EL SEGUNDO ALIENTO
1.
EL CARISMA DE LOS EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA, HOY
Hace cuarenta años, cuando la Carta de los Equipos fue redactada, no se
podían prever las situaciones nuevas que se han ido presentando en el
Movimiento, en la Iglesia y en el mundo. La historia cambia, pero el carisma del
Espíritu sigue inspirando a las parejas al servicio del amor bajo los nuevos
signos de los tiempos.
La reflexión que proponemos en este documento tiene como objetivo ayudar
a los equipos a encontrar nuevos motivos de ánimo y de orientación para vivir
las aspiraciones de los ENS con toda la esperanza y vitalidad de un segundo
aliento.
1.1
Situación actual del Movimiento
La voluntad de Dios sobre los ENS en cada momento de la historia se
descubre poco a poco y se comprende a la luz de los acontecimientos vividos, en
la convergencia de ideas que surge en la reflexión común entre el Equipo
Responsable Internacional (ERI) y los Responsables de las Superregiones, y en
las necesidades detectadas a través de los contactos personales con los
responsables a los distintos niveles y con los equipos de base.
El P. Caffarel, en numerosas intervenciones, hace a
menudo llamadas a
un esfuerzo de fidelidad, y creatividad, mirando siempre hacia el futuro, para
que los Equipos, en lugar de ser un simple movimiento conservador que mantenga
la fe de la Iglesia, sean realmente «fermento de renovación».
Ese fermento de renovación que los Equipos pretenden ser en la Iglesia,
debe actuar hoy en la coyuntura diferente, que el P. Caffarel analizaba en su
encuentro de 1987 con los responsables regionales de Europa. Ciertos aspectos
del carisma fundador han quedado iniciados pero no desarrollados en
profundidad, quizás porque hace cuarenta años tampoco fueron captados en todo
su alcance.
— El primer aspecto que no ha sido bien explicitado en la pedagogía del
Movimiento es que el amor por si solo no es el único factor de perfección para
la pareja: es necesaria también la abnegación; pero una abnegación que no
proceda del amor no tiene un verdadero sentido.
—
El segundo aspecto es
que el Movimiento no ha profundizado suficientemente en el sentido humano ni
en el sentido cristiano de la sexualidad, y por tanto, tampoco ha ayudado
suficientemente a las parejas a comprender y a vivir la dimensión sexual de
la espiritualidad conyugal. Como consecuencia las exigencias morales parecen a
menudo inaceptables, y sus transgresiones encuentran fácilmente una
justificación.
Enfrentarse a este tema es urgente para un Movimiento de Iglesia.
— El tercer aspecto radica en la importancia de la misión de los
ENS en la Iglesia como Movimiento de parejas; fue en su origen una pequeña
revolución y sigue siendo todavía hoy una aportación nueva. Debemos ayudar a
la Iglesia a revisar su
visión del hombre su teología y su mística de la pareja, cumbre de la creación:
«hombre y mujer los creó»
Hay otros aspectos que no se podían prever hace
cuarenta años porque
sólo el paso del tiempo los ha hecho evidentes: la necesidad de dar a la
mayoría de las parejas jóvenes una formación cristiana de base, de acompañar
a aquellos que quieren ir «más lejos», de ayudar a integrar en la vida de la
pareja el trabajo de la mujer y el sufrimiento del paro, de ayudar a las parejas
a envejecer bien, a morir bien y a vivir su viudedad. Finalmente, tendríamos
que aprovechar mejor las riquezas de una internacionalidad creciente evitando al
mismo tiempo que se menoscabe la unidad del Movimiento.
1.2
Situación actual de la Iglesia
La Iglesia se encuentra igualmente en un momento
decisivo de la
historia. Después del Concilio (1964), la Iglesia, pueblo de Dios en marcha,
ha querido acoger un compromiso mucho más positivo con el mundo y dentro del
mundo. Nada humano puede serle ajeno a una Iglesia cuya vocación es ser el
germen del Reino de Dios partiendo de las realidades concretas de la vida de
los hombres.
