Cada persona, incluso la más débil y desprotegida, tiene que ser respetada, ya que, como dice el Con­cilio Vaticano II, el hombre es «la única criatura en la tierra que Dios ha querido por ella misma» (Gau­dium et spes, n. 24).

 

Digamos que, incluso, cada per­sona se tiene que respetar a sí mis­ma, fiel a sus compromisos, a su conciencia en la que Dios ha escrito su ley, para que esta ley se abra a los demás (ci Gaudium et spes, n. 24).

 

Matrimonios: sabéis bien que vues­tra felicidad viene de la unión de vues­tras personas, del respeto que sentís el uno por la persona del otro, de las convicciones que compartís, de los proyectos que tenéis en común, de to­das las formas de los dones de amor que ofrecéis y que prolongáis más allá de vosotros mismos.

 

Padres: veis cómo se desarrolla la personalidad de vuestros hijos. Personas siempre nuevas, con todo lo que os inquieta y os maravilla de ellas.

 

Actores de la vida social, os dais cuenta clara de que el individualis­mo es un verdadero cáncer. Sólo con el respeto a la dignidad de la perso­na se puede asegurar y servir al bien común.

 

He aquí la palabra dignidad, tan ligada a la noción de persona y que se está banalizando. Y, sin embargo, ¡cuántos atentados se cometen con­tra esta dignidad!

 

¿En qué fundamentos podemos basarnos para poder hablar de la dig­nidad humana? Estos fundamentos nos los proporcionan las célebres palabras del libro del Génesis: Dios creó al hombre a su imagen y seme­janza, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó (1, 27).

 

Hablar de imagen de Dios resul­taría bastante plano si la imagen que tuviéramos de Dios fuera abstracta e impersonal. Pero se trata de Dios Padre, Hijo y Espíritu, Dios vivo, Dios en la comunión de las personas que nos otorga la posibilidad de ser imagen suya.

 

La mejor señal es el hecho de que la cualidad de imagen de Dios se lleva a cabo en la condición del ser humano, hombre y mujer. En la relación y en la unión de los esposos se encuentra uno de los más bellos reflejos del Dios vivo que es amor. Todo esto es un conjunto por el que los seres humanos forman la imagen de Dios. La dignidad de las personas se funda en la capacidad, no ya de vivir para sí mismos, sino en el don de sí mismos.

 

Por lo tanto, ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia es desarrollar la vocación de las personas a amar y a dar, a servir y compartir, a imagen de Dios que ama y comparte su vida. Desde el bautismo hasta el matrimo­nio, las personas de los esposos que se han revestido de Cristo se ven purificados, reconciliados, estimula­dos a reflejar, cada vez mejor, la pre­sencia de Dios creador y salvador.

 

El Vaticano II nos lo ha dicho:

«por su encarnación, el Hijo de Dios se ha un ido, en cierta forma, a todo hombre» (Gaudium et spes, n. 22).

 

Matrimonios cristianos, hogares habitados por la gracia, así como los demás fieles, los sacerdotes, las perso­nas consagradas, los solteros, los ais­lados, los jóvenes y los mayores, los pequeños y los pobres, cada uno se­gún su vocación... todos vosotros sois miembros del mismo Cuerpo, piedra del inmenso mosaico que es el rostro de Cristo, que se presenta al mundo a través de todos nosotros. Vuestras per­sonas forman estas Iglesias familiares, a las que nuestros Equipos son tan afectos, integradas en la Iglesia diocesana, en la Iglesia universal.

 

Al testimoniar los dones de Dios y su confianza en el hombre, ser matrimonio cristiano hoy en la sociedad supone desplegar todas las riquezas que forman la persona de los esposos. Desde el hogar, fuente de resplandor que se expande en las relaciones constructivas con los ve­cinos, con los compañeros, con los contemporáneos de cualquier tradi­ción espiritual, para vivir el respeto de la dignidad de aquellos que están a nuestro lado, permaneciendo siem­pre animados por el amor que es fuente de vida.

 

Ser matrimonio cristiano hoy en la sociedad es para los esposos to­mar la parte que les corresponde en las responsabilidades por el bien co­mún, con todos los recursos de sus diferentes personalidades.

 

Los esposos saben bien que las riquezas de la persona son inagota­bles. Meditemos, una vez más, es­tas palabras del Concilio: «El mis­terio del hombre sólo se aclara en el misterio del Verbo encarnado... Cristo se manifiesta plenamente al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación» (Gaudium et spes, n. 22). o

 

Francois Fleischmann

Consiliario internacional de los Equipos de Nuestra Señora

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Gracias, padre Cristóbal Sàrrias,y hasta siempre

 

Para las responsabilidades y para los servicios en el seno de los Equipos de Nuestra Señora, así como ocurre con todo en la vida, pasa el tiempo, las estaciones se renuevan. unos dejan sus misiones y otros to­man el relevo. Nuestros servicios no nos pertenecen, nos los ofrece el Se­ñor a nosotros y a los matrimonios en los que confiamos. Lo mismo ocu­rre con los consiliarios.

