Abril l 2.001

 

 

 

"SER MATRIMONIO CRISTIANO HOY EN LA IGLESIA YEN EL MUNDO"

 

 

 

Queridos amigos de los Equipos:

 

Durante nuestra novena Reunión que tuvo lugar en Santiago de Compostela, recibimos esta apremiante invitación para ser "matrimonios cristianos hoy en la Iglesia y en el mundo".

 

Esta prioridad para los próximos seis años, que son los primeros del nuevo milenio, se inscribe en la llamada que el Papa Juan Pablo II nos hace en su Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte: "Al principio del nuevo milenio, y una vez que ya se ha terminado el Gran Jubileo y que se abre para la Iglesia una nueva etapa en su camino, en nuestro corazón resuenan de nuevo las palabras con las que Cristo invita al apóstol remar mar adentro para pescar "1: Duc in altum (Lucas 5, 4).

 

Los Equipos de Nuestra Señora son una comunidad de matrimonios que quieren vivir todos los aspectos de sus vidas bajo la mirada de Dios: vida personal, vida de matrimonio y de familia, compromisos y ministerios en la Iglesia y en la sociedad. Nuestra espiritualidad nos lleva, por lo tanto, a buscar una auténtica vitalidad espiritual y humana que no se puede asumir solos:

"Porque conocen sus debilidades y los límites de su fuerza..., y porque tienen una fe sin límites en el poder de la ayuda mutua fraterna, han decidido formar un equipo" (Carta fundacional de los Equipos de Nuestra Señora).

 

Formar equipo es, pues, atreverse a salir de casa, abrirse, dejar a un lado la propia seguridad para acercarse a los demás y remar mar adentro.

 

"Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo" es compartir con todos la Buena Nueva de Jesucristo, teniendo en cuenta nuestras esperanzas y nuestros sufrimientos sin dejarnos tentar por las llamadas y por las faltas que cada uno puede descubrir en su camino.

 

Hoy, en este comienzo del nuevo milenio, es urgente que hagamos una reflexión adulta, consciente y concreta, coherente y honesta de nuestra misión y de nuestro compromiso actual de bautizados que viven el sacramento del matrimonio.

 

Estamos llamados a seguir hacia delante en la esperanza. "Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia y ante nosotros como un vasto océano por el que tenemos que aventurarnos, contando con la ayuda de Cristo" (Novo Millennio Ineunte. Juan Pablo II).

 

La nueva orientación que se da a los Equipos de Nuestra Señora: "Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo" quiere ser una respuesta a esta llamada.

 

El contexto de la vida actual,

 

El mundo en el que vivimos ha cambiado; lo que formaba el entorno de nuestra vida está en plena descomposición y, al mismo tiempo, en plena recomposición. Los modelos del pasado ya no se aceptan y los modelos del presente se están construyendo todavía. La naturaleza de los valores reconocidos en la sociedad cambia continuamente.

 

Dependiendo de los países y de las diferentes culturas, el hombre ha buscado liberarse de las ataduras que pueden suponer la fe. Aquí, entregándose a una nueva cultura racionalista, el hombre rechaza todo lazo entre Dios y los hombres. Allí, en una especie de huida hacia delante, el hombre se ahoga en un misticismo sectario. En otras partes, al intentar recuperar el espejismo de los paraísos perdidos, da pie al fanatismo o al fundamentalismo.

 

Esta falta de discernimiento entre el bien y el mal ¿no estará ligado, en parte, a la ausencia de Dios, a la relativización de la verdad, al rechazo de una referencia a la persona de Jesucristo -hombre y Dios?

 

Es por lo que, frente a estos desafíos, cada uno, y el cristiano el primero, está invitado a elaborar su propio proyecto de vida. Esta búsqueda de sentido puede sufrir múltiples influencias, que será preciso identificar bien para vivir la auténtica libertad. Este es el precio que tiene que pagar la persona humana para existir plenamente en un mundo en el que el "tener" nos ha quitado el "ser" y en el que mientras más tenemos menos somos.