La Iglesia ha expresado su voluntad de asumir una opción preferencial en
favor de los pobres y de los jóvenes, de interrogarse frente a una sociedad
materialista que está, sin embargo, en búsqueda de extraños misticismos, de
vivir las tensiones de un pluralismo difícil,
—(que muestra que está formada
por hombres pero asistida por el Espíritu)—, de plantearse el encontrar los
caminos de una nueva evangelización que se dirija al hombre de modo integral.
En cada época el Espíritu de Dios suscita determinados carismas que dan
lugar a órdenes religiosas y a movimientos que responden a las necesidades de
evangelización de las nuevas generaciones.
Hoy no es exagerado pensar, que la nueva evangelización de las
realidades terrestres tendrá que hacerse creíble gracias al signo del amor
que posee un gran poder de irradiación y de testimonio: el amor conyugal, el
amor de la familia, el amor vivido en pequeñas comunidades cristianas. Ese es
el servicio, la misión que la Iglesia reclama a los Equipos de manera urgente.
Sin este amor de laicos casados, sin esas familias que han aprendido a
compartir, sin esas comunidades de fe de matrimonios, como son los Equipos, la
Iglesia difícilmente podrá convencer al mundo de que el Evangelio es una
llamada, y de que ese amor se puede vivir realmente.
1.3
Situación actual del mundo
Siempre que se describe la situación del mundo desde un punto de vista
espiritual, es fácil no tener ojos más que para las carencias, las heridas,
las situaciones de pecado. Sin embargo, a pesar de todos esos signos negativos,
sabemos que el Espíritu de Dios está presente, que el Señor está con
nosotros hasta el fin de los tiempos, y esto nos ayuda a reconocer también
los signos de esperanza, los signos de la gracia.
El individualismo creciente, la violencia que separa a la gran familia
humana y que está presente en las relaciones de todo tipo, la incapacidad para
mantener un esfuerzo continuado, la facilidad para liberarse de todo rigor
moral objetivo, el miedo a comprometerse en una fidelidad que dure, la banalización
de la sexualidad, etc..., todo ello existe y afecta profundamente la realidad
de la pareja. Pero la búsqueda de nuevos valores de autenticidad y de
coherencia, el deseo de pacificación interior y exterior, la mayor riqueza de
las relaciones interpersonales en la pareja y entre padres e hijos, la vuelta
a la naturaleza sin manipulaciones, todo esto existe también y se afirma cada
vez más.
El mundo se presenta, pues, con todas las
potencialidades creadas por
Dios y que nosotros descubrimos, entremezcladas a la realidad del pecado, lo
cual nos hace sentir vivamente la necesidad de una nueva reconciliación en cada
situación histórica.
2.
EL MATRIMONIO, UNA BUENA NUEVA
Las parejas cristianas de hoy deben tener la posibilidad de recibir una
«Buena Nueva» que se refiera a esa realidad discutida y frágil del
amor conyugal.
Esa buena noticia nos enseña que el sacramento del
matrimonio está al
servicio del amor, al servicio de la felicidad y al servicio de la santidad. Sólo
en el matrimonio-sacramento podemos alcanzar la doble aspiración humana al amor
y a la felicidad, y responder a esa otra aspiración inscrita en el corazón
del hombre pero no siempre percibida: la llamada a la santidad. Los Equipos
quieren ser un camino que conduzca al descubrimiento de las riquezas del
sacramento del matrimonio y de la profunda comunión de la pareja. Pensamos
que ése es precisamente el anuncio que el mundo actual necesita. El Señor
espera de nosotros que lo proclamemos diciéndolo y viviéndolo.
2.1 El matrimonio al servicio del amor
«Dios creó al hombre a su imagen,
a imagen de Dios lo creó,
hombre
y mujer los creó» (Gn. 1,27).
Hombre y mujer son de la misma naturaleza, pero sus
modalidades
distintas, que son complementarias, hacen que al unirse formen un solo ser, la
pareja. Esta convicción engendra una actitud de alabanza a Dios que ha
inventado el amor humano; una actitud de humildad por la convicción de la
necesidad
que se tiene del otro para sentirse uno; una actitud decisional, la fidelidad,
para ser una sola carne.