 

El padre Cristóbal Sàrrias, al que muchos de vosotros conocéis. bien en persona por sus visitas a los ENS de todo el mundo, bien por sus car­tas en el Correo del Equipo Interna­cional, acaba de terminar su misión en los ENS. Querríamos agradecer­le, desde lo más profundo de nues­tro corazón, con estas letras, todo lo que él ha aportado a nuestro Mo­vimiento durante sus seis años de servicio. ¡Cuántas situaciones deli­cadas, cuántos problemas difíciles nos ha permitido resolver'. ¡A cuán­tas parejas ha ayudado con sus con­sejos, con su escucha, con sus pala­bras! Detrás de su temperamento catalán, a veces seco, se esconde un hombre con un gran corazón, que en muchas circunstancias ha sabido aportar el toque amistoso, espiritual, justo y auténtico, así como una gran disponibilidad, para encontrar, du­rante estos años, a todos los hom­bres y mujeres a los que ha sido en­viado.

 

Padre Cristóbal, sabemos que per­manece fiel a los Equipos de Nuestra Señora, primero a sus equipos de base y luego a todos sus amigos del mun­do entero. GRACIAS POR TODO.

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Bienvenido, padre François Fleischmann

 

Bienvenido, padre François Fleischmann. Tendríamos que decir monseñor François Fleis­chmann, ya que sus responsabili­dades cerca del Papa en la Secre­taría de Estado le han llevado a ser nombrado, en 1997 por Juan Pablo II, capellán de su Santidad y prelado de honor.

Nacido en Estrasburgo, Fran­cia, en 1934, es titular de un doc­torado en Filosofía, de una licen­ciatura de Inglés, idioma que ha enseñado. Fue ordenado sacerdote en 1962 y ha tenido numerosas res­ponsabilidades entre los jóvenes o en las parroquias antes de llegar al Vaticano. Ha sido responsable de la sección francófona de la Secre­taría de Estado de Asuntos Gene­rales y esta responsabilidad le ha llevado a preparar los muchos via­jes del Papa a los países francó­fonos

En el transcurso de estos quin­ce años pasados en el Vaticano cer­ca del Santo Padre ha seguido los Asuntos Internacionales de la San­ta Sede. Su gran conocimiento de los problemas del mundo será para todos los miembros de los Equi­pos, a los que desde ahora se dedi­cará, una preciosa ayuda para la comprensión de todo lo que afecte al matrimonio y a la familia.

 

Sabemos que es un hombre pre­ciso, discreto y atento; su palabra es segura y su espiritualidad pro­funda. Contamos con su ayuda.

 

Padre Fleischmann, puede us­ted estar seguro de la oración de todos los matrimonios de los Equi­pos. ¡Gracias por haber aceptado este servicio y bienvenido!

 

Gérard y Nlarie-Christine de ROBERTY

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Anotad una cita con vosotros mismos!

 

Todos sabemos que los ENS son una ayuda para vivir la espiri­tualidad conyugal. Espiritualidad que, indudablemente, necesita de una base firme, como es la armo­nía y la comunicación entre la pa­reja, porque si esto falla, difícilmen­te tendremos una espiritualidad en­carnada en la propia vida, corrien­do el peligro de caer en un falso espiritualismo basado sólo en prác­ticas y normas cuyo cumplimiento es un tranquilizante para la concien­cia, pero no sirve para construir un nosotros con pleno sentido cris­tiano.

 

Uno de los medios o ayudas que el Movimiento nos recomienda para tener esta armonía conyugal, es la práctica de la sentada. Todos sabe­mos muy bien en que consiste y por eso nos cuesta tanto realizarla. No porque sea algo difícil o com­plicado, sino porque nos enfrenta a nosotros mismos y eso, a veces, es duro de practicar. Muchos pensa­mos que nuestro matrimonio es ar­mónico y con plena, o por lo me­nos, gran comunicación: «nosotros hablamos mucho y de todo», por eso creemos que la sentada es algo postizo y que no nos hace falta. Tal vez esto se dé realmente en mu­chas parejas y no necesiten ningu­na ayuda «forzada» en su caminar hacia la santidad y hacia la felici­dad. No obstante releyendo el libro del P. Caffarel: Un hombre cautivo de Dios, no hemos querido dejar de transmitir su pensamiento sobre la sentada, porque tal vez su lectu­ra nos haga cambiar de opinión a muchos de nosotros.

 

Para evitar la rutina en el hogar; existe otro medio del que os quiero hablar más extensamente. Tomad la agen­da y, del mismo modo que anotáis un concierto o una visita a unos amigos, anotad una cita con vosotros mis­mas; quede entendido que esas dos o tres horas son «tabú»..., digamos sagradas:

¡es más cristiano! No admi­táis que un motivo que no os haría anular una cita en la ciudad o una cena en vuestra casa os haga faltar a esta cita con vosotros mismos. ¿ Cómo emplear estas horas? Ante todo, pensad que no te­néis prisa; ¡un día es un día! Abandonad la orilla y aden­traos en el mar; hay que cam­biar de ambiente, a cualquier precio y olvidar las preocupa­ciones. Leed juntos un frag­mente escogido de un libro preparado para esta hora pri­vilegiada.