 

La vida cristiana hoy

 

Al final del siglo veinte, el mundo ha conseguido llevar a la sociedad contemporánea a la secularización de la vida y de las costumbres. Poco a poco hemos llegado a vivir en una sociedad en la que Dios ya no tiene su sitio.

Incluso en aquellos países en los que la fe cristiana está más enraizada, la religión pierde cada vez más su influencia pública. En algunos cristianos, este fenómeno ha engendrado un gran pesimismo, que se traduce en la nostalgia por el pasado y en la aparición de diferentes formas de integrismo.

Para otros, el ambiente individualista les encierra en sus burbujas. Son cristianos para sí mismos, lo que les provoca diferentes formas de indiferencia que les aparta de la evangelización.

 

 

La vocación del matrimonio cristiano

 

Para los cristianos que quieren reaccionar - y ese es el caso de los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora - los acontecimientos de hoy son signos de los tiempos que nos llevan a la interrogación, a la reflexión, a la búsqueda y al diálogo, al discernimiento sobre la dignidad de la persona y a la vocación actual y futura de la pareja cristiana unida por el sacramento del matrimonio.

 

Este camino tiene que desembocar en nuevos compromisos de vida que den más vitalidad a la Iglesia y que contribuyan a la renovación de la sociedad de hoy. Se trata de tomar parte en la construcción de la civilización del amor, que es la prefigura en este mundo del Reino de los cielos.

 

Cuando dirigimos una mirada lúcida y honesta a las realidades de nuestro mundo, podemos constatar que todo empuja a nuestros contemporáneos a vivir el día a día, sin una base de firmes referencias espirituales. Es por lo que ha llegado el momento de interrogarse sobre

el alcance del sacramento del matrimonio que nos une y sobre el ministerio que nos ha sido confiado en nuestra familia, en la Iglesia y en la sociedad.

 

La respuesta a esta pregunta no se nos va a dar hecha. Como cristianos activos, tenemos que contestamos a nosotros mismos recurriendo a la madurez de nuestra conciencia, a nuestra facultad de discernir los elementos constructivos de los signos de los tiempos y, también,

tendremos que recurrir a nuestra generosidad para vivir concretamente en la Esperanza cristiana y volviendo a las fuentes que siempre han alimentado a nuestro Movimiento: las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia.

 

Vivir en la Esperanza cristiana

 

Es evangelizar el presente, es buscar en la vida de Cristo respuestas claras y una nueva luz para los problemas y para las preguntas de nuestro tiempo. Tenemos que redescubrir a Dios, que nos ama y nos da su espíritu, y que está presente en Jesucristo, en nuestra propia fragilidad. Los Equipos de nuestra Señora nos ayudan a progresar en el descubrimiento de nosotros mismos, en el diálogo con nuestro cónyuge y en el don vivido en el corazón de nuestros compromisos. Somos poco numerosos y al aceptar esta realidad somos de los que creemos que la Iglesia no se ha hecho para ser masa... sino para ser levadura. Estamos llamados a ser la levadura de todos los panes del mundo.

 

La nueva orientación del Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora "Ser matrimonio cristiano hoy en la Iglesia y en el mundo" se abre a esta perspectiva. Se propone ayudarnos a volver a ser "fermento y sal llenos de sabor", reflexionando juntos para tomar, o seguir, compromisos de cristianos adultos y responsables para la construcción de este nuevo milenio.

 

Una propuesta

 

Los Equipos de Nuestra Señora proponen a sus miembros del mundo entero un itinerario personal, conyugal y comunitario de interrogaciones y de reflexiones que lleven a la conversión del corazón y, así poder responder a las necesidades del Pueblo de Dios y del mundo.

 

La base de esta reflexión ha sido elaborada a partir del trabajo realizado por numerosos matrimonios de todo el mundo, pero es también, y sobre todo, a partir de una profundización personal cuando se verán los resultados concretos en la vida diaria de cada uno. Os invitamos, pues, a que alimentéis vuestra búsqueda durante estos años por medio de una meditación asidua de los Evangelios, por la reflexión y estudio de artículos, libros o conferencias que versen sobre los temas actuales de las ciencias humanas y, en fin, os invitamos, también, a que viváis en la oración las gracias de vuestro sacramento del matrimonio. Nuestro tesoro es la Palabra de Dios.