En esta realidad de la pareja, se percibe toda la riqueza de una
sexualidad querida y creada por Dios. Por ello es importante que las parejas
cristianas se preocupen de la calidad a la vez humana y cristiana de su relación
sexual. La espiritualidad cristiana es una espiritualidad encarnada. La
espiritualidad conyugal recibe su especificidad del carácter sexual del
sacramento del matrimonio.
2.2
El matrimonio al servicio de la felicidad
El sacramento del matrimonio nos ayuda a vivir durante los períodos de
crisis y de desierto. Crisis que son necesarias para crecer en el amor, crisis
que nos hacen «romper techos», que ponen a prueba nuestra
creatividad y nos conducen a situaciones nuevas y comportamientos nuevos. Esas
crisis son positivas sí la pareja llega a discernir la voluntad de Dios en ese
momento de su vida.
Buscar el bien del otro en su profesión, en su maternidad - paternidad,
en su equilibrio psicológico; preocuparse de la felicidad del otro, incluso
en la vida sexual; descubrir que la reconciliación no es la resignación sino
la posibilidad de un nuevo encuentro, vivir en actitud de donación, decidir
permanecer enamorado... Lejos de limitarnos, estas actitudes, por el contrarío,
nos abren al otro y a los otros. Nos abren a la felicidad.
2.3
El matrimonio al servicio de la santidad
Los cristianos casados estamos llamados a la santidad. Para nosotros, no
es una simple llamada individual, aunque la persona guarda siempre en ella algo
irreductible e incomunicable, sino un camino a recorrer juntos. Ese es el gran
descubrimiento de la espiritualidad conyugal: los dos amores, amor conyugal y
amor de Dios, no se excluyen sino que se conjugan, y todas las exigencias de la
vida cristiana pueden ser vividas en pareja. La santidad en el matrimonio
consiste en aprender a vivir en una actitud de «para ti« en vez de «para
mí».
La comunión surge de ese flujo reciproco del don y de la acogida, ahí se
encuentra la forma más alta de unidad que puede existir en la pareja; unidad
procedente de que son uno en Jesús. La comunión no es solamente la culminación
del amor conyugal, es también el gran don que la pareja puede ofrecer: la
fecundidad y la educación, la hospitalidad y la amistad, el trabajo y el
compromiso son las manifestaciones de ese impulso irresistible de toda comunión
que ya es don.
La pareja cristiana que
conoce el estado de gracia
conyugal, que se alimenta de la Palabra de Dios y
del Pan de Vida, participa realmente en la vida eucarística. Hace de toda
subida una «hostia santa». Marido y mujer son signo, «sacramento» del amor
de Dios, el uno para el otro, y los dos juntos para sus hijos y para el mundo.
3.
MOVIMIENTO DE ESPIRITUALIDAD CONYUGAL Y DE AYUDA MUTUA
Descubrir la presencia de Cristo
dentro de la pareja casada y vivir la
caridad fraterna con Otro hogares: esto es lo que proponen los Equipos, así es
como quieren dar gracias a Dios y llevar su testimonio al mundo. Esta nueva
manera de vivir en pareja no es necesariamente muy diferente de lo que era
anteriormente, pero se realiza con más fuerza, luz y esperanza. Las parejas
conscientes de su propia debilidad y de las dificultades con que se enfrentan,
deciden formar equipo y constituir una comunidad de fe para recorrer juntos un
camino de conversión apoyándose los unos en los otros.
La ayuda mutua se vive en la amistad creciente, en una puesta en común
en profundidad de la propia vida, en la participación sobre unos puntos
concretos de esfuerzo, para así buscar la voluntad de Dios, descubrir la verdad
sobre nosotros mismos, vivir en el encuentro y la comunión.
La palabra comunión ya indica que no se trata de alcanzar un nivel
determinado de perfección, sino que, cada pareja, junto con las otras parejas,
se íntegra en un proceso vivo y dinámico que tiende a reconciliar lo que está
dividido, a acercar lo que está alejado, a fortificar lo débil, construir lo
incompleto, a participar en una tarea común: la del amor fraterno que nos
unifica en Cristo.