 

Después -o ante todo- rezad un rato. A ser posible, que uno de vosotros diga en alta voz una oración perso­nal y espontánea; esta forma de oración  sin despreciar las demás  acerca milagro­samente los corazones. Ya en la paz del Señor; comunicaos mutuamente esos pensamien­tos, esos agravios, esas con­fidencias que ni es fácil ni a menudo deseable hacer du­rante las jornadas atareadas y ruidosas y que, no obstan­te, sería peligroso guardar en el secreto del corazón, ya que, como sabéis perfecta­mente, existen «silencios enemigos del amor». Pero no os detengáis ni en vosotros mis­mos ni en vuestras actuales

preocupaciones; remontaos a las fuentes de vuestro amor; reconsiderad el ideal vislum­brado cuando, con paso ale­gre, iniciabais el camino. Re­novad vuestro fervor «Hay que tener fe en lo que se hace y hacerlo con entusiasmo». Después, volved al momento actual, comparad el ideal con la realidad, haced el examen de conciencia del hogar -no digo el examen de concien­cia personal-, tomad reso­luciones prácticas y oportu­nas para curar; consolidad, rejuvenecer; ventilar; abrir el hogar Dad lucidez y sinceri­dad a este examen; remon­taos a las causas del mal que habéis diagnosticado.

 

¿Por qué no dedicar tam­bién algunos instantes para meditar sobre cada uno de vuestros hijos, pidiendo al Se­ñor que, de acuerdo con su promesa, «ponga un ojo en vuestro corazón» para verlos y amarlos como Él, y guiar­los así según sus designios?

Finalmente, y sobre todo, analizad si Dios es el prime­ro en vuestra casa

Es muy importante escri­bir un resumen de lo que se ha descubierto, estudiado, de­cidido durante la cita, pero lo puede hacer uno sólo y leerlo juntos la vez siguiente. Lo que os acabo de decir no es más que un medio para conservar joven y fuerte vuestro amor y vuestro hogar; seguramente existen otros muchos. Pero és­te, adoptado por muchos es­posos que conozco ya ha de­mostrado su eficacia.

 

Amparo y Carlos Gómez-Senent

Responsables del Equipo Súper-Regional

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Gailcia

 

Estamos en tiempo de cambios, de dejar o de aceptar cargos y responsabilidades; tiempo que nos lleva a retroceder seis años y a encontrarnos invitados para asumir la responsabilidad de nuestro Sector.

 

Dijimos sí con miedo, pero con ilusión, un poco confundidos pero ilusionados, titubeantes pero decidi­dos a dar lo mejor de nosotros a un movimiento del que tanto habíamos recibido.

 

Y ahí comenzó nuestra andadu­ra, arropados de una manera espe­cial por un grupo de personas que en equipo repartíamos responsabilida­des, en equipo apoyamos iniciativas y en equipo nos transmitimos alien­to y fuerza.

 

Tres años en los que el tiempo se volvió servicio, el cansancio ofren­da y la desgana algunas veces ora­ción. Nunca nos sentimos solos y SU PRESENCIA la fuimos percibiendo en cada uno de los miembros de ENS, a los que nos acercábamos para compartir sus preocupaciones con las nuestras.

 

Este tiempo se pasó como un soplo y cuando ya nos creíamos li­berados, otra nueva responsabilidad se nos ofrece, ahora de la región, y de nuevo, después de esta primera experiencia gratificante, decimos sí, confiados en que el Señor pondría a nuestro lado a quien nos ayudara a caminar.

 

Y efectivamente, surgió un nue­vo equipo de trabajo, compuesto por todos los responsables de Sector de nuestra región, unidos como una piña, ilusionados por potenciar, am­pliar y renovar, entre todos, los equi­pos de matrimonios de nuestra Galicia-meiga; resultando que aque­llos a quienes en teoría tendríamos que animar, se convirtieron en nues­tros mejores animadores, con un es­píritu de trabajo encomiable.

 

Al comienzo de cada curso, en todo un día de reflexión, presidido por una Eucaristía, analizamos la realidad de cada uno de los sectores, discutimos y proponemos objetivos, comunes algunas veces o particula­res y muy especificas otras, según las circunstancias y el momento lo requiera.

 

Con ánimo renovado, llenos del Espíritu, intentamos transmitir a cada uno de los sectores lo descubierto y volver a juntarnos pasados tres me­ses con el mismo esquema de re­unión, revisando la marcha de lo programado, corrigiéndolo si fuera necesario y mejorándolo dentro de lo posible, para a final de curso, de nuevo ante el Señor, evaluar los lo­gros conseguidos y no conseguidos, pues de todo se aprende, para pensar ya en un nuevo curso y en nuevos objetivos, con nuevas fuerzas y nue­vas ilusiones, siempre poniendo todo nuestro cariño en lo que hacemos, pensando en lo que dice M. Iceta:

«nuestra contribución valdrá lo que valga nuestra ofrendo personal, in­dependientemente de la magnitud de lo conseguido». Lo más importante es el amor que pongamos y éste ha sido total.

 

Entregados con ilusión y con ale­gría, convencidos de que esa es la voluntad del Señor sobre nosotros en este momento: ayudemos a que nue­vas parejas, emprendiendo un nuevo camino, descubran, como nosotros, que el seguimiento de Jesús es ca­mino de felicidad y de santidad.