 

Hemos invitado a cada responsable de las diferentes partes del mundo a que presenten los signos de los tiempos que correspondan a la realidad de la vida cotidiana en los respectivos países, de esta forma queremos evitar la situación de entrar en una dinámica de reflexión teórica demasiado alejada de las realidades vividas.

 

Los tres temas que se han redactado para señalar nuestro recorrido se presentan,

pues, como una invitación acuciante a interrogarnos tanto de manera personal, como matrimonial y en equipo con objeto de un cambio de vida.

 

Esta interrogación corresponde a la necesidad existente en todo hombre que necesita conocerse y amarse. Es esta necesidad la que le lleva a remar mar adentro, a salir de sí mismo y continuar su camino de crecimiento espiritual y humano.

Os invitamos a abriros con confianza para poder recibir la respuesta de otro o de otros. Es decir, en cierta forma, a dejaros ganar por la experiencia de vida y por la mirada de aquel que es diferente a vosotros. Cuando no queremos interrogarnos, las señales se difuminan y ya no son visibles los signos de los tiempos. No dudéis en expresar las preguntas esenciales y nuevas que, quizá, no sean las que se proponen. ¿No son las mejores respuestas las preguntas que llegamos a hacernos valientemente?

 

Nuestra reflexión se jalonará en tres etapas:

 

-        La persona humana y su proyecto de vida, a través de nuestra vivencia, de los

sacramentos del bautismo y de la confirmación. Vivir el hoy de nuestro bautismo.

-        Una reflexión sobre el matrimonio hoy, imagen de Dios Trinitario, invitado a visitar de

nuevo su sacramento del matrimonio, para vivir el don, el perdón y el abandono para testimoniar

nuestra alianza humana, como signo de la alianza entre Dios y los hombres.

-      Una reflexión sobre nuestra misión en la Iglesia y en el mundo. Esta reflexión nos llevará

a estar siempre dispuestos a dar cuenta de la esperanza que es, en nosotros, signo y presencia

concreta del amor de Dios en y por nuestro ministerio conyugal y familiar, llamados a curar lo que

está herido y enfermo, pero, también, a recorrer de nuevo con alegría el camino hacia la santidad.

 

Para responder con generosidad a esta llamada a la reflexión y al compromiso, adoptemos tres disposiciones de corazón y espíritu: ver mejor, oír mejor y compartir mejor.

        Cada tema se puede realizar, concretamente, en dos tiempos, para dos reuniones o más:

-       ler tiempo: Tomar conciencia de la realidad de nuestro entorno actual y descubrir cómo

influye sobre nuestra conducta cristiana.

-        tiempo: Reflexionar para cambiar y comprometerse, descubrir juntos las pistas que

hay que seguir para un cambio de vida que lleve a compromisos activos y concretos

 

En cada etapa debemos compartir nuestros interrogantes y decidir las preguntas que estudiaremos juntos durante la próxima reunión.

 

Queridos amigos: Estamos, como los discípulos el día de Pentecostés, encerrados en nuestro Cenáculo y, sin embargo, prestos a gritar la Buena Nueva del Evangelio al mundo entero. Dejemos que Cristo nos insufle el don vivificante del Espíritu y nos lance a la gran aventura de la evangelización.

 

Nuestra Señora, que rezaba en el Cenáculo con los discípulos, nos acompaña en este camino. Estamos consagrados a Ella y llevamos su nombre. Dejémonos guiar por su tierno amor, Ella nos llevará a su Hijo si sabemos escucharla y si sabemos dejarnos amar. Al recibir a Juan al pie de la Cruz, nos recibe también a nosotros como sus hijos. Tengamos la sabiduría y la sencillez de los niños para ser, cada día más, matrimonios cristianos en la Iglesia y en el mundo.

 

 

 

Equipo Responsable Internacional