La espiritualidad
conyugal está centrada en la pareja, pero no deja de lado la dimensión
familiar. Los hijos son llamados a una comunión de vida por el amor de sus
padres, y la
familia se concibe en esta perspectiva de comunidad y participación.
La pedagogía que las parejas intentan asimilar en su vida de Equipo,
(aprendizaje del diálogo, del respeto del otro, de la puesta en común), hace
que vayan adoptando un estilo particular de educación que se esfuerza por «dejar
ser» a cada hijo, ayudarle a alcanzar su plena madurez, realizar con él una
experiencia de fe que sea un encuentro personal con Cristo.
Se puede esperar así que los hijos lleguen a ser «ellos mismos», que
entren en relación con los demás desde actitudes de solidaridad y libertad,
que asuman sus compromisos en la sociedad, que vivan los valores del matrimonio
cristiano gracias a la palabra y al testimonio de sus padres.
Por otra parte los ENS son un Movimiento de laicos, que se dirige a
parejas unidas por el sacramento del matrimonio, y cuya animación depende del
espíritu de servicio de las mismas parejas. Esta responsabilidad se vive en
estrecha comunión con los sacerdotes, consiliarios espirituales de los Equipos,
de manera que cada uno de los dos sacramentos transparente al mundo el
«rostro»
de Dios que le es especifico.
3.1
Una escuela de formación permanente
Los ENS son una escuela de formación para los hogares. No se trata
solamente de profundizar en los conocimientos de nuestra fe, sino de practicar
el discernimiento humano y cristiano, poniendo en juego tanto la razón como el
corazón, en la búsqueda de una coherencia más estrecha entre la fe y la vida.
Este discernimiento se alimenta de diversas fuentes: el estudio del tema
en pareja y en el Equipo, la lectura de documentos del Movimiento, las
sesiones de formación, los ejercicios espirituales, la profundización en las
orientaciones periódicas propuestas por el Movimiento. Esta formación es una
búsqueda personal, conyugal y comunitaria que crece con la frecuente vida
sacramental, especialmente la Eucaristía, con la apertura progresiva a la oración,
en la escucha de la Palabra de Dios, y con la lectura atenta de los signos de
los tiempos.
Esta formación nos interpela, nos ayuda a interpretar la
voluntad de
Dios sobre nuestra familia y nos invita a ajustar nuestra vida conyugal,
familiar y profesional a los valores del Evangelio. Llegar a comprender el
sentido cristiano del trabajo del hombre y de la mujer en el plan de Dios, no
disociar las exigencias de la moral privada de las de la pública son todavía
objetivos a alcanzar.
3.2. Medios concretos de esfuerzo
El amor es una decisión que la pareja renueva día a día. Esta decisión
se vive como una adhesión del corazón y se realiza por un esfuerzo de la
voluntad. Los Equipos ofrecen medios concretos para ayudar a las parejas a
crecer en el amor, a mantener esta decisión y a proseguir su camino de conversión.
Estos medios no son cosas que hay que hacer, sino actitudes que hay que
despertar y asimilar. Las actitudes no pueden contabilizarse; se trata de todo
un proceso por el cual la vida se orienta poco a poco en una dirección
determinada:
la de la voluntad del Señor.
Hay que comprender estos medios desde esa actitud de interiorización y
de unificación de la vida, pues no son arbitrarios y tienen una coherencia
interna. La misma formulación, usando infinitivos y no imperativas da a
entender el espíritu con que estos medios han sido propuestos.
Estos medios, recordémoslo, son los siguientes:
—
Escuchar asiduamente la Palabra de Dios.
—
Reservar todos los días algún tiempo para un verdadero encuentro con
el Señor (oración).
—
Encontrarse cada día juntos marido y mujer en una oración conyugal (y sí
fuera posible familiar).
—
Dedicar cada mes el tiempo que sea preciso para un verdadero diálogo
conyugal bajo la mirada de Dios (deber de sentarse).