 

María Luisa y Queno

Responsables de Galicia

NOTA DEL WEBMASTER:  El artículo continúa con fotos y mapas de cada sector de la región así como una breve reseña por sector realizada por los responsables. No se ha incluido aquí por la dificultad de su reproducción desde el original.

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Reunión del Equipo Súper-Regional

 

En los pasados días, del 25 al 28 de mayo, se celebró la reunión del Equipo Súper-Regional, en un clima de amistad, participación y ora­ción que favorecen el encuentro de unas parejas que se reúnen para ser­vir de cauce y motivación para to­dos los Equipos de nuestra Súper-Región.

 

Queremos destacar la emoción nos embargó a todos ante el relevo de dos parejas de responsables que nos han acompañado durante los úl­timos cuatro años. Loli y Antonio Ruiz, de la Región Noroeste, deja­ban su servicio y cedían el testigo a Mª Teresa y Perfecto Cortizo, de Ponferrada, y Mª Teresa y José Án­tonio Pérez, del Camino de la Re­gión Centro, eran sustituidos por Carmen y Carlos Martínez. Supone­mos que os podréis imaginar la emo­ción de todos los allí presentes, pues cuatro años de oración en común, ayuda mutua y compartir experien­cias, dejan una huella imborrable en nuestros corazones.

 

Agradecemos a los que han de­jado su presencia activa en el Equi­po Súper-Regional, el trabajo y la dedicación de estos años, y a los re­cién incorporados su disponibilidad en la aceptación de este servicio a los Equipos de Nuestra Señora.

 

Después de la habitual sesión de formación y reflexión sobre la situa­ción actual de la evangelización y las actitudes del cristiano ante la misma, con que dedicamos la maña­na del sábado, se trataron los temas del orden del día y se adoptaron los siguientes acuerdos:

 

1.            Estudiar la viabilidad de orga­nizar unas Jornadas para res­ponsables de Equipo para toda la Súper-Región en el último trimestre del año 2002. En pró­ximas reuniones se irán perfi­lando los detalles, tales como lugar, fecha exacta, conteni­dos, costes, etc.

 

2.         Ayudar a los ENS Jóvenes a su reimplantación en las dife­rentes regiones. El Equipo res­ponsable de este colectivo nos explicó en esta reunión su de­seo de que los mayores les

ayudemos en esta tarea, res­petando su autonomía y liber­tad, pero coordinados con los distintos Equipos regionales. Por tanto, os animamos a ha­cer tareas de difusión entre los jóvenes sobre este Movimien­to que tiene nuestras mismas características y métodos.

3.         Prestar una atención especial a los actos comunes que se or­ganizan en los sectores y regiones, procurando cuidar la convocatoria, el desarrollo de los mismos, 105 contenidos, la animación, la formación, las experiencias del compartir, los momentos lúdicos, así como revisar y actualizar su número y su estructura. Estos actos tie­nen como objetivo, entre otros, animar y sentir que pertenecemos a una comunidad mayor que el propio Equipo.

4.         Como consecuencia de las Jor­nadas para responsables de pi­lotaje, que se celebraron una semana antes, se vio la necesi­dad de intentar aunar criterios con respecto a la estructura y organización de las escuelas de pilotos y los Equipos de infor­mación y pilotaje.

5.            Fomentar en todas las regiones el desarrollo de talleres de co­municación, debido, sobre todo, a la falta de diálogo existente en muchas parejas. Algunas re­giones ya los han iniciado, con resultados muy satisfactorios.

 

Por último, se programaron las Jornadas de apertura de curso para responsables de Sector del próximo mes de septiembre.

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¿Qué hacemos con la palabra de Dios?

 

Una de las características de Cristo fue hablar con clari­dad y si un día afirmó que cuando los ojos están enfermos, todo el hombre está a oscuras (Mt 6,22), ahora nos dice que cuando nues­tro corazón se hace duro como los suelos pedregosos, la semilla en ellos sembrada no prosperará en su crecimiento. Conviene leer el texto completo de la parábola y la explicación que Jesús hace de ella (Mc 4,2-20).

 

Los análisis de la Biblia nos hablarán de lo exacto de la pará­bola en referencia a los suelos palestinos: áridos, sembrados de piedras en los bordes, atravesados por caminos trillados y endureci­dos, llenos de malezas, etc. Los sociólogos luego, nos dirán quiénes son los hombres-pedregosos, los hombres-camino, los hombres-zarzales, los hombres-buena tie­rra, etc.; pero la parábola nos con­cierne a todos, porque en ella lo que se pretende es resaltar los di­versos resultados que se siguen tras el encuentro de la palabra de Dios con cada uno. ¿Cuál es nues­tra respuesta real a la palabra de Dios que se nos está sembrando? Dadas mis contradicciones inter­nas, ¿en dónde me pongo? ¿Qué clase de suelo soy? ¿Qué estamos haciendo cada uno con la palabra de Dios? Esa es la problemática que sugiere esta parábola.

NUESTRAS CONTRADICCIONES Y SUS ORÍGENES  

Del análisis de nuestra realidad concluimos que somos «múlti­ples», que nos encontramos un poco en todos los diversos suelos. Nos reconocemos «camino», terre­no endurecido por una fe reducida a rutina y a observancia de pre­ceptos trillados, donde la palabra de Dios cae pero rebota. Personas distraídas y ausentes porque el co­razón lo tememos en otra parte y la simiente nos resulta extraña.