—
Fijarse una «regla de vida», que es una invitación a trabajar en la
unificación de la personalidad y a encontrar la verdad de lo que somos.
—
Ponerse cada año ante el Señor, en matrimonio sí es posible, durante
un retiro, para reflexionar y planificar la vida en su presencia.
María, esposa y madre, primera cristiana comprometida con la Buena Nueva
de Jesús, da su nombre a los Equipos, y es la mejor guía en este camino hacía
Dios, por su actitud de escucha y humildad, alimentada por la Palabra de Dios y
la vida de Cristo.
Los matrimonios practican estos medios teniendo en cuenta tres líneas
directrices:
— La gradualidad: El Señor nos espera allí donde estamos. No hay que quemar etapas ni
forzar los tiempos; se trata de progresar desde la situación en que cada uno
se encuentra.
—
La
personalización: No es posible el mismo ritmo para todos, pues la evolución de ese
caminar es personal y de pareja. Estos medios no se nos han dado para
desanimarnos sino como fuente de inspiración y ayuda a lo largo de la vida.
— El esfuerzo: Lo mismo que no hay amor sin momentos de encuentro, ni hay oración sin
momentos fuertes de diálogo y escucha, no hay conversión personal y de pareja
sin una decisión de concretar los deseos difusos de progresar en acciones
determinadas que modifican la vida y que nos van construyendo día a día.
3.3 Las etapas del camino en los Equipos
Los ENS ofrecen a los matrimonios un camino que les proporciona, en las
diferentes etapas de su vida, los medios adecuados para que puedan realizar un
verdadero encuentro con el Señor y puedan comprometerse en su seguimiento.
Este camino se realiza siempre en equipo, comunidad de Vida cristiana,
formado por 6 ó 7 matrimonios y un sacerdote. El sacerdote, que forma realmente
parte del Equipo, pero de manera diferente, hace presente a Cristo como cabeza
de la comunidad. Los Equipos se enriquecen por el encuentro de los dos
sacramentos, el orden y el matrimonio. Allí donde la falta de sacerdotes fuera
un freno para la formación de nuevos Equipos, se podría preparar a parejas
para que ejercieran una función de acompañamiento.
Las etapas de este camino, que puede durar toda la vida, no están
exentas de las dificultades que toda convivencia conlleva, por eso importa
vivirlas con ilusión, voluntad y realismo.
Estas etapas son las siguientes:
Iniciación
Hoy partimos de una realidad diferente ya que la falta de formación
cristiana de base requiere una catequesis de iniciación en la formación
conyugal y comunitaria, además de la propiamente religiosa. Al final de esta
iniciación, las parejas podrán elegir el camino que más les atraiga: Los ENS
o bien Otros movimientos de matrimonios.
Pilotaje
La formación específica en la espiritualidad conyugal y en los métodos
propios de los ENS se realiza con la ayuda de un «hogar piloto». El pilotaje
debe seguir un esquema básico, común a todo el Movimiento, para garantizar que
los ENS, concebidos como Movimiento supranacional, se desarrollen sobre las
mismas bases.
Después del pilotaje, una sesión de formación
ínter-Equipos ayudaría
a consolidar, con Otras parejas, lo iniciado y asimilado en el propio Equipo.
Vida de Equipo
a) Después del pilotaje es necesario descubrir el sentido profundo de la
espiritualidad conyugal con la ayuda del estudio de temas que se refieran al
amor conyugal, a Cristo y la Iglesia.
b) Cada Equipo puede después elegir los temas de
estudio que más le
interesen, de entre los preparados por el Movimiento u Otros, siempre que se
tenga en cuenta la especificidad de los ENS. La participación de las parejas en
sesiones de formación organizadas por el Movimiento es necesaria para
comprender mejor el sentido universal de los ENS a imagen de la Iglesia, y también
la importancia de la misión de los Equipos en el mundo.
c) Con la edad y la experiencia, las parejas o por lo menos algunas de
ellas, pueden desear un compromiso más exigente que no se limitaría a un
nuevo tema de estudio, sino que podría incorporar también un método
progresivo de revisión de vida, una nueva profundización en la oración, o un
compromiso de vida más profundo. El Movimiento debería ayudarles a
encontrar o a utilizar vías complementarías al caminar de su propio Equipo.
Estas etapas no agotan en ellas mismas las posibilidades de una vida en
pareja inspirada por el Espíritu. Son únicamente el punto de partida de un
crecimiento que, igual que la caridad, no tiene límites.
4.
VIVIR EN COMUNIÓN PARA RESPONDER A UNA VOCACIÓN Y PARA REALIZAR UNA MISIÓN
Sea cual sea el momento de la evolución espiritual de una pareja, cada
uno se esfuerza por aprender a vivir en comunión en esa pequeña comunidad de
fe que es el Equipo. No se trata de quedarse encerrados en sí mismos, ni de
considerar el Equipo como un fin en si mismo, ya que inevitablemente toda
comunión tiende a transformarse en don para los demás. Los ENS son un
Movimiento de espiritualidad y una verdadera espiritualidad lleva a compartir lo
que gratuitamente se ha recibido.
El don que el Movimiento tiene que ofrecer a la Iglesia y al mundo
consiste en participar en la construcción del Reino de Dios a partir de la
nueva imagen del matrimonio cristiano.
«No tienen vino» dijo María en las bodas de
Caná,
adelantando así,
con su intuición profunda, la intervención salvadora de Cristo.
Hoy siguen faltando muchas clases de «vino» en las
bodas de la
tierra.
A esas carencias, a veces tácitas, a veces formuladas, materiales y
espirituales, debemos sensibilizamos los Equipos de Nuestra Señora, para
mantener los ojos abiertos a las grandes cuestiones que preocupan hoy al hombre,
para estar atentos a las situaciones de dolor y marginación en el terreno de lo
conyugal, y para estar dispuestos a colaborar con otros movimientos en este
campo.
Los Equipos tienen un objetivo específico directo: ayudar a las parejas
a vivir plenamente su matrimonio cristiano.
Tienen, al mismo tiempo, un objetivo misionero: anunciar al mundo los
valores del matrimonio cristiano, por la palabra y el testimonio de vida.
¿Sobre qué puntos podemos poner el acento y aunar nuestro esfuerzo en
estos próximos años?
4.1 En el Movimiento
Llevados por la fuerza de este segundo aliento,
deberíamos participar
en un esfuerzo común por vivir plenamente la ayuda mutua y la comunidad del
Equipo. Hemos hablado antes de los medios concretos de esfuerzo presentándolos
como actitudes a asimilar. No hay que olvidar que no son más que medios.
La vida cristiana personal y de pareja es una conquista cotidiana, y por
eso los ENS proponen opciones que favorecen el progreso espiritual. Pero no
hay que perder de vista que el espíritu de amor es la única ley. Cada persona
y cada pareja debe experimentarlo en los tiempos fuertes de su historia.
Además, la creatividad nos debe ayudar a evitar caer en la rutina, lo
que nos llevaría a liberarnos de toda obligación. Dentro del Equipo, a fuerza
de conocernos y vivir juntos, existe el riesgo, de dejar de lado la
responsabilidad personal y de pareja, excusándose y diciendo que es un camino más
soportado que elegido.
— Hay otro esfuerzo de creatividad que tenemos que
proseguir: en las
etapas de este caminar encontramos necesidades que no han recibido todavía
una respuesta adecuada. Por una parte «los pre-Equipos»: parece conveniente
que cada país los desarrolle según las necesidades y características de sus
parejas jóvenes, con la condición de intercambiar las experiencias
internacionales que se vayan haciendo. Por otra parte las modalidades de «una
etapa más exigente» están todavía por desarrollar. Seamos creativos y
compartamos estas experiencias que quieren ir «mas lejos», para que el
Movimiento sea capaz de responder a una aspiración real y las parejas no
sientan necesidad de buscar fuera lo que puede estar dentro.