Nos reconocemos «terreno no labrado»: una pequeña capa de tie­rra sobre un árido de piedras. Per­sonas capaces de quedar bien y de salvar las apariencias cristia­nas y poco más. Superficialidad, vanidad, inconstancia y volubili­dad. Tímidas tentativas pero sin llevar nada a cabo en resumidas cuentas. Personas sin raíces, inca­paces de asimilar y por ello, inca­paces también, de comprometerse. Personas, en fin, que tocan in­finidad de cosas, pero nunca ha­cen suyo nada en serio.

 

También nos podemos recono­cer en el «enredo de las zarzas»: terreno labrado quizás, pero don­de la simiente tiene que crecer en competencia con la zarza que le roba el alimento y le impide ver el sol, hasta terminar ahogándola en su crecimiento. Es ese barullo de los entorpecimientos, los com­promisos sociales, las cosas que convertimos en esenciales, las co­modidades de las que no quere­mos prescindir, los temores, etc. Esas son las zarzas que sofocan el desarrollo de la palabra de Dios dentro, después de haberla redu­cido a minoría en nuestro mundo interno tan confuso.

 

Finalmente, también podemos reconocernos en el «terreno fér­til», en aquel que puede multi­plicar el fruto de la palabra sem­brada. El sembrador no es que luego pretenda que el fruto sea el mismo en todos, lo que quiere es que nos esforcemos por ablan­dar la dureza, por desalojar las piedras que estorban y por arran­car los abrojos que impiden el crecimiento. Es decir, que evite­mos todo aquello que pueda neu­tralizar la capacidad de creci­miento de la simiente. Como «te­rreno» somos socios de Dios en su obra de creación y crecimien­to. La palabra, creadora de vida, nos pide poner algo de nuestra parte.

 

Por eso resultan extrañas nues­tras contradicciones y sobre ellas deberíamos pensar un poco. Por ejemplo: escuchamos la palabra de Dios en misa y saliendo de la igle­sia hacemos lo contrario; pensa­mos en grandes ideales y metas y luego hacemos cosas bien mezqui­nas; pretendemos grandes obras y a renglón seguido nos contenta­mos con los ridículos horizontes de siempre; nos abrimos con ilu­sión hacia la libertad interior, pero nos condicionamos cerrilmente a nuestras esclavitudes diarias, como la de la mediocridad, etc.

 

La respuesta no la podemos re­ducir a disculpar la diversidad de terrenos ineptos en nosotros, por razones marginales o eventuales que nos sobrevienen. Hay más bien que buscarlas entre nuestras actitudes de fondo, las actitudes a las que Jesús mismo hizo alusión al explicar la parábola: el influjo que tiene sobre nosotros el mal y el ambiente, nuestra superficiali­dad e inconstancia y la ambición y las ansias que nos suelen domi­nar (Mc 4,13-20).

LA PALABRA DE DIOS ES PRINCIPIO DE VIDA

 

Si abrimos la Biblia encontra­mos tres afirmaciones a propósito de la palabra de Dios. Se nos dice de ella que es creadora, que es salvadora y que es germen de vida. Que es creadora aparece desde el principio, produciendo el universo con su fuerza: «¡Hága­se!» (Gen 1). «Mediante ella se hizo todo y sin ella no se hizo nada de lo que hay hecho» (Jn 1).

Que es salvadora también nos lo recuerda el Evangelio de Juan: «la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y a los que la reci­ben, los hace capaces de ser hijos de Dios» (Jn 1). Que sea germen de vida es evidente, porque con­tiene en sí un principio capaz de hacer en nosotros verdaderas transformaciones. Por eso, hemos de secundar su fuerza, proporcio­nándole tierra apta para que el cre­cimiento sea real en nosotros. Nunca le opongamos resistencia y, mucho menos, la hagamos «in­ofensiva».

 

NO MANIPULAR LA PALABRA   

 

De todos los terrenos de la pa­rábola, quizás al que más nos pa­rezcamos sea al del zarzal: un te­rreno bueno, pero ocupado ya por nosotros mismos, por nuestros prejuicios, por nuestros esquemas habituales, por la lógica y el sen­tido común, por los temores, etc. La palabra allí queda ahogada y no crece. Quizás le tengamos algo de miedo por si nos lleva a mayo­res compromisos con la sociedad o con la Iglesia y terminamos re­duciéndola a nuestras cuadrículas de pensar o de ser, personales. En una palabra. la tratamos de adap­tar a lo nuestro de siempre, olvi­dados de que Jesús nos avisó que hemos de hacernos como niños si queremos entrar en el Reino. Ha­cerse como niños es creer sin re­servas y acoger con disponibili­dad, porque el niño está limpio todavía de prejuicios mentales y de hábitos adquiridos.

 

No es infrecuente que noso­tros en vez de prepararle el «hu­mus» necesario para el crecimien­to, acumulemos «ingredientes» para rebajaría, para hacerla más digerible, más adaptable a nues­tros modos personales. Luego, le añadimos el «suavizante» indis­pensable para hacerla inofensiva o inocua, para que no nos inquie­te dentro, ni nos moleste dema­siado, cuando precisamente la Biblia nos dice que la palabra de Dios es afilada, es luz y es fuego. Lo malo es que nosotros la embo­tamos para que no nos hiera, o la hacemos opaca para que no nos dañe la vista, o la enfriamos con el agua del sentido común o de la falsa prudencia. Eso es lo que quiere decir «hacer inofensiva la palabra de Dios». Pero la palabra, lo que tiene que hacerse, es vida en nosotros y ayudarnos a crecer más y más.

 

Cuando encontremos personas a quienes el Evangelio les resulta raro, tendríamos que preguntarnos: ¿no habremos contribuido noso­tros también a hacer raro el Evan­gelio? Quizás no hayamos sido capaces de ofrecer un testimonio evidente de que su práctica es posible, tanto personal como co­lectivamente. O quizás lo haya­mos envuelto en nubes tan místi­cas como hipócritas, o lo hemos reducido a una casuística moral minuciosa, identificándolo con un moralismo ya caduco. Nuestra obli­gación es aplicarlo a la vida des­de cualquier circunstancia, hasta habituarnos a vivirlo con natura­lidad.

 

¿Qué estamos haciendo con la palabra de Dios? ¿La mantenemos viva en el corazón, o la hemos hecho inocua en sus efectos? Juan termina su Evangelio diciéndonos que «esta palabra la ha escrito para que creamos y por esa fe tenga­mos vida» (Jn 20,31).

Joaquín Sangrán SJ

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La vida personal es vida inter-personal

INTRODUCCIÓN: CÓMO HACE LA PERSONA SU VIDA: CON LOS DEMÁS

 

 

En artículos anteriores mostramos que, a diferencia de las cosas, que una vez construidas, ya están fi­nalizadas, las personas tenemos que estar continuamente haciendo nues­tra vida. Nuestra vida no nos viene hecha sino que es una tarea por ha­cer. ¿Quién tiene que hacer nuestra vida? Parece que la respuesta más razonable es decir que nosotros mis­mos. Cada persona está llamada a ser su propia autora.

 

Pero para hacer su vida, aunque estemos frente a todo lo real, la per­sona no es autosuficiente; debe ser autónoma, pero necesita apoyarse en las cosas y, sobre todo, en las per­sonas.

 

Pero no es que simplemente los necesite: es que la persona está constitutivamente abierta a los de­más y a las cosas. La persona es un ser-con otras personas. En su misma naturaleza está ser abierto a otros. No es sólo por necesidad sino que su propia realidad es una realidad abierta. El ser humano es comunión en su propia estructura.

 

¿A qué está abierta la persona?: a sí misma, a la realidad sensible, a los demás y a la trascendencia. Aquí vamos a fijarnos, sobre todo, en la apertura a las demás personas. Y lo que descubrimos es que la orienta­ción y relación con los demás, pue­de ser de dos tipos:

 

 

 

Distinguiremos así relaciones impersonales y sociales de las relaciones personales y comunitarias.

 

a)         Las primeras le transmiten, de un modo objetivo, y a través de la socialización y la educa­ción, la tradición cultural y una visión de la realidad (cosmo­visión).

 

b)         Pero en el segundo caso hay una vinculación concreta a per­sonas. Los otros presentes en la vida de la persona en sus albores le proporcionan recur­sos, le educan, le enseñan. Más adelante los otros también son ayuda, educación, acompa­ñamiento, de modo relevante en la familia y la amistad, como nosotros de los que se escinde el yo y el tú. En definitiva, las personas significativas que te­jen el entramado de cada vida son elementos indispensables en la realización personal. La vida personal está más allá de los límites de lo meramente in­dividual.

 

1.            «TODA VIDA VERDADERA ES ENCUENTRO» (BUBER: Yo y TÚ)

Decíamos que relaciones perso­nales son las que establece la perso­na cuando trata a los demás como personas. En este sentido, la primera forma de relación, la relación bási­ca, es la que se establece entre un yo y un tú.

La persona no se puede realizar como tal si no es abriéndose a las demás personas. Los demás nos en­señan a ser persona. Por eso, sólo desde un ciego individualismo, se puede decir que «el infierno es el otro» (Jean Paul Sartre). La verdad es que sólo gracias al otro yo puedo ser yo.

 

«Las otras personas no limitan a la persona, la hacen ser y desarro­llarse. Ella no existe sino hacia los otros, no se conoce sino por los otros, no se encuentra sino en los otros. La experiencia primitiva de la persona es la experiencia de la segunda per­sona. El tú, y en él el nosotros, pre­ceden al yo» (Emmanuel Mounier: El personalismo. Sigueme, Salamanca 1990, p. 475).

 

Así las cosas, podemos afirmar que la relación personal más intensa y auténtica entre dos personas es la de encuentro.

 

Un encuentro, en el sentido con­creto y preciso que aquí queremos dar al término, consiste en una ex­periencia personal radical en la que dos personas se hacen mutua­mente presentes de modo signifi­cativo, dándose y acogiéndose mu­tuamente, y estableciéndose entre las dos una comunicación fecun­da. Cada uno de los dos crece como persona gracias a la otra.

 

En el Encuentro, cada una de las personas quiere que la otra lle­gue a ser quien está llamada a ser, ofreciéndole cada uno al otro su ri­queza personal, sus cualidades, su tiempo, su ser. Cada uno de los dos apoya, posibilita e impulsa al otro para crecer como persona. Por el encuentro, un «yo» y un «tú» se con­vierten en un «nosotros».

 

Ahora bien, la convivencia o re­lación entre dos personas, el hecho de encontrarse dos personas, presen­ta varias formas, no todas igualmen­te personalizantes y constructivas. Dependen de cómo se considere al «tú», de cómo se tome al otro con el que me encuentro:

 

Formas de considerar al «tú»:

 

1.         Como cosa, como medio o ins­trumento para mis fines

 

2.         Como socio, colaborando con él en función de una necesi­dad mutua pero tratándolo de modo impersonal, sin impor­tarme él como persona

 

3.         Como persona, como fin en sí, como alguien al que acojo y al que me doy para que sea quien está llamado a ser.

 

« Yo trato al prójimo como un ob­jeto cuando lo trato como a un au­sente, como a un repertorio de infor­maciones para mi uso, o como un instrumento a mi disposición; cuando lo catalogo sin apelación» (Emmanuel Mounier: El personalismo. Sígueme, Salamanca 1990, p. 477).

 

2. TIPOS DE RELACIÓN INTER-­PERSONAL

 

Dependiendo de qué actitud se tome uno respecto del otro en las relaciones personales, se podría ha­blar de varios modelos de relación. Todos nosotros podemos, de hecho, llegar a tener con unos o con otros todos los siguientes modos de rela­ción con los que nos rodean (fami­lia, amigos, compañeros), o incluso con una misma persona tener varios de estas actitudes:

 

a)            Utilización mutua (gráfico 1).

Relación en la que los dos pre­tenden, ante todo, recibir, y toman al otro como instrumen­to para sus necesidades. Se reduce al otro a mero útil para los propios intereses o se re­duce a su función, a su rol, etiquetándolo.

 

b)            Relación parasitaria (gráfico 2) en la que uno pretende reci­bir siempre y nunca dar mien­tras que el otro está siempre en actitud de donación.

 

c)            Relación personal (gráfico 3) en la que los dos tienen la actitud de salir de sí, ponerse en el punto de vista del otro y tomarse mutuamente sobre sí de modo estable y fiel. Elabo­ran y viven conjuntamente un proyecto de vida en común.

 

Veamos esto gráficamente:

 

NOTA DEL WEBMASTER: Los gráficos no se reproducen

 

Sólo este tercer tipo de relación es la que hace crecer a las personas y permite que desarrollen su dimen­sión comunitaria. Por eso, el punto de partida de toda vida comunitaria es la acogida y la donación al otro, es decir, el amor:

 

El nuevo pensamiento no comien­za con el pensamiento a secas, por el cartesiano «pienso, luego existo», sino por el amor ergo sum («soy amado, luego existo»), y por ello una doble razón. primero, porque en el princi­pio tampoco fue el «yo» aislado, ro­binsoniano, sin relación; y, después, porque en el principio tampoco fue el famoso «pienso», sino la inteligencia sentiste originaria, una de cuyas fun­ciones es el pensar. Un Descartes que afirma que yo sólo soy yo, yo sin ti; un Descartes que duda de la vida y de los sentidos, un Descartes así ha de ser descartado» (Carlos Diaz Hernán­dez: Soy amado, luego existo. Volu­men 1: Yo y Tú, Pp. 103-104).

 

Xosé Manuel Domínguez Prieto

Doctor en Filosofía. Miembro del Instituto Emmanuel Maunier

Equipo Ourense-15

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REFLEXIONES SOBRE LOS DOCUMENTOS BASE

 

Propuestas concretas del Segundo Aliento

 

E1 Segundo Aliento concretaba la misión de los Equipos dando in­cluso pistas de acción precisas en el ámbito de la Pastoral Familiar. Se ha­blaba de trabajar con Equipos jóve­nes, de preparar a los novios al matri­monio, de caminar con parejas jóve­nes casadas no integradas en los ENS y de crear estructuras paralelas para ayudar a las parejas en dificultad, a los divorciados vueltos a casar, a los jóvenes que cohabitan.

 

¿Qué se ha hecho de todo ello? Creemos que las dos primeras propues­tas son algo que los miembros de los Equipos tienen totalmente asumido. Muchos han colaborado y colaboran con Equipos de jóvenes en parroquias y colegios con motivo de la cateque­sis de confirmación o con el Movi­miento Equipos de Nuestra Señora de Jóvenes o Fraternidades Marianistas. Otros muchos, y desde hace ya mucho tiempo, colaboran en los cursillos prematrimoniales.

 

Ya es más difícil encontrar gente que acepte acompañar a parejas jóve­nes que no quieren integrarse en un Movimiento, pero que buscan algo en el terreno de la fe y en el marco de lo conyugal. Quizás los Equipos han en­contrado una manera indirecta de ayu­dar a esas parejas, al elaborar un pilo­taje diferente en el que el primer año se centra en una catequesis de inicia­ción vital en los fundamentos de la fe, enfocada a la pareja y desde la pareja. Saben que así van al encuentro de la nueva situación de falta de formación de tantas parejas jóvenes y que les inician de modo paulatino en la espi­ritualidad conyugal.

 

Pero siendo algo estupendo, que­da sin embargo un hueco por lle­nar y es el de las parejas que no están casadas sacramentalmente pero que tienen un proyecto de fi­delidad, de duración, de entrega para su vida en común y que tam­bién necesitarían ayuda. ¿No podría­mos inventar algún tipo de acompa­ñamiento diferente que simplemente enseñe una metodología conyugal y abra las puertas a la trascendencia?

 

Mucho más difícil es encontrar algún modo de ayudar a los divorcia­dos vueltos a casar que son cristianos por educación y convencimiento y sin­ceramente sienten que esta segunda oportunidad es la verdadera y se due­len de tener que arrastrar un error, un abandono, un fracaso para toda la vida. Aquí la Iglesia tiene la última palabra. Quizás la misión de los miembros de los ENS sería recordárselo a sus pas­tores en todo momento y colaborar con las iniciativas que surjan.

 

En cuanto a los jóvenes que co­habitan, es difícil que quieran agru­parse como tales, pero sí quizás inte­grarse en los grupos formados por parejas unidas por el matrimonio ci­vil, para ir descubriendo que el amor no es sólo sentimiento sino algo que se construye día a día con creatividad y constancia.

 

Queda tanto por hacer... El tiem­po es tan corto... Se nos ha dado tan­to... Si aprendiéramos a mirar con compasión y con entusiasmo ya nos habríamos comprometido en alguno de estos campos. ¿A qué esperamos?

 

Álvaro y Mercedes Gómez-Ferrer

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RELACIONES DE PAREJA

 

Signos sexuales

La vida la sociedad que nos ro­dea esta llena de signos más o menos convencionales.

 

El matrimonio tiene, y los espo­sos tenemos, toda una serie de sig­nos, además de propios, intransfe­ribles. A través de ellos, «tu y yo», marido y mujer, nos entendemos, nos comprendemos y nos compenetramos; en definitiva con la mediación de «nuestros signos», nos queremos y nos amamos.

 

Este lenguaje de los signos, nos permite comunicarnos y expresarnos hasta alcanzar su total plenitud, don­de las palabras enmudecen y no son capaces de manifestar toda la fuerza contenida en la íntima relación con­yugal.

 

El mismo sacramento del matri­monio adquiere su máxima expresión con la entrega, libre y desinteresada, de cuerpo y alma de los esposos, con­virtiendo esta donación en el signo específico e identificativo de éstos, marido y mujer. Y queremos resaltar el aspecto de la entrega, ya corporal, pero sobre todo espiritual. Este matiz es el que nos debe marcar a los espo­sos cristianos, pues si aspiramos a los carismas superiores, es con la fusión, además de los cuerpos, de nuestros espíritus, cuando adquiere el sentido sacramental de la vocación conyugal.

 

En este marco, nos atrevemos a proponeros a experimentar tras el clí­max conyugal, aún con los cuerpos exhaustos y con la respiración entre­cortada, el ofreceros al Señor en un momento de íntima oración. Todavía más, reconvirtamos el signo vital de la relación conyugal en una honda oración a Dios.

 

Queremos reivindicar, que utiliza­mos la expresión relación conyugal, en lugar de relación sexual, porque entendemos que la primera engloba la segunda y no al contrario. La rela­ción conyugal globaliza la vida de la pareja, de los esposos, en definitiva del matrimonio. Y es dentro de éste, en donde aparecen diferentes signos de marcado sentido sexual y que con­forman y dotan al matrimonio de he­rramientas a su servicio. Así, y en este contexto, de los signos sexuales, como lenguaje que es, hay que saber acep­tar su transcendencia, con su validez en un momento dado, y su intrans­cendencia en otras etapas de la vida.

 

El matrimonio, no lo olvidemos, es un proyecto de vida inacabado al que hay que hay que ir adaptándolo a las cambiantes situaciones que la vida conyugal nos va deparando con el transcurso de los años. Concretamen­te, la vida de la pareja recién casada es diferente a la de un matrimonio que ya lleva diez o quince años de casada, o el que va a celebrar las bo­das de plata, y qué decir de las de oro. Es diferente el que no tiene niños, que el matrimonio que está vien­do crecer a sus hijos, o el que vive la llegada de los nietos.

 

Sin embargo, en cada uno de los diferentes estados matrimoniales se viven unos signos sexuales condicio­nados a la relación conyugal que en cada momento se vive y que cada pa­reja debe de ser capaz de adaptar al tiempo y a su situación.

 

Los signos sexuales adquieren la fuerza, la madurez y la serenidad que los esposos, atendiendo al momento que viven, quieran darle.

 

Ahora bien, para que los signos tengan plena validez debe haber un emisor y un receptor y que ambos es­tén en la misma onda; la armonía sexual tan sólo se adquiere con pa­ciencia, diálogo y mucho, muchísi­mo amor.

 

Es todo un aprendizaje, un proce­so. Es..., el matrimonio.

 

luma y Guillermo

V-109

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EL SER HUMANO A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS

El mundo de los humanos

E n los primeros capítulos del li­bro del Génesis, a los que esta­mos de