— Nuestro Movimiento siempre ha tenido la preocupación de poner a
disposición de los matrimonios elementos de referencia y discernimiento que
les ayuden en su formación. Nadie va a forzarles en su responsabilidad y su
libertad, pero deben sentirse animados en su búsqueda por comprender la Palabra
de Dios ante los signos de los tiempos. Esto exige una
formación permanente y un esfuerzo por expresar las realidades de la fe en un
lenguaje accesible.
Todos debemos apoyar y animar en su tarea a los
hogares que aceptan,
con un espíritu de servicio, alguna responsabilidad en el Movimiento, lo cual
constituye una importante misión.
4.2 En la Iglesia
Se dice a menudo que los ENS son un Movimiento de
activos y no un
Movimiento de acción en el sentido de que cada pareja, que se ha beneficiado de
una gran riqueza espiritual, decide lo que el Señor espera de ella. Igualmente
cada uno dará testimonio allí donde se encuentre, según una elección
personal. Es verdad, subrayémoslo aquí, que los Equipos como tales no se
comprometen en una acción conjunta determinada, pues cada pareja debe
descubrir la llamada a la que el Señor quiere que responda. Pero esta libertad
fecunda de compromisos no debe hacernos olvidar que el Movimiento tiene un
carisma propio, y que no puede privar de él a sus hermanos, que debe estar
atento a las llamadas especificas de los Obispos en el terreno de la pastoral
familiar. Es importante también que los Equipos se abran a Otros medios
sociales
y se preocupen de las necesidades de sus respectivos países, preferentemente
las que son señaladas por los Obispos locales.
Citemos aquí algunos campos de acción de la pastoral
familiar donde
hay mayor urgencia:
—
Acompañar a Equipos de jóvenes.
—
Preparar a los novios al matrimonio.
—
Caminar con parejas jóvenes casadas.
—
Ayudar a las parejas en dificultad y a los divorciados vueltos a casar.
—
Preocuparse de los jóvenes que cohabitan.
No podemos, bajo pena de confusión grave, integrar a
estas últimas
parejas en los ENS, pero podemos pensar en estructuras paralelas al servicio
de las cuales se podrían poner parejas de los Equipos.
4.3 En el mundo
Para responder a la vez a nuestra vocación y a lo que
espera el mundo
actual, tenemos que practicar y proclamar tres cosas:
a> El matrimonio está al servicio del amor. Sí el
matrimonio
está en crisis es sobre todo porque ya no se cree en el lazo de unión que
existe entre amor y matrimonio. Nosotros sí creemos y éste es el motivo por el
que hemos decidido amarnos toda la vida.
b> El matrimonio está
al servicio de la felicidad. En un mundo triste, angustiado, donde hablar
de felicidad resuena como algo insólito, vivamos la vida conyugal y hagamos que
se la vea, como un camino de felicidad. Tenemos que dar testimonio de las
actitudes y de los métodos que nos ayudan a dinamizar esa felicidad.
c> El matrimonio está
al servicio de la santidad. Esta es sin duda la vocación más especifica
de los ENS: no solamente llamar a los laicos a la santidad, a la gente casada
a la santidad, sino afirmar que la sexualidad humana puede ser un camino de
santidad. En la Iglesia esta propuesta sigue siendo nueva y en el mundo es casi revolucionaria...
La perspectiva del segundo aliento nos propone
evangelizar la
sexualidad, es decir aprender a dominarla, a controlarla, a vivirla según el
plan de Dios, para que esté al servicio del Reino
Queridos amigos, esta semilla que sembramos en
Lourdes a los píes de
Maria, debe desarrollarse, crecer, dar fruto, igual que el niño que Ella
llevaba en su seno se convirtió en un Hombre, el Hombre de la salvación. Para
ello nos hace falta tiempo y cuidados, esperanza y paciencia, nos hace falta
sobre todo un corazón abierto al Espíritu, a lo inesperado de Dios.
Confiamos a María la fuerza de este segundo aliento para que Ella
conduzca a los Equipos allí donde el Señor les espera para la construcción
de su Reino
Lourdes, septiembre de 